Las Entrevistas de El Gráfico

1999. Sabatini se confiesa

Por Redacción EG · 12 de diciembre de 2019

Su cuerpo, el dinero, la fama, la sexualidad, el amor, el sueño de construir una familia... En plena madurez, la más grande tenista argentina de la historia se atreve a hablar de todos los temas.

A veces descubrimos a una persona después de conocerla muchísimo tiempo. Y resulta extraño. Nos produce una sensación inexplicable. Es como “ver” a alguien cercano de otra forma. Encontramos nuevas virtudes o defectos; destapamos una inédita versión de su rostro o su cuerpo. Pero cuando el hallazgo es mucho más profundo, el cuerpo se torna invisible y se dialoga directamente con el corazón, sin intermediarios. Gabriela Sabatini refleja hoy exactamente eso. Nada que ver con el estereotipo de estrella.

También se sabe que Sabatini fue, es y será un legítimo producto que vende. Guste o no, en cualquier rubro que se la quiera mostrar producirá ganancias. Es número puesto. Pero fuera de las luces mágicas que el éxito se empeña en encender con los privilegiados, su actualidad es más simple. Ella –que cumplió 29 años este último domingo– quiere ubicarse en su desconocido rol de una mujer que ya está cerca de los treinta.

Comenzó su carrera profesional en 1985 y le puso punto final en 1996.

Comenzó su carrera profesional en 1985 y le puso punto final en 1996.

–¿La vida es amor y humor?

–Son dos palabras fundamentales. Se vive una sola vez. Y sí, hay que tomarla con alegría y amor. Digamos que la vida no es fácil. Es tratar de mejorar constantemente y siempre se nos presentan obstáculos. Son pruebas que la vida no deja de ponernos y sin esos dos condimentos sería todavía más complicada.

–¿Es compatible ser tenista con ser mujer?

–Las dos cosas pueden convivir perfectamente, porque son diferentes. Hacer algún deporte que involucre a la musculatura no implica que una tenga que dejar de ser mujer. Para nada.

–¿Perdiste romanticismo por la exposición que tuviste y tenés?

–Nunca. Siempre estuvo ahí. Es algo maravilloso. Es muy importante que siga vivo y que yo viva con ese sentimiento.

–¿Tuviste alguna vez una gran discusión que no pudiste recomponer?

–Una muy fuerte no, pero sí varias con gente que tenía alrededor o hasta con mis entrenadores. Por suerte no llegaron a ser tremendas. Soy una persona muy tranquila; no me gustan las peleas o las discusiones. Trato de evitarlas y por eso no tuve demasiadas.

–¿Tenés el don de perdonar primero después de una pelea?

–No tengo ningún problema en perdonar. No siento ningún rencor. Quiero estar siempre bien y eso me lleva a evitar distanciarme de alguien que quiero. No recuerdo haber hecho daño a nadie y a los que agredí, de alguna u otra manera les pedí disculpas. Lo que quiero es la paz y por eso perdono.

–¿A los 29 años te obsesiona casarte y tener hijos?

–No. Hoy disfruto del momento y de la libertad como nunca. Mi sueño, eso sí, es tener una familia y estoy abierta en forma constante para lograrlo. Si se da ahora sería maravilloso, porque no me gustaría ser tan grande... Pero creo que llega solo, en forma natural. Por supuesto miro, busco… pero no me desespero.

–¿Aceptarías vivir en pareja fuera del matrimonio?

–Esa posibilidad está abierta. Si se da, lo haría. Claro que me gustaría formalizar, casarme.  Pero no cierro las puertas a convivir con la persona que ame fuera del matrimonio. Y, si me caso, prometo que tendremos una fiesta íntima, entre amigos y familiares, algo totalmente mío y de mi esposo, nada pomposo. Un casamiento multitudinario o convertido en un show no va conmigo. No sería yo.

Junto a Diego Armando Maradona en una producción propuesta por El Gráfico, donde se encontraron dos de los mejores deportistas de la historia argentina. Foto: Alfieri (h) y Horovitz.

Junto a Diego Armando Maradona en una producción propuesta por El Gráfico, donde se encontraron dos de los mejores deportistas de la historia argentina. Foto: Alfieri (h) y Horovitz.

–¿Cómo serías como madre? ¿Repetirías enseñanzas que te dio la tuya?

–Seguro. Llevaría la misma línea en muchos puntos de la educación. Cambiaría ciertas cosas adaptándolas a los tiempos que corren, como ser más libre en algunos aspectos. Pero entiendo que hoy no es fácil ser madre; lo comencé a ver con mi sobrina. Voy aprendiendo y acumulando información ya que ahora los chicos están más expuestos y es más difícil de controlar lo que reciben del exterior. Observo sus reacciones y las voy guardando en mi memoria. A un hijo le transmitiría amor, confianza, apoyo. Y de mí, la calma, la sencillez y, quizá, la delicadeza en tratar las cosas.

–¿Te harías alguna cirugía para mejorar o cambiar algo de tu cuerpo?

–Hoy ni lo pienso. No me gustaría. Quiero ser natural en todo pero no puedo hablar por el futuro... Prefiero cuidarme, hacer ejercicio físico, alimentarme bien. De esta forma puedo prevenir un montón de problemas, como las enfermedades. Estoy muy bien de salud porque siempre me cuidé. Me gusta sentirme bien.

–¿El entrenamiento físico sigue siendo parte de tu vida?

–Sí, le dedico mucho tiempo; hacer gimnasia es una de mis prioridades. No hay un momento más lindo que cuando terminás de hacer una sesión dura de gimnasia. Una puede sentirse plena y si te duele el cuerpo, mejor, porque quiere decir que lo trabajaste muy bien. Me encanta variar los ejercicios, los aparatos, correr en la calle. Si pasan algunos días y no hago nada mi cuerpo me pide algo sano; me pide que lo transpire... Y no creo que esta necesidad me la haya dado el tenis, porque siempre me encantó hacer gimnasia. Cuando jugaba profesionalmente hacía cosas específicas y no podía dedicarle mucho al desarrollo armonioso del cuerpo. Ahora la dirijo como quiero y veo los resultados con mi figura, que poco a poco va tomando las formas femeninas que toda mujer busca. En la primaria era una de las mejores en gimnasia; siempre me elegían para formar parte de los equipos, para jugar a todo. Además soy muy competitiva, desde chiquita. Con mi hermano nos peleábamos para ganar a cualquier cosa. El me hacía trampa primero... ¡Pero yo no me quedaba atrás!

–¿Con qué parte de tu cuerpo te llevás mal y con cuál bien?

–No me gusta mi cintura. El tenis competitivo te va sacando un poco la curva de la cintura; la mayoría de las tenistas somos así. Por eso ahora que dejé de jugar la voy modelando buscando estar mejor y cada día estoy más conforme con mi cuerpo. Y lo que más me gusta de mí son las piernas.

 

 

“Anunciar mi retiro fue un gran alivio”

–¿Cómo dormiste la noche que le dijiste adiós al tenis?

–Bien, porque decírselo al mundo fue una liberación. Yo ya lo tenía decidido desde hacía tiempo. Me había relajado. Pero enfrentar al mundo me tenía tensa, muy nerviosa. No sabía cómo lo iba a contar y qué reacción tendría la gente. Una vez que lo dije fue un alivio muy grande. Pintaba como un momento difícil para mí porque era complicado hablar y no emocionarme. Pensé que no lo soportaría, pero lo hice. Lo llevé con mucha fuerza y muy convencida del paso que estaba dando. La reacción finalmente fue positiva; pero más allá de eso sabía que hacía lo mejor para mí, lo correcto.

–¿Cuáles son tus miedos?

–La muerte en sí o que les pase algo a mis familares. No tengo fantasmas ni pesadillas. La mayoría de mis sueños son bastante agradables. Me levanto tranquila. Alguna vez soñé que se caía el avión pero es algo común entre la gente que viaja mucho.

–¿Cómo es tu relación con Dios?

–Creo en Dios, pero no practico la religión regularmente. Voy de vez en cuando a la iglesia; no me confieso desde que tomé la comunión y rezo sólo cuando estoy allí adentro, no diariamente. Me comunico con Dios desde mi lugar. Tengo fe en Dios, aunque me abro un poco, no del todo. Creo que las cosas que me pasan dependen mucho de mí y pienso que es una gran responsabilidad que Dios también nos dio.

–¿Qué te quedó pendiente de la infancia?

–Nada porque en ese momento de mi vida hice lo que realmente quería hacer. Cuando llegó la hora de probar con el tenis era el momento exacto para eso. Tengo grandes recuerdos de la época de River. Yo iba durante toda la semana pero los fines de semana nos reuníamos con nuestros amigos y compartíamos muchas horas. También me pone feliz recordar los momentos en mi casa; jugar con una amiga que tenía enfrente, andar en bicicleta. Son instantes que me marcaron. A la distancia pienso cómo la vida nos aleja o nos hace cambiar. Aquella amiga, por ejemplo, transitó un camino diferente al mío; está casada, tiene hijos... Igual con los compañeros del colegio. Hace unos siete u ocho años existió la posibilidad de encontrarme con ellos. Y unos días antes, cuando el momento se acercaba, comencé a preguntarme si estaba realmente preparada. Y no fui. Se reunieron pero yo no estuve. Sentía que no tenía nada que ver con ellos y por el hecho de ser conocida no quería ser el centro de la reunión. No sabía cómo me iban a mirar o de qué hablar. Hoy pienso distinto y tal vez no me costaría tanto ir. Pero nunca me gustó ser foco de atracción o hablar de mí o de mis logros deportivos.

A los 13 años, Gabriela ganó el torneo de juveniles de Montecarlo.

A los 13 años, Gabriela ganó el torneo de juveniles de Montecarlo.

–¿Qué sos mejor: amiga, hermana o hija?

–Creo que una siempre puede ser mucho mejor de lo que es; pero dentro de todo pienso que soy buena en esos aspectos. No soy genial, pero tampoco un desastre. Y en el mejor de los casos mis amigos, mi hermano o mis padres deberían contestar esta pregunta.

–Tus mejores amigos...

–Tengo un grupito. Los mismos amigos de mi hermano. Chicos que fuimos conociendo con el tiempo. Salimos todos juntos. Algunos son compañeros de Osvaldo de la escuela; chicas que fueron haciéndose amigas mías aquí y en el exterior y que no necesariamente fueron jugadoras. Tengo una o dos amigas más cercanas con las que hablo más.

–Pintá rápidamente a tus padres

–Cada uno tiene su carácter. Son diferentes: mi papá más tranquilo y mi mamá más extravertida. Creo que es un buen equilibrio. Me llevo muy bien con ambos y todo lo que logré no lo hubiera hecho sin ellos. No es fácil estar en su posición ni enfrentar lo que tuvimos que enfrentar los cuatro. Vemos constantemente a padres que no saben cómo manejar situaciones similares.

–¿Y tu hermano? Muchos dicen de él que “trabaja de hermano”, que vive gracias a vos o que es un “cuida”...

–Siempre tuve una gran relación con él. Somos muy compinches. Cuando comencé a viajar nos extrañábamos horrores. Mis primeros años en el circuito viajé con él y era bárbaro. Hablaba y compartía todo con él. Que lo tildaran de “hermano de” siempre fue muy molesto, especialmente para él. Pienso que no tuvo una vida fácil aunque muchos crean lo contrario. No es común tener una hermana como la que tuvo; eso no le permitía tener vida propia. Pero lo manejó bien y yo lo ayudé en todo lo que pude.

 

El abrazo con su hermano en el U. O. Open 1990:

El abrazo con su hermano en el U. O. Open 1990:

 

–¿Quién es tu héroe?

–Mmm... Es una palabra que suena demasiado grande. Si tengo que pensar en alguien tal vez sea mi hermano, por todo lo que significó para mí. Del resto del mundo, nadie. En el tenis admiré a Guillermo Vilas por su trabajo, por su sacrificio; pero no me copié de él, no lo traté de imitar. Lo admiré desde lejos. Cuando él ganó el Masters, en el ’74, yo tenía 4 años... Creo que tuve un don, que fue jugar bien al tenis, y lo aproveché de la mejor manera que pude.

–¿Qué muerte te marcó más?

–Las de mis abuelos. Fue muy difícil para mí. Como vivíamos en tres casas distintas pero en un solo lugar, con mis tíos y mis abuelos, todo lo que involucraba a la familia lo compartíamos. Cada cosa que pasaba, buena o mala, formaba parte de nuestra vida en común. Me quedé sin abuelos en el ’85, cuando tenía apenas 15 años, y eso realmente me duele. Y me entristece enormemente pensar en lo que vivieron mis padres al perder a los suyos.

 

 

“La plata no te da independencia”

–¿Sabés cuánta plata tenés?

–Estoy perfectamente al tanto de lo que tengo y cómo está encaminado lo económico. Con la plata no hago nada del otro mundo: me compro ropa, algo de electrónica, alguna computadora –paso horas en Internet porque me apasiona–, cosas de música y no mucho más. La plata no te da independencia absoluta. Es inmensamente más importante sentirse independiente a nivel persona, sin el dinero de por medio.

–¿Prestaste plata y te defraudaron?

–Sí, algunas veces presté y alguna vez me defraudaron. Es un tema difícil. Sé que si me la piden es porque la necesitan y a veces se les complica devolverla, pero no es nada fácil manejarlo.

–¿Te parece injusto que vos tengas tanto y otros tan poco o nada; que no reciban oportunidades o una forma digna de vivir?

–No, porque lo que tengo me lo gané. Trabajé, hice lo mío para obtenerlo. No creo que sea injusto que yo tenga más que otros. Me costó mucho y realicé sacrificios importantes para eso durante todos estos años desde mi infancia. Sí me parece injusto que la gente trabaje tanto para recibir tan poco, como los mismos jubilados que a esta altura de la vida deben seguir peleando por lo que se ganaron dignamente.

 

 

“He tenido relaciones fuertes”

–¿Qué usás para seducir, la verdad o la mentira?

–¡Uso mi perfume! (risas) No, realmente no me gusta mentir en ningún momento. No lo necesito. Creo que el mayor atributo de seducción está en la verdad.

–¿Quién es el gran amor de tu vida?

–Hubo algunos amores que seguramente no fueron los de “mi vida”, porque no perduraron. Pero sí he tenido relaciones fuertes. Creo que el gran amor está por venir. ¡Espero!

 

El revés de Gabriela Sabatini.

El revés de Gabriela Sabatini.

 

–Muchos hombres se deben acercar a vos por lo que sos como persona y muchos por tu fama. ¿Cómo sabés quién es quién?

–Tarde o temprano me doy cuenta de sus intenciones. Y nunca llega a ser demasiado tarde. Cuando conozco a alguien no pasa mucho tiempo para que sepa cómo viene la mano. Y hay de todo. Creo que son más lo que se acercan de buena manera. Si está todo bien, sigo adelante. Si no, lo corto rápidamente.

–¿Tu hombre ideal?

–Debería tener cualidades como la sinceridad, la pureza, la calidez. También ser cariñoso, inteligente y con buen sentido del humor. ¡Y por lo menos que sea un poquito más alto que yo! Me gustan más los morochos, pero algún castaño igual sería bienvenido…

–¿Qué táctica se puede utilizar para conquistarte? ¿Es mejor que te encaren y te hablen, que te escriban…?

–Que venga por el lado de la pureza, de la verdad y con un poquito de romanticismo. Me parece muy lindo que me regalen un chocolate o flores y si me dan una carta, la leo. Como a mí me gusta mucho escribir, una gran carta puede decir muchísimas cosas. Uno está más tranquilo escribiendo, puede buscar más por su interior y expresar lo que siente sin pasar nada por alto.

 

 

“Me duele que me tilden de lesbiana”

–¿Te ofrecieron droga alguna vez?

–Jamás. Quizá porque la mayoría de la gente con la que compartía momentos sabía que no era algo que iba conmigo, o tal vez no tuvieron oportunidad. Sé que esas cosas, por ejemplo, se dan mucho en fiestas, y yo ni siquiera iba a las fiestas…

En 1988 ganó su segunod Olimpia consecutivo, la mejor deportista del país

En 1988 ganó su segunod Olimpia consecutivo, la mejor deportista del país

–Muchas veces te tildaron de lesbiana. ¿Cómo lo manejaste?

–Siempre traté de hacer lo mío. Por supuesto que me duele escuchar que digan eso de mí. Me duele porque no es la realidad. Me molesta que inventen. No recuerdo ni siquiera que alguna mujer se me “tirara”. Una sola vez, en Miami, estábamos con un grupo de gente divirtiéndonos y una de las chicas me dio una pista, pero muy superficial, y obviamente no le di ni cinco de bolilla. Y nada más. Pasé momentos muy feos por este tema. Si yo me enteraba quién decía esas cosas, lo enfrentaba. Pero generalmente no dan la cara, van por atrás. Hubo un caso en Italia, durante uno de los Abiertos, que hasta lo escribieron en un diario. Yo no llegué a hablar con ese periodista, pero papá creo que trató de buscarlo. Por suerte no me presionaba en absoluto para mi relación con los hombres. Acepto que haya personas que sientan de diferentes formas su sexualidad; cada uno tiene su vida, su forma de ser, elige qué camino seguir, con quién estar. Por suerte, somos libres en ese sentido. A las lesbianas no las discrimino ni nada por el estilo. En el tenis existe el lesbianismo y jamás me distancié de una chica por ese motivo: compartía muchas cosas y hasta jugaba dobles con ellas de compañeras.

 

“Sentí mucha presión”

–¿Quién influyó más para que te dedicaras al tenis?

–Creo que mi hermano. Es el que comenzó a jugar al tenis y como yo lo seguía en todo me motivó a tomar la raqueta. Obviamente también recibí el apoyo de mis padres, quienes dieron todo durante años para que yo evolucionara en el deporte.

–¿Eras una figurita?

–Nunca me vi de esa manera y nunca me sentí usada en nada.

–¿Sentiste a la prensa en contra alguna vez?

–Profundamente en contra, no. Pero varias veces me criticaron. Fueron diferentes motivos y circunstancias, algunas con razón y otras injustamente; eso me lastimó. Pero en general nunca la sentí en contra.

–¿Cuál fue la primera gran consecuencia de la fama que no soportaste?

–Perder un poco la privacidad, la intimidad. Yo aceptaba ser famosa pero no conocía la fama, no sabía cómo era. Al principio venían a casa a hacerme notas y yo no tenía problemas. Pero después me di cuenta de que no podía ser siempre así, que debía haber límites.

–¿Qué sentías cuando estabas Nº 3 y todos queríamos que fueras las Nº 1?

–Bastante presión. Y yo no era consciente de eso. Recién me di cuenta cuando dejé de jugar. Es como que me iban metiendo todo eso en la cabeza y era difícil de separar: qué quería realmente yo y qué me pedía la gente. Fue lo más complicado que tuve que enfrentar en el tenis. Si me preguntan si lo logré, creo que no. No nacemos preparados para separarnos de esa presión.       

–¿Quién fue la mejor de todas?

–Martina Navratilova y Steffi Graf. Las dos. Yo llegué a jugar con ellas y siento que fueron las mejores; lo percibí adentro de la cancha.

–El mejor y el peor recuerdo del tenis...

–El mejor, ganar el US Open.  El peor, tal vez son tres: no haber ganado Wimbledon; el partido que perdí contra Mary Joe Fernandez en Roland Garros y contra Monica Seles, también en París, porque si lo ganaba me colocaba Nº 1. Son tres momentos feos aunque el tiempo me hace comprender que no todo fue tan malo. Lo de Wimbledon lo considero increíble. Comencé el torneo jugando muy mal, prácticamente sin aspiraciones. Entonces me puse a trabajar en puntos específicos para soltarme y de a poco levanté y de pronto estaba en la final. Para mí ya era muchísimo. Hoy lo veo de esa manera, valorando mucho haber llegado a la final y estar nada menos que a dos tantos de ganarla. Pero no sueño ni con esa volea que no pude definir ni con nada del pasado.

Gabriela en su hora más gloriosa, campeona del U. S. Open 1990.

Gabriela en su hora más gloriosa, campeona del U. S. Open 1990.

-¿Te gustaría que te recordaran como una gran tenista o como una gran mujer?

–Obviamente me hice famosa por haber sido una buena tenista, pero lo más importante, a pesar de eso, sigue siendo la persona. Por eso no tengo dudas: me gustaría que me recordaran como una gran mujer…

 

 

Por EDUARDO PUPPO (1999).

Fotos: GABRIEL ROCCA Y ARCHIVO EL GRÁFICO.

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