Las Entrevistas de El Gráfico

1934. Manuel Seoane evoca su paso por las canchas

Por Redacción EG · 11 de diciembre de 2019

El gran delantero del Rojo y la Selección, se despide del fútbol desde las páginas de El Gráfico con una valiosa entrevista de Félix Frascara repasando con historias y anécdotas su trayectoria sin par. Con fotos únicas.

Manuel Seoane evoca su paso por las canchas

El miércoles 15 habíamos traspuesto ya el  control de los porteros y nos dirigíamos hacia el interior del estadio de los rojos, cuando sentimos que alguien nos tomaba de un brazo, diciéndonos:

—¡ Che, dejen un peso para la casa del "negro" Seoane!

Alzamos la vista y encontramos el rostro amigo de Juan Carlos Corazzo, el centre half eximio. Provisto de una serie de talonarios con bonos, Corazzo detenía a todo el que desembocara por el callejón de entrada. No supimos si emocionamos más por la causa nobilísima de la colecta o por el gesto más noble aún del celebrado futboler de Independiente. Corazzo pedía para Seoane. Un crack de hoy rendía el mejor de los homenajes, prestaba la más valiosa de las ayudas, a un crack de ayer. Y éste que de tal modo colaboraba en la obra era un muchacho nuevo en el club, nuevo en el país, y compañero de Seoane en contados encuentros. Pero estaba ahí como la mejor expresión del cariño que el gran insider ha conquistado en todas partes.

 

La mirada del querido Negro

La mirada del querido Negro

 

En la hora de su alejamiento, todos los públicos del fútbol le tributaban la mejor, la más pura de las ovaciones. Así lo vimos poco más tarde, cuando la voluminosa y popular silueta del célebre forward argentino apareció vistiendo la casaca roja y dio la vuelta al field prendiendo en su pecho el mejor de los premios: el del sonoro repiqueteo de los aplausos que llevaban en sí, acumulado, el agradecimiento que la muchachada debía a quien le había brindado tantas jornadas de brillo inolvidable.

Manuel Seoane ha dicho su "adiós" al fútbol. El Gráfico se adhiere al homenaje que se tributa al gran forward argentino de la última década y lo pone en contacto con el público, una vez más, para que él le cuente sus mejores recuerdos.

 

CON MANUEL SEOANE

Es difícil encontrarlo solo en su negocio de la calle Independencia. Siempre hay a su lado varios amigos. Lo visitan diariamente. Es que Seoane resulta una compañía de primera. Distrae con su buen humor, y distrae también cuando se enoja, frunciendo la frente y apretando los dientes. Habla de fútbol con verdadera autoridad, sin olvidar lo que él ha sido para Independiente, vale decir, que no cae en la falsa modestia de los que se achican ni en el hueco envanecimiento de los fatuos. Su calidad de camarada de ley está consagrada en la amistad que le profesan todos los que han pasado junto a él. Vamos con Seoane hasta el café "Los 20 billares" de Boedo. Ahí está la barra de siempre.

—¿Quieren retratarse conmigo, muchachos?

 

Rodeado de la barra de amigos que le siguen siendo fiel después de su retiro.

Rodeado de la barra de amigos que le siguen siendo fiel después de su retiro.

 

Ni uno solo queda "off side" de los que forman el grupo madrugador de las once de la mañana. Primero es alrededor de las mesas, luego en el mostrador, después en los billares. Volvemos a su negocio y ahí nos pide el negro que lo retratemos con Joaquín, el galleguito dependiente de farmacia, de quien piensa sacar un terrible half derecho... Dos o tres fotos más —entre ellas una con la histórica camiseta que usó el día del memorable triunfo sobre el Barcelona — y en seguida iniciamos la charla.

 

LOS INTERNACIONALES

Usted vio bien el partido del miércoles en Independiente. ¿Qué le pareció?

—No solamente lo vi bien. Le voy a decir más: estaba tan cerquita, tirado sobre el césped, que a veces me daban ganas de entrar... ¿Qué me pareció? Que me disculpen los muchachos, pero me pareció malo.

 

1932 En un clásico de Avellaneda la salida del tunel de Seoane y Fazio, el viejo y el nuevo crack.

1932 En un clásico de Avellaneda la salida del tunel de Seoane y Fazio, el viejo y el nuevo crack.

 

Era un partido para ganarlo por varios goals. ¡Si los uruguayos no tenían delantera!... Y en la defensa, los mejores fueron los veteranos. No les hicieron más goals porque los forwards nuestros no supieron colocarse. Querían meterse siempre por el medio, atacando al arco en línea recta. ¡Es imposible! Ahí bastaba que Gestido retrocediera y los backs se cerraran, para que no pasara nada. Adentro del área penal hay que jugar a base de colocación. Yo llegué a gritarle a González, el wing, cuando venía un tiro libre del rusito Wergifker. Vi que el shot iba a sobrar a todos y que Peralta estaba muy abierto. "¡Cerrate!" — le dije. — No me habrá oído, pero la pelota pasó justo por donde yo lo había previsto; si él hubiera estado ahí, le habría caído bien para que metiera la cabeza. Yo observo siempre, miro todos los detalles, ¡porque me gusta el fútbol! En un centro de Peralta, por ejemplo, Peucelle saltó lo más bien para cabecear, ¡y cuando estaba en el aire, en vez de estirarse, se encogió! Me gusta mucho MineIla. Ese es un hombre que contra los que juegan fútbol él va a jugar fútbol. Tiene clase. Lo mismo pasa con Naón, pero tiene mucho miedo, desaparece adentro del área. Es una lástima, porque juega al fútbol de veras.

 

Manuel Seoane convierte el primer gol argentino frente a Paraguay en el Sudamericano de 1925.

Manuel Seoane convierte el primer gol argentino frente a Paraguay en el Sudamericano de 1925.

 

Seoane encuentra una diferencia fundamental entre los internacionales de antes y los de ahora: la calidad del juego. Recuerda que antes tomaba la pelota una línea como la de Somma, Scarone, Piendibene, Gradín y Romano, o Castro, o Gea, y se la llevaba hasta el arco; en seguida devolvía aquella otra de aquí, una de las tantas famosas en la que podrían estar Perinetti, Ochoa, Tarascone, Ferreira y Onzari, o Calomino, o el ala izquierda de Independiente — él y Orsi — haciendo lo mismo: el avance iba hasta el arco.

Se veía fútbol de primera agua. Se jugaba dentro del área con verdadera clase. Y había puntos de la talla de Zibecchi, Nazzasi, Olazar, Zumelzú, Bidoglio...

—Si cualquiera de, esas líneas entraba a dominar, ¡cuidado que se iban a errar los goals! No hay que enceguecerse cuando se domina y no se hacen tantos. Es lo peor que puede, pasar. Hay que jugar serenito, despacio, pero con los ojos bien abiertos.

 

eL PARTIDO INOLVIDABLE

Como el mejor de todos los internacionales en que ha actuado, Seoane evoca aquel match contra los olímpicos del año 1924, en Barracas.

 

El combinado argentino que enfrentó al campeón olímpico, Uruguay en 1924: Calomino, linesman; Vázquez, entrenador; Médice, Tesorieri, Fortunato, Solari, Bearzotti y A. Celli. Agachados Hanai; Tarasconi; E. Celli, Sosa, Seoane, Onzari.

El combinado argentino que enfrentó al campeón olímpico, Uruguay en 1924: Calomino, linesman; Vázquez, entrenador; Médice, Tesorieri, Fortunato, Solari, Bearzotti y A. Celli. Agachados Hanai; Tarasconi; E. Celli, Sosa, Seoane, Onzari.

 

—Yo no creo que se haya jugado nunca mejor fútbol que aquel día. Estaban los uruguayos en su apogeo y nosotros también. Recuerdo ese triunfo y me vuelvo a entusiasmar. Tuve a mi lado uno de los wingers más grandes que hayan actuado. Onzarito era una maravilla. Yo había jugado con él algunas veces, pero salimos ese día corno si hubiéramos estado juntos toda la vida. Yo recibía la pelota, la tiraba a la banderita y allá estaba Onzari, cerrándose para tirar el centro. En inteligencia no lo ha superado nadie. Esa tarde las embocamos todas; no hizo falta que nos cruzáramos una sola palabra para entendernos. Ni cuando debíamos trocar los puestos para avanzar combinando, nos equivocamos... Daría esta casa que me van a regalar por volver a jugar UN partido como ese.

Pero hay otro encuentro, también inolvidable, en los recuerdos del negro Seoane. Es aquel que Independiente jugó contra el Barcelona, en Avellanada.

¡Lo que daría Seoane por volver a jugar de nuevoel partido que usó esa camiseta ROJA! Es de aquella tarde que Independiente le marcó cuatro goles al Barcelona.

¡Lo que daría Seoane por volver a jugar de nuevoel partido que usó esa camiseta ROJA! Es de aquella tarde que Independiente le marcó cuatro goles al Barcelona.

—Tres goals hice yo y uno Orsi. ¡Los once estuvimos hechos unos fenómenos esa tarde! Debe haber sido porque antes de empezar nos avisaron que si ganábamos había cincuenta pesos para cada uno. ¡Cincuenta pesos en aquel tiempo! ¿Se imagina usted lo que significaban? Cierto que también estaba en disputa una copa preciosa y que, antes de salir a la cancha, don Pedro Canaveri nos dirigió una arenga para que nos esforzáramos por conquistar ese trofeo. Pero en seguida habló de los cincuenta, ¡y esa fue otra inyección! El presidente de la delegación del Barcelona decía: "Nosotros tenemos un mago, que es Samitier, pero ustedes tienen once, ¡caramba!" Todavía tengo la camiseta que usé aquella tarde, tal cual quedó, sin haberla lavado siquiera. Está manchada de verde sobre el pecho y en una manga. Debe ser de algún planeo que hice. Creo que los otros diez guardarán también la camiseta, porque ninguno quiso devolverla.

 

EL RESPETO AL VETERANO

Quería saber cómo había empezado Manuel Seoane a entenderse con su compañero de ala, Raimundo Orsi. Él lo recuerda diciendo que en el primer partido se asustó un poco. Orsi le gritaba, dirigiéndolo.

—Él ya era del club y yo venía de afuera. En el segundo partido había más confianza y lo llamé: "Oíme: vamos a entendernos sin gritarnos. Cuando vos veas que yo recibo la pelota, corre derecho para la banderita del comer. Allá la vas a encontrar. Aunque yo agarre para el centro y te parezca que voy a dar juego al otro lado, hace lo mismo. Siempre te vas a encontrar con la pelota allá". Lo hicimos así y formamos en seguida una buena ala. Cuando el ataque iba por la derecha y esperábamos el centro de. Zoilo, yo corría sobre el arco y le hacía señas con la mano a Orsi: "¡Seguime, Mumo, seguime!" Él se quedaba cinco metros detrás mío. Llegaba el centro y yo saltaba para hacer barullo; no la tocaría, pero tampoco se la dejaba tocar a la defensa contraria. Entonces la pelota seguía y Orsi, colocado ahí no más, era el que shoteaba. En esa forma señalamos una punta de goals. Después, cuando se fue él, quise hacer lo mismo con un pibe, de apellido Martínez. Lo iba a sacar bueno, dirigiéndolo así, gritándole, llevándolo detrás mío, mandándolo a la banderita. Yo sabía lo que hacía. ¿Quiere creer que un día se quejó a la comisión de que "Seoane lo retaba en la cancha?"

 

Canaveri, Lalín, Ravaschino y Seoane en la formación de Independiente

Canaveri, Lalín, Ravaschino y Seoane en la formación de Independiente

 El gran insider se lamenta de que ya no haya el respeto que había antes de parte de los nuevos hacia los veteranos, hacia los que saben y son capaces de enseñar. Hoy día, cualquier pibe de cuarta se le insolenta a un crack, diciéndole que no precisa que se le enseñe. Y le están haciendo un bien.

—Cuando yo entré a Independiente, Ronzoni me traía loco a gritos en la cancha. Hasta que yo le pedí: "Vea, Ronzoni, no me grite tanto porque me abatato y no sé qué hacer." "Bueno, me dijo él, yo no te voy a gritar, pero haceme caso a lo que te diga." Y le hice caso desde entonces. Si recibía la pelota y sentía a Ronzoni que me gritaba: "¡Ñato, al goal!", aunque estuviera a treinta metros, ¡pum!, yo la mandaba. ¿Por qué no, si él sabía y veía más que yo?

 

Un mate de la patrona y a escuchar la radio.

Un mate de la patrona y a escuchar la radio.

 

 

el juego del insider

El popular "grone" sigue evocando otros aspectos del juego que realizaba aquel gran team de los rojos. Elogia a Ravaschino y a López, como centre forwards ideales. Seoane ha jugado al lado de grandes directores de ataque, de todos los mejores que han pasado por la Argentina, pero no olvida el agradecimiento que les debe a Raya y al "chivo" López por la cantidad de goals que le sirvieron.

—Yo le decía hace un rato que lo que me llamó la atención en el internacional del otro día fue la falta de colocación de los hombres dentro del área. Vi, por ejemplo, que para recibir un pase de Sastre se encontraron en el mismo sitio Naón y Peuccelle, tropezándose. ¡No es posible eso! Cada hombre debe estar en su puesto. Y hay que explotar el juego de cortada, que es el que da más resultado; cortadas cortas, pero inteligentes, que se hagan de manera que despisten a la defensa. En aquella línea de Independiente, cuando lo veía a Raya o a López con la pelota, yo me metía no más adentro del área, seguro de lo que iba a pasar. Al sentir que Raya, por ejemplo, me gritaba: "¡Cortate, negro!", yo seguía enderezando para el arco y llevándome a los backs, pero sabía que el pase no iba hacia ahí, sino hacia un costado del arco; entonces, en la misma carrera, velozmente, cruzaba entre los backs, los dejaba fuera de juego y me, encontraba solo con la pelota. Adentro del área hay que saber engañara los contrarios y resolver en un momento la situación, pero evitando siempre juntarse los tres centrales para avanzar en línea recta, porque en esa forma no se llega. Con gambetas tampoco. El pase corto y la picardía. Eso es lo que nos dió siempre el mejor resultado.

 

En su época Seoane era imparable.

En su época Seoane era imparable.

Insider extraordinario, Manuel Seoane admite que el hombre de ese puesto es el que más debe trabajar en una línea delantera. Precisamente, me dijo que encontraba acertadísimas las opiniones que hace poco hizo Scarone en Montevideo. El insider es quien debe crear el juego para el centre forward y para el winger, y debe actuar siempre en colaboración con el centre half, bajando a recibir el pase de éste o del half de su ala.

—No olvidemos que tanto el centre forward como el wing están parados, esperando que se les sirva el juego. Es necesario, por eso, que sea el insider quien se mueva constantemente, pero siempre con criterio, sabiendo hacia dónde va y qué va a hacer con la pelota. Generalmente, antes de recibir el pase yo ya sabía qué era lo que tenía que hacer inmediatamente. Quedarse quieto, demorarse con la pelota, es echar a pique un avance. Véanlo jugar a Cherro. ¡Ese, es un insider! Ese sabe para qué están los wingers, de los que la mayoría se olvidan. Y también sabe cabecear como es debido, con la frente y no con el cráneo... Sastre es otro elemento formidable. Dentro de dos años, cuando tenga más aplomo, más cancha, lo van a ver ustedes. Todavía tiene el defecto de gastar más energías de las necesarias; pero va a mejorar más, porque es un hombrecito.

EL “negro" es un crack en las tres bandas. La barra de "Los 20 Billares" se ha reunido para seguir las incidencias del match, "El que ha sido forward -dice Seoane — debe saber jugar un poquito al billar. Es como encontrarse dentro del área: éste, que es Rava, busca la manera de hacerme entrar en juego; pero primero la pelota irá allá, a la derecha, donde está Zoilo; después, la tocará Lalin, con un pase a Orsi, y Mumo va a hacer que yo la reciba solito, enfrente del arco..." Y conste que la bola le obedece, puesto que es roja.

EL “negro" es un crack en las tres bandas. La barra de "Los 20 Billares" se ha reunido para seguir las incidencias del match, "El que ha sido forward -dice Seoane — debe saber jugar un poquito al billar. Es como encontrarse dentro del área: éste, que es Rava, busca la manera de hacerme entrar en juego; pero primero la pelota irá allá, a la derecha, donde está Zoilo; después, la tocará Lalin, con un pase a Orsi, y Mumo va a hacer que yo la reciba solito, enfrente del arco..." Y conste que la bola le obedece, puesto que es roja.

Le cité a Seoane el caso de Zito, jugador lleno de condiciones que, sin embargo, se gasta en jugadas inútiles. A juicio del "negro", Zito es uno de los mejores insiders que actúan hoy en primera. Sólo le falta tener a su lado un veterano que lo dirija, con energía y con criterio.

—A esos pibes hay que gritarles, aunque a ellos no les guste, porque se les hace un bien. Yo actué con él, una vez, en una gira que hicimos, y marchó a las mil maravillas. El secreto está en saberles pedir la pelota, en exigírsela cuando tienen que pasarla.

 

JUICIO SOBRE BERNABÉ

La figura del momento en el fútbol nuestro es, sin discusión posible — o quizá por lo discutida, — la de Bernabé Ferreyra.

—Es un hombre magnífico para saberlo explotar — afirma Seoane. — No es gran jugador, pero tiene el valor formidable de su tiro al arco. Pero también hay que decir una cosa: es una tontería querer imitarlo. Apareció Ferreyra y, ¡uuuuh!, se largaron todos a buscar duplicados de él. Es como si en la época nuestra, porque Bidoglio era un crack, todos los clubs se hubieran puesto a buscar backs serenos, técnicos y limpios. Los hubieran paseado, porque serían serenos, limpios, técnicos, pero les habría faltado la calidad de Vico. El caso de Ferreyra es el otro extremo, pero también es único. Hay que ponerlo entre un insider inteligente, como Cherro, y otro trabajador, como Sastre, con dos punteros técnicos, como Lauri o Perinetti, y Bugueyro o Arrieta. Esa es la línea qua yo formaría para un internacional. Ferreyra necesita a su lado hombres capaces por sí solos de emplear a las defensas contrarias, porque si lo marcan mucho pueden anularlo.

 

El ídolo rodeado del piberio de Independiente.

El ídolo rodeado del piberio de Independiente.

 

 

GRAN OBSERVADOR

Habrá advertido el lector que Seoane, mirando un partido, resulta un observador consciente, lo que lo facultaría para ser un excelente director técnico. Eso obedece al gran amor que le tiene al fútbol. Cuenta que, siendo pibe, iba a Racing para verlo a Pichín Hospital, y apenas terminaba el partido corría para su cuadra a ensayar las jugadas que le había visto Así, observando, aprendió de los ingleses la manera de jugar en el barro.

—Yo veía que esos "salvajes" — término que el "negro" usa como adjetivo elogioso — no se caían nunca. Los estudié bien y di en el secreto: los tapones eran más altos que los corrientes. Además, me di cuenta de que nunca llevaban la pelota a ras del suelo; hacían los pases a media altura y la jugaban dos veces en el aire si estaban mal acomodados. Hasta sabían aprovechar los charcos de agua para engañar al contrario; si la pelota cae en un charco chico, sale como una bala. Recuerdo que a Isola le hicieron un goal así. Después, cuando jugaba en Independiente, siempre que el sábado lloviera, yo hablaba a la cancha, para que le cambiaran los tapones a mis botines.

 

LA GIRA CON BOCA

Seoane ha dicho muchas veces que fue en  la gira con Boca Juniors, en 1925, cuando por la fuerza se hizo centre forward. Volvió a citarme el caso y le pregunté cuál era el mejor recuerdo que guardaba de aquel viaje.

—¡Lo mejor, lo mejor que hubo, fue la muchachada! ¡Qué muchachada linda! Eso era compañerismo. Íbamos juntos a todas partes, sin una discusión, como si todos pensáramos lo mismo.

La "muchachada" de Boca y otros equipos que formaron parte de la gira de 1925 de los xeneizes por Europa, posan para El Gráfico.

La "muchachada" de Boca y otros equipos que formaron parte de la gira de 1925 de los xeneizes por Europa, posan para El Gráfico.

El único, el único que nos costó un poco conquistar, porque era muy nervioso, fue Ramón Mutis. Pero lo trajimos con nosotros en seguida, de la manera más pintoresca. Él todavía se acuerda... Resulta que, en el viaje de ida, Mutis tenía que atravesar el salón de fiestas para ir a su camarote. Nosotros nos dimos cuenta que siempre pasaba con la gorra puesta, y nos pusimos de acuerdo para hacérsela quitar. Desde entonces, cada vez que lo veíamos entrar en dirección a su camarote, le decíamos a media voz, en coro: "¡Mutis, Mutis!", y llevábamos la mano a la cabeza; le indicábamos que se quitara la gorra. Mutis se detenía, nos miraba... y seguía con la gorra puesta. Vuelta a pasar y vuelta a decirle: "¡Mutis, Mutis!", haciéndole la misma seña. Así diez o doce veces. Hasta que, ya cansado, cuando nosotros volvimos a decirle: "¡Mutis, Mutis!...", y a hacerle seña, Ramón se paró y nos desafió: "¡Eh, tanto Mutis, Mutis!" Se pueden ir todos al diablo. ¡¿Quieren pelear?! Y nosotros, siempre en el mismo tono, insistimos: "No queremos pelear... ¡Mutis, Mutis! ¡Y volvimos a hacerle la señal! En vista de que nadie quería pelearse, desde esa vez, siempre que se acercaba al grupo, con acento misterioso decía él mismo: "Mutis, Mutis..." Se señalaba la cabeza y se quitaba la gorra.

 

EL GOAL A ZAMORA Y OTRAS ANÉCDOTAS

Jugando en España, contra Zamora, el negro Seoane estaba desesperado porque no podía hacer un goal al Divino. Las pescaba todas. Eso le preocupaba, pero de pronto sucedió algo que le preocupó más; en un avance, uno de los backs le dio a Seoane un golpe bárbaro, mandándolo boca abajo sobre la cancha de tierra.

—Quedé a la miseria, con la camiseta manchada y las manos completamente rayadas. Me levanté maldiciendo al bruto ese y prometiéndole una terrible venganza. Por lo menos, le iba a romper una pierna... Al poco rato lo encontré lindo para darle el golpe; me, preparé, embalé, me tiré con alma y vida... y me cuerpeó mandándome otra vez en banda. Terminó el primer tiempo, me desinfecté las manos y volví a la cancha pensando de qué manera lo iba a pescar. No lo pude agarrar más para pegarle un golpe. ¡Y me vine a vengar de la manera más sonsa! Un centro de Onzari cayó lindo, corrí, alcancé la pelota, me corté a toda velocidad entre los backs, pateé, le hice el goal a Zamora... y en seguida me di vuelta, buscando al que me había dado el golpe. Lo encontré ahí cerquita y, tomándolo de un brazo, le grité señalándole el arco: "¡Vaya, haragán, a sacar la pelota de la red!"

Balbino, del Celta de Vigo, logra desviar la pelota evitando que el negro Manuel Seoane se posesione de ella. Boca hace su debut europeo ganando 3 a 1.

Balbino, del Celta de Vigo, logra desviar la pelota evitando que el negro Manuel Seoane se posesione de ella. Boca hace su debut europeo ganando 3 a 1.

La viveza de Seoane, su astucia dentro del área y los fouls que ha hecho es cosa que todos conocemos. Hay detalles lindos. Jugando en Alemania, vio llegar un centro de la derecha, espléndido para cabecear, pero tenía frente suyo a un back, que significaba una molestia. Sin pensarlo más, al tiempo que saltaban, Seoane le puso la mano abierta sobre la cara, lo tiró al suelo, cabeceó e hizo el goal, sin que el referee viera nada.

—Aquella gira fue soberbia — termina el gran insider. — Como el más valioso de los recuerdos, conservo la medalla que Boca Juniors me obsequió. A ese club le estoy eternamente agradecido, porque se ha portado conmigo muy bien.

 

OTRAS DOS "MULAS"

Hace dos años, contra San Lorenzo, Seoane hizo un goal de los suyos... Estaba frente al arco, teniendo adelante a Pacheco, esperando un centro. Le iba a molestar en el salto... Buscó el "negro" al referee vio que estaba justamente a sus espaldas y no pensó más: saltó antes que Pacheco lo empujó igual que al alemán, cabeceó hizo el goal. El referee señaló el centro del field y Seoane salió corriendo, riéndose. De pronto, vio que Pacheco y García se lo acercaban, diciéndole el cordobés

—¡"Negro"! Vos me hiciste foul.

—Sí, tenés razón. Disculpame.

—Vení al referee; decíselo.

—¡Ah, no, viejo! Si hacés eso salís perdiendo, porque una cosa es que te lo di a vos y otra que se lo diga al referee...

 

Seoane en acción en el match que Argentina le ganó 3-2 a Uruguay, en el torneo Sudamericano 1927.

Seoane en acción en el match que Argentina le ganó 3-2 a Uruguay, en el torneo Sudamericano 1927.

 

¿Y a Alterio? Todos recordarán que Seoane era un fantasma para el simpático Pibona. En un partido de Capital y Provincia le hizo tres goals, los tres de caza. Pero lo más gracioso ocurrió en match de Independiente con Chacarita. La defensa de éste dio un comer. Seoane colocó al lado de Alterio y le avisó:

—Mirá, Pibona: ahora, cuando venga comer, te piso un pie y te hago el goal

—¡ Si sos brujo lo vas a hacer!

—¿Qué no? Vas a ver: te piso un pie te hago goal.

Dicho y hecho: llegó el comer, Seoane pisó un pie a Alterio, se ladeó un poco le señaló el goal de un cabezazo.

 

PALABRAS FINALES

Y como palabras finales de esta entrevista, Manuel Seoane quiere, desde las páginas de El Gráfico, en este momento de su retiro del fútbol, agradecer todas Ias manifestaciones de simpatía que se le han tributado, asegurar que el homenaje del día 15 lo emocionó hondamente y que sólo tiene palabras de elogio para quienes fueron sus espectadores y sus adversarios.

LA ÚLTIMA VUELTA. En un match de 1934 entre argentinos y uruguayos, el público homenajea cariñosamente a Seoane mientras da la vuelta al field junto a Minella y Gestido.

LA ÚLTIMA VUELTA. En un match de 1934 entre argentinos y uruguayos, el público homenajea cariñosamente a Seoane mientras da la vuelta al field junto a Minella y Gestido.

 

—Esto que ahora se está haciendo por mí no sé si lo merezco, pero sí sé que es lo más grande que yo podía haber ambicionado: quedarme con amigos en el momento de dar el adiós a las canchas.

 

 

Por Félix D. Frascara (1934).

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