Las Entrevistas de El Gráfico

1934. El Indio Juárez

Por Redacción EG · 07 de octubre de 2019

Borocotó se encuentra con el Indio Juárez, un santiagueño que llegó a Buenos Aires para jugar por su provincia y se terminó quedando. Se desempeñó en Rosario Central, Chacarita y River.

Mide 1.80, pesa 78 kilos, tiene 25 años y es santiagueño. Si esa recomendación fuera poca para revestir de guapeza la personalidad de Juárez, queda la cita al indio. Aunque ahora el muchacho use sacos con hombreras, bajo esa apariencia bacana está el de vincha y boleadoras. No hay recuerdos en su familia de mezclas de sangre. Padres de Santiago, abuelos de Santiago, y si seguimos arrancándole hojas al árbol genealógico, llegarnos al indígena puro. Sólo que ya los pelos no son de alambre, y que si los pómulos tienen el relieve de la raza, hay en el rostro de Teófilo cierta fineza que lo hace agradable dando el handicap del color cobrizo. No llega su ondulación a la de Bosio, mas tiene sus sinuosidades. No es una permanente; apenitas hecha al agua. Hay quienes creen que el pelo le vino así a fuerza de fierros. Son calumnias. El fierro lo da Juárez en la cancha...

En 1928 llegó a Buenos Aires integrando el combinado de su provincia que ganó el Campeonato Argentino. De allí tiene sus mejores recuerdos futbolísticos.

 

Indio Juárez realizando tareas domésticas.

Indio Juárez realizando tareas domésticas.

 

—El partido que más impresión me produjo fue aquel contra Capital, íbamos ganando por 3 a 0 y en el último minuto casi nos empata Cherro. Vencimos por 3 a 2. En la final nos medimos con Paraná, al que derrotamos por 3 a 1. El segundo tanto nuestro fue muy discutido y la rechifla del público determinó el retiro del referee Nay Foino. Aquella victoria santiagueña dolió mucho en Tucumán...

—¿Cómo?...

—Ponelo, no más... ; así se enoja Cuello. Vos sabés que Alberto es tucumano y siempre me toma el pelo. Por eso decí que cuando Santiago ganó el Campeonato Argentino, Tucumán dejó de ser provincia. Desde aquel día es Territorio.

Ustedes no conocen bien estos entretelones. Cuello no pierde oportunidad de hablar de Santiago. Antes tenía a Nazareno Luna, después a Luis Díaz, y ahora castiga al indio Juárez. Desde luego que todo va en tren de cachada, pero no por eso el cachado va a perder la oportunidad de devolver la pelota.

—Poné, sin miedo, que Tucumán es Territorio. — Y agrega: — A los quince días de llegar a Santiago fuimos a jugar con los vecinos, íbamos perdiendo por uno a cero. Faltando dos minutas, Segundo Luna le mandó una rica empanada a la gente de Cuello y empatamos. ¡Saltaron las empanadas! Juárez vive en casa de una señora santiagueña, en compañía de su primo Ibáñez, el que actúa por Platense, y de López Bravo.

—López Bravo quiere ser de la familia, pero nosotros no lo dejamos porque usa dos apellidos. La casa es un pedacito de la provincia traído a Buenos Aires. La señora hace las empanadas y Juárez suele llevarse algunas a la cancha. ¿Saben lo que le dicen? Pues que están hechas con grasa de carro.

Los que más desmerecen el postre predilecto del santiagueño son Cuello y Bosio. El primero por esa condición natural suya a la que ya me he referido, y el segundo porque en los entrenamientos Juárez deja que le hagan algún golcito. Y ustedes no saben lo que chilla el arquero.

—¿Por qué no lo paraste a Dendi? ¿No ves que los hinchas creen que estoy en decadencia?

—¿ No viste que se me escapó? Lo agarré de la camiseta y todo. En los entrenamientos se producen esas situaciones. El ñato Dendi es siempre oportuno y con Juárez juegan a quien se engaña mejor. En cuanto el forward sale con la suya, Angelito que va hasta los piolines, lo que más rabia le da a Bosio es de que Dendi no le patea fuerte. Se la toca a un rincón — dice el indio.

 

En Chacarita Juniors.

En Chacarita Juniors.

 

Ahora, con la presencia de Isola en calidad de árbitro de los matches de entrenamiento, no es posible hacer muchas jugadas porque el ex arquero cobra foul de inmediato. Pena así a todo aquel que se entretiene con la pelota y no la entrega en el momento oportuno. Vez pasada le marcó un foul a Juárez y el santiagueño, para hacerlo rabiar a Angelito, le dijo a Isola:

—Es que Bosio no me la pidió... Y el pobre Bosio se había desgañitado reclamándola. Juárez es callado, muy callado, pero sabe armar sus líos. Cuando Cuello flaquea en alguna jugada, cosa no muy frecuente, le dice por lo bajo:

—Te harían falta algunas empanadas...

 

DE CENTRE HALF

—A fines de 1929 pasó a actuar por Rosario Central, y allí estuvo hasta el 31.

—En el 30 salimos campeones — dice.

— Así que van tres campeonatos que me gano.

—¿Cómo... tres?

—El Argentino del 28, el de Rosario del 30... y éste del 34 que va a ganar River...

Durante su permanencia en Rosario Central, jugó de centre half. En 1932 vino a Chacarita Juniors. Estaba destinado a actuar por Gimnasia y Esgrima, pero no se arregló. De lo contrario, hubiera formado pareja con Evaristo Delovo. El destino quiso que al pasar a River le correspondiera actuar con ese back. Debutó Juárez en el combinado River-Gimnasia en un match efectuado en Santa Fe contra el combinado Colón-Unión. En el 33 quedó enrolado en las filias millonarias y en ellas se ha operado su progreso.

—Un año me costó el amoldarme a un team como River. Tuve la suerte de tener por compañero a un jugador de la talla de Cuello y eso me valió de mucho, pero en los primeros tiempos no sabía qué hacer. Por suerte River se mostró muy bueno conmigo. Ninguna queja a mis malas actuaciones. Yo tenía confianza de rendir lo que de mí esperaban, pero necesité un tiempo. No es fácil salir de teams que tienen una característica y meterse en otros de tácticas distintas. Actuar de back en un conjunto que es dominado en la mayoría del Partido, es muy distinto a hacerlo en un equipo que ataca. En Chacarita, mi principal misión era la de defender, de despejar el peligro cuanto antes con fuertes rechazos que mandaran la pelota lo más lejos posible. En River hay que pasarla, enhebrar la jugada. No se admite tirar para adelante sin dirección. Se exige el pase al half, al forward, al que por su colocación y habilidad pueda llevar la pelota al campo adversario. El cambio de un juego a otro es tan grande y tan difícil que sólo Pueden apreciarlo quienes deben sufrirlo. Por otra parte, hay que considerar que si uno juega en un team que está acostumbrado a dominar, pero en el que no se le trata bien, el empeño del jugador no es mucho; mas si en ese equipo se le aprecia y se le remunera generosamente, la preocupación es mayor. Decí que yo soy un tipo que por naturaleza no me enojo ni me rompo la cabeza; pero te aseguro que en más de un partido, al volver a la casilla, me quedaba pensando...

 

Fue figura de Chacarita en los comienzos del profesionalismo.

Fue figura de Chacarita en los comienzos del profesionalismo.

 

El pulimento de Juárez se operó en este año. Hasta el pasado, seguía siendo santiagueño. Ahora ya está dentro de nuestro tipo de fútbol. Primero se amoldó al team y luego mejoró. Ha ido limando asperezas, suavizando, convirtiéndose en un back de clase luego de haber sido un jugador en el cual la característica saliente era la reciedumbre. En la actualidad constituye una excelente pareja con Cuello, y puede asegurarse que el contagio con Alberto ha sido la piedra de esmeril que, en unión con la inteligencia y voluntad del indio, pulió aquel juego tosco y rudo con el que conocimos a Juárez cuando apareció en nuestros fields por el año 28 y durante su actuación en Chacarita. Su progreso implica el mayor homenaje, la mejor prueba de gratitud que pueda haber ofrecido a River Plate.

 

MULERÍAS

Su shot es violento. De no tener a Bernabé por compañero, con seguridad que esos tiros libres cercanos al arco serían ejecutados por el indio. En 1932, jugando por Chacarita contra Vélez Sársfield en el Fortín, venció a Curtis en dos ocasiones mediante la ejecución de los tiros a que me refiero. Las distancias oscilaron entre 25 y 30 metros. De ese año tiene un buen recuerdo: su actuación contra Boca Juniors en la cancha de Platense cuando los funebreros ganaron por dos a uno.

—Fue una tarde feliz... como ingrata resultó esa en que Boca nos hizo cuatro goles, En un comer contra Chacarita me ocurrió con Cherro una jugada que no olvido por lo graciosa. Yo sentí que me agarraban de la camiseta y busqué la de mi adversario. Cherro y yo nos estuvimos tironeando. Se ejecutó el comer, la pelota pasó por arriba de nuestras cabezas... y la hinchada quedó gritando porque ninguno de los dos saltamos. ¡Qué íbamos a saltar si las camisetas se iban estirando hasta los tobillos!

—¿Y esta última agarrada a Marconi en el match contra Estudiantes?

—Mirá... ; resulta que... ; yo... ¿sabes...?; en realidad...

—Decilo de una vez...

—Es que no se pueden decir esas cosas que están fresquitas todavía...

Estoy medio sorprendido. No sé lo que le pasa a Juárez. Está hecho un charlatán y aprovecho. —Hablame algo de los insiders difíciles.

—Tengo una gran suerte: la de que Peucelle sea compañero. Creo que es uno de los hombres más difícil para detener. Lo malo es que Sastre no juega en River, así me hubiera salvado de tenerlo en contra. Como es un insider que no viene mucho al área y cuando viene lo hace sin pedir permiso, resulta poco fácil cuidarlo. Tengo la costumbre de marcar al insider y dejar al puntero para el half de ala. Por eso encuentro dificultades en aquellos elementos que, a la vez de ser hábiles, juegan algo retrasados.

En rulos y en caídas de ojos no puede competir con Bosio; sin embargo, posee una pinta de arrastre.

En rulos y en caídas de ojos no puede competir con Bosio; sin embargo, posee una pinta de arrastre.

—Contame del que te dió el mejor baile.

—Son muchos... Y ya es tarde.

El indio miró el reloj. Se me iba.

—Pará; no pongás el pie en el estribo. Contame otra cosa.

—Jugando frente a Tigre en la cancha de éstos cuando yo actuaba por Chacarita, la barra de aquel pago chillaba contra el referee. Lo amenazaban con exterminar toda su familia. Rojo Miró comenzó a cobrarnos fouls. En una de esas fui a reclamarle: "Vea: Rojó Miró...; no tenga miedo..." El referee extendió el brazo: "¡Camine fuera de la cancha!" Y me echó.

—Pará: no aceleres.

El indio recurrió nuevamente al reloj y me dijo:

—Se van a enfriar las empanadas... ¿Querés venir a comerlas?

—No, gracias. Soy medio delicado del estómago y la grasa de carro...

 

Por Borocotó (1934).

Fotos: Archivo El Gráfico.

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Silvio Carrario jugó en innumerable cantidad de equipos, dice que volvería a todos, cuenta sus pasos por los grandes como Boca y Racing y también por el resto de los clubes.

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