Las Entrevistas de El Gráfico

2007. Más Ramón que nunca

Por Redacción EG · 13 de mayo de 2019

Ramón Ángel Díaz volvía a dirigir en el fútbol argentino y para sorpresa de muchos no fue en River. San Lorenzo fue su nueva casa. En esta nota habla de Macri, Aguilar y de sus aspiraciones como nuevo DT del Ciclón.

Es­ta igual y dis­tin­to.

Igual por la chis­pa, por las iro­nías, por la car­ca­ja­da pí­ca­ra que tan­to año­ra­ba el fút­bol ar­gen­ti­no, por se­guir sien­do ese per­so­na­je tan sin­gu­lar que fue atrac­ción tu­rís­ti­ca de es­ta tem­po­ra­da en Mar del Pla­ta al mis­mo ni­vel que los lo­bos ma­ri­nos de la Bris­tol. Dis­tin­to por­que a ve­ces es­qui­va las in­di­rec­tas y va al hue­so de su blan­co de tur­no, sea Pas­sa­re­lla, Omar La­bru­na o Agui­lar, por­que es una má­qui­na de ti­rar tí­tu­los, por­que le da un to­que de dis­tin­ción ita­lia­no a cier­tos pen­sa­mien­tos que pa­re­cen sa­li­dos de un lú­ci­do pen­sa­dor con­tem­po­rá­neo, por los ro­lli­tos que de­ja tras­lu­cir su re­me­ra de se­da gris.

El día de la presentación en el Nuevo Gasómetro se mostró pletórico. Fue el puntapié inicial para la Revolución Díaz.

El día de la presentación en el Nuevo Gasómetro se mostró pletórico. Fue el puntapié inicial para la Revolución Díaz.

Ra­món An­gel Díaz ha de­ci­di­do al fin vol­ver de su exi­lio fut­bo­le­ro. A los 47 años, y cuan­do su pe­río­do de abs­ti­nen­cia la­bo­ral ya su­pe­ra­ba a su ci­clo real co­mo en­tre­na­dor (ver re­cua­dro), el pri­mer rio­ja­no más fa­mo­so (¿quién se atre­ve a qui­tar­le el tí­tu­lo en tiem­pos kirch­ne­ris­tas?) ba­jó del pal­co en el que los bue­nos son ca­da vez más bue­nos, los in­to­ca­bles más in­to­ca­bles, pa­ra dar pe­lea des­de el cruel es­ce­na­rio de los mor­ta­les, des­de el día a día que tri­tu­ra fi­gu­ras sin pe­dir do­cu­men­tos ni per­ga­mi­nos.

Es­tá igual y dis­tin­to. “No va a ha­ber pro­ble­mas con la en­tre­vis­ta, se las va a dar, es­tá muy tran­qui­lo y re­la­ja­do, en una nue­va eta­pa”, nos ex­pli­ca­ba Os­val­do Me­nén­dez, efi­cien­te je­fe de pren­sa de San Lo­ren­zo, an­te la so­li­ci­tud de El Grá­fi­co. Al día si­guien­te, el men­sa­je de Ra­món era otro: “A Bo­rinsky no lo pue­do ni ver, que ven­ga el otro pe­rio­dis­ta so­lo”. No tan dis­tin­to al fin...

–Ra­món, ¿có­mo fue el reen­cuen­tro con el mun­do del fút­bol?

–De lo me­jor, a pe­sar de que ha­ce ra­to no di­ri­gía, la gen­te es­tá en­ten­dien­do el men­sa­je. ¿Cuál es mi men­sa­je? Que hay que des­dra­ma­ti­zar el fút­bol, de­cir­le no a la vio­len­cia y que pa­ra con­se­guir un re­sul­ta­do se tie­ne que ju­gar bien. Le ten­go que agra­de­cer al pre­si­den­te de San Lo­ren­zo por con­fiar en mi gen­te, en el equi­po de tra­ba­jo ex­ce­len­te que for­ma­mos. Sa­be­mos bien lo que te­ne­mos que ha­cer.

–¿Qué te­nés que ha­cer?

–Pe­lear el cam­peo­na­to. Acá hay que ar­mar un equi­po, una  es­truc­tu­ra, una ba­se só­li­da pa­ra hoy y pa­ra el fu­tu­ro, que no sea só­lo un cas­ti­llo de are­na. Acá hay un mon­tón de ju­ga­do­res que ne­ce­si­tan una en­se­ñan­za, con es­tar en Pri­me­ra Di­vi­sión no al­can­za. Y lo es­ta­mos con­si­guien­do.

–¿Sos un buen maes­tro?

–No sé si soy un buen maes­tro, sí que es­toy con­ven­ci­do de lo que ha­go y qué es lo que quie­ro, de eso no me ca­be nin­gu­na du­da.

–¿Te ani­ma­rías a afir­mar que San Lo­ren­zo va a ter­mi­nar arri­ba de Bo­ca y de Ri­ver?

–Va­mos a pe­lear el cam­peo­na­to, y no só­lo con Ri­ver y Bo­ca, tam­bién es­tán Es­tu­dian­tes, La­nús, que tie­ne un lin­do equi­po. El cam­peo­na­to en la Ar­gen­ti­na es du­rí­si­mo, no es fá­cil co­mo an­tes. Pe­ro aho­ra San Lo­ren­zo es­tá en­ten­dien­do có­mo soy yo, y eso es im­por­tan­te. Es lo más im­por­tan­te.

–¿Y có­mo sos vos?

–Yo quie­ro ga­nar, no vi­ne pa­ra per­der tiem­po.

–¿To­más es­ta eta­pa co­mo un de­sa­fío per­so­nal tam­bién? De­mos­trar que po­dés ga­nar afue­ra de Ri­ver.

–Creo que ya de­mos­tra­mos có­mo so­mos, ha­blá con los ju­ga­do­res. Por eso el apo­yo, la ova­ción del otro día con­tra Ri­ver, el ca­ri­ño de la gen­te. La gen­te se da cuen­ta de que vi­ni­mos pa­ra ha­cer un gran la­bu­ro.

–Si triun­fás en San Lo­ren­zo, ¿se ter­mi­na esa his­to­ria de que só­lo ga­na­bas por los ju­ga­do­res?

–Mu­chos pen­sa­ban que con un gran plan­tel, ve­nía cual­quier téc­ni­co y lo sa­ca­ba cam­peón. Y no es así. No es tan fá­cil co­mo creen, no es tan fá­cil ga­nar.

–¿Te su­bes­ti­ma­ron?

–No, yo de­mos­tré que ten­go ca­te­go­ría, que ten­go ni­vel, que ten­go pres­ti­gio, to­do lo que ne­ce­si­ta te­ner un en­tre­na­dor.

–¿Por qué es­tu­vis­te tan­to tiem­po sin tra­ba­jar, en­ton­ces?

–Hay en­tre­na­do­res que se to­man su tiem­po, que no tie­nen pro­ble­mas. Mi­rá Biel­sa, ¿ha­ce cuán­to que no tra­ba­ja? O Bian­chi, ¿ha­ce cuán­to que no tra­ba­ja? Bue­no... Bian­chi es­tá bien: le si­guen pa­gan­do, je, je... Es pio­la Car­li­tos, je, je, je...

–¿Por qué es­tu­vis­te sin di­ri­gir: vos no que­rías o no ha­bía ofer­tas?

–(Po­ne ca­ra de “qué me es­tás pre­gun­tan­do”.)  Tu­ve un mon­tón de lla­ma­dos...

–De­ci­me dos.

–Cruz Azul y Ti­gres de Mé­xi­co. Pe­ro son mo­men­tos, hoy me pa­re­ció el mo­men­to jus­to. Y sin cam­pa­ña de na­die, por­que vis­te có­mo es es­to, ¿no? ¿Vos co­no­cés el am­bien­te, no? Bue­no, sin cam­pa­ña de na­die, le di­je al pre­si­den­te: “Yo soy así, tra­ba­jo de es­ta ma­ne­ra, y se pue­de ha­cer es­to y es­to”. To­do pa­só por la cre­di­bi­li­dad. Le ex­pli­qué que eco­nó­mi­ca­men­te no iba a ha­ber pro­ble­mas. Por ahí pen­só que Ra­món Díaz era inal­can­za­ble y le de­mos­tré que cuan­do yo quie­ro al­go, lo con­si­go.

En su llegada a San Lorenzo costaba verlo con esos colores. Su identificación con River era tan grande, que sorprendía a propios y extraños.

En su llegada a San Lorenzo costaba verlo con esos colores. Su identificación con River era tan grande, que sorprendía a propios y extraños.

–¿Te con­si­de­rás un ti­po creí­ble?

–Fun­da­men­tal, se no­ta por lo que uno ha­ce. Si no sos creí­ble, no po­dés trans­mi­tir lo que hi­ci­mos en es­te po­co tiem­po en San Lo­ren­zo.

–¿Cuál es tu tiem­po?

–Lo mío es in­me­dia­to, pe­ro ne­ce­si­to ar­mar una es­truc­tu­ra. El tiem­po lo di­rá, la gen­te se da­rá cuen­ta si es­ta­mos ar­man­do al­go im­por­tan­te. Yo creo que me tie­nen con­fian­za. Des­pués, ca­da en­tre­na­dor po­ne su lí­mi­te, te­nés que po­ner­te un lí­mi­te, por­que és­ta es una pro­fe­sión pa­ra con­se­guir co­sas, re­sul­ta­dos. A mí, da­me re­sul­ta­dos.

–¿Ex­tra­ña­bas es­tar en el fút­bol o no tan­to?

–Sí, si to­da mi vi­da hi­ce es­to.

–¿Te gus­ta­ba más ser ju­ga­dor o téc­ni­co?

–Es más lin­do ser en­tre­na­dor, te da más sa­tis­fac­cio­nes. Sien­do ju­ga­dor uno es un po­co egoís­ta, te preo­cu­pás só­lo por vos y yo me di cuen­ta de que ten­go ca­pa­ci­dad de ti­po or­ga­ni­za­ti­vo, ca­pa­ci­dad pa­ra con­ven­cer a los pi­bes có­mo tie­nen que ju­gar, pa­ra en­se­ñar­les.

–¡Sos un maes­tro, en­ton­ces!

–Y... no se pue­de ga­nar sie­te cam­peo­na­tos si no sos un buen maes­tro.

“EL POL­VO MAS LIN­DO...”

El miér­co­les 17 de ene­ro, Ra­món en­fren­tó por pri­me­ra vez en su vi­da a Ri­ver. Los hin­chas del Mi­llo le can­ta­ron el agra­de­ci­mien­to al DT más ga­na­dor de su his­to­ria, en el co­mien­zo del par­ti­do y del se­gun­do tiem­po, con un “Ra­món, Ra­món” y otro “a Ra­món Díaz no lo va­mos a ol­vi­dar”. No hu­bo ban­de­ras ni abra­zo con Pas­sa­re­lla. El úni­co au­daz que se atre­vió a sa­lu­dar­lo y dar­le un be­so fue Víc­tor Za­pa­ta, ca­sual­men­te o no tan­to, su­plen­te con­tra Bo­ca en el pri­mer clá­si­co del año.

Nunca pasa inadvertido. Y menos para los hinchas de River, que siguen pidiéndole autógrafos como si nunca se hubiera ido del club.

Nunca pasa inadvertido. Y menos para los hinchas de River, que siguen pidiéndole autógrafos como si nunca se hubiera ido del club.

¿Le hu­bie­ra gri­ta­do Ra­món un gol a Ri­ver? La in­cóg­ni­ta se pro­lon­ga­rá has­ta la fe­cha 14 del Clau­su­ra, por­que en Mar del Pla­ta ter­mi­na­ron 0-0. Sí se pu­do ver a un Ra­món que le pro­tes­tó cier­tos fa­llos al juez y que se la­men­tó por un par de oca­sio­nes per­di­das por los su­yos.

–¿Por qué creés que Agui­lar no te re­no­vó el con­tra­to en el 2002?

–Por­que no qui­so. Ya lo di­je: se per­dió de se­guir ga­nan­do, pen­só que ga­nar era muy fá­cil... Y se ve que es bas­taaaan­te, bas­taaaan­te, bas­tan­te di­fí­cil.

–Agui­lar te su­bes­ti­mó, en­ton­ces.

–Yo no creo que se pue­da su­bes­ti­mar a un ti­po que te ha­bía ga­na­do seis cam­peo­na­tos y des­pués ga­nó uno más. Creo que fue po­co in­te­li­gen­te, él sa­bía de mi ca­pa­ci­dad.

–¿Qué te di­jo en ese mo­men­to?

–Na­da, yo ya sa­bía que el con­tra­to no iba a ser re­no­va­do, fi­ja­te que fue el úni­co cam­peo­na­to que no se fes­te­jó mu­cho. Yo sí lo fes­te­jé, y lo fes­te­jé a lo gran­de, por­que lo ga­na­mos en con­tra de to­dos. Fue el pol­vo más gran­de...

–Per­dón...

–Sí, sí, je, je –Ra­món lan­za lo que se­rá la car­ca­ja­da más es­truen­do­sa de to­da la en­tre­vis­ta...–, sí, ése fue el pol­vo más lin­do que me eché. Y que­dó en la his­to­ria. Las co­sas es­tán es­cri­tas, por su­pues­to que si me que­da­ba yo, Ri­ver hu­bie­ra se­gui­do ga­nan­do. Ol­vi­da­te.

–¿Por qué es­tás más cer­ca de Ma­cri que de Agui­lar?

–Por­que Ma­cri es­tá le­jos de Agui­lar, muy le­jos, en ca­li­dad es­tá le­jos, lo pa­sa por arri­ba. Se no­ta, es otro ni­vel.

–¿Te gus­ta­ría que Ma­cri fue­ra tu pre­si­den­te?

–No va a pa­sar eso, por­que a Bo­ca yo no iría. A mí me gus­ta el es­ti­lo de Mau­ri­cio, la ri­va­li­dad, el otro día, con ape­nas 15 mi­nu­tos que es­tu­vi­mos en Es­tu­dio Fút­bol ter­mi­na­mos ha­cien­do el pro­gra­ma más vis­to del ve­ra­no, te jue­go lo que quie­ras. Por ahí si es­tu­vié­ra­mos en el mis­mo club, jun­tos, se­ría di­fe­ren­te y dis­cu­ti­ría­mos a muer­te, pe­ro así es otra co­sa. Veo que Mau­ri­cio es un em­pre­sa­rio y hay pi­bes a los que hay que ma­ne­jar­los em­pre­sa­rial­men­te pa­ra que si­gan cre­cien­do. Si vos ana­li­zás es­te úl­ti­mo pe­río­do, Bo­ca ga­nó to­do y en­ci­ma se que­dó con to­dos los ído­los; en cam­bio Ri­ver se que­dó sin ído­los, con Or­te­ga so­lo.

–¿Có­mo vi­vis­te lo que pa­só con Or­te­ga?

–Yo soy muy ami­go de Ariel, mis hi­jos tam­bién, te­ne­mos una gran re­la­ción, vi­no a mi ca­sa mil ve­ces. Es un gran ju­ga­dor, una gran per­so­na, no hay que juz­gar­lo. Y por su­pues­to no hay que aban­do­nar­lo un mi­nu­to. Es un gran­de y tie­ne que ter­mi­nar ju­gan­do. La gen­te de Ri­ver es­pe­ra que se va­ya con un triun­fo, con un buen par­ti­do, que ha­ga tres go­les, la gen­te es­pe­ra eso de los ído­los.

–¿Fes­te­jas­te el tí­tu­lo que per­dió Bo­ca?

–(Si­len­cio).... Es­ta­ba en Bar­ce­lo­na y lo pri­me­ro que pen­sé fue: “Po­bre Ma­cri, ¿dón­de es­ta­rá es­con­di­do?”.

–¿Fes­te­jas­te o no?

–Y... un cham­pag­ne me to­mé... –gran car­ca­ja­da, se­gun­da del ri­só­me­tro– Na­die pen­só que Bo­ca po­día per­der ese cam­peo­na­to.

–¿El hin­cha cuer­vo tie­ne más pi­ca con Ri­ver o con Bo­ca?

–Con Bo­ca, ol­vi­da­te...

–¿Y si vos tu­vie­ras que ele­gir uno pa­ra ga­nar­le: Ri­ver o Bo­ca?

–Bo­ca, siem­pre le quie­ro ga­nar a Bo­ca.

–Rug­ge­ri, Al­fa­ro y Vei­ra, tus tres an­te­ce­so­res con es­ta con­duc­ción, se tu­vie­ron que ir an­tes de tiem­po, ¿no te preo­cu­pa?

–Ca­da uno tie­ne su es­ti­lo y su for­ma de tra­ba­jar. Yo pre­fie­ro mi­rar pa­ra ade­lan­te.

–¿Si sa­lís cam­peón en San Lo­ren­zo vas a la Se­lec­ción?

–(Pien­sa) Tan le­jos no mi­ro, aho­ra el te­ma no me im­por­ta, yo le agra­dez­co a la gen­te de San Lo­ren­zo: no es fá­cil lle­gar y que te trans­mi­tan tan­to ca­ri­ño in­me­dia­ta­men­te. Es­pe­ro ga­nar un mon­tón con San Lo­ren­zo, to­dos te­ne­mos esas ex­pec­ta­ti­vas. A ni­vel lo­cal e in­ter­na­cio­nal, to­do. Va­mos a an­dar bien. En es­tos par­ti­dos del ve­ra­no ya de­mos­tra­mos co­sas. Bo­ca ve­nía de me­ter­nos sie­te, Ri­ver cin­co, y aho­ra fue de igual a igual, la gran sa­tis­fac­ción es que aho­ra el ju­ga­dor se da cuen­ta de que tie­ne po­ten­cial pa­ra com­pe­tir con es­tos equi­pos. Si an­tes no lo te­nía, aho­ra se lo es­ta­mos dan­do.

–Di­jis­te ha­ce po­co: “Los tí­tu­los no son tan fá­ci­les de bo­rrar”. ¿Por qué?

–Lo úni­co que no se pue­de bo­rrar son los tí­tu­los, los po­dés ta­par un ra­ti­to y na­da más. Las vic­to­rias de los gran­des equi­pos que­dan mar­ca­das, por ahí hay gen­te que qui­sie­ra que no es­tés en la his­to­ria, pe­ro no se pue­de.

–¿Vos vas a que­dar en la his­to­ria de San Lo­ren­zo?

–Más bien.

–O sea que den­tro de 20 años, cuan­do es­tés ju­bi­la­do, te van a abrir las puer­tas de la pla­tea con ho­no­res.

–Por su­pues­to que sí, eso es­tá cla­ro. La fra­se se­ría así: “Ven­go pa­ra que­dar en la his­to­ria de San Lo­ren­zo”.

“DA­NIEL ME DE­BE MAS A MI QUE YO A ÉL”

El archivo aporta una imagen de Daniel y Ramón cuando eran compañeros y amigos.

El archivo aporta una imagen de Daniel y Ramón cuando eran compañeros y amigos.

–¿Quién te re­co­men­dó pa­ra que fue­ras a ju­gar a la Fio­ren­ti­na?

–Tra­pat­to­ni, ¿por qué? ¿Vos te­nías otro?

–¿Y al In­ter quién te re­co­men­dó?

–Soy muy ami­go del di­rec­tor de­por­ti­vo.

–¿Quién te lle­vó a Ri­ver co­mo DT, en el 95?

–¿Pas­sa­re­lla? –Ra­món se da cuen­ta por dón­de vie­ne la ma­no.

–Te pre­gun­to a vos.

–Da­vic­ce, él me co­no­cía co­mo ju­ga­dor.

–Pas­sa­re­lla di­ce que él te re­co­men­dó a la Fio­ren­ti­na, al In­ter y que le dio tu nom­bre a Da­vic­ce pa­ra que te con­tra­ta­ra co­mo DT.

–No, je, je –ri­sas–. Es di­fí­cil que te re­co­mien­den, co­no­cién­do­lo a Da­niel, él que­ría que yo me fue­ra pa­ra po­der di­ri­gir a Ri­ver, je, je.

–¿Por eso di­jo que en la vi­da ha­bía que ser agra­de­ci­do?

–No, al con­tra­rio, si él me de­be más a mí que yo a él. Pe­ro no va­le la pe­na se­guir, la gen­te co­no­ce muy bien quién es Pas­sa­re­lla y quién es Ra­món Díaz.

–Si es­tu­vie­ran en “Gran Her­ma­no”, vos y él, ¿a quién vo­ta­ría la gen­te de Ri­ver?

–No sé, la gen­te me tie­ne mu­cho ca­ri­ño, a Da­niel tam­bién lo quie­ren. La di­fe­ren­cia es que él es hin­cha de Bo­ca y yo de Ri­ver, je, je. Igual hay gen­te de Bo­ca que tam­bién me quie­re a mí y me vo­ta­ría, si me pi­den au­tó­gra­fos por la ca­lle.

–¿Vos te eno­jas­te con él cuan­do te sa­có va­rios ju­ga­do­res pa­ra la Se­lec­ción pa­ra ir a La Quia­ca an­tes de un clá­si­co, en el 97?

–A mí lo que más me mo­les­tó en ese mo­men­to es que se lle­vó a Es­cu­de­ro, que era cla­ve pa­ra no­so­tros, y ni lo pu­so, ni lo usó, na­da. En ge­ne­ral, el en­tre­na­dor sa­be si va a usar a un ju­ga­dor. En­ton­ces, si no lo ne­ce­si­tás, ¿pa­ra qué ci­tar­lo? En ese mo­men­to nos per­ju­di­có un mon­tón.

–¿Vos creés que hu­bo ce­los, que él ja­más ima­gi­nó que vos po­días ga­nar tan­to co­mo DT en Ri­ver?

–Co­mo ju­ga­dor, yo era in­tro­ver­ti­do, no ha­bla­ba, me fui jo­ven a Eu­ro­pa, pe­ro la ex­pe­rien­cia ita­lia­na me hi­zo cre­cer co­mo hom­bre y co­mo ju­ga­dor. Es­to de las fra­ses pi­can­tes lo apren­dí ahí. Al prin­ci­pio no en­ten­día el jue­go, pe­ro des­pués en­ten­dí que con esas co­sas los es­ta­dios se lle­na­ban, se ge­ne­ra­ba una ex­pec­ta­ti­va im­por­tan­te. Cre­cí en Ita­lia y el úni­co que se dio cuen­ta en ese mo­men­to fue el Fla­co Me­not­ti, nos en­con­tra­mos en Ná­po­les y vio que yo era otro ti­po. Son las vir­tu­des del Fla­co, por eso es uno de los más gran­des del fút­bol ar­gen­ti­no.

–¿Qué to­mas­te de Pas­sa­re­lla co­mo téc­ni­co?

–El tem­pe­ra­men­to, la agre­si­vi­dad­... Pe­ro ojo, yo tam­bién quie­ro que mi equi­po ga­ne ju­gan­do, de­mos­tran­do que es el me­jor, no te­nien­do ex­cu­sas, por­que las ex­cu­sas, cuan­do per­dés, no sir­ven pa­ra na­da. Si te equi­vo­cas­te vos, re­co­no­ce­lo.

–No que­da cla­ro por qué te dis­tan­cias­te de Pas­sa­re­lla.

–Ca­da uno tie­ne sus co­sas, los dos so­mos en­tre­na­do­res y exis­te la com­pe­ten­cia. No es que aho­ra to­dos nos va­mos a ha­cer las ni­ñas bo­ni­tas, por­que la com­pe­ten­cia exis­te: quién ga­nó más, quién es­tá, quién quie­re ser me­jor. La com­pe­ten­cia exis­te en­tre ju­ga­do­res, di­ri­gen­tes, pe­rio­dis­tas, y en­tre­na­do­res tam­bién. La gen­te ha­bla, pe­ro cuan­do yo lle­gué a Ri­ver en el 95 te­nía un equi­po de­sas­tro­so, sin ar­mar, que ve­nía de un fra­ca­so in­creí­ble. En un mo­men­to per­di­mos con Es­tu­dian­tes en La Pla­ta y pa­sa­mos un mo­men­to crí­ti­co. En­ton­ces to­ma­mos una de­ci­sión y pun­ta­mos –sic, por “apun­ta­mos”– a un ob­je­ti­vo, que era la Co­pa, y la ga­na­mos. Siem­pre di­go en el plan­tel: “Es me­jor mo­rir co­mo un león que co­mo una pé­co­ra (ove­ja)”. Hay que mo­rir co­mo un león, pre­fie­ro eso a mo­rir co­mo una ove­ja. Es lo que les trans­mi­to a los ju­ga­do­res.

El pelado se mostró muy activo en el banco de San Lorenzo durante todo el verano: “Estamos preparando un gran equipo”.

El pelado se mostró muy activo en el banco de San Lorenzo durante todo el verano: “Estamos preparando un gran equipo”.

–¿Ma­ra­do­na te in­vi­tó a su pro­gra­ma de TV?

–Sí.

–¿Y por qué no fuis­te?

–No sé, si ha­ce otro pro­gra­ma voy. Die­go fue el me­jor, le­jos. En el ju­ve­nil del 79 com­pe­tía­mos pa­ra ver quién sa­lía go­lea­dor. Y no me ol­vi­do de que pu­se mi gra­ni­to de are­na pa­ra que fue­ra al Na­po­li. Me pre­gun­ta­ron por él y di­je lo que era. Des­pués lla­mé a Die­go y le di­je: “Ve­ní acá que vas a ser el Rey de Ná­po­les”. Die­go to­da­vía se acuer­da de esa fra­se.

“EL PE­RRO ME MOR­DIO LA MA­NO”

–¿Con La­vez­zi sin ven­der­se, se pue­de de­cir: Ra­món 1 - Ri­ver 0?

–La­vez­zi es oro en pol­vo y yo di­je que el Ri­ver de Agui­lar no es­ta­ba en con­di­cio­nes eco­nó­mi­cas de com­prar­lo. La­vez­zi es un ju­ga­dor bár­ba­ro, tie­ne ta­len­to, jue­go, ma­ne­jo de pe­lo­ta, es gua­po, es­te año va a ha­cer 15 go­les. Con Sil­ve­ra son los dos me­jo­res de­lan­te­ros del fút­bol ar­gen­ti­no.

–¿Se re­for­zó bien Ri­ver?

–(Si­len­cio)... A mí me gus­ta Za­pa­ta, qui­sie­ra te­ner­lo en mi equi­po, es un ju­ga­dor con di­ná­mi­ca, rit­mo, de los que no abun­dan en el fút­bol ar­gen­ti­no.

–¿Por qué Ram­bert co­mo ayu­dan­te y no Co­miz­zo, que pa­re­cía fi­ja?

–A Se­bas­tián lo co­noz­co bien co­mo per­so­na, es jo­ven, tie­ne muy bue­na re­la­ción con los ju­ga­do­res, es­ta­ba en un pro­ce­so im­por­tan­tí­si­mo con jó­ve­nes y es que­ri­dí­si­mo en to­do el am­bien­te. Son elec­cio­nes, de­jé a Ho­ra­cio (Ro­drí­guez) y lo ele­gí a él.

Rambert fue su ayudante: “Es joven, tiene buena relación con los jugadores.“

Rambert fue su ayudante: “Es joven, tiene buena relación con los jugadores.“

–¿Y con Omar La­bru­na nun­ca más?

–(Pien­sa) Cuan­do di­cen “yo soy tu ami­go” y fa­llan los có­di­gos, no te sir­ve. Vos le das de co­mer al pe­rro y des­pués re­sul­ta que el pe­rro te muer­de. Nun­ca hay que mor­der­le la ma­no al que te da de co­mer.

–¿Có­mo te sen­ta­ron el azul y ro­jo? Es ra­ro ver­te con esos co­lo­res...

–Siem­pre les di­go a mis chi­cos que la vir­tud de los gran­des hom­bres es adap­tar­se al mo­men­to, a lo que te to­ca vi­vir. Aho­ra que­re­mos que San Lo­ren­zo ga­ne to­do, a ni­vel lo­cal e in­ter­na­cio­nal. Es­te club no tie­ne te­cho...

–¿Te gus­ta asu­mir el pro­ta­go­nis­mo, qui­tar­les pre­sión a los ju­ga­do­res?

–Es par­te de nues­tra fun­ción de en­tre­na­do­res, pe­ro más bien que me gus­ta asu­mir ese rol.

–¿Vol­vis­te más Ra­món que nun­ca?

–(Se ríe) Dé­jen­me, es­tu­ve tan­to tiem­po afue­ra...

–¿Sos el nú­me­ro uno?

–Yo creo que a la gen­te le gus­tó que vol­vie­ra a di­ri­gir, y en un equi­po que es com­pe­ti­ti­vo. Por su­pues­to que hay que dar­les la men­ta­li­dad que le pue­do trans­mi­tir yo.

–¿Sos el nú­me­ro uno?

–Por tí­tu­los, el nú­me­ro uno es Bian­chi, que ga­nó to­do. Hoy tam­bién lo es Ba­si­le. Yo ten­go unos cuan­tos tí­tu­los, pa­ra al­can­zar­me van a te­ner que re­mar bas­tan­te, eh.

–¿Y de los 20 que arran­can el cam­peo­na­to, quién es el uno?

–Si­meo­ne, por­que vie­ne de ga­nar el cam­peo­na­to, to­dos los otros tie­nen que lu­char. Rus­so de­be de­mos­trar por qué fue a Bo­ca, Pas­sa­re­lla debe revertir porque en Ri­ver lle­va dos años y me­dio o uno y me­dio sin ga­nar (N. de la R: uno con Daniel de DT), La Vol­pe de­be re­com­po­ner lo que hi­zo... Es­ta­mos to­dos ahí, pe­ro el uno, hoy, es Si­meo­ne: hi­zo ju­gar muy bien a Es­tu­dian­tes y ga­nó par­ti­dos in­creí­bles.

–Ra­món, ¿sos un agran­da­do?

–No. Te­ner con­ven­ci­mien­to no es ser agran­da­do y yo es­toy muy con­ven­ci­do de lo que ha­go.

“Ten­go un Diaz es­pe­cial”. La cal­co­ma­nía que pu­bli­ci­ta la con­ce­sio­na­ria de au­tos es­tá ad­he­ri­da en la com­bi Re­nault Mas­ter blan­ca, pa­ten­te FNB 154, que fue to­dos los días des­de el cen­tro de Mar del Pla­ta a la can­cha de San Lo­ren­zo de Mar del Pla­ta, don­de prac­ti­có en la pre­tem­po­ra­da su ho­mó­ni­mo de Al­ma­gro.

¿Quién via­jó ahí to­dos los días jun­to a su cuer­po téc­ni­co? Sí, acer­tó. Ra­món An­gel, y val­ga una pe­que­ña co­rrec­ción: “el” Díaz más es­pe­cial.

A LOS BESOS CON MACRI

El reencuentro de Ramón y Macri en Estudio Fútbol. Cada día sintonizan mejor.

El reencuentro de Ramón y Macri en Estudio Fútbol. Cada día sintonizan mejor.

La afinidad entre el técnico de San Lorenzo y el presidente de Boca va en aumento. Crece sustentada en el humor, el respeto y la admiración mutua.

Y la fortifica un adversario en común: José María Aguilar.

Na­da es ca­sual: cuan­to Ra­món más se ale­ja de Agui­lar, más se acer­ca a Ma­cri, jus­to en un mo­men­to en que los po­pes de Ri­ver y Bo­ca se ti­ran a ma­tar. Des­pués del Ri­ver-San Lo­ren­zo, el Pe­la­do ha­bía pro­me­ti­do su pre­sen­cia en Es­tu­dio Fút­bol pa­ra el día si­guien­te (jue­ves 18). Al fi­nal no fue y avi­só que iría el vier­nes. Sin em­bar­go, el jue­ves a la no­che se co­mu­ni­có con Lu­cia­na Ru­bins­ka, la pro­duc­to­ra de la no­ta, pa­ra avi­sar­le que otra vez no po­dría ir. Que no me po­dés fa­llar de nue­vo, que no pue­do ir, que pim, que pum, has­ta que la pe­rio­dis­ta se ju­gó la úl­ti­ma car­ta: “Pe­ro mi­rá que vie­ne Ma­cri”. No ter­mi­nó de pro­nun­ciar “cri”, que Ra­món le de­cía “en­ton­ces voy”. Y claro que fue.

Lle­gó al pi­so y sa­lu­dó con un be­so a ca­da uno de los pa­ne­lis­tas: Pa­la­cios, Fab­bri e in­clu­so Re­con­do, con quien es­ta­ba en­fren­ta­do. Y arran­có. “No po­dés com­prar una Fe­rra­ri por dos pe­sos”, co­men­tó mien­tras se aco­mo­da­ba el mi­cró­fo­no, al con­fir­mar­se que La­vez­zi no iba a Ri­ver. Con el pre­si­den­te de Bo­ca se chi­ca­nea­ron con la me­jor on­da. “Es la pri­me­ra vez que te veo sin ca­mi­sa, Mau­ri­cio, que­da­te tran­qui­lo que te voy a vo­tar igual”, lo re­ci­bió. “Suer­te, Ra­món, te pro­me­to que te va­mos a ha­cer me­nos de sie­te”, si­guió Ma­cri, y le dio un abra­zo de ami­go.

“¡Qué bue­no que vol­vis­te al fút­bol, Ra­món!”, re­pi­tió una y otra vez Ma­cri, al ai­re y en off tam­bién. Y apro­ve­chó pa­ra pe­gar­le a Agui­lar: “Ra­món es­tá en la his­to­ria gran­de de Ri­ver; Bo­ca no tie­ne la suer­te de con­tar con un gran­de co­mo Ra­món, un re­fe­ren­te co­mo ju­ga­dor que lue­go sea en­tre­na­dor. Es una cuen­ta pen­dien­te que oja­lá po­da­mos sal­dar”.

Y cuan­do el rio­ja­no ya se ha­bía ido, Ma­cri si­guió elo­gián­do­lo fue­ra de cá­ma­ra: “Es­te ti­po es un fe­nó­me­no, lo que ge­ne­ra es in­creí­ble”.

Ya en la sa­li­da, to­dos pug­na­ban por una fo­to. “Ido­lo, Ra­món, en­se­ña­le un po­qui­to de pi­car­día a Agui­lar”, le gri­tó un hin­cha, sin iden­ti­fi­ca­ción de co­lo­res.

A LOS TIROS CON AGUILAR

El presidente Aguilar se transformó en el principal adversario de Ramón.

El presidente Aguilar se transformó en el principal adversario de Ramón.

Ramón aún no digiere que el presidente de River lo haya despedido luego de usarlo políticamente para ganar las elecciones. Y está dispuesto a darle batalla desde San Lorenzo para que pague cara esa actitud.

“A Agui­lar lo voy a hun­dir, lo voy a ha­cer mier­da”, le co­men­tó ha­ce po­co Ra­món a un alle­ga­do ri­ver­pla­ten­se en un bar de la ca­lle Cos­ta Ri­ca, en Pa­ler­mo.

Aun­que du­ran­te un par de años no le apun­tó a la fren­te, aho­ra ya no di­si­mu­la el ren­cor que le guar­da al pre­si­den­te de Ri­ver. ¿Por qué Agui­lar lo lim­pió en el 2002 y ja­más lo tu­vo en cuen­ta? “Co­no­ce bien a Ra­món de la ges­tión de Da­vic­ce y Pin­ta­do, cuan­do era se­cre­ta­rio –des­cri­be un ami­go de Agui­lar–, y tie­ne cla­ro que es in­ma­ne­ja­ble. Pi­de y pi­de ju­ga­do­res, te aprie­ta a tra­vés de la pren­sa co­mo hi­zo con Da­vic­ce, que fue el ti­po que lo ini­ció en es­to; no de­ja en­trar a na­die al ves­tua­rio y no en­ca­ja­ba con el Ri­ver so­li­da­rio y de puer­tas abier­tas que ima­gi­na­ba Agui­lar pa­ra su go­bier­no. Quie­re te­ner el po­der él so­lo. Ade­más, nun­ca cre­yó en su ca­pa­ci­dad de li­de­raz­go y me­nos en sus co­no­ci­mien­tos de fút­bol y se ima­gi­nó que con los ju­ga­do­res que ha­bía, cual­quier DT lo po­día sa­car cam­peón”.

Ra­món to­da­vía no pue­de tra­gar que lo ha­yan usa­do po­lí­ti­ca­men­te: el mis­mo Agui­lar que fue a bus­car­lo a me­dia­dos del 2001, pa­ra des­pe­gar­se del ofi­cia­lis­mo de Da­vic­ce y ga­nar las elec­cio­nes, lo ter­mi­nó des­pa­chan­do un año des­pués.

Fi­to Cui­ña, his­tó­ri­co ami­go de Ra­món, hoy integrante del Con­se­jo de Fút­bol de Ri­ver, le man­da un men­sa­je al técnico cuer­vo, en su mis­mo to­no iró­ni­co: “Que Ra­món se preo­cu­pe por su equi­po y no ha­ble más de Ri­ver, si­no los hin­chas de San Lo­ren­zo se van a dar cuen­ta de que lo que quie­re es vol­ver a Ri­ver. Es co­mo que es­tá di­cien­do to­do el tiem­po: quie­ro vol­ver a Ri­ver, quie­ro vol­ver a Ri­ver”.

Como en las historietas, “continuará...”

SE HIZO DESEAR

5 años, 4 me­ses  y 29 dias

El tiem­po que su­ma­ba Ra­món di­ri­gien­do des­de sus ini­cios co­mo DT has­ta su lle­ga­da a San Lo­ren­zo. Del 11/7/1995 al 11/2/2000 (4 años y 7 me­ses) y del 22/7/01 al 20/5/02 (9 me­ses, 29 días), am­bos ci­clos en Ri­ver.

6 años y 17 dias

El tiem­po de Ra­món sin di­ri­gir, en­tre sus dos ci­clos de inac­ti­vi­dad. El pri­me­ro, des­de el 11/2/2000 al 22/7/01 (1 año, 5 me­ses y 11 días) y el más re­cien­te, des­de el 20/5/2002 al 26/12/06, día de su asun­ción ofi­cial (4 años, 7 me­ses y 6 días).

EL BOOM RAMON

El mag­ne­tis­mo de Ra­món se pue­de me­dir con di­fe­ren­tes pa­rá­me­tros. Ca­cho Lau­do­nio, el Lo­co Ban­de­ri­ta de la Bom­bo­ne­ra, no du­dó en sa­car­se una fo­to jun­to a él en el Bal­nea­rio 12 de Pun­ta Mo­go­tes, co­mo tan­tos otros hin­chas de Bo­ca. El dia­rio Olé lo pu­so en la ta­pa en 4 de 5 días al mo­men­to de asu­mir (24, 26, 27 y 29 de di­ciem­bre). A la se­cre­ta­ría de pren­sa del club lle­ga­ron pe­di­dos de en­tre­vis­ta de re­vis­tas que ha­bi­tual­men­te no in­va­den las can­chas de fút­bol, co­mo Ma­xim y Ga­bo. “Los hin­chas lla­man pre­gun­tan­do cuán­do se jue­ga tal o cual par­ti­do, la lle­ga­da de Ra­món le­van­tó el áni­mo de la gen­te, aún sin que se pro­du­je­ra nin­gu­na con­tra­ta­ción”, ex­pli­ca Mar­ce­la Ni­co­lau, en­car­ga­da de pren­sa y co­mu­ni­ca­ción del club. Y agre­ga: “En los más de 15 años que ven­go al club, nun­ca vi la sa­la de con­fe­ren­cias co­mo el día que se hi­zo la pre­sen­ta­ción de Ra­món, no se po­día in­gre­sar por la puer­ta prin­ci­pal”. Y Os­val­do Me­nén­dez, res­pon­sa­ble de pren­sa del plan­tel pro­fe­sio­nal, que es­tu­vo con la de­le­ga­ción en Mar del Pla­ta y si­guió a Car­los Me­nem por to­do el país en la dé­ca­da del no­ven­ta pa­ra Ra­dio Mi­tre, com­pa­ra: “Des­pués de Me­nem, Ra­món es el ti­po más ca­ris­má­ti­co que vi en mi vi­da, no se pue­de creer lo que ge­ne­ró en es­tos días”.

LA PELEA CON PASSARELLA

El inexistente saludo en el River-San Lorenzo del verano es apenas la punta del iceberg. El cortocircuito entre Ramón y el Kaiser viene de tiempo atrás y nada hace presumir que se solucionará de la noche a la mañana.

Ra­mon lan­zo la pri­me­ra pie­dra. “Es­pe­ro que él me ven­ga a sa­lu­dar”, afir­mó cuan­do le pre­gun­ta­ron por el hi­po­té­ti­co cru­ce con Pas­sa­re­lla en el par­ti­do con­tra Ri­ver, dan­do a en­ten­der que se sien­te su­pe­rior al Kai­ser. Y en­se­gui­da agre­gó “sa­lu­do, na­da de abra­zo”, con­fir­man­do que es­tán dis­tan­cia­dos.

Des­pués de ig­no­rar­se olím­pi­ca­men­te en la can­cha, Ra­món su­bió la apues­ta: “Ten­dría que ha­ber­lo ido yo a sa­lu­dar, si él es más gran­de... de edad”.

Pas­sa­re­lla tra­gó sa­li­va y le con­tes­tó cor­ti­to: “En la vi­da hay que ser agra­de­ci­do”. ¿A qué se re­fe­ría? Lo con­tó en El Grá­fi­co de mar­zo del 2006: “Con Ra­món fui­mos muy ami­gos, yo lo lle­va­ba a la Ave­ni­da Cen­te­na­rio pa­ra que hi­cie­ra el no­vio con la que es hoy su mu­jer, Mir­ta. Ella tra­ba­ja­ba ahí y yo lo es­pe­ra­ba afue­ra con el au­to. Cuan­do me fui a Ita­lia, ha­blé con los di­ri­gen­tes de la Fio­ren­ti­na pa­ra que lo lle­va­ran. Des­pués hi­ce lo mis­mo con los di­ri­gen­tes del In­ter. Y lo lle­va­ron. En el 91 lo fui a bus­car a Mon­te­car­lo pa­ra que ju­ga­ra otra vez en Ri­ver. Y cuan­do vol­vió de Ja­pón, en el 95, yo ha­bía ha­bla­do con el her­ma­no de Da­vic­ce pa­ra que fue­ra en­tre­na­dor de Ri­ver. Lo lla­mé a Ra­món a la ca­sa y no es­ta­ba. Ha­blé con Mir­ta y me di­jo que Ra­món que­ría se­guir ju­gan­do. Yo le con­tes­té que se de­ja­ra de jo­der, que ya no po­día ha­cer­lo. A los tres días me lla­mó Ra­món y me di­jo que que­ría aga­rrar. Nos jun­ta­mos, le ex­pli­qué có­mo pen­sa­ban los di­ri­gen­tes, to­do lo que te­nía que sa­ber. Le pre­gun­té si te­nía cuer­po téc­ni­co y qué iba a ha­cer con los mu­cha­chos que que­da­ban en el club. El me di­jo que los de­ja­ba a to­dos. Y des­pués los echó. Po­dría ha­ber­me di­cho que iba a cam­biar to­do y lis­to. No me lo di­jo. Y des­de ahí no ha­bla­mos nun­ca más”.

La ver­sión del Pelado se de­sa­rro­lla en la en­tre­vis­ta. Da a en­ten­der que to­do pa­sa por una cues­tión de ce­los (él ga­nó más que Passarella) y que le mo­les­ta­ron al­gu­nas con­vo­ca­to­rias de ju­ga­do­res de Ri­ver a la Se­lec­ción.

 

Por Diego Borinsky y Maximiliano Nobili

Fotos: Jorge Dominelli

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