Las Entrevistas de El Gráfico

2003. Burruchaga 100X100

Por Redacción EG · 05 de abril de 2019

El autor de uno de los goles más importantes de la historia de la Selección responde las 100 preguntas de EL GRÁFICO, donde repasa sus inicios como jugador y DT y también sus años en Independiente y la Selección.

“Me hubiera gustado retirarme de dos”

Autor del gol que le dio el último título mundial a Argentina, el técnico de Arsenal repasa una trayectoria riquísima en vivencias. Independiente, Francia, Maradona, Bochini, Bilardo y Menotti son algunos nombres propios evocados por el polifuncional que colgó los botines con una espina...

1 ¿En qué te ayu­da y en qué te per­ju­di­ca co­rrer con el ca­ba­llo del co­mi­sa­rio? Tie­ne más de ma­lo que de bue­no. Es­cu­ché mu­chas ve­ces que as­cen­di­mos por ser el club de Gron­do­na… De­cir eso es ri­dí­cu­lo y pro­pio de gen­te que no tie­ne mu­cho en la ca­be­za. Si hu­bie­ra si­do así, Ar­se­nal ha­bría as­cen­di­do ha­ce mu­cho. Es más, an­te la du­da, los re­fe­rís nos co­bran en con­tra, por­que sa­ben que los es­tán mi­ran­do. Hay que des­te­rrar esos mi­tos. Na­die nos re­ga­ló na­da.

2 ¿No te da mie­do fa­llar­le a un Gron­do­na? Es co­mo usar el au­to de tu sue­gro… No. A mí los di­ri­gen­tes me dan to­das las co­mo­di­da­des pa­ra tra­ba­jar tran­qui­lo y ma­ne­jan a la per­fec­ción el club, que no tie­ne deu­das. Ellos ven có­mo tra­ba­ja­mos no­so­tros y có­mo, los ju­ga­do­res. To­do es re­cí­pro­co y a mí nun­ca me pre­gun­tan qué ha­go o qué de­jo de ha­cer. Se tra­ba­ja con li­ber­tad. Ob­via­men­te in­ter­cam­bia­mos ideas, pe­ro de ahí a su­ge­rir al­go… ja­más.

3 Di­ri­gis­te a Gus­ta­vi­to, te di­ri­gió Hum­ber­ti­to, te pre­si­die­ron Héc­tor y Ju­li­to y le dis­te un Mun­dial a don Ju­lio, ¿sos el Dios de los Gron­do­na? Ja, ja, hay una re­la­ción de amis­tad con ellos. Por eso, el as­cen­so de Ar­se­nal fue una de las sa­tis­fac­cio­nes más gran­des de mi vi­da, ya que sig­ni­fi­có una enor­me ale­gría con el club y con mis ami­gos de ha­ce 20 años.

4 ¿Te cos­tó sa­car a Gus­ta­vo del equi­po, te­nien­do en cuen­ta se­me­jan­te en­tor­no? Fue la de­ci­sión más du­ra que to­mé co­mo en­tre­na­dor, pe­ro he apren­di­do que el téc­ni­co de­be ma­ne­jar­se con la ra­zón y no con el co­ra­zón. No fue fá­cil, pe­ro te­nía que ha­cer­lo, y lo hi­ce di­cién­do­le lo que yo pen­sa­ba. Mi amis­tad con Gus­ta­vo siem­pre fue más allá del fút­bol.

5 Po­cos sa­ben que a los 10 años ju­ga­bas en La Aca­de­mia, ¿po­dés des­men­tir­lo? Nooo, es cier­to, pe­ro na­da que ver con Ra­cing. Era un equi­po del ba­rrio. Yo vi­vía en Quil­mes y con mis her­ma­nos par­ti­ci­pa­ba en unos cam­peo­na­tos que or­ga­ni­za­ba la po­li­cía, ju­gan­do pa­ra un club que se lla­ma­ba La Aca­de­mia.

6 ¿Có­mo era el Bu­rru lí­be­ro de Ar­se­nal? Un en­tre­na­dor, Je­sús Ló­pez, de­cía que por mis con­di­cio­nes y mi téc­ni­ca po­día ju­gar de lí­be­ro, ya que sa­lía bien de atrás y lle­ga­ba a los re­le­vos. Eso fue en in­fe­rio­res. Y en Pri­me­ra, Ló­pez y Ca­va­lle­ro tam­bién me qui­sie­ron po­ner ahí. Pe­ro co­mo vie­ron que du­dé un po­qui­to an­tes de acep­tar el pues­to, se arre­pin­tie­ron.

7 ¿Has­ta dón­de hu­bie­ras lle­ga­do si na­die te hu­bie­ra sa­ca­do de la de­fen­sa? Co­mo de­fen­sor, me veía bien y no me dis­gus­ta­ba ju­gar ahí. De he­cho, me hu­bie­ra gus­ta­do re­ti­rar­me de dos, pe­ro no se ani­ma­ron a po­ner­me, y tam­po­co sa­lió de mí pe­dir­lo.

8 Dia­rie­ro, al­ba­ñil, he­la­de­ro y pin­tor… ¿Cuán­to tiem­po le de­di­cas­te a ca­da ofi­cio y qué tal eras en ca­da uno? No me acuer­do exac­ta­men­te. Hi­ce to­do eso por ne­ce­si­dad, ya que éra­mos 12 her­ma­nos y to­dos te­nía­mos la obli­ga­ción de co­la­bo­rar. Lo que más re­cuer­do es cuan­do ven­día dia­rios en los co­lec­ti­vos lle­nos, pa­san­do en­tre la gen­te que via­ja­ba can­sa­da lue­go de tra­ba­jar. Y en ve­ra­no ven­día he­la­dos.

9 ¿Có­mo te lle­gó la con­vo­ca­to­ria pa­ra ju­gar de pin­tor del Mo­nu­men­tal en el Mun­dial del 78? Cuan­do se hi­zo una de las to­rres de ilu­mi­na­ción de Ri­ver, ha­bía que pin­tar­la y po­ner­le an­tió­xi­do. Una de esas ta­reas le to­có a mi her­ma­no y, co­mo yo tra­ba­ja­ba con él, aun­que te­nía 15 o 16 años y es­ta­ba por de­bu­tar en Pri­me­ra, lo ayu­dé. O sea que, en al­go, par­ti­ci­pé en los dos Mun­dia­les.

10 Sien­do téc­ni­co de Ar­se­nal, te lle­vas­te una ova­ción de la Do­ble Vi­se­ra que to­da­vía Rug­ge­ri no con­si­guió… ¿Cuán­to fal­ta pa­ra que di­ri­jas a In­de­pen­dien­te? Es un sue­ño pa­ra mí, por­que es el úni­co club de Pri­me­ra pa­ra el que ju­gué en la Ar­gen­ti­na, ya que Ar­se­nal en mi épo­ca de ju­ga­dor es­tu­vo siem­pre en el as­cen­so. Tu­ve po­si­bi­li­da­des de di­ri­gir a In­de­pen­dien­te y no se dio, pe­ro no me vuel­vo lo­co.

Jorge Burruchaga dirigió a Arsenal de Sarandí entre 1001 y 2005 en su primer paso y entre 2009 y 2010 en su segundo ciclo.

Jorge Burruchaga dirigió a Arsenal de Sarandí entre 1001 y 2005 en su primer paso y entre 2009 y 2010 en su segundo ciclo.

11 En el 98, di­jis­te que fal­ta­ban 4 años: pa­sa­ron 5 y to­da­vía no te lla­ma­ron, ¿por qué? Por­que los di­ri­gen­tes op­ta­ron por otros en­tre­na­do­res. Pri­me­ro fue Os­val­do Piaz­za y des­pués Tros­se­ro. Evi­den­te­men­te, pen­sa­ron que no era mi mo­men­to. Es lo úni­co que se me ocu­rre y no creo que ha­ya otra co­sa. Si la hay, yo no la sé, ni me in­te­re­sa sa­ber­la.

12 En De­fen­sa y Jus­ti­cia sa­cas­te 52 pun­tos en 34 par­ti­dos y la gen­te es­ta­ba cho­cha. ¿Te fuis­te por­que pen­sas­te que arre­gla­bas con el Ro­jo? Es­ta­ba esa chan­ce y no fue de­ter­mi­nan­te, pe­ro ayu­dó a que to­ma­ra la de­ci­sión. Tam­bién ha­bía otras op­cio­nes, e igual ya te­nía pen­sa­do ir­me cuan­do ter­mi­na­ra el cam­peo­na­to, por­que creía que iba a ser di­fí­cil re­pe­tir la bue­na cam­pa­ña que ha­bía­mos he­cho.

13 ¿Te do­lió que pen­sa­ran en Ga­lle­go y des­pués en Rug­ge­ri an­tes de lla­mar­te a vos? Do­ler, do­lió. Sin em­bar­go, yo in­ten­to siem­pre acep­tar la rea­li­dad. Por lo que he leí­do, sé que han pen­sa­do en mí, pe­ro las op­cio­nes por las que se in­cli­na­ron les ha­brán pa­re­ci­do me­jo­res.

14 A prio­ri, Bu­rru­cha­ga ten­dría más cré­di­to que un téc­ni­co li­ga­do a Bi­lar­do y sin pa­sa­do en el club. Al mar­gen del do­lor, ¿te sor­pren­dió? No, por­que ya no se bus­can téc­ni­cos que ha­yan si­do ju­ga­do­res de los clu­bes. El Ca­be­zón, más allá de to­do, es un en­tre­na­dor con una ca­pa­ci­dad enor­me y de­mos­tra­rá que pue­de di­ri­gir tran­qui­la­men­te a In­de­pen­dien­te. La gen­te quie­re que el equi­po ga­ne y que jue­gue bien, y el Ca­be­zón, con tiem­po, lo con­se­gui­rá. ¿Por qué no, Bu­rru­cha­ga? Uno pue­de ima­gi­nár­se­lo. Qui­zás al­gu­no se eno­jó por­que re­cla­mé una deu­da… Pe­ro igual hay tiem­po y es­toy muy có­mo­do en Ar­se­nal.

15 Siem­pre de­cís que que­rés un equi­po que jue­gue co­mo vos lo ha­cías. ¿Rug­ge­ri tam­bién pre­go­na un fút­bol acor­de a su pa­sa­do? No. Ca­da uno tie­ne sus li­bre­tos y no hay na­da com­pli­ca­do. Si uno re­suel­ve rá­pi­do, con mo­vi­li­dad y ju­gan­do co­lec­ti­va­men­te, se ha­ce sim­ple. Si no, se ha­rá com­pli­ca­do. Pe­ro yo creo que a Os­car, si al­go lo ca­rac­te­ri­za­ba, es que sa­bía sus li­mi­ta­cio­nes. Y sus vir­tu­des eran mu­chas. Es­to es lo que uno bus­ca en un equi­po.

16 ¿In­de­pen­dien­te per­dió su iden­ti­dad fut­bo­lís­ti­ca? Se ha­ce di­fí­cil man­te­ner­la, por el re­cam­bio de los plan­te­les. De to­dos mo­dos, aquel que va a In­de­pen­dien­te sa­be que hay que ga­nar, ob­via­men­te, y ju­gan­do bien. Os­car tam­bién lo sa­be. Si el equi­po no jue­ga bien, no ga­na. El año pa­sa­do, por ejem­plo, cuan­do In­de­pen­dien­te sa­lió cam­peón, ju­gó bien.

17 ¿Qué cam­bió en tu vi­da des­de el 29 de ju­nio de 1986? Fue el mo­men­to más im­por­tan­te y fe­liz de mi vi­da, pe­ro des­pués pa­sé a ser uno más de un país con pro­ble­mas. Con ese gol en la fi­nal del mun­do, pa­sé a ser más re­co­no­ci­do, pe­ro op­té por es­te per­fil ba­jo. La vi­da si­guió, y a mí me que­dó el or­gu­llo de ha­ber ga­na­do un tí­tu­lo des­pués de un pe­río­do di­fí­cil y cues­tio­na­do, ya que tu­vi­mos que pa­sar mu­chas no­ches sin dor­mir a raíz de que no se en­ten­día lo que ha­cía­mos. Por eso, el lo­gro fue úni­co.

18 ¿Qué sen­tís cuan­do di­cen que el Mun­dial 86 lo ga­nó Die­go? Yo siem­pre di­je: “Gra­cias a Dios, Die­go es ar­gen­ti­no”. Siem­pre fui­mos cons­cien­tes de lo que sig­ni­fi­ca­ba, aun­que no po­de­mos de­jar de re­co­no­cer que ha­bía un plan­tel ex­traor­di­na­rio, que so­bre­pa­só mo­men­tos di­fí­ci­les, con la ma­du­rez ne­ce­sa­ria pa­ra abs­te­ner­se de los pro­ble­mas y ha­cer lo im­po­si­ble por la ca­mi­se­ta. To­dos ayu­da­mos a que Die­go fue­ra lo que fue. Era el as de es­pa­das, pe­ro el equi­po lo ayu­dó, y mu­cho.

Lujo de pocos: jugó al lado de Diego Maradona, la figura más grande de todos los tiempos.

Lujo de pocos: jugó al lado de Diego Maradona, la figura más grande de todos los tiempos.

19 En el 86, Die­go, y en el 90, Goy­co… ¿La gen­te es in­jus­ta? En al­gu­nos ca­sos, sí, pe­ro hay que en­ten­der có­mo es es­to. Si no, uno se en­fer­ma. Die­go en el 86 era el me­jor del mun­do, ha­cía co­sas im­po­si­bles. Y lo de Goy­co en el 90 fue va­lio­sí­si­mo. Tu­vo la for­tu­na o la vir­tud de ata­jar pe­na­les de­ci­si­vos, pe­ro no hay que ol­vi­dar­se de ese equi­po, que tu­vo mu­chos le­sio­na­dos y de­mos­tró un or­gu­llo enor­me.

20 ¿Qué se te pa­sa­ba por la ca­be­za a me­di­da que Die­go iba es­qui­van­do in­gle­ses, en Mé­xi­co 86? Yo es­tu­ve cer­ca des­de el arran­que de la ju­ga­da e iba pa­ra­le­lo a él en la ca­rre­ra. Cuan­do en­ca­ró al lí­be­ro, pen­sé que iba a dar­me la pe­lo­ta, por­que ve­nía ha­ma­cán­do­se, a pun­to de caer­se. Pe­ro, ob­via­men­te, no me la dio. Igual, yo di­go que fui ac­tor prin­ci­pal, por ha­ber es­ta­do tan cer­ca. Só­lo el Die­go de ese mo­men­to po­día ha­cer eso.

21 ¿Es cier­to que lo pu­teas­te en el fes­te­jo? Sí, le di­je: “Qué pe­da­zo de gol hi­cis­te, hi­jo de pu­ta”. Lo pu­tea­ba por­que no po­día creer lo que ha­bía he­cho. Aún hoy, al ver esa ju­ga­da, uno se pre­gun­ta có­mo lo hi­zo. Pa­re­ce un bai­la­rín lle­van­do una pe­lo­ta de fút­bol.

22 ¿Val­da­no ya te cre­yó que no es­cu­chas­te el gri­to ni lo vis­te pa­ra dar­le el pa­se en la ju­ga­da del gol con­tra Ale­ma­nia? Creo que sí. Es más, ni si­quie­ra vi que me se­guía un ale­mán. Lo úni­co que se me pa­sa­ba por la ca­be­za era lle­gar lo más rá­pi­do po­si­ble al ar­co. Ade­más, si se la hu­bie­ra pa­sa­do a Val­da­no, por ahí me la hu­bie­ran in­ter­cep­ta­do. Por suer­te, no lo es­cu­ché.

El gol inmortal. Burru vence a Schumacher, Argentina es campeón mundial en México 86.

El gol inmortal. Burru vence a Schumacher, Argentina es campeón mundial en México 86.

23 ¿Qué ju­ga­dor de hoy se pa­re­ce a Bu­rru­cha­ga? Por ca­rac­te­rís­ti­cas y mo­vi­li­dad, di­ría que Lu­cho Gon­zá­lez, un ju­ga­dor sim­ple y fun­cio­nal. Tie­ne gol, pe­ga­da, es in­te­li­gen­te… Tie­ne unas con­di­cio­nes bár­ba­ras.

24 ¿Te abu­rre el fút­bol de la Se­lec­ción? No, no. Aho­ra in­si­núa un po­qui­to más de ma­ne­jo y de pau­sa, que era lo que se le po­día re­pro­char a la otra, ya que por ahí bus­ca­ba lle­gar de­ma­sia­do rá­pi­do, me­dian­te el pres­sing o al­gún pe­lo­ta­zo. Aho­ra bus­ca la me­jor op­ción pa­ra ata­car.

25 En el 98, co­rrió el ru­mor de que ibas a co­la­bo­rar con Biel­sa y di­jis­te “me en­can­ta­ría”. ¿Hoy te su­bi­rías a ese co­che en lla­mas? Fue­ron ru­mo­res. De­cían que co­mo Biel­sa no te­nía ex­pe­rien­cia en la Se­lec­ción, pon­drían a al­guien que sí la tu­vie­ra. Pe­ro hoy no acep­ta­ría. Yo no ha­bía arran­ca­do co­mo en­tre­na­dor y aho­ra es­toy de­di­ca­do de lle­no.

26 En el 86, con la en­tra­da de En­ri­que, te sa­ca­ron la obli­ga­ción de mar­car, ¿no ha­ría fal­ta un En­ri­que pa­ra que cu­brie­ra a Ve­rón? Tal vez sí, pe­ro si bien el di­bu­jo in­si­núa ser el mis­mo, las ca­rac­te­rís­ti­cas de los ju­ga­do­res son dis­tin­tas. El te­ma pa­sa por que Ai­mar, D’A­les­san­dro y el Kily co­la­bo­ren con Ve­rón, ya que se tra­ta de un cin­co con mu­chí­si­mo jue­go y muy po­ca mar­ca.

27 ¿Dis­fru­tas­te o su­fris­te en­fren­tan­do co­mo DT a Bi­lar­do? Fue lin­do, en­fren­té a un maes­tro que me en­se­ñó un mon­tón. Ja­más ima­gi­né que ese día po­día lle­gar.

28 ¿Qué ha­rías si ga­na­ras to­do lo que ga­nó Bian­chi y no te lla­man pa­ra la Se­lec­ción? Es di­fí­cil po­ner­se en el lu­gar del otro, pe­ro creo que sen­ti­ría al­go de bron­ca. La Se­lec­ción le in­te­re­sa a cual­quier en­tre­na­dor y, ob­via­men­te, a Bian­chi tam­bién. Por eso, tal vez me que­da­ría ese sa­bor amar­go de no con­cre­tar un sue­ño, pe­ro tam­po­co uno se pue­de vol­ver lo­co.

29 ¿Vos en­ten­dés el por­qué? Es di­fí­cil en­con­trar el por­qué. Es­tá de­mos­tra­do a dia­rio que pu­do ha­ber si­do el en­tre­na­dor del se­lec­cio­na­do o que era el me­jor pos­tu­lan­te, ya que no se so­lía re­no­var el con­tra­to al téc­ni­co des­pués de un Mun­dial co­mo el que pa­só. Los mo­ti­vos de por qué no lo fue los sa­be la AFA.

30 ¿Di­ri­gi­rías a Ra­cing? No.

31 ¿Qué sen­tis­te cuan­do que­das­te li­bre en Ri­ver y te di­je­ron que ibas a triun­far, pe­ro no ahí? Con 13 años, fue la pri­me­ra y una de las más gran­des de­si­lu­sio­nes que tu­ve en el fút­bol, por­que mi vie­ja jun­ta­ba las mo­ne­das y ha­cía un es­fuer­zo muy gran­de pa­ra que pu­die­ra ju­gar. Fue un ma­za­zo muy gran­de. En­ci­ma, se dio en el 77, el año en el que mu­rió mi vie­jo. Ahí lar­gué el fút­bol, no que­ría ju­gar más.

Joyita del archivo: posando junto a sus compañeritos en las inferiores de River Plate.

Joyita del archivo: posando junto a sus compañeritos en las inferiores de River Plate.

32 ¿Con qué ar­gu­men­to te die­ron el pa­se? Con nin­gu­no. Me di­je­ron esa fra­se que le di­cen a cual­quier pi­be: “Vas a triun­far en otro la­do”. Y, ob­vio, no lo creí. Des­pués me fui a pro­bar a Quil­mes, don­de siem­pre me hin­cha­ban pa­ra que fue­ra, y tam­po­co me qui­sie­ron…

33 ¿Por qué caís­te en Ar­se­nal? Yo ju­ga­ba tor­neos de po­tre­ro en el ba­rrio, por tro­feos o por pla­ta. Y ha­bía un hom­bre de ahí que te­nía re­la­ción con los Gron­do­na. El me lle­vó a una prue­ba en Ar­se­nal, un club de Se­gun­da al que yo ni co­no­cía. Y ahí arran­qué. Dos años des­pués de­bu­té en Pri­me­ra.

34 ¿Por qué tu­vis­te que em­pe­zar di­ri­gien­do en la B? To­dos que­re­mos arran­car en Pri­me­ra, pe­ro lo ideal es ir de aba­jo pa­ra arri­ba. El pro­ble­ma es que acá le po­nen eti­que­ta a to­do y qui­zá, si uno co­mien­za en Pri­me­ra B, lo til­dan de en­tre­na­dor de esa ca­te­go­ría. Igual, las chan­ces de di­ri­gir en la A son po­cas, ya que te re­cha­zan por no te­ner ex­pe­rien­cia. ¿Có­mo la vas a te­ner, si es­tás arran­can­do...? En fin, sur­gió la chan­ce de ir a De­fen­sa, y me pa­re­ció una bue­na op­ción.

35 ¿Tu per­fil ba­jo te per­ju­di­có tam­bién a la ho­ra de em­pe­zar a di­ri­gir? Un po­co. Pe­ro no voy a cam­biar mi per­so­na­li­dad. Siem­pre me gus­tó con­se­guir co­sas a fuer­za de tra­ba­jo, es­fuer­zo y vo­lun­tad. Nun­ca ha­cien­do lobby.

36 ¿Cuán­to tu­vo que ver Bi­lar­do con el tí­tu­lo del 86 y el sub­cam­peo­na­to del 90? Mu­cho. Lle­gó con ideas re­no­va­do­ras y cues­tio­na­das. Y aca­rrea­ba un con­de­na­to­rio pa­sa­do co­mo fut­bo­lis­ta. A no­so­tros nos cos­tó en­ten­der­lo, pe­ro real­men­te tu­vo un co­ra­je bár­ba­ro pa­ra ban­car­se que lo mal­tra­ta­ran de to­dos la­dos, mu­chas ve­ces in­jus­ta­men­te. Su pre­mio fue el Mun­dial. Ahí lo vi fe­liz, co­mo ja­más lo ha­bía vis­to.

37 ¿Qué lo­gro co­mo téc­ni­co po­dría su­pe­rar el as­cen­so con el club de to­da tu vi­da? Eso fue muy fuer­te. Por ahí, ga­nar un cam­peo­na­to con In­de­pen­dien­te po­dría equi­pa­rar­lo. Y ni ha­blar de ser cam­peón del mun­do co­mo téc­ni­co tras ha­ber­lo lo­gra­do co­mo ju­ga­dor, que to­da­vía no se ha da­do en el fút­bol ar­gen­ti­no.

Dirigiendo a Arsenal consiguió el primer ascenso a la máxima categoría en 2002.

Dirigiendo a Arsenal consiguió el primer ascenso a la máxima categoría en 2002.

38 ¿Hoy fir­más ter­mi­nar de­ci­mo­sex­to y za­far de la Pro­mo­ción? Sííí, có­mo que no. Fir­ma­ría y vi­vi­ría tran­qui­lo.

39 ¿A Me­not­ti le de­so­be­de­cías tan se­gui­do co­mo a Bi­lar­do? No, qui­zá se pue­de ha­ber ma­len­ten­di­do esa “de­so­be­dien­cia” de la que ha­blé. Uno pue­de ex­pli­car­les co­sas a los ju­ga­do­res, pe­ro los que eje­cu­tan y de­ci­den qué ha­cer son ellos. Es de­so­be­dien­cia al ser­vi­cio del equi­po. No sig­ni­fi­ca que me im­por­te un ca­ra­jo lo que di­ce el téc­ni­co.

40 ¿Cuán­to ha­ce que no ha­blás con Die­go? Bas­tan­te. Por úl­ti­ma vez, lo vi en un cum­plea­ños de la hi­ja de Pum­pi­do, ha­ce unos dos años…

41 ¿Por qué nun­ca tu­vis­te una re­la­ción fuer­te con él ha­bien­do com­par­ti­do tan­tas co­sas? Por­que en el fút­bol se dan es­te ti­po de si­tua­cio­nes. Uno se lle­va me­jor con uno que con otro. Nun­ca tu­ve pro­ble­mas con él, pe­ro no te­nía la mis­ma re­la­ción que con Gius­ti o con Clau­sen. No pue­do de­cir que soy muy ami­go de Die­go. Sí ten­go una bue­na re­la­ción, que na­ció aden­tro de la can­cha, por­que ahí nos en­ten­día­mos sin ha­blar.

42 Fer­nan­do Gon­zá­lez, di­ri­gen­te de In­de­pen­dien­te, di­jo que nun­ca ibas a di­ri­gir ahí por­que le hi­cis­te jui­cio al club. ¿Le creés? Ja, sí. Me pa­re­ce una ta­ra­dez. Jus­ta­men­te por­que es Fer­nan­do Gon­zá­lez… Si vi­nie­ra de otro me preo­cu­pa­ría, pe­ro vi­nien­do de él, no.

43 Tam­bién tu­vo pro­ble­mas con Gar­ne­ro, tu ayu­dan­te. ¿Pen­sás que da­rá el bra­zo a tor­cer en al­gún mo­men­to? Ve­re­mos. Se­ría la­men­ta­ble que pe­sa­ra más él que la gen­te o que el res­to de los di­ri­gen­tes. Cuan­do di­jo eso, qui­zás in­ten­tó po­ner­me ner­vio­so, por­que fue an­tes del par­ti­do con­tra In­de­pen­dien­te, pe­ro le­jos es­tu­vo de lo­grar­lo. Tal vez me ten­ga bron­ca.

44 Co­mo tus hi­jos quie­ren ir a la can­cha y no los po­dés acom­pa­ñar, el Fla­co y el Na­ri­gón se ofre­cen a lle­var­los, ¿con cuál los man­dás? Con los dos jun­tos.

45 ¿De cuál va a apren­der más? Yo apren­dí de am­bos. A mi en­ten­der, la iden­ti­fi­ca­ción con uno no es bue­na. Así co­mo mu­chos co­mie­ron por col­gar­se esas eti­que­tas, otros se que­da­ron sin co­mer. Si sos de es­ta lí­nea, no ha­cés na­da. Y si sos de la otra, sos un rom­pe­pe­lo­tas. Eso es­tá le­jos de la rea­li­dad. Sa­qué más de Bi­lar­do, por­que lo tu­ve más tiem­po. Pe­ro ten­go 20 años me­nos que él y pue­do ver co­sas di­fe­ren­tes.

46 ¿Có­mo vi­vis­te y so­bre­vi­vis­te al fa­lle­ci­mien­to de tu vie­jo, con só­lo 12 años? Fue du­ro el gol­pe. Y si bien éra­mos va­rios va­ro­nes, na­die reem­pla­za­ba a mi pa­dre. Coin­ci­dió con mi sa­li­da de Ri­ver. Ahí me can­sé del fút­bol. Ade­más de to­do, mi vie­jo te­nía un tra­ba­jo es­ta­ble y ayu­da­ba más que el res­to en ca­sa.

47 ¿Qué le res­pon­días vos a tu vie­jo cuan­do te de­cía: “El fút­bol no te da­rá de co­mer”? No le de­cía na­da, por­que él era muy ca­be­za du­ra. En­ton­ces, tra­ba­ja­ba y, ade­más, ju­ga­ba al fút­bol.

48 ¿Por qué tu vie­jo no que­ría que ju­ga­ras? Y… él pre­fe­ría que tra­ba­ja­ra, por­que veía que la si­tua­ción era di­fí­cil y no al­can­za­ba la pla­ta. Que­ría que to­dos lle­vá­ra­mos un man­go a la ca­sa.

49 Cuan­do te lla­mó Du­chi­ni pa­ra el Ju­ve­nil y es­ta­bas en la B con Ar­se­nal, ¿pen­sas­te que era una jo­da? Fue shoc­kean­te, por­que ahí ha­bía ju­ga­do­res co­mo Mar­ti­no, Rug­ge­ri… Yo lle­gué por­que se for­mó una se­lec­ción con ju­ga­do­res de Se­gun­da, a la cual me con­vo­ca­ron pa­ra ju­gar con­tra el se­lec­cio­na­do ju­ve­nil. Ga­na­mos, me vie­ron y me ci­ta­ron.

50 Con la pron­ta eli­mi­na­ción en el Mun­dial ju­ve­nil del 81, ¿sen­tis­te que ha­bías per­di­do tu tren al fút­bol gran­de? Sí, sí, por­que te­nía­mos un muy buen equi­po. Pa­só que al­gu­nos ca­be­za­fres­cas, co­mo ya es­ta­ban en Pri­me­ra, le die­ron más im­por­tan­cia a sus clu­bes que al Ju­ve­nil, y yo me ju­ga­ba la vi­da por­que sa­bía que si an­da­ba bien ahí, po­día pa­sar a un club gran­de. Te­nía­mos dis­tin­tos ob­je­ti­vos.

51 Em­pe­zas­te en In­de­pen­dien­te reem­pla­zan­do a Clau­sen y, un año des­pués, su­plis­te a Bo­chi­ni, ¿có­mo se ex­pli­ca? Sí, em­pe­cé de cua­tro por una le­sión del Ne­gro. Des­pués, co­mo no era ti­tu­lar, fui in­ter­ca­lan­do po­si­cio­nes, por­que tam­bién se le­sio­nó Gius­ti y, al fi­nal, el Bo­cha. Ahí me pu­sie­ron de 10 un tiem­po lar­go.

52 Ju­gas­te el 22 de di­ciem­bre de 1983: In­de­pen­dien­te cam­peón, Ra­cing al des­cen­so. ¿Al­gu­na vez vis­te así a la gen­te de In­de­pen­dien­te? No, ahí la vi co­mo nun­ca, es­ta­ba en­lo­que­ci­da, por­que en­ci­ma no se le ga­na­ba a Ra­cing des­de ha­cía bas­tan­te. Esa fue mi pri­me­ra gran ale­gría co­mo fut­bo­lis­ta.

53 En el 87, te rom­pis­te un me­nis­co y un li­ga­men­to. En el 88, de nue­vo. Y en el 90, otra vez. ¿Sa­bés más de fút­bol o de ro­di­llas? La­men­ta­ble­men­te, apren­dí mu­cho de ro­di­llas a la fuer­za. La pri­me­ra le­sión se­ria fue en el 87, por el cor­to pa­ra­te que tu­vi­mos des­pués del Mun­dial. Des­pués, lle­gó otra a dos me­ses de ha­ber vuel­to, por­que un ar­que­ro sa­lió mal y me ma­tó. Y en la del 90, fa­lló el ma­te­rial con el que me ha­bían reem­pla­za­do un li­ga­men­to. Eso sí que fue du­ro.

54 ¿En al­gún mo­men­to pen­sas­te que la ro­di­lla te re­ti­ra­ba del fút­bol? Sí, en el 90 pen­sé que no iba más. Por­que en el 87 y en el 88 te­nía ga­nas de pe­lear pa­ra lle­gar al Mun­dial de Ita­lia. Pe­ro ya en el 90, los mé­di­cos me de­cían que iba a te­ner po­cas chan­ces de vol­ver al al­to ni­vel y pen­sé en aban­do­nar el fút­bol. Es­ta­ba de­pri­mi­do y ca­si de­ci­di­do a de­jar. Has­ta que me con­ven­cie­ron de pe­lear­la, y ju­gué seis años más.

55 ¿Per­so­nal­men­te qué te de­jó dar cla­ses de fút­bol a chi­cos hu­mil­des? Fue in­te­re­san­te. Se jun­ta­ban ca­si cien pi­bes y, des­pués de las clí­ni­cas pa­ra chi­cos, les da­ba char­las a los pa­dres. El tra­ba­jo en los mu­ni­ci­pios me pa­re­ce que es una bue­na sa­li­da pa­ra ex ju­ga­do­res y sir­ve pa­ra ale­jar a los chi­cos de la dro­ga.

56 ¿Te per­do­nas­te ha­ber aten­di­do el te­lé­fo­no cuan­do te ofre­cie­ron “no po­ner to­do” an­tes del par­ti­do en­tre Va­len­cien­nes y Olym­pi­que? Sí, me lo per­do­né, pe­ro no me lo ol­vi­do. Ol­vi­dar­me, ja­más, por­que fue du­ro e in­jus­to y no se lle­gó a la ver­dad por­que no se qui­so. Lla­ma­ron pa­ra ofre­cer pla­ta y no se les con­tes­tó al ins­tan­te, pe­ro se les di­jo que no en el lla­ma­do si­guien­te. Ter­mi­nó ahí. Des­pués vi­no el ba­ru­llo. En el vi­deo del par­ti­do, se vio que fui uno de los me­jo­res. Pe­ro qui­sie­ron en­gan­char a un di­ri­gen­te y mu­cha gen­te se aga­rró de es­to pa­ra ha­cer un lío. Igual, la tran­qui­li­dad me lle­vó a de­cla­rar to­das las ve­ces que me lla­ma­ron. Siem­pre di la ca­ra, por­que no soy un co­bar­de. Y si hu­bie­ra si­do cul­pa­ble, ha­bría caí­do pre­so.

Chico de tapa. En Francia impuso su categoría y recibió elogios constantes.

Chico de tapa. En Francia impuso su categoría y recibió elogios constantes.

57 ¿Vol­vis­te a ha­blar con Glass­mann o Ro­bert, los otros que es­ta­ban en la ha­bi­ta­ción cuan­do los lla­ma­ron? No, nun­ca más.

58 ¿Fue in­jus­to que te sus­pen­die­ran un año y me­dio? Sí, sí. Tar­da­ron ocho me­ses en dar un fa­llo, por­que es­ta­ban es­pe­ran­do que ac­tua­ra la jus­ti­cia ci­vil, y eso nun­ca pa­só. En­ton­ces, si vol­vían pa­ra atrás era un pa­pe­lón. Y por eso me sus­pen­die­ron, aun­que los he­chos de­mos­tra­ron que di­je la ver­dad. No me arre­pien­to de na­da.

59 Cuan­do te san­cio­na­ron, di­jis­te que que­rías pe­gar­te un ti­ro. ¿De ver­dad ha­bías pen­sa­do en aga­rrar un re­vól­ver y dis­pa­rar­te? No. Fue al­go que di­je en un mo­men­to de ca­len­tu­ra, por­que si yo me hu­bie­ra ne­ga­do a de­cla­rar no ha­bría pa­sa­do na­da. Sin em­bar­go, de­ci­dí ir y des­pués me di cuen­ta de que me usa­ron pa­ra ar­mar to­do el qui­lom­bo.

60 Sin la sus­pen­sión, ¿ha­brías ju­ga­do el Mun­dial 94? Hu­bie­ra te­ni­do una chan­ce. Ade­más, en ese mo­men­to es­ta­ba Mar­chet­ta en In­de­pen­dien­te y, si bien yo no ju­ga­ba, me en­tre­na­ba co­mo un lo­co y es­ta­ba muy bien.

61 De ha­ber ocu­rri­do en la Ar­gen­ti­na, ¿los hin­chas te hu­bie­ran re­pro­cha­do más lo que pa­só? Es di­fí­cil sa­ber­lo, pe­ro acá y en Fran­cia la gen­te sa­be el rol de ca­da uno y quién es quién. Yo vol­ví allá, des­pués del Mun­dial 98, y me re­ci­bie­ron bien.

62 ¿So­ña­bas que el In­de­pen­dien­te del 95, con el Zur­do Ló­pez, po­día ser cam­peón? Sí, ése era un equi­po co­pe­ro, de gen­te ma­du­ra. No te­nía un fút­bol vis­to­so, pe­ro te­nía muy bue­nos ju­ga­do­res. En la se­mi­fi­nal con­tra Ri­ver, es­tá­ba­mos Acu­ña, Cag­na y yo en el ban­co… Era un plan­tel bár­ba­ro.

63 El Zur­do Ló­pez te hi­zo de­bu­tar en la A y te di­ri­gió en esa Su­per­co­pa, tu úl­ti­mo tí­tu­lo co­mo ju­ga­dor. ¿Qué co­sas to­mas­te de él? Lo prin­ci­pal que me que­dó es su per­so­na­li­dad: fron­tal, de­re­cho y la­bu­ra­dor. Era sen­ci­llo y no an­da­ba con vuel­tas ni le men­tía al ju­ga­dor. Real­men­te, fue un ti­po cas­ti­ga­do, pe­ro siem­pre an­du­vo con la fren­te al­ta.

64 ¿Có­mo sa­lis­te de las lá­gri­mas que te aho­ga­ban en los fes­te­jos de la Su­per­co­pa 95? (N. de la R.: po­cos días an­tes ha­bía fa­lle­ci­do su pri­me­ra es­po­sa Pa­sé mo­men­tos muy du­ros, pe­ro aho­ra es­toy bár­ba­ro. Sa­lí por mi fa­mi­lia, mi se­ño­ra, las ne­nas, el na­ci­mien­to de mis dos ne­nes, el fút­bol... To­do eso me ayu­dó un po­qui­to pa­ra sa­lir.

65 ¿To­cas­te fon­do pa­ra em­pe­zar a su­bir? Sí. Uno tie­ne dos op­cio­nes en to­do mo­men­to y siem­pre va­le la pe­na pe­lear. Más en el fút­bol, que tie­ne más dis­gus­tos que ale­grías. Los fes­te­jos du­ran un día y, al otro, hay que se­guir.

66 Sin re­pe­tir y sin so­plar, nom­bres y ofi­cios de tus 11 her­ma­nos… Uhhh… De los 11, hay 5 o 6 que es­tán sin la­bu­ro, así que no sé qué con­tes­tar. Y los nom­bres, ¡¿to­dos?! Ehhh… Da­niel, Al­ber­to, Raúl, Mi­guel, Car­los, Mar­ta, Gri­sel­da, Sil­via, Ju­lio, Nés­tor y Eduar­do.

67 ¿Có­mo te lle­vás con tu sue­gro, Pi­po Ros­si? Bár­ba­ro. Tie­ne un mi­llón de anéc­do­tas y es im­pre­sio­nan­te el ca­ri­ño y el res­pe­to que le de­mues­tran. Yo lo car­go por­que nun­ca fue cam­peón con la Se­lec­ción y, ob­via­men­te, me res­pon­de unas cuan­tas bar­ba­ri­da­des.

68 ¿Por qué a Clau­sen no le fue bien co­mo téc­ni­co de In­de­pen­dien­te? Por­que aga­rró en un mo­men­to muy com­pli­ca­do, con po­cos ju­ga­do­res, y los di­ri­gen­tes no po­dían ha­cer el es­fuer­zo que des­pués sí rea­li­za­ron. El men­sa­je era ha­cer una co­sa, pe­ro se hi­zo otra. Y el Ne­gro, ho­nes­to co­mo es, dio la ca­ra, se la ju­gó y pa­só por lo que pa­sa­mos to­dos cuan­do los re­sul­ta­dos no se dan.

69 Aun­que de­ci­die­ron no di­ri­gir jun­tos pa­ra no rom­per la amis­tad, ¿tie­nen el mis­mo li­bre­to? La idea era di­ri­gir jun­tos, al mar­gen de las di­fe­ren­cias. Pe­ro no es fá­cil ar­mar una du­pla y que ca­da uno ocu­pe un rol. Ade­más, igual íba­mos a te­ner que em­pe­zar de aba­jo. Así que ele­gi­mos arran­car se­pa­ra­dos y evi­tar que el tra­ba­jo in­ter­fi­rie­ra en nues­tra amis­tad.

70 ¿No te da mie­do ir a In­de­pen­dien­te y te­ner que ir­te co­mo él, por la puer­ta de atrás? No. Pe­ro, ojo, cuan­do uno di­ce que tie­ne la ilu­sión de di­ri­gir a In­de­pen­dien­te no quie­re de­cir que si apa­re­ce otro club no lo ana­li­za. Tam­po­co pue­do es­tar es­pe­ran­do a In­de­pen­dien­te to­da la vi­da...

71 Ju­gas­te en to­dos los pues­tos, me­nos de la­te­ral iz­quier­do, ¿en cuál ren­dis­te me­jor? En el me­dio, por­que ahí es­ta­ba siem­pre en con­tac­to con la pe­lo­ta, li­bre, y me po­día mo­ver pa­ra to­dos la­dos. Ade­lan­te era don­de me­nos me gus­ta­ba.

72 ¿La Co­pa Li­ber­ta­do­res del 84 fue tu me­jor mo­men­to fut­bo­lís­ti­co? En In­de­pen­dien­te, sí. En esa Co­pa hi­ce 6 go­les. Ano­té en ca­si to­das las de­fi­ni­cio­nes has­ta la fi­nal. Y el equi­po fue sen­sa­cio­nal. Por eso ga­nó una de las bra­ví­si­mas Li­ber­ta­do­res de esa épo­ca.

73 “Se pa­re­ce a Van Bas­ten”, di­jis­te de Ram­bert en el 95, y hoy lo te­nés en Ar­se­nal. ¿To­da­vía le te­nés fe? Es­tá com­pli­ca­do. Es di­fí­cil, pe­ro no im­po­si­ble. Cuan­do sur­gió era un ju­ga­dor bár­ba­ro. Fue una pe­na que ha­ya te­ni­do tan­tas le­sio­nes. Pa­só mu­chos ma­los mo­men­tos y qui­zá pa­gó más de la cuen­ta. Pue­de vol­ver, ob­via­men­te, aun­que no sé si al mis­mo ni­vel.

74 ¿Por qué tus her­ma­nos Pe­pe y Ju­lio no tras­cen­die­ron en el fút­bol? Lle­ga­ron a ju­gar en Ar­se­nal, pe­ro en el fút­bol es ne­ce­sa­rio que te to­que esa va­ri­ta pa­ra es­tar en el mo­men­to jus­to. Y no tu­vie­ron tan­ta vo­lun­tad o se ca­ye­ron cuan­do los mar­gi­na­ron. A Ju­lio, ade­más, se le rom­pió una ro­di­lla y se le com­pli­có…

75 ¿La pla­ta que ga­nas­te co­mo ju­ga­dor te al­can­za pa­ra to­da la vi­da? No, no. Los nú­me­ros de hoy son otra co­sa. Cuan­do yo te­nía 20 años, y Ma­ran­go­ni, ca­si 30, me di­jo: “Qué suer­te te­nés, vas a ga­nar un mon­tón de pla­ta”. Y años des­pués, yo le de­cía lo mis­mo a Pan­chi­to Gue­rre­ro. Es­to es así.

76 Los ju­ga­do­res de In­de­pen­dien­te con­vo­ca­dos por Bi­lar­do en los 80 no se sen­ta­ban a la me­sa con los de Es­tu­dian­tes, ¿por qué ya no exis­te esa iden­ti­fi­ca­ción de los ju­ga­do­res con los clu­bes? Por­que to­do cam­bió a par­tir de los gran­des mo­vi­mien­tos que hay en los plan­te­les. Los ju­ga­do­res ya no per­te­ne­cen tan­to tiem­po a los clu­bes. In­de­pen­dien­te, co­mo otros tan­tos, cam­bió el 90 por cien­to del plan­tel en un mes…

77 Un año an­tes de Ita­lia 90 ju­ras­te que iban a lle­gar a las se­mis. ¿Por qué le te­nías fe a un equi­po en el que na­die creía? Por­que era el mis­mo gru­po del 86 y ha­bía ju­ve­ni­les con bue­nas con­di­cio­nes. A pe­sar de ser cam­peo­nes del mun­do, ha­bía ham­bre. A ve­ces, la gen­te mi­ni­mi­za lo que hi­ci­mos, sin pen­sar en las le­sio­nes y en las sus­pen­sio­nes que tu­vi­mos. De ha­ber te­ni­do al Grin­go, a Che­cho y a Ca­ni no sé qué hu­bie­ra pa­sa­do en la fi­nal.

78 Go­yén; Clau­sen, Vi­lla­ver­de, Tros­se­ro y Ki­ller; Gius­ti, Ma­ran­go­ni y Bo­chi­ni; Cal­de­rón, Mo­re­te y Bu­rru­cha­ga. ¿Es­tu­vis­te en un equi­po que jue­gue me­jor? No, ése fue el me­jor.

79 ¿Se­guís sien­do de Bo­ca? Mi fa­mi­lia era de Bo­ca, y yo tam­bién, pe­ro ya no. Hoy, y pa­ra siem­pre, me ti­ran más Ar­se­nal e In­de­pen­dien­te.

80 Tu­vis­te la chan­ce de ju­gar en Bo­ca y en Ri­ver, ¿te arre­pen­tis­te de no ha­ber arre­gla­do con nin­gu­no? No. Es­tu­ve cer­ca de Bo­ca dos ve­ces y en una es­ta­ba ca­si lis­to. Se frus­tró por­que com­pra­ron a Char­les. Y con res­pec­to a Ri­ver, só­lo hu­bo unas char­las en el pe­río­do de in­cer­ti­dum­bre acer­ca de mi sus­pen­sión.

81 ¿Por qué te de­cían “Fa­na­coa”? No sé. Me lo pu­so una se­ño­ra del ba­rrio y al­gu­nos me­dios di­je­ron que era por­que co­mía mu­cha ma­yo­ne­sa, pe­ro no era cier­to. De ver­dad, to­da­vía no sé.

82 Siem­pre es­tás tran­qui­lo, ¿có­mo es Bu­rru eno­ja­do? Soy más tran­qui­lo en apa­rien­cia que por den­tro. Co­mo téc­ni­co me he eno­ja­do va­rias ve­ces. Sin em­bar­go, pa­ra que le gri­te a un ju­ga­dor tie­ne que pa­sar al­go muy gros­so. Los gri­tos mu­chas ve­ces son pa­ra la gen­te o el qué di­rán, pe­ro el re­to pue­de ser sim­ple.

83 En la Se­lec­ción es­ta­ba Die­go y en In­de­pen­dien­te, Bo­chi­ni. ¿En Nan­tes te die­ron el pri­mer pro­ta­gó­ni­co? Sí, más aún des­pués del pri­mer año, cuan­do pa­sé a ser ca­pi­tán. Por suer­te, tu­ve la chan­ce de ju­gar jun­to a gran­des fi­gu­ras y no tu­ve el rol de con­duc­tor ni en In­de­pen­dien­te ni en la Se­lec­ción. Re­cién me die­ron esa fun­ción en Nan­tes.

84 ¿En Ar­gen­ti­na se te re­co­no­ce me­nos que en el ex­te­rior? Sí, pe­ro sue­le ocu­rrir. Igual, el re­co­no­ci­mien­to es­tá. Uno lo ayu­da con apa­ri­cio­nes en los me­dios o ese per­fil que a mí no me gus­ta. Pe­ro tam­po­co me voy a que­jar, por­que no es sen­ci­llo que te elo­gien ha­bien­do ju­ga­do al la­do de esos mons­truos.

85 ¿Cuán­tos vi­deos hay en tu ca­sa con el gol que le dio el Mun­dial 86 a la Ar­gen­ti­na? En rea­li­dad, só­lo ten­go dos: uno en fran­cés y otro en cas­te­lla­no. Cuan­do es­tu­ve le­sio­na­do, eran mis ca­ba­lli­tos de ba­ta­lla. Ver esas imá­ge­nes me ser­vía de es­tí­mu­lo y me da­ba fuer­za pa­ra se­guir.

86 ¿Qué te ge­ne­ra ver el 98 que va de Quil­mes a Sa­ran­dí? Uhhh… Mu­chos re­cuer­dos, por­que me lo to­ma­ba pa­ra ir a en­tre­nar­me. A ve­ces es lin­do mi­rar pa­ra atrás. Hoy es­toy vi­vien­do de es­te la­do, pe­ro to­da mi vi­da la pa­sé allá. En­ton­ces, cuan­do voy, me acuer­do de las di­fi­cul­ta­des y de lo du­ro que fue to­do. Me sir­ve pa­ra va­lo­rar lo que ten­go aho­ra.

87 ¿Se­guís sien­do tan cre­yen­te? No, creo que hay un Dios, pe­ro no soy un lo­co cre­yen­te. Creo en Dios, que juz­ga a to­dos, no tan­to en la igle­sia.

88 ¿Te re­ti­ras­te co­mo hu­bie­ras que­ri­do? No, me hu­bie­ra gus­ta­do re­ti­rar­me ju­gan­do. Des­pués de per­der un par­ti­do en can­cha de Vé­lez, sa­lí del equi­po y no me re­ti­ré co­mo me­re­cía. Lo me­jor hu­bie­ra si­do que me di­je­ran que no iba a ju­gar más. Pe­ro no se dio así y fue du­rí­si­mo ha­ber­me ido cuan­do se ter­mi­nó ese con­tra­to, sin que na­die me di­je­ra chau ni gra­cias.

89 En­ton­ces, ¿Me­not­ti tu­vo la cul­pa de que no te fue­ras bien? No. En ese mo­men­to, es­ta­ba Héc­tor Gron­do­na de pre­si­den­te y Me­not­ti de di­rec­tor téc­ni­co. El error fue no de­cir la ver­dad. Sa­car con­je­tu­ras aho­ra es me­dio al pe­do. Pe­ro el Fla­co me di­jo que me iba por pro­ble­mas eco­nó­mi­cos, y Héc­tor me di­jo que el en­tre­na­dor no me que­ría…

90 Si Me­not­ti no se hu­bie­ra ido en el 96, ¿te ha­brías re­ti­ra­do con un tí­tu­lo más? Si no se iba, ese año éra­mos cam­peo­nes. Tu­vi­mos la ma­la suer­te de que jus­to se ge­ne­ró un pa­ra­te en el fút­bol, y él se tu­vo que ir, te­nía el com­pro­mi­so de par­tir a Ita­lia en esa fe­cha.

91 Cuan­do te re­ti­ras­te, la 7 con tu nom­bre era una de las dos ca­mi­se­tas más ven­di­das del Ro­jo. ¿De­jas­te la ima­gen que que­rías? Sí. Siem­pre tra­té de dar­le lo me­jor, aun es­tan­do le­sio­na­do, y siem­pre fui leal. Por eso me do­lió có­mo me fui. Yo ha­bía da­do to­do pa­ra no ir­me así. Y aun­que se vuel­va lo­co du­ran­te un par­ti­do, el hin­cha no es ton­to: te va­lo­ra más que otros.

92 ¿Se­guís pen­san­do que no fuis­te ído­lo de In­de­pen­dien­te? No, el ído­lo de In­de­pen­dien­te de to­das las ge­ne­ra­cio­nes va a ser el Bo­cha. Yo pue­do es­tar a la par de otros gran­des ju­ga­do­res, co­mo pu­die­ron ha­ber si­do Ber­to­ni, Clau­sen o Gar­ne­ro, re­co­no­ci­dos por la gran ma­yo­ría.

En Independiente fue campeón de todo y marcó una época junto a otro crack, Bochini.

En Independiente fue campeón de todo y marcó una época junto a otro crack, Bochini.

93 ¿Y en Fran­cia, qué con­tes­tan si uno pre­gun­ta por Bu­rru­cha­ga? Tam­bién de­jé una bue­na ima­gen. Siem­pre pre­fe­rí que, más allá de lo que pien­sen de mí co­mo ju­ga­dor, me re­cuer­den co­mo una bue­na per­so­na.

94 En el 82, El Grá­fi­co te pre­gun­tó por una ac­triz y di­jis­te “Gra­cie­la Al­fa­no”. ¿Vein­tiún años des­pués ra­ti­fi­cás tu pos­tu­ra? Ja, qué in­creí­ble… ¡21 años des­pués si­gue vi­gen­te!

95 Siem­pre di­jis­te que si no hu­bie­ras si­do ju­ga­dor, ha­brías si­do téc­ni­co… me­cá­ni­co. ¿Por qué? Por­que hu­bie­ra si­do un la­bu­ran­te y, co­mo es­ta­ba en ese ru­bro, se­gu­ra­men­te ha­bría ter­mi­na­do de me­cá­ni­co.

96 ¿En­tre tan­tos ba­jo­nes que tu­vis­te, y en es­te am­bien­te, nun­ca te ofre­cie­ron dro­ga? No, ja­más. No lo hu­bie­ra per­mi­ti­do. De las en­fer­me­da­des de es­ta épo­ca, es la peor, por­que des­tru­ye fa­mi­lias. Oja­lá ha­ya me­nos, pe­ro, la­men­ta­ble­men­te, ca­da vez hay más.

97 En Los An­des es­tu­vis­te dos me­ses y re­nun­cias­te por los ma­los re­sul­ta­dos. ¿Por qué no te dis­te el tiem­po que re­cla­man to­dos los téc­ni­cos? To­do arran­có mal. El equi­po ve­nía de des­cen­der y que­da­ron muy po­qui­tos ju­ga­do­res. En­ci­ma, ha­bía pro­ble­mas en­tre los di­ri­gen­tes y los re­sul­ta­dos no ayu­da­ban. Eso su­ma­do a que es un club di­fí­cil, y la gen­te se ha­bía im­pa­cien­ta­do: creía que des­cen­día y as­cen­día al mis­mo tiem­po. Por eso me fui.

98 ¿No pen­sas­te en es­cri­bir un li­bro? Te­mas no te fal­tan… No por aho­ra. Lo que sí ha­go es es­cri­bir to­das mis ex­pe­rien­cias pa­ra mí. Pe­ro eso no se lo mues­tro a na­die.

99 El gol con­tra Ale­ma­nia se lo agra­de­cis­te a tu vie­jo y, en el 95, le agra­de­cis­te uno a Ra­cing a tu ex mu­jer, ¿qué creés que vie­ne des­pués de la vi­da? Y… ca­da día ha­blan más de lo que hay des­pués. Yo creo que no hay na­da. Me pa­re­ce que se ter­mi­na acá, aun­que no le ten­go mie­do a la muer­te: a to­dos nos va a lle­gar.

100 ¿La vi­da te dio más de lo que te sa­có? Si pien­so có­mo arran­qué y có­mo es­toy, sin du­das me dio más de lo que me sa­có.

 

Por Ignacio Levy (2003)

Fotos: Archivo El Gráfico

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