¡Habla memoria!

LA COPA SE MIRA Y SE ROBA

Por Pablo Bomarito · 20 de octubre de 2020

La Copa Jules Rimet fue el primer trofeo que obtenían los ganadores de los mundiales de fútbol. En 1970, en México, Brasil se lo quedó por haberlo ganado en tres oportunidades. Sin embargo, en 1983, fue robado del edificio de la Confederación brasileña por una cuadrilla de ladrones bajo el mando de un argentino. Aquí te contamos la historia.

Tesoro Nacional

El dato era preciso, la ubicación exacta. Era un trabajo fácil, entrar, reducir al guardia que estaba de turno y llegar a ella. José Luiz Vieira -alias “Bigote”- y Francisco Rocha -apodado “Barba” (sobrenombres ideales para una pareja de delincuentes), salieron de la Avenida Alvorada (hoy Ayrton Senna) para llegar a la sede de la casa madre del fútbol brasileño, lindera al Hospital Municipal Lourenço Jorge.
Los delincuentes entraron sigilosamente al edificio, redujeron sin más problemas al guardia de seguridad que estaba custodiando el lugar y lo llevaron con ellos para chequear el sector donde se encontraba el objetivo. “Barba y Bigote” fueron directo a buscar el botín para el cual habían ideado el plan delictivo: la sagrada Copa del Mundo Jules Rimet.
El trofeo estaba exhibido en una inexpugnable caja de plexiglás antibalas, pero tenía un defecto. La parte posterior había sido fabricada con madera y pegada con cinta a la pared. Los ladrones retiraron la cinta, tomaron la Copa y salieron lo más campantes por el mismo lugar donde habían ingresado; tomaron la Avenida Alvorada hacia el mar, doblaron a la izquierda en la Avenida Lucio Costa y escaparon con el preciado botín, disfrutando de la vista en Barra de Tijuca.

Futuro y pasado, la actual Copa del Mundo y la Jules Rimet

Futuro y pasado, la actual Copa del Mundo y la Jules Rimet

De dueños y protectores

Jules Rimet entregando la copa al presidente de la AUF Raúl Jude

Jules Rimet entregando la copa al presidente de la AUF Raúl Jude

La Copa Jules Rimet fue levantada la primera vez por Uruguay, en el Mundial de 1930, organizado en su país. Italia, vencedor de las siguientes dos ediciones (1934 y 1938) tenía el troefeo en su poder cuando estalló la segunda guerra mundial. Ottorino Barassi, vicepresidente de la Federación Italiana de fútbol, conocía el hambre voraz de los nazis por el arte y tomó una decisión intrépida y acertada. Sin que nadie supiera, la retiró de la caja de seguridad en la que se guardaba en Roma, escondiéndola en una caja de zapatos bajo su cama.
En 1941, los alemanes llegaron a la puerta de su domicilio, preguntando por la Jules Rimet, pero salió ileso del interrogatorio de la gestapo, gracias a su convincente actuación en afirmar su desconocimiento sobre el paradero del trofeo. Tras dos años de llevar el secreto a cuestas, coordinó con los otros integrantes de la federación para cambiarla de lugar y de esa manera fue a parar a la casa de campo de Aldo Cevenini, ex jugador de Milan e Inter.
En 1947, al finalizar la guerra, la Copa salió de su escondite y pasó a manos de la FIFA, a la espera del Mundial 1950 en Brasil.

Inglaterra 1966

Desde la reanudación de los certamenes ecuménicos, Uruguay la obtuvo por segunda vez en 1950, Alemania en 1954 y Brasil la conquistó en forma consecutiva en Suecia 1958 y Chile 1962. Previo a la cita de 1966, Inglaterra tenía la Jules RImet en exposición, como un objeto de deseo para el pueblo británico, que de alzarse con el título, podría disfrutarlo por los siguientes cuatro años.
Sin embargo, una noche desapareció y encendió las alarmas de Scotland Yard, que se lanzó a pleno en una desesperada búsqueda. En su propia tierra, no podían sufrir tamaña humillación. Tras descartar un par de sospechosos y oportunistas que exigían una recompensa, apareció en escena un personaje inesperado: el perro Pickles.
El 27 de marzo de 1966, David Corbett sacó a pasear a su perro como todas las mañanas, pero notó un compartamiento raro en el animal: "Puso la atención en un paquete medio enterrado, cubierto de periódicos, detrás de un árbol. Lo descubrí, y vi a una mujer sujetando un plato sobre su cabeza, y una placa con las palabras Alemania, Uruguay, Brasil". Sin quererlo, Pickles había salvado el honor inglés, recuperando la Copa que 100 agentes de la polícia británica no habían podido lograr.

Pickles, el héroe inesperado que recuperó la Copa Jules Rimet

Pickles, el héroe inesperado que recuperó la Copa Jules Rimet

David Corbett tuvo una recompensa de 6000 libras y comida gratis por un año para el heróico can. Además, fueron invitados a la cena, post obtención del título de la Selección de Inglaterra, junto al plantel y a la reina Isabel II. Pickles era toda una celebridad, había sido invitado para la apertura de México 1970, pero un accidente doméstico se lo impidió. Corriendo a un gato, su correa se enganchó y murió ahorcado, un final poco épico para el perro que salvó la corona.
En medio del escándalo, muchas voces se alzaron denostando a los organizadores, especialmente Abrainn Tebel, directivo de la confederación de deportes de Brasil: "Eso en Brasil nunca hubiera ocurrido. Incluso los ladrones en nuestro país consideran la Copa sagrada y robársela hubiera sido un sacrilegio".  Habría que esperar unos años para que el “karma” hiciera su trabajo.
Juvenal en Londres siguiendo la historia del robo de la Jules Rimet. Finalmente, se descubrió que el acusado no tenía la copa, fue todo un ardid para pedir un rescate.

Juvenal en Londres siguiendo la historia del robo de la Jules Rimet. Finalmente, se descubrió que el acusado no tenía la copa, fue todo un ardid para pedir un rescate.


Brasil se quedó con el Mundial 1970 y la Copa Jules Rimet quedó definitivamente en manos del “Scratch”. La FIFA cambió el trofeo por la actual “Copa del Mundo” que desde 1974, es el objeto de deseo y el sueño de todo futbolista.

¿Dónde estará la copa?

Pele, con la replica de la copa Jules Rimet, que subastó en 2016 para ayudar a un Hospital en Curitibavendio

Pele, con la replica de la copa Jules Rimet, que subastó en 2016 para ayudar a un Hospital en Curitibavendio

El teléfono sonó en la casa de Murillo Bernardes Miguel, asesor legal en el sector de Angra dos Reis, cerca de Río de Janeiro. Sus superiores le pidieron discreción y le dieron una dirección que le parecía conocida: Av. Luis Carlos Prestes, 130 - Barra da Tijuca, la casa de la Confederación Brasileña de fútbol
Al llegar se dio cuenta del nivel de importancia de la misión que significaba liderar la investigación para recuperar el objeto preciado. Los policías no tenían muchas pistas, así que recurrieron a Antonio Setta, un reconocido ladrón de caja fuertes en Rio de Janeiro. Este delicuente negó toda participación o responsabilidad en el robo durante el interrogotario, por un motivo sentimental. Su hermano había muerto de un infarto el día de la final de 1970; aunque entregó un dato clave, ya que había sido contactado para realizar el trabajo por un tal Antonio Pereira Alves.

Pereira Alves era gerente de un banco y había imaginado el golpe. Ante la negativa de Setta, entró en juego un argentino: Juan Hernandez, quien había llegado a Brasil a mediados de la década del '70 y se dedicaba al negocio de las joyas. Incluso se decía que era el principal reducidor de oro en Rio de Janeiro. A la par, cayeron en una redada los autores materiales, José Luiz "Bigote" Vieira y Francisco "Barba" Rocha, quienes ratificaron la implicancia del argentino.

Todo por una sonrisa

En un reportaje a la BBC, Murillo Miguel, contó en detalle el interrogatorio a Hernández: “Lo interrogué por varias horas. Se notaba que era alguien muy astuto, muy hábil para este tipo de procedimientos. Fingía que no sabía nada”.  El detective pergeñó la estrategia que le diera una pista y le tocó el corazón de hincha: “Le dije que para los brasileños era una bofetada que un argentino haya convertido la Copa en lingotes de oro. Entonces vi que en su rostro se dibujaba una sonrisa. Ese momento fue la prueba de que lo había hecho". El cerebro de la operación fue condenado en 1984, aunque jamás se declaró culpable del delito.

Mucho se habló de la Copa Jules Rimet, incluso hasta el día de hoy. El único que sigue con vida es Juan Hernández, quien al cumplir la condena se marchó directamente a Francia, donde también estuvo detenido por un caso de drogas. Tiempo después, regresó a la Argentina. El resto de los implicados murieron en la pobreza y el olvido.

Un mundial del dudas

Todo se puso en dudas, algunos dicen que la Jules Rimet no era solamente de oro, sino que tenía distintas aleaciones y que no pudo ser fundida tan rápido. Otros aseguran que fue sacada del país y vendida a un coleccionista italiano que la tiene en su poder.
Lo cierto es que el primer trofeo que se levantó en un mundial, que sobrevivió al nazismo y a un intento de robo en Inglaterra, no pudo ante el macabro ingenio de un grupo de personas, que solo tuvieron por objetivo hacerla dinero.

 

Diseño y edición de fotografía
Matias Di Julio

 

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