¡Habla memoria!

2007. A 25 años del primer título de Ferro

Por Redacción EG · 21 de enero de 2020

Se cumplían 25 años del primer campeonato ganado por un equipo que hizo historia de la mano de Carlos Griguol. El recuerdo emotivo de los héroes.

La his­to­ria ofi­cial cuen­ta que la ca­mi­se­ta de Fe­rro Ca­rril Oes­te em­pe­zó sien­do blan­ca con una fran­ja ro­ja pa­ra lue­go vi­rar al ma­rrón con vi­vos ce­les­tes. Y que en 1909, tras una ma­la ra­cha, Emi­lio Lan­guas­co, se­cre­ta­rio del club, pro­pu­so el “ver­de es­pe­ran­za” pa­ra em­pu­jar des­de la ves­ti­men­ta un fu­tu­ro me­jor.

Ja­más en su cen­te­na­ria his­to­ria, el ver­de de Fe­rro bri­lló con tan­to es­plen­dor en el fút­bol co­mo en el pe­río­do 1981-84, lap­so en el cual con­quis­tó sus dos úni­cos tí­tu­los en Pri­me­ra Di­vi­sión, conducido por el hu­mil­de sabio Ti­mo­teo.

Re­cor­dar que en la al­ga­ra­bía del ves­tua­rio ga­na­dor, las de­di­ca­to­rias eran pa­ra Vé­lez, con el que aca­ba­ban de equi­pa­rar­se en tí­tu­los (1-1), pue­den rea­brir en el hin­cha de Oes­te las he­ri­das más pro­fun­das, so­bre to­do an­te es­te ver­de des­te­ñi­do que ame­na­za me­dir fuer­zas con De­por­ti­vo Mer­lo pa­ra no caer en la ter­ce­ra ca­te­go­ría. Más allá del ine­vi­ta­ble ejer­ci­cio del con­tras­te, va­ya es­ta no­ta a mo­do de ho­me­na­je en su cum­plea­ños N° 25 a un equi­po que hi­zo his­to­ria no só­lo en su pro­pia ins­ti­tu­ción si­no en el fút­bol ar­gen­ti­no to­do. Un equi­po re­vo­lu­cio­na­rio.

 

PA­DRE DEL PRES­SING

Pa­ra to­mar di­men­sión de lo que sig­ni­fi­có aque­lla cam­pa­ña, un par de da­tos po­nen en con­tex­to la rea­li­dad ver­do­la­ga de esos años.

En 1977, Fe­rro ter­mi­nó úl­ti­mo en el Me­tro y des­cen­dió. Un año más tar­de es­ta­ba otra vez en Pri­me­ra y a prin­ci­pios de 1980, la di­ri­gen­cia del club en­ca­be­za­da por San­tia­go Ley­den y Ri­car­do Et­che­verry rea­li­zó la gran apues­ta de bus­car a Car­los Gri­guol, que ve­nía al­go de­va­lua­do, tras di­ri­gir a Kim­ber­ley. El ne­xo fue León Naj­nu­del, pa­dre de la Li­ga Na­cio­nal y en ese mo­men­to DT del bás­quet de Fe­rro, que co­no­cía a Gri­guol de cuan­do am­bos es­ta­ban en Atlan­ta.

Tras un co­mien­zo con du­das, 1980 sir­vió co­mo la­bo­ra­to­rio pa­ra mo­de­lar al gran equi­po que ex­plo­ta­ría en 1981. “Yo lle­gué a Fe­rro con mi li­bri­to –re­cuer­da Gri­guol–, stop­per, lí­be­ro, un diez crea­dor, dos vo­lan­tes de con­ten­ción. Me cos­tó seis me­ses co­no­cer el plan­tel. Tu­ve la suer­te de caer en un club que de­jó tra­ba­jar al téc­ni­co y eso me per­mi­tió reor­de­nar ideas, ti­rar mi li­bri­to y em­pe­zar a es­cri­bir otro”.

Griguol, padre de la criatura, y las dos estrellas que le aportó al club como DT.

Griguol, padre de la criatura, y las dos estrellas que le aportó al club como DT.

Con un 4-3-3 clá­si­co, ha­cien­do apro­ve­cha­mien­to in­te­gral de los mar­ca­do­res de pun­ta y de la pe­lo­ta pa­ra­da, más el buen pie de la ma­yo­ría de los ju­ga­do­res, y un ar­ma bá­si­ca in­no­va­do­ra (el pres­sing) que en­lo­que­cía a los ri­va­les, Fe­rro fue la gran sor­pre­sa en los dos torneos de 1981: ter­mi­nó a un pun­to del Bo­ca de Ma­ra­do­na en el Me­tro y per­dió 1-0 las dos fi­na­les del Na­cio­nal con Ri­ver de Kempes. Su acei­ta­do fun­cio­na­mien­to le per­mi­tió a Car­los Ba­ri­sio al­can­zar el ré­cord his­tó­ri­co del fút­bol ar­gen­ti­no, aún vi­gen­te, de 1075 mi­nu­tos sin go­les en con­tra.

En 1982, con las fi­gu­ras pre­pa­rándose con Me­not­ti pa­ra el Mun­dial, Fe­rro dio el pa­so que le fal­ta­ba y fue cam­peón in­vic­to, el ter­ce­ro en el pro­fe­sio­na­lis­mo, des­pués de San Lo­ren­zo 68 y 72 (lue­go se su­ma­rían Ri­ver 94 y Bo­ca 98), con 16 triun­fos y 6 em­pa­tes. En 14 de los 22 par­ti­dos con­clu­yó con la va­lla in­vic­ta y de los 6 en­cuen­tros de la se­rie fi­nal, só­lo re­ci­bió go­les en uno.

Ba­si­ga­lup; Ma­rio Gó­mez, Cú­per, Roc­chia, Ga­rré; Car­los Arre­gui, Sac­car­di, Ca­ñe­te; Croc­co, Már­ci­co y Juá­rez sal­ta­ron a su pro­pio es­ta­dio el 27 de ju­nio pa­ra se­llar un 2-0 so­bre Quil­mes con go­les de Juá­rez y Roc­chia que le per­mi­tie­ron dar la vuel­ta olím­pi­ca, ya que en la ida ha­bían ter­mi­na­do 0-0. Croc­co, Cú­per, Ga­rré, Roc­chia y Sa­ccar­di tu­vie­ron asis­ten­cia per­fec­ta, Juá­rez fue el go­lea­dor del tor­neo con 22 tan­tos, y Ba­ri­sio, el uru­gua­yo Ju­lio Cé­sar Ji­mé­nez, Jor­ge Bran­do­ni, Sil­vio So­te­lo, Os­car Acos­ta y Luis An­dreuc­chi com­ple­ta­ron el exi­guo plan­tel.

Un da­to ilus­tra el com­pro­mi­so de aquel gru­po y la ex­ce­len­te pre­pa­ra­ción que los dis­tin­guía del res­to: al mo­men­to de sa­lir cam­peón, Héc­tor Cú­per su­ma­ba 145 pre­sen­cias con­se­cu­ti­vas, no fal­ta­ba des­de el 17 de ju­nio de 1979. Y pa­ra com­pren­der has­ta qué pun­to aquel equi­po mar­có a fue­go la vi­da de Fe­rro, de­be re­cor­dar­se que de los 10 fut­bo­lis­tas que más par­ti­dos ju­ga­ron en su his­to­ria, sie­te son de esa eta­pa: Ga­rré, Cú­per, Arre­gui, Sac­car­di, Roc­chia, Ago­nil y Croc­co.

 

Claudio Crocco.

Claudio Crocco.

 

La CD que en­ca­be­za­ba Ley­den lle­va­ba, en 1982, 18 años de gobierno. La ex­ce­len­cia ins­ti­tu­cio­nal, ma­ni­fes­tada en to­das las dis­ci­pli­nas, te­nía su co­rre­la­to en el cre­ci­mien­to so­cie­ta­rio: Fe­rro pa­sa­ba de los 14 mil so­cios que te­nía en 1964 a los 48.500 de aquel mo­men­to.

“Na­da es ca­sual –ex­pre­sa­ba Ley­den en El Grá­fi­co– pa­ra to­do hay que que­mar eta­pas, has­ta que por fin se con­ju­gó to­do: in­fraes­truc­tu­ra, ju­ga­do­res, po­der eco­nó­mi­co pa­ra com­prar, cuer­po téc­ni­co y fun­da­men­tal­men­te pa­cien­cia. El año pa­sa­do nos que­da­mos dos ve­ces en la puer­ta. Mu­cha gen­te me pre­gun­ta­ba si es­ta­ba tris­te. Pue­de ser que me sin­tie­ra me­nos ale­gre, pe­ro nun­ca tris­te. Y es­te año se dio. Aho­ra hay que man­te­ner­se”. Y da­ba una ra­zón cla­ve en la re­vis­ta Go­les: “No po­dría­mos ha­ber he­cho lo mis­mo en otro club por­que pa­ra eso ten­dría­mos que co­no­cer­le el al­ma a ese club. Y yo a Fe­rro le co­noz­co el al­ma”.

 

EL CIE­LO

Los pro­ta­go­nis­tas reac­cio­nan con emo­ción a la con­vo­ca­to­ria de El Grá­fi­co por el ani­ver­sa­rio. A to­dos ellos lo mar­có sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te la eta­pa de Fe­rro. En lo fut­bo­lís­ti­co y en lo hu­ma­no. Y a par­tir de aquí des­gra­nan sus re­cuer­dos. Luis Bo­ni­ni es un ac­tor cla­ve. En su pri­mer tra­ba­jo en un equi­po de fút­bol do­tó al plan­tel de un es­ta­do fí­si­co úni­co, que le per­mi­tió mar­car di­fe­ren­cias so­bre el res­to. Así lo des­ta­can los ju­ga­do­res. Ade­más, el ex PF de la Se­lec­ción de Biel­sa con­ser­va una me­mo­ria pro­di­gio­sa que per­mi­te re­ha­cer la ho­ja de ru­ta de aquel pro­ce­so. Y di­ce.

“En 1979 yo era ayu­dan­te de Naj­nu­del en bás­quet. Me sa­lió una ofer­ta de Ca­na­dá y cuan­do se lo co­mu­ni­qué a los di­ri­gen­tes, me di­jeron que iban a con­tra­tar a Gri­guol y querían que me que­dara co­mo PF. De­cían que el fút­bol ne­ce­si­ta­ba ser in­flui­do por otros de­por­tes, y veían al bás­quet evo­lu­ti­va­men­te por en­ci­ma, so­bre to­do en las téc­ni­cas de en­tre­na­mien­to”.

“Car­los me se­du­jo con su pro­yec­to. Me di­jo que en tres años Fe­rro po­día ser cam­peón. Yo lo mi­ra­ba co­mo di­cien­do ‘qué le pa­sa a es­te hom­bre’. Los di­ri­gen­tes le die­ron una lis­ta de 10 ju­ga­do­res pa­ra que que­da­ran li­bres, en­tre los que es­ta­ban Cú­per y Ga­rré. Car­los pi­dió un tiem­po más pa­ra eva­luar­los y al fi­nal los dos ter­mi­na­ron ju­gan­do has­ta los 37 años”.

 

Griguol y sus videos.

Griguol y sus videos.

 

“Arran­ca­mos en el 80 y lle­ga­mos a un par­ti­do con Ra­cing en el fondo de la ta­bla. La gen­te re­sis­tía al equi­po y ya se ha­bla­ba de un reem­pla­zan­te de Gri­guol. Per­día­mos 3-1 y lo ga­na­mos so­bre la ho­ra 4-3. Al fi­nal ter­mi­na­mos por la mi­tad y Car­los hi­zo una gran pu­ri­fi­ca­ción”.

“Tu­vo una gran vir­tud, Car­los. Sien­do de ex­trac­ción hu­mil­de, siem­pre es­tu­vo abier­to a las co­sas nue­vas. Fe­rro fue el pri­mer equi­po que tra­ba­jó con un la­bo­ra­to­rio de me­di­cio­nes mor­fo­ló­gi­cas du­ran­te 6 años. En el 80, Fe­rro eva­lua­ba ca­da seis me­ses la par­te mor­fo-fun­cio­nal de sus ju­ga­do­res. Y en ese año se for­mó la ba­se”.

“De­sa­rro­lló un sis­te­ma tác­ti­co don­de la pre­sión fue fun­da­men­tal. To­do em­pe­zó una no­che en que mirábamos un par­ti­do de bás­quet. ‘¿Có­mo es el te­ma de la pre­sión?’, me pre­gun­tó. Al otro día le lle­vé el li­bro ‘Bás­quet­bol a pre­sión’, de Jack Ram­say, el pa­dre de la pre­sión en EE.UU. Ese li­bro mar­ca­ba los prin­ci­pios de la pre­sión. A los 15 días me lo de­vol­vió con una in­quie­tud: ‘¿Có­mo po­de­mos lle­var es­to al fút­bol?’. La de­sa­rro­lla­mos en las prác­ti­cas du­ran­te 1980 y en el 81 la pusimos en prác­ti­ca”.

“Fe­rro fue el pri­me­ro que em­pe­zó a tra­ba­jar sis­te­má­ti­ca­men­te con pe­sas en el gim­na­sio. En otros equi­pos lo ha­cían en for­ma in­di­vi­dual, pe­ro estaba el ta­bú de que te qui­ta­ban téc­ni­ca. Cual­quier de­por­tis­ta, cuan­do se sien­te fuer­te, cree que se co­me el mun­do. Eso nos da­ba una gran po­ten­cia en los des­pla­za­mien­tos, que era cla­ve pa­ra pre­sio­nar, qui­tar y ata­car”.

¿Las cla­ves fut­bo­le­ras?

Arran­ca Jorge Bran­do­ni: “El tem­pe­ra­men­to de Sac­car­di, la téc­ni­ca y la per­so­na­li­dad de Roc­chia, las su­bi­das de Gó­mez y Ga­rré, el ida y vuel­ta de Arre­gui, la ha­bi­li­dad de Croc­co y Ji­mé­nez, el gol de Juá­rez y los dos ju­ga­do­res que ha­cían la di­fe­ren­cia, los que de­be te­ner cual­quier equi­po aspirante a cam­peón: Már­ci­co y Ca­ñe­te, dos mons­truos”.

 

Márcico fue ayudante del Maestro Tabarez en Boca.

Márcico fue ayudante del Maestro Tabarez en Boca.

 

Si­gue Ju­lio Cé­sar Ji­mé­nez: “En una épo­ca don­de se im­pro­vi­sa­ba con­ti­nua­men­te, Car­los em­pe­zó a mos­trar­nos vi­deos. Yo ju­gué en Pe­ña­rol, Bar­ce­lo­na y otros equi­pos, pe­ro con aquel Fe­rro fue la úni­ca vez que tu­ve una sen­sa­ción ro­tun­da: sa­bía que en­tra­ba a la can­cha y no per­día”.

Aho­ra echa al­go de luz Gri­guol, el pa­dre de la cria­tu­ra, que rom­pe su si­len­zio stam­pa de 20 años con El Grá­fi­co: “Los mar­ca­do­res de pun­ta su­bían siem­pre y eso nos per­mi­tía te­ner al 7, al 9 y al 10 en el área. El pres­sing lo ha­cía­mos, se­gún el rival, en la sa­li­da de la pe­lo­ta, en el área o en el me­dio. La pe­lo­ta pa­ra­da la es­tu­dia­ba de los par­ti­dos de bás­quet, que mi­ra­ba con el Ru­so Naj­nu­del. A los de­lan­te­ros los ha­cía tra­ba­jar en bás­quet. Ese equi­po pa­re­cía la Se­lec­ción. Lo que yo le man­da­ba a ha­cer, lo ha­cían”.

Carlos Barisio pro­po­ne su vi­sión des­de el ar­co: “Era un equi­po so­li­da­rio, cual­quier error de un com­pa­ñe­ro lo sub­sa­na­ba otro, ha­bía un gran sa­cri­fi­cio. Fí­si­ca­men­te es­tá­ba­mos 10 pa­sos de­lan­te de los de­más, una pre­pa­ra­ción anor­mal pa­ra un equi­po de fút­bol. Los pa­sá­ba­mos por arri­ba a to­dos a los 20’ del ST. Y des­pués, sa­bía­mos que es­tá­ba­mos en una ins­ti­tu­ción bár­ba­ra: los mar­tes co­brá­ba­mos los pre­mios. Si te vas a com­prar un tra­je y lo te­nés que arre­glar de al­gún la­do, es una co­sa. Si lo ha­cés a me­di­da, te cal­za jus­to. Y aque­llos ju­ga­do­res cal­za­ron jus­to en lo que pe­día Gri­guol”.

Mario Gómez, una pie­za cla­ve que Gri­guol tra­jo de Kim­ber­ley, man­tu­vo la es­cue­la: “Uno de los mar­ca­do­res de pun­ta siem­pre iba al ata­que y que­da­ba lí­nea de tres, te­nía­mos buen ma­ne­jo de pe­lo­ta con Ca­ñe­te, Ji­mé­nez y Már­ci­co, nos mo­vía­mos en blo­que, dá­ba­mos to­da la vuel­ta por atrás pa­ra sa­lir ju­gan­do. Na­die nos sa­lía”.

Adolfino Cañete no ol­vi­da cuán­to apren­dió: “Yo pa­tea­ba los ti­ros li­bres. Pa­ra Ti­mo­teo, pe­lo­ta pa­ra­da te­nía que ser gol. Sa­lía­mos cin­co jun­tos pa­ra ca­be­cear, no nos po­dían aga­rrar”.

Claudio Crocco da otras pis­tas: “Se for­mó una fa­mi­lia muy uni­da afue­ra. Y aden­tro te­nía­mos un fun­cio­na­mien­to que res­pe­tá­ba­mos a ra­ja­ta­bla. Ha­cía­mos un pres­sing me­ca­ni­za­do al que le su­ma­mos ta­len­to, por­que si te­nés que des­bor­dar y no po­dés pa­sar a un pos­te, ol­vi­da­te de cual­quier me­cá­ni­ca”.

 

Rocchia y Saccardi, estandartes.

Rocchia y Saccardi, estandartes.

 

El Be­to Már­ci­co, que hoy tie­ne a su hi­jo Lu­cas ju­gan­do de en­gan­che en la Cuar­ta de Fe­rro, con­ti­núa: “Ha­bía una ca­ma­ra­de­ría im­pre­sio­nan­te, muy bue­nos ju­ga­do­res y una di­ri­gen­cia de pri­mer ni­vel, que no te fa­lla­ba nun­ca. No ibas a ga­nar más que en otro equi­po, la di­fe­ren­cia era que co­bra­bas. Ese Na­cio­nal 82 fue muy im­por­tan­te pa­ra mí, por­que so­bre el fi­nal pu­de ga­nar­me la ti­tu­la­ri­dad. Ade­más, me to­có sufrir la muer­te de mi vie­jo y la pu­de so­bre­lle­var. Era fa­ná­ti­co de Fe­rro, es­tu­vo en las fi­na­les del 81 y no nos pu­do ver cam­peo­nes. Por suer­te tu­ve el apo­yo de Sac­car­di, Ba­si­ga­lup y el cuer­po téc­ni­co. Hi­ce la pro­me­sa de lle­var­le a su tum­ba una pla­que­ta con el es­cu­di­to de Fe­rro y cum­plí”.

Os­car Ga­rré, el úni­co cam­peón del mun­do que dio Fe­rro, el que más par­ti­dos ju­gó en su his­to­ria, re­cien­te­men­te eyec­ta­do del ban­co a bo­te­lla­zos y sil­bi­dos, no se de­ja atra­par por la ma­la me­mo­ria: “El or­den era la cla­ve de ese equi­po, y ma­ne­ja­ban la pe­lo­ta con mu­cho cri­te­rio. Fí­si­ca­men­te los ma­tá­ba­mos; ha­bía ri­va­les que me pe­dían por fa­vor que no co­rrié­ra­mos más”.

Des­de el úni­co te­lé­fo­no del co­me­dor del club Ri­va­da­via de Pei­ra­no, a 60 ki­ló­me­tros de Ro­sa­rio, Mi­guel An­gel Juá­rez des­ti­la agra­de­ci­mien­to: “Lo más im­por­tan­te era el con­ven­ci­mien­to en la pro­pues­ta. Gri­guol nos de­jó en­se­ñan­zas de vi­da. Lo po­co que pue­da te­ner se lo de­bo a Car­los. Si no te al­can­za­ba pa­ra la ca­sa, aga­rra­ba el dia­rio y te de­cía: ‘¿Cuán­to te­nés?’ y te ar­ma­ba al­go. Nos de­cía que no nos que­ría ver con un 0 km y que cuan­do fué­ra­mos a ha­blar con los di­ri­gen­tes lo hi­cié­ra­mos de sa­co y cor­ba­ta, pa­ra que nos tra­ta­ran de us­ted”.

 

Eduardo Basigalup.

Eduardo Basigalup.

 

Eduar­do Ba­si­ga­lup, el ar­que­ro que ata­jó la se­rie fi­nal por el des­ga­rro de Ba­ri­sio, ha­ce su pro­pia ra­dio­gra­fía: “Si te ten­go que de­fi­nir con un nom­bre pro­pio a ese equi­po, es Ti­mo­teo, pe­ro se dio una con­jun­ción de co­sas: el pro­yec­to de un club muy se­rio, un cuer­po téc­ni­co de lu­jo, con Ai­mar y Bo­ni­ni, y un gru­po de ju­ga­do­res con ham­bre. Sos­te­ner el ham­bre pa­ra un equi­po chi­co por cua­tro años no es fá­cil. Y des­pués te­nía­mos un mons­truo: a aquel Már­ci­co yo lo pon­go en­tre los tres me­jo­res ju­ga­do­res que vi en mi vi­da, jun­to a Ma­ra­do­na y Zi­da­ne”.

 

MAS IN­NO­VA­CIO­NES

“Les di­je: dí­gan­me si son ca­pa­ces de cui­dar­se so­los y no concentramos. En las tri­bu­nas te­nía­mos ayu­dan­tes de Naj­nu­del, que con­tro­la­ban lo que ha­cían los ju­ga­do­res. Y ahí se veía si a al­gu­no no le res­pon­dían las pier­nas.” (Gri­guol)

“Nos jun­tá­ba­mos los do­min­gos a las 11 en el club, desayunábamos y char­la téc­ni­ca. Ti­mo te­nía tra­ba­jos tác­ti­cos sen­sa­cio­na­les: for­ma­ba pa­re­jas por sec­to­res pa­ra trian­gu­lar y ha­cía­mos mu­cho tra­ba­jo con pe­lo­ta. Ahí no ha­bía lu­gar pa­ra va­go­ne­tas. Sac­car­di y Roc­chia te­nían pro­ble­mas en la ro­di­lla y en las pre­tem­po­ra­das debían su­bir el Uri­tor­co co­mo to­dos.” (Már­ci­co)

“La idea era no sa­lir, pe­ro po­días ir al ci­ne el sá­ba­do, no ha­bía pro­hi­bi­ción.” (Croc­co)

“Car­los ha­cía un es­tu­dio pro­fun­do del con­tra­rio, adap­ta­ba su tác­ti­ca a ca­da ri­val y en­trá­ba­mos sa­bien­do a la per­fec­ción lo que ha­cía el otro, al­go que no era ha­bi­tual en esa épo­ca. El le­ma de Ti­mo era ‘da­le, da­le, da­le y da­le‘. Esa fi­lo­so­fía se nos ha pe­ga­do. Por ahí un co­no­ci­do de un equi­po gran­de te de­cía: ‘Es­toy muer­to, nos hi­cie­ron co­rrer 4 ki­ló­me­tros’. Y no­so­tros co­rría­mos 10 o 14.” (Ba­si­ga­lup)

“Gri­guol co­pia­ba del bás­quet los mo­vi­mien­tos en pe­lo­ta pa­ra­da, íba­mos a ver los par­ti­dos con él. Ha­cía­mos una es­pe­cie de rue­da, y ca­da uno sa­lía pa­ra un la­do dis­tin­to.” (Ba­ri­sio)

“Gri­guol de­cía que si man­da­ba arri­ba a los mar­ca­do­res de pun­ta anu­lá­ba­mos los wi­nes al ri­val. In­no­vó con las cor­ti­nas y el ma­ne­jo de la pe­lo­ta pa­ra­da. Naj­nu­del le fil­ma­ba el fút­bol a Car­los y Car­los, el bás­quet a León. El sa­có que el pi­vot sa­lía de un la­do pa­ra el otro. El miér­co­les nos pa­sa­ba el par­ti­do en Pon­te­ve­dra y nos mar­ca­ba los erro­res. Fue uno de los pre­cur­so­res con los vi­deos. A Car­los le en­can­ta­ba el fút­bol ale­mán y nos pa­sa­ba vi­deos seguido.” (Juá­rez)

“Gri­guol fue un maes­tro pa­ra to­dos. A los que tu­vi­mos la suer­te de es­tar con él nos de­jó una en­se­ñan­za de vi­da. En lo fut­bo­lís­ti­co, por la for­ma de tra­ba­jar, por la unión.” (Bran­do­ni)

“Es­tu­ve só­lo tres años en Fe­rro, pe­ro fue el me­jor gru­po que in­te­gré en mi ca­rre­ra. Se dio un fe­nó­me­no de bue­na gen­te, y el Vie­jo se ocu­pó de ar­mar el gru­po. Pa­ra mí era no­ve­do­so que hi­cié­ra­mos reuniones con nues­tras mu­je­res. Una vez, dio el equi­po y di­jo: ‘Croc­co, pun­tos sus­pen­si­vos y Juá­rez’. Y agre­gó: ‘Si Ca­ñe­te pre­sen­ta a su mu­jer, jue­ga; si­ no, no’. Cla­ro, no la ha­bía traí­do a las fies­tas. Era por ti­mi­dez. (Ji­mé­nez)

 

Julio Jiménez.

Julio Jiménez.

 

“Cla­ro que mar­ca­mos una épo­ca. Bo­chi­ni de­cía: ‘¡Qué equi­po abu­rri­do ni abu­rri­do! Te aga­rran y te pin­tan la ca­ra’. Ha­bía ju­ga­do­res de ni­vel ex­cep­cio­nal. Yo a Roc­chia lo vi sa­car una pe­lo­ta del án­gu­lo de chi­le­na. Nun­ca la re­vo­lea­ba, la pa­ra­ba con el pe­cho y sa­lía ju­gan­do. El Bu­rro y Ca­cho fue­ron los dos es­tan­dar­tes.” (Már­ci­co)

“A los ju­ga­do­res que no tie­nen ta­len­to hay una so­la ma­ne­ra de res­pal­dar­los: ha­cién­do­les sen­tir la con­fian­za de la me­ca­ni­za­ción. Nues­tras ra­zo­nes eran or­den, res­pe­to y dis­ci­pli­na. Y una ins­ti­tu­ción que nos brin­dó un apo­yo emo­cio­nan­te. El le­ma siem­pre era me­jo­rar lo an­te­rior.” (Gri­guol)

 

EL IN­FIER­NO

Es di­fí­cil pre­ci­sar el ins­tan­te de la caí­da. En el me­dio hu­bo un país que nau­fra­gó, y una cla­se me­dia que su­frió co­mo po­cas las con­se­cuen­cias. Y Ca­ba­lli­to es un ba­rrio de cla­se me­dia. Pa­ra­le­la­men­te ca­yó Ley­den, lle­ga­ron dirigentes in­ca­pa­ces, al­gu­nos co­rrup­tos, echa­ron a Gri­guol, des­man­te­la­ron las in­fe­rio­res, hu­bo una con­vo­ca­to­ria de acree­do­res, una quie­bra pa­ra mu­chos frau­du­len­ta, un juez con in­ten­cio­nes de ven­der la can­cha y que ter­mi­nó des­ti­tuido, el des­cen­so al Na­cio­nal B y a la B, una ge­ren­cia­do­ra que lo su­bió al Na­cio­nal B y ter­mi­nó sien­do ex­pul­sa­da, los in­sul­tos a Ga­rré, la promoción que lo puede depositar otra vez en la Pri­me­ra B, el oca­so...

“Hay dos cir­cuns­tan­cias en la caí­da: la cla­se me­dia fue he­cha pe­lo­ta y el club em­pe­zó a re­cau­dar me­nos. Los di­ri­gen­tes qui­sie­ron man­te­ner la mis­ma es­truc­tu­ra y fue im­po­si­ble. No se to­mó al fút­bol co­mo una ac­ti­vi­dad co­mer­cial y de­ja­ron a seis ju­ga­do­res li­bres por no arre­glar el con­tra­to: Cú­per, Ga­rré, Ba­si­ga­lup, Arre­gui, Már­ci­co y Ca­ñe­te. Después hu­bo una di­ri­gen­cia que no en­ten­dió lo que era Fe­rro. Hoy voy a la can­cha y se me pian­ta un la­gri­món.” (Bo­ni­ni)

“Los di­ri­gen­tes de nues­tra épo­ca eran du­ros pe­ro ho­nes­tos. Por ahí no su­pie­ron dar el cam­bio y la receta se ago­tó. A Már­ci­co lo ta­sa­ban en 2 mi­llo­nes pe­ro no le que­rían pa­gar un con­tra­to acor­de, y de­cían: el que se quie­re ir, que se va­ya. Y terminó yén­do­se gra­tis.” (Ba­si­galup)

“Voy a la can­cha y su­fro. Mis cua­tro hi­jos, que son to­dos de Fe­rro, tam­bién. Uno lo quie­re ayu­dar y no sa­be có­mo.” (Gó­mez)

“Los in­sul­tos ha­cia mí son un sín­to­ma de có­mo es­tá la so­cie­dad: en­fer­ma. Los ar­gen­ti­nos no te­ne­mos me­mo­ria. Igual, son más los que tienen un buen recuerdo mío.” (Ga­rré)

 

Oscar Garré.

Oscar Garré.

 

“Fe­rro lle­ga a es­to por los ma­los di­ri­gen­tes. Al­gu­nos ro­ba­ron; otros no. Oja­lá al­gún día lo pa­guen. Ley­den y Etcheverry nun­ca hu­bie­ra hi­po­te­ca­do al club.” (Már­ci­co)

“Fe­rro em­pie­za a caer con la ex­plo­sión de can­chas de pá­del y gim­na­sios. Y cuan­do de­jó de par­ti­ci­par en el club la ca­ma­da de Ley­den. Nin­gu­no de los que nos in­sul­ta­ron hi­cie­ron más por Fe­rro que no­so­tros.” (Bran­do­ni)

“El ór­ga­no fi­du­cia­rio no se ocu­pa de la par­te de­por­ti­va y un gru­po de so­cios po­ne di­ne­ro pa­ra sol­ven­tar el fút­bol, en­tre 50 y 100 pe­sos ca­da uno, y 4 o 5 pe­sa­dos apor­tan di­ne­ro más gros­so pa­ra pa­gar­ a los téc­ni­cos y a los re­fuer­zos. Pa­ra que el club vuel­va a es­tar en ma­nos de los so­cios es ne­ce­sa­rio le­van­tar la quie­bra que, se di­ce, es de 14 mi­llo­nes, y lue­go lla­mar a elec­cio­nes.” (Gus­ta­vo Cuen­ca, so­cio, 52 años, des­de ha­ce 20 rea­li­za la re­vis­ta “Gen­te de Fe­rro”)

“No sé qué le pa­só, pe­ro en mi ca­rre­ra de 21 años, y ha­bien­do ju­ga­do en Ri­ver y en Bo­ca, los cin­co años que vi­ví en Fe­rro no los vi­ví en nin­gún la­do. Fe­rro era un im­pe­rio. Y pa­ra vol­tear un im­pe­rio te­nés que ser un ar­tis­ta.” (Ba­ri­sio)

 

Barisio.

Barisio.

 

 

UN CACHO DE FERRO

“Es­ta se­ma­na pa­sé va­rias no­ches sin dor­mir, pen­san­do en to­do lo que nos ju­gá­ba­mos. A lo me­jor, un hin­cha de Bo­ca o de Ri­ver no pue­de en­ten­der lo que es­to sig­ni­fi­ca pa­ra Fe­rro. Ya ha­bía­mos te­ni­dos dos opor­tu­ni­da­des y és­ta era la de­fi­ni­ti­va, por eso, an­tes de sa­lir a la can­cha aga­rré a uno por uno de los mu­cha­chos y les di­je que hoy nos ju­gá­ba­mos dos años de tra­ba­jo, que no po­día­mos fa­llar. Por suer­te sa­lió co­mo es­pe­rá­ba­mos. Ha­ce 17 años que es­toy en el club y es­ta ale­gría es la más gran­de mi vi­da”.

Ge­ró­ni­mo Sac­car­di, el má­xi­mo sím­bo­lo en la his­to­ria de Fe­rro, no ca­bía de la emo­ción en el ves­tua­rio cam­peón. A du­ras pe­nas, con los res­tos de co­ra­je y amor pro­pio que lo iden­ti­fi­ca­ban, lle­gó con lo jus­to pa­ra dar la vuel­ta olím­pi­ca so­ña­da, por­que a fi­nes de 1983 aban­do­nó su ca­rre­ra por una ar­tro­sis en su ro­di­lla de­re­cha. Ca­cho se hi­zo en Fe­rro, ju­gó 399 par­ti­dos, lo di­ri­gió en­tre 1996 y 1999 y mu­rió el 4 de ma­yo de 2002, a los 52 años, por un in­far­to de mio­car­dio mien­tras ju­ga­ba al te­nis. Te­nía un co­ra­zón de­ma­sia­do gran­de, Ca­cho.

“Fue lo más gran­de que tu­ve co­mo com­pa­ñe­ro –se con­mue­ve Már­ci­co–. Era un león aden­tro de la can­cha, un se­ñor afue­ra, siem­pre tra­tó a los pi­bes muy bien. Era im­po­si­ble no ad­mi­rar a Ca­cho, por eso es el ma­yor ído­lo de la his­to­ria de Fe­rro. En 1981 fa­lle­ció mi pa­pá y yo pu­de so­bre­lle­var esa des­gra­cia por el apo­yo de Ca­cho, que me acom­pa­ñó siem­pre y me ha­bló”.

Gerónimo Saccardi, en andas de sus hinchas, el 27 de junio de 1982.

Gerónimo Saccardi, en andas de sus hinchas, el 27 de junio de 1982.

Mi­guel An­gel Juá­rez con­ti­núa evocando: “Ca­cho fue un cau­di­llo, aden­tro de la can­cha era im­po­si­ble que­dar­se pa­ra­do vien­do a un ti­po co­mo él que te­nía la pier­na he­cha pe­lo­ta. Cuan­do ter­mi­na­ban los par­ti­dos, la mu­jer lo es­pe­ra­ba en la puer­ta y Ca­cho sa­lía ren­guean­do y usán­do­la co­mo bas­tón”. Y Ma­rio Gó­mez no pue­de más que asen­tir: “En las pre­tem­po­ra­das siem­pre iba en­tre los pri­me­ros, y to­dos sa­bía­mos cuán­to su­fría”. Y cie­rra Ca­ñe­te: “Ca­cho era me­dio equi­po. Em­pu­ja­ba, or­de­na­ba, con­ta­gia­ba, te ha­cía sen­tir siem­pre lo­cal”.

 

QUE HACEN LOS CAMPEONES

Car­los Ba­ri­sio. DT a car­go de los ju­ga­do­res li­bres de Futbolistas Agre­mia­dos.

Eduar­do Ba­si­ga­lup. Ex ayu­dan­te de Cú­per, en­tre­na ar­que­ros en el Za­ra­go­za.

mario Go­mez. Em­pe­zó co­mo ayu­dan­te de Gri­guol en Fe­rro (1988), lue­go si­guió con Cú­per, hoy DT de Gim­na­sia de Ju­juy.

Hec­tor Cu­per. El DT más exi­to­so: campañón en Hu­ra­cán, La­nús y Va­len­cia, di­ri­gió al In­ter.

 

Héctor Cúper.

Héctor Cúper.

 

Juan Do­min­go Roc­chia. Fue DT de Fe­rro en 1986. Tu­vo un cán­cer de rec­to, pe­ro se re­cu­pe­ró. Es­tá ale­ja­do del fút­bol.

Os­car Ga­rre. Di­ri­gió a Fe­rro has­ta ma­yo de es­te año y se fue por los re­sul­ta­dos.

Car­los Arre­gui. Se ale­jó del fút­bol. Ven­dió pes­ca­do en Ba­ri­lo­che y aho­ra es­tá en Ita­lia, con fá­bri­ca de za­pa­tos.

Jor­ge Bran­do­ni. Di­ri­gió a va­rios equi­pos y fue ayu­dan­te de Ga­rré en Fe­rro.

Ge­roni­mo Sac­car­di. Fa­lle­ció. Ha­bía di­ri­gi­do a Fe­rro.

Adol­fi­no Ca­ñe­te. Tie­ne una Aca­de­mia de fút­bol de 80 chi­cos en Asun­ción, en una red que in­clu­ye al Bar­ce­lo­na de Es­pa­ña.

Clau­dio Croc­co. Ma­ne­ja la es­cue­la del Club Ita­lia­no, fren­te al Par­que Ri­va­da­via, en Ca­ba­lli­to.

Ju­lio Ce­sar Ji­me­nez. Di­ri­ge la Sép­ti­ma Di­vi­sión de Vé­lez des­de 1999.

Al­ber­to Mar­ci­co. Di­ri­gió a Chi­ca­go y fue ayu­dan­te de Ta­bá­rez. Hoy se pos­tu­la co­mo ma­na­ger de Bo­ca con el di­ri­gen­te Ro­ber­to Di­gón.

Mi­guel An­gel Juarez. Di­ri­gió en el as­cen­so, hoy es coor­di­na­dor de las in­fe­rio­res de Ri­va­da­via de Pei­ra­no, a 60 km de Ro­sa­rio.

 

MASCARDI: “FERRO VA A DESAPARECER”

“Si Fe­rro no se va a la B es­te año, se va a ir el año que vie­ne. Y cuan­do se va­ya, va a de­sa­pa­re­cer”. Gus­ta­vo Mas­car­di es ter­mi­nan­te, ha­bla con do­lor y bron­ca, en su tri­ple con­di­ción de hin­cha, ex fut­bo­lis­ta que lle­gó a com­par­tir la Ter­ce­ra con Cú­per, Ga­rré y Croc­co y de ge­ren­cia­dor abortado. Re­cuer­da que fue a ver las dos fi­na­les con Quil­mes y a la ho­ra de bus­car­le una ex­pli­ca­ción a la de­ba­cle, no du­da: “La con­duc­ción de Ley­den no su­po ver el fu­tu­ro. Vé­lez y Fe­rro com­pe­tían, es­ta­ban pa­re­jos, y mi­rá dón­de es­tá uno y otro hoy. Fe­rro se lle­nó de em­plea­dos y no su­po ver que el fút­bol es una ac­ti­vi­dad pro­fe­sio­nal, en­ton­ces cuan­do em­pe­zó a per­der so­cios, no tu­vo una es­truc­tu­ra que lo aguan­ta­ra. Y a Ley­den lo si­guió una su­ce­sión de di­ri­gen­tes ines­cru­pu­lo­sos que ter­mi­na­ron de des­tro­zar el club”.

Mas­car­di ase­gu­ra que per­dió cer­ca de tres mi­llo­nes de pe­sos co­mo ge­ren­cia­dor (2002-05), vín­cu­lo que ter­mi­nó cuan­do le cor­ta­ron el con­tra­to. Hu­bo acu­sa­cio­nes cru­za­das en­tre las par­tes, pe­ro lo cier­to es que, con Mas­car­di, Fe­rro su­bió de la B al Na­cio­nal B y es­tu­vo cer­ca de en­trar al re­du­ci­do pa­ra es­ca­lar a la A. “Fui a in­ver­tir y me me­tí en un ni­do de ra­tas –si­gue des­ti­lan­do bron­ca el em­pre­sa­rio–. El fút­bol es pa­ra gen­te que sa­be de fút­bol, no pa­ra ór­ga­nos fi­du­cia­rios ni pa­ra jue­ces, que se me­ten y ha­cen de­sas­tres. Si hu­bie­ran ven­di­do bien a los ju­ga­do­res, hoy Fe­rro po­dría ha­ber le­van­ta­do la quie­bra. Por eso voy a se­guir con es­te li­ti­gio a muer­te. La gen­te de Fe­rro se con­si­de­ra un equi­po gran­de y es chi­co, muy chi­co. Creen que pue­den an­dar en Fe­rra­ri y no pue­den ni an­dar en ca­ba­lli­to”.

 

 

Por Diego Borinsky (2007).

Fotos: Jorge Dominelli y Archivo El Gráfico.

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