¡Habla memoria!

1959. Imperfecciones de trastienda

Por Redacción EG · 19 de diciembre de 2019

Ernesto Lazzatti, “El pibe de Oro” en el mediocampo de Boca y luego entrenador Campeón en 1954, realiza un lúcido análisis sobre los contratiempos en la organización general del fútbol.

La formalización de los contratos entre instituciones y futbolistas generalmente no es bien clara. Se firma el convenio, pero no se definen totalmente las condiciones en que debe desenvolverse. Surgen posteriormente dificultades que entorpecen las relaciones entre las partes. Se firman o renuevan contratos. Pero no se estipula la prima que recibirá el jugador durante su duración. O los premios que cobrará, por punto ganado, en partidos oficiales y amistosos. No se establece en qué condiciones viajará cuando el equipo deba ausentarse de Buenos Aires. Tampoco se fijan las obligaciones que contrae con el club.

 

Cuando hablamos de jugadores que nacieron con lo suyo y tuvieron el atrevimiento de imponerlo, hay un prototipo para elegir: José Manuel Moreno, Entran en esa condición, con otro tipo de fútbol, Zubieta, Grecco y Martino.

Cuando hablamos de jugadores que nacieron con lo suyo y tuvieron el atrevimiento de imponerlo, hay un prototipo para elegir: José Manuel Moreno, Entran en esa condición, con otro tipo de fútbol, Zubieta, Grecco y Martino.

 

Resumiendo: No quedan delineadas con claridad las normas que regirán esos convenios. Se presentan luego, en pleno desarrollo del campeonato, curiosas y enojosas situaciones. Jugadores que a pesar de estar ligados por contrato a una institución se niegan a jugar. Directivos que no se atreven a encarar el problema con firmeza por ser conocedores de situaciones indefinidas. Público desorientado y desilusionado. Desorientado porque no alcanza a comprender y menos justificar la posición del jugador al negarse a jugar y la del directivo en actitud vacilante. Desilusionado porque en momentos que lo absorbe la ansiedad por el resultado deportivo advierte que los actores directos discuten posiciones materiales. En este aspecto es necesario ser terminante: el directivo tiene el derecho de ofrecer hasta donde estime justo o prudente. El jugador exigir lo que crea merecer. Pero una vez llegado a un acuerdo, concluyó el negocio. Comienzan las obligaciones. Para el directivo cumplir y hacer cumplir lo pactado. Para el jugador dejar a un lado todo lo comercial. Dedicar todo su empeño a lo deportivo, a fin de corresponder a lo que esperan quienes lo contrataron y quienes siguen la divisa que defiende. Esto por lo simple es fácil de encarar y resolver. Es sólo cuestión de conducta. ¡Y le haría tanto bien al fútbol! Sin embargo todos los años se repiten situaciones desagradables y no se encara la solución. Relacionadas con esta costumbre de no determinar con anterioridad los problemas comerciales y deportivos en el fútbol abundan las situaciones enojosas, ingratas. Incluso en los equipos seleccionados han ocurrido varias veces. Por imprevisión de los dirigentes y falta de responsabilidad de los jugadores se han planteado momentos antes de algún encuentro importante (casi siempre se buscan los de mayor trascendencia) imposiciones de dinero en caso de conseguir un resultado favorable o, simplemente, por intervenir en ellos.

 

Erico y Sarlanga configuraron distintos estilos. Sarlanga fue un estratega y Erico un realizador espectacular. Pero los dos desarrollaron con libertad todo lo que ellos pensaban y sentían del fútbol. Lo jugaron con franqueza.

Erico y Sarlanga configuraron distintos estilos. Sarlanga fue un estratega y Erico un realizador espectacular. Pero los dos desarrollaron con libertad todo lo que ellos pensaban y sentían del fútbol. Lo jugaron con franqueza.

 

En algunos casos han tenido conocimiento público y fueron recibidos, como es lógico, con estupor. Para quienes viven el fútbol ajenos a todo interés tienen que resultarles injustificables estas situaciones.

En otros casos la cordura de algunos impidió se materializaran. Se evitaron así las consecuencias, pero no las desinteligencias. Como vemos, siempre dejan un saldo negativo. Es necesario desterrarlas.

También es necesario desterrar al dirigente político-hincha. Su concepto equivocado de la función que le corresponde, la desvirtúa. Ese dirigente que cuando peligra su estabilidad política ofrece un premio mayor que el estipulado por un partido que le interesa. Si se gana mezcla su alegría con su vanidad. Se siente obligado con los jugadores y es generoso. Y si se pierde descarga su decepción buscando culpables. Lo mismo ocurre cuando pide que un partido se gane de cualquier manera. O cuando le dice a determinado jugador que si "se porta bien" le dará un premio especial. Casi siempre sabe a qué jugador o jugadores se dirige al hacer esos pedidos. Pone su interés personal por sobre todas las cosas. Cumple una labor perniciosa, envicia a los futbolistas y luego duda de ellos. Rompe con todo orden y disciplina. Carece de autoridad y equilibrio. En la incorporación de futbolistas a los planteles profesionales también se suele imponer el impulso de hincha al razonamiento directivo. Así se contratan en muchos casos jugadores porque juegan bien contra el club que dirigen. Las referencias son escasas —a lo sumo dos partidos por año—y obtenidas sin análisis sereno, meditado. Pensemos que en esos encuentros el buen desempeño de un rival ante los ojos del directivo se magnifica. Lo que realiza es contra su equipo. Lo ve más porque le duele; pone en peligro su triunfo. No es un juicio valedero, imparcial. Distinto es si se sigue la actuación del jugador en varios partidos contra distintos rivales. Si se comprueba que su tipo de fútbol puede encajar con el que desarrolla el conjunto al que será destinado. Puede ser también muy importante conocer al candidato fuera de su actividad deportiva; como ciudadano común. Generalmente existe una relación bastante aproximada en el desenvolvimiento del sujeto en las dos esferas.

 

1950. 16 de junio. En su aspecto físico, el cuidado que Juan Carlos Colman hizo de su vida profesional fue ejemplar, dice Lazzatti.

1950. 16 de junio. En su aspecto físico, el cuidado que Juan Carlos Colman hizo de su vida profesional fue ejemplar, dice Lazzatti.

 

Una más amplia localización del individuo-jugador antes de contratarlo eliminaría las causas de muchos fracasos, aparentemente injustificables. No arriesgar por el solo hecho de una impresión momentánea, o por informes y opiniones emitidos con muy buena voluntad, pero sin una base firme. Se estará más en lo cierto. Se cometerán errores, indudablemente, pero en menor cantidad.

Eso traerá como consecuencia una mejor administración de las finanzas de la instituciones. La menor cantidad de contrataciones fallidas, permitirá afrontar con mayor seguridad los compromisos contraídos con los jugadores. Se eliminará el terrible problema que significa la falta de puntualidad en los pagos, de donde surgen actos de indisciplina perfectamente explicables. No se puede exigir si no se cumple. Por eso quienes dirigen equipos profesionales, se ven abocados, a menudo, a difíciles situaciones. Están obligados a tolerar faltas a los entrenamientos, o la llegada con retraso a las prácticas. La falta de buena disposición para que el trabajo resulte provechoso, etcétera.

Todos sabemos la importancia que tiene en todos los órdenes de la vida el clima de cordialidad comprensión, entendimiento, que se logre para desempeñar cualquier actividad. El fútbol, por ser una labor de conjunto donde se mueven voluntades distintas que es necesario aunar, precisa imperiosamente ese clima. ¿Cómo puede conseguirlo el encargado de esa misión, si no se le dan los recursos necesarios? ¿Con qué autoridad cuenta para imponer disciplina a sus dirigidos? No puede ignorar que los jugadores tienen los mismos problemas que afligen a cualquier ser humano. Las preocupaciones diarias, sus compromisos familiares, están pendientes del rendimiento de su trabajo: eso es el fútbol para ellos. Si dedican todo su afán y luego no se sienten correspondidos, caen en el abandono, en el desaliento.

 

EL EQUIPO ESTRELLA de Boca en 1954. Parados están Lazzatti (entrenador), Lombardo, Mouriño, Musimessi, Colman, Otero y Pescia. Agachados se ubican Navarro, Baiocco, Borello, Rosello y Marcarián.

EL EQUIPO ESTRELLA de Boca en 1954. Parados están Lazzatti (entrenador), Lombardo, Mouriño, Musimessi, Colman, Otero y Pescia. Agachados se ubican Navarro, Baiocco, Borello, Rosello y Marcarián.

 

De manera, entonces, que el trabajo de cualquier profesional se resiente si no encuentra respaldo en el cumplimiento de lo pactado.

Lo mismo ocurre si existen diferencias en el trato entre las autoridades y los componentes de los planteles profesionales. Si se toleran en demasía las incorrecciones de uno y se castigan las cometidas por otros. Esa dualidad de criterio corre paralela casi siempre, con el momento por que atraviesa el jugador. Al que "anda" bien, al que está de moda, se le tolera todo. Al que pasa un mal momento no se le disimula nada. A veces sirve de "termómetro" la ropa que se distribuye para los entrenamientos. La más vieja no va para los que están en la buena. También cuando se contratan estrellas, en el afán de decidir su incorporación, se conceden franquicias que luego perjudican.

A modo de ejemplo y por haber actuado en el episodio, no porque sea único, voy a narrar algo sucedido en 1950. Al hacerme cargo de la dirección técnica de Boca Juniors comprobé con sorpresa que el jugador Colman no concurría a los entrenamientos. Había sido contratado hacía poco tiempo. El club realizó un esfuerzo, abonó una cantidad importante de dinero para conseguir su concurso. Es decir que confiaba en su capacidad y rendimiento, en alto grado, para resolver las fallas que acusaba el once boquense. Sin embargo el jugador seguía residiendo en Rosario. Llegaba a Buenos Aires los sábados o domingos y se alistaba en el conjunto.

Cuando fuimos presentados le manifesté, como correspondía, que su presencia era necesaria en entrenamientos, reuniones, etcétera. Que por lo tanto me parecía prudente y lógico que se radicara en Buenos Aires. Me enteré, porque así me lo hizo saber, que un acuerdo con los dirigentes lo autorizaba a entrenarse en Rosario y hacerse presente en la institución los días de partidos.

Su inasistencia estaba justificada con una de las fallas de organización del profesionalismo indefinido que aún vivimos.

Quiero dejar constancia que Colman, que continuó en la misma situación hasta el año 1954, fecha a partir de la cual se radicó en Buenos Aires, fue siempre un profesional ejemplar. De manera que su cita marca una falla directiva, no inconducta de su parte.

Cuando se recorre en un repaso general el panorama de nuestro fútbol, se comprueba que las anomalías señaladas en esta nota, y otras que pueblan su camino, son de fácil solución. Casi todas son producto de la improvisación, no configuran ningún problema de fondo. Tomadas en conjunto parecen ser muy serias, pero analizadas una a una, serenamente, pierden fuerza.

No puede resultar tarea espinosa organizar con tiempo los planteles profesionales, si cada uno ocupa su lugar. El técnico asesorando, el administrativo realizando.

Suscribir convenios sobre una base cierta. Ofrecer dentro de lo posible y cumplir. Simplificar al máximo las condiciones e interpretarlas con buena fe. Hablar lo imprescindible de dinero durante su vigencia, dejando plenamente definido de antemano ese tema. Se evitan así rozamientos y se complace a gran parte del público que todavía concurre a las canchas con espíritu de amateur. Dirigir en la verdadera acepción de la palabra, dejando de lado satisfacciones personales y complicaciones políticas, puede contribuir en gran parte a resolver los problemas que afligen al fútbol.

 

 

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