¡Habla memoria!

1967. El ¨panadero¨ a la derecha

Por Redacción EG · 15 de diciembre de 2019

Eduardo Luján Manera fue una pieza fundamental de la época más gloriosa de Estudiantes, en esta nota habla de su llegada a Buenos Aires, su mejor gol y el laboratorio de Osvaldo Zubeldía.

Entre las muchas preocupaciones marcadamente defensivas de Estudiantes de La Plata, hay una que contiene intenciones neta mente ofensivas. Cuando Osvaldo Zubeldía alerta a sus dirigidos diciéndoles "hay que hacerle el relevo a Manera...", en esa instrucción específica palpita la cautela del técnico que no quiere dejar baldosas flojas en su andamiaje de contención. Pero al mismo tiempo cuando completa la frase se advierte que Zubeldía otorga al "desenganche" de su marcador lateral derecho una fuerte significación atacante: "...PARA QUE MANERA SE VAYA LIBREMENTE..."

Eduardo Luján Manera, entrerriano (Concepción del Uruguay), que el reciente 22 de agosto cumplió 23 años, representa dentro del conjunto albirrojo —donde una disciplinada mayoría construye, destruye, complica y traba el engranaje del equipo rival— la minoría temperamentalmente fuerte, técnicamente dotada y espiritualmente agresiva que puede producir FUTBOL DE ATAQUE. No es que a los demás les falte temperamento, recursos o agresividad. No es que los demás den por terminada su misión con la lucha por la anulación del adversario y la recuperación de la pelota. Una de las grandes virtudes de Estudiantes y una de las grandes inquietudes de Zubeldía es conseguir que TODOS cumplan TODAS LAS FUNCIONES: marcar, desmarcarse, defender, atacar, destruir, construir. Y todos, cada uno en la medida de sus posibilidades, lo intentan. Pero Manera es diferente. Manera LO INTENTA Y LO CONSIGUE. Porque trae, desde abajo, dos atributos fundamentales: INSTINTO DE ATACANTE Y ALMA DE CAUDILLO.

 

DE 14 A 15 GOLES POR TEMPORADA

—Desde 1964, año en que ingresé a Estudiantes, he sido un defensor de 14 a 15 goles por temporada... Siempre me gustó el arco. Es posible que haya influido mi iniciación como volante... Pero hoy, colocado como marcador de punta, veo que las posibilidades de pasar al ataque y llegar por sorpresa son mayores. Por el medio siempre hay gran congestión de atacantes y defensores. En cambio, por los costados, se crean zonas descubiertas por las que resulta más fácil arrancar "vacío" y sorprender. Especialmente en Estudiantes, donde practicamos toda la semana jugadas elaboradas que se basan en el cambio de frente, para el hombre que ataca por la espalda de la defensa...

De su Entre Ríos natal no recuerda casi nada. "Me trajeron a Buenos Aires cuando tenía un año y medio... Nos vinimos a vivir a Liniers. Actualmente vivo en Almagro. Y soy hincha de Almagro...", proclama orgullosamente. "Pero los domingos soy de Estudiantes..." Entre sus equipos de barrio recuerda a Glorias de Liniers, cuando tenía 14 años. Pero su primer club importante fue Quilmes.

—Allí jugué de volante en 1960. A fin de año se olvidaron de incluirme en la lista de buena fe y quedé libre... Jugué un año en los potreros y en 1962 ingresé en Sacachispas con el "Bambi" Poletti. Allí tuvimos dos consejeros que nos enseñaron mucho: los señores Héctor Ramos y Arturo Clement... Ramos me modeló, por decirlo así, físicamente...

Jugó en Estudiantes entre 1963 y 1970, la etapa más gloriosa del club.

Jugó en Estudiantes entre 1963 y 1970, la etapa más gloriosa del club.

 

SANTIAGO, IGNOMIRIELO, ZUBELDIA...

—¿Qué otras personas han influido sobre su evolución como jugador?

—Cuando estuve en Quilmes, su director técnico José Santiago. Gracias a él aprendí a cabecear. Yo tenía cierta habilidad de abajo, la llevaba con facilidad, le pegaba bien, pero arriba sabía poco y nada, Santiago me decía siempre que en el fútbol la mayor parte del juego viene de aire. Y hoy comprendo que tiene razón: casi el 90 por ciento de las pelotas que se juegan en un partido son aéreas. Y entonces, si uno no tiene capacidad para saltar, para ir con fuerza arriba, para darle bien, fuerte y con dirección, sin "regalarla" al contrario, tratando de bajarla hacia un compañero sin "atorarlo", hay que saber cabecear. Santiago me "mataba" tirándome la pelota arriba y obligándome a ir al cabezazo. Pero no tomando carrera, que eso es fácil.

 

Eduardo Luján Manera.

Eduardo Luján Manera.

 

Saltando desde la posición que estuviera. Aprendí mucho con él en ese aspecto. Y todavía hoy Zubeldía me insiste en que trabaje para perfeccionarme en el juego de alto. Don Miguel Ignomirielo, que me dirigió mientras estuvo en las inferiores de Estudiantes, me enseñó algo muy importante desde el punto de vista anímico: A HACERME VALER EN LA CANCHA. "Usted tiene pasta de caudillo, de conductor", me decía. "Sus compañeros creen en usted, se miran en su ejemplo, lo siguen a donde usted los lleve. Hágase valer, grite, mande, aliente a los demás, impóngase..." No sé si era totalmente cierto (la sonrisa traviesa de Manera denuncia que sí, que Manera cree en el don de mando de Manera...) pero me ayudó mucho a formar mi personalidad. En cuanto a Zubeldía, se podría hablar horas sobre todo lo que nos ha enseñado a los jugadores de Estudiantes en todo sentido. Pero a Osvaldo no le gusta que sus jugadores hablen de él y le diré solamente una cosa: NADIE ME HA HECHO TRABAJAR TANTO COMO EL. Sobre todo para mejorar mi pierna izquierda, para obligarme a que le pegue también con la zurda, sin miedo a darles a los carteles de la tribuna...

 

EL "LABORATORIO"

El 18 de junio de 1967, Manera decretó el triunfo de Estudiantes sobre Racing, entrando al cabezazo por la izquierda ante un tiro libre lanzado desde el costado opuesto. Ese gol —que dos semanas antes fue "preparado" en sesión de entrenamiento para una secuencia gráfica que ilustra una nota de SPORT de julio sobre EL LABORATORIO DE ZUBELDIA— le proporcionó a su autor una especial satisfacción. Es el octavo que marca en primera división desde que Zubeldía lo dejó firme como marcador lateral derecho, con órdenes de "irme cada vez que lo vea favorable, en lo posible sin repetirme, sin anuncio..." Tiene, además, el valor de confirmar en los hechos la importancia del trabajo en base a jugadas preparadas, de "laboratorio".

 

Manera con el maestro Osvaldo Zubeldía.

Manera con el maestro Osvaldo Zubeldía.

 

—En Estudiantes estamos convencidos de que estudiar jugadas y practicarlas hasta que salgan automáticamente es una de las claves del éxito del equipo de Zubeldía no necesita imponernos "jugadas de pizarrón". LOS JUGADORES CREEMOS EN SU UTILIDAD Y HACEMOS EL TRABAJO CON GUSTO. Zubeldía siempre nos dice que las jugadas preelaboradas pueden ocupar una mínima parte del partido. Que lo importante es el jugador y su capacidad de improvisar sobre la marcha. La mayor parte del juego se integra con jugadas imprevistas. Y para eso, el pizarrón cuenta poco. Aunque si usted no sabe saltar, no sabe trabar, no sabe cabecear, no sabe pegarle, que son virtudes que se aprenden y se pulen en el trabajo de la semana, se le hace mucho más difícil resolver el problema con el contrario encima... Pero, como Zubeldía nos repite siempre, cuando un equipo estudia cómo tirar un comer, un outball o un tiro libre y memoriza las jugadas, en un momento dado puede sacarle provecho a lo que aprendió. En una de ésas el partido no le da la oportunidad. Pasan varios partidos y no se produce una sola de las jugadas que practicó. Pero de repente del "laboratorio" sale un gol y ese gol puede ser el triunfo...

 

"MI MEJOR GOL"

Los goles que más recuerda reconocen la importancia del técnico, tanto en el trabajo semanal como en la decisión justa tomada en el momento oportuno.

—El gol más impresionante que marqué fue en reserva y de zurda... Recuerdo que Zubeldía venía machacándome sobre la necesidad de darle sin miedo con la izquierda. Jugábamos contra Platense y recibí un rebote como a 40 metros del arco. La empalmé de zurda en el aire y la metí en un rincón... Otro gol inolvidable fue en primera, contra Argentinos Juniors, el año pasado. Me lesioné el tobillo izquierdo y se me hinchó tanto que apenas podía caminar. Entonces, en vez de mandarme a una punta como se hace comúnmente, Zubeldía me colocó de centreforward para contrarrestar al "libero" de Argentinos. Bilardo llegó a la raya, hizo un centro atrás y alcancé a darle de volea, con la derecha, haciéndola pasar por sobre la cabeza de Miguelucci...

 

EN LA LÍNEA DE RUBÉN DÍAZ

En 1964 pasó del Sacachispas a Estudiantes, sobre el cierre del libro de transferencias. Fue campeón con la cuarta y se destacó como defensor - ofensivo - goleador. El pase era a préstamo por dos años, pero en 1965 el club platense lo adquirió en forma definitiva. En la tercera campeona de 1965 Ignomirielo lo ubicó definitivamente como marcador de punta, "para facilitarme las «mandadas» al ataque..." En esa tercera siguió siendo goleador y fue caudillo. Cuando algo no andaba bien Manera tomaba la bandera albirroja y arrastraba al resto con su ejemplo, su fervor y su potencia para llegar a la red. Entrando por la derecha, por la izquierda o por el centro. El fútbol se convirtió en algo mucho más importante que una pasión de pibe. Y eso le impidió completar su bachillerato en el Colegio Nacional N° 13 de Liniers. "Debo algunas materias de quinto... Me hubiera gustado recibirme para ingresar en la Facultad de Derecho..."

En Estudiantes ganó seis títulos. Entre ellos las 3 Copas Libertadores de 1968, 1969 y 1970.

En Estudiantes ganó seis títulos. Entre ellos las 3 Copas Libertadores de 1968, 1969 y 1970.

Este joven de 23 años, correcto, educado, despejado, mantiene sus ojos abiertos y su cabeza levantada cuando pisa la cancha. Pero le agrega una dosis tan enérgica de vigor, de pujanza, de nervio, de "polenta", que su presencia representa, sobre el lateral defensivo derecho de Estudiantes, una inyección tan "revolucionaria" como lo fue la presencia de Rubén Díaz en el Racing de 1966. Como el N° 3 racinguista, Eduardo Luján Manera es un MARCADOR QUE OBLIGA A QUE EL CONTRARIO LO MARQUE. En un fútbol donde la táctica de los punteros retrasados o directamente SIN PUNTEROS suele crearles problemas serios a los marcadores de punta que no tienen hombre a quien marcar y deben proyectarse ofensivamente, con RECURSOS Y MENTALIDAD DE ATACANTES, el 4 de Estudiantes es, A LA DERECHA, LA GRAN SOLUCION que el "Panadero" Díaz incorporó el año pasado, marcando sobre el otro lateral.

 

 

Por Juvenal (1967).

Fotos: Speranza.

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