¡Habla memoria!

1969. “Huracán fabrica ochos para la Selección”

Por Redacción EG · 04 de octubre de 2019

"Tucho" Méndez, "Coco" Rossi, Alberto Rendo y Miguel Ángel Brindisi... el Gráfico reunió a los protagonistas de varias generaciones para recorrer el tiempo y hablar sobre fútbol y Huracán.

El Tucho es como el patriarca de los cuatro... Pero ocurre que la ascendencia que ejerce Tucho no tiene nada que ver con la de aquellos "veteranos" que siempre fueron los mejores y que ahora, ya en el último codo, distribuyen solemnes consejos junto a las cenizas del fogón legendario... Este Tucho gana por simpatía. Conquista por cordialidad. Y hasta en esa ironía que a veces se desliza en su lenguaje salpicado de lunfardo, nunca asoma la carga del sarcasmo sobrador y agresivo... Porque este Tucho, a pesar de esos kilos que le redondean la figura, nunca sabrá ser viejo. Nunca podrá sentirse veterano, a despecho de ese montón de años que lo separan del Beto Rendo y del pibe Brindisi... Es que hay personajes en la vida que siempre serán jóvenes, porque están nutridos de esa savia eternamente fresca que siempre los renueva en la simpleza de su carácter y en la calidez de su afecto... "Vos no te agrandés conmigo, Toscano —le dice risueñamente a Rendo— porque vos sabes que yo te tuve en los brazos".

 

Una mesa que se prolongó por tres largas horas... Que al cabo fueron cortas para todos los años que jugaban. "Tucho" Méndez, "Coco" Rossi, Rendo, Brindisi.

Una mesa que se prolongó por tres largas horas... Que al cabo fueron cortas para todos los años que jugaban. "Tucho" Méndez, "Coco" Rossi, Rendo, Brindisi.

 

Pero esas palabras en la intención de Tucho no pretenden establecer el abismo de una superioridad, como ocurre con la fatuidad de algunos mayores cuando los más jóvenes se atreven a competir con sus opiniones... "¡Cómo vas a hablar conmigo de este asunto, pibe, si yo puedo ser tu padre...!" En la "calidad rea" de Tucho Méndez eso no entra. Aunque la vieja gloria sigue pesando en sus recuerdos, en la pintoresca evocación de sus docenas de anécdotas, en la charla se iguala. Se hace joven. Se vuelve pibe, se torna chiquilín de antes y chiquilín de ahora en el ida y vuelta de la broma intencionada, en el juego de esa picardía "futbolera" que es la misma en Coco Rossi, en Toscano y en Brindisi... Porque además de ese fútbol que los junta, además del símbolo del Globo que los funde en el origen, está el mismo barrio que los acunó... Las piedras de las mismas calles y el barro de los mismos baldíos... En los cuatro está latiendo Parque Patricios con toda su historia, con toda su leyenda... ¿Qué importa el tiempo? ¿Qué importa que hayan cambiado los frentes de las casas, que hayan partido muchos patios perfumados? El misterioso duende de los barrios nunca muere, sigue alentando en el calor de las tradiciones, en la esencia de las gentes, aunque ya no queden charcas para que se mire por las noches la pálida y misteriosa luna de Manzi... El Tucho es como un testimonio de todo aquello. De aquel viejo Parque de la chata y el carrero, de los tiempos del gran Herminio, después de Zoilo y de Onzari. Coco Rossi es más de ahora, cuando ya el Tucho partía... El Toscano es de estos tiempos y Brindisi recién llega... Pero los cuatro están muy juntos, están fundidos en la prosapia de un mismo origen, en el calor de una misma casaca, en la identidad de una misma función y en la coincidencia de defender los colores nacionales cuando, al margen de la juventud de Brindisi, todos eran de Huracán, cuando todos vivían en ese mismo barrio que nunca abandonaron...

LOS HOMBRES

—Mire, ¿ve a estos dos mocosos? —dice Tucho señalando a Coco y a Rendo— Los conozco de cuando empezaron... Al Beto más, porque soy muy amigo del padre de hace muchos años... Amigo del padre y de la casa. Ya le digo, a ese atorrante lo tuve en los brazos... Ahora, a Brindisi no lo conocía hasta este momento, pero lo vi jugar una punta de veces, porque ¿qué le voy a hacer? A Huracán no me lo puedo sacar de adentro, como también me pasa con Racing...

—Tucho..., ¿sabe qué creo yo? Que una vez jugamos juntos... No sé en qué partido, pero me parece que en un picado allá en Huracán... —interrumpe Rendo.

— ¿No ve? Este mocoso se hace el vivo para que piensen que tengo cien años... Puede ser, pero no me acuerdo. Pero te puedo decir que te vi en Huracán desde que arrancaste...

 

"Miren, a ustedes dos sabe cómo los conozco... ¿Qué me van a engrupir?" Y toda la ganadora simpatía de Tucho le baila en la cara cuando se dirige a Coco Rossi y a Rendo…

"Miren, a ustedes dos sabe cómo los conozco... ¿Qué me van a engrupir?" Y toda la ganadora simpatía de Tucho le baila en la cara cuando se dirige a Coco Rossi y a Rendo…

 

— ¿Sabe cómo fui a Huracán, Tucho? Te lo conté a vos, Miguel, hoy —cuenta Rendo—. ¡Qué sé yo! Me habían echado de dos o tres clubes... Pero yo quería jugar en Huracán y no quería que nadie me recomendara... Siempre tuve este amor propio de ahora, siempre me quise mucho a mí mismo. Y eso se lo dije al viejo... "A mí no me lleva nadie. Si gano va a ser por las mías”... Y un día el pibe Cantú, ese que la rompía, que vivía enfrente de casa, me llevó a Huracán. Me probaron y quedé. Y allí me encontré con Coco... ¿No es cierto, Coco...? ¿Se acuerda, Tucho, lo que hacía éste con la pelota...?

Pero Tucho quiere aclarar algo que se deslizó en las palabras de Rendo…

—Un momentito, un momentito... Aclarame eso que dijiste antes… Eso de que te querés mucho a vos mismo... Mirá que eso puede caer mal y puede hacerte parecer egoísta y engrupido... ¿A ver si entendí mal...?

—No..., entendió bien..., Tucho. Yo soy el tipo que más quiere a la gente, que más necesita de la amistad y del afecto de todos, pero pienso que quererse a sí mismo no es egoísmo sino una de las maneras de creer en uno, de fortalecerse, de pelear la mala... Pregúntele a Miguel qué le digo siempre que hablamos. Yo me quiero tanto, creo tanto en mí mismo que nunca me van a achicar ninguna de las contras que se me den en la vida...

 

Brindisi fue el silencioso de la mesa. Apenas intervino en la charla. Sin embargo defendió con calor a la selección. "No creo que Perú sea mejor que nosotros. Y ya vamos a comprobarlo".

Brindisi fue el silencioso de la mesa. Apenas intervino en la charla. Sin embargo defendió con calor a la selección. "No creo que Perú sea mejor que nosotros. Y ya vamos a comprobarlo".

 

Coco Rossi es la contrafigura de Rendo y del Tucho. Siempre su eterna discreción, su lenguaje cuidadoso. Coco es como un mensaje de paz que no necesita exteriorizar, que trasciende de sus movimientos pausados, de la bonhomía de sus rasgos, de esa humilde seriedad que prevalece en todas sus opiniones...

—Mirá, Beto... Yo estoy de acuerdo con vos, pero de pronto en la vida te suceden cosas que no podes aguantar... Fijate lo que me pasó a mí con la selección... Jugué en los amistosos, poco antes de partir para Suecia estaba en el plantel y cuando llegó la hora de viajar me quedé en Buenos Aires... Y ese tipo de injusticias ¿no te dejan amarguras?

—No... Estás equivocado, Coco... A mí Maschio no me eligió para el plantel que él seleccionó... Pero ¿por qué me iba a sentir molesto, por qué me iba a amargar? Rendo no servía para Maschio y al cabo era la opinión de una persona, que yo respeto, pero de una persona y no de todos y menos la opinión que tengo de mí mismo... Y eso se lo dije a Miguel porque también le puede pasar en cualquier momento y perjudicarlo en el aspecto del jugador y del hombre, si no está fuerte para aguantarse la mala... Él tiene que creer primero en Brindisi, después vendrá lo otro…

Este Beto Rendo es singular... Tucho dice aquí en la mesa que "Toscano ganó porque siempre fue inteligente, porque desde los primeros años de Huracán ya mostró viveza para resolver cualquier problema con un toque, con esa picardía para enseguida mostrarse y obligar al compañero a que se la devuelva..." Pero el tiempo demuestra que Beto es eso que Tucho elogia más otro montón de cosas que están metidas en la médula de su carácter... En ese humor chispeante y agudo que nunca posterga la responsabilidad, en la claridad de esa "filosofía" simple que usa para administrar todos los actos de su vida...

 

Una singular historia donde se funden todas las coincidencias... la función, el club de origen, las mismas calles del mismo parque patricios, la casaca nacional... Por eso nos juntamos con los cuatro protagonistas para recorrer el tiempo, desde el ilustre pasado de "Tucho” Méndez hasta la moderna vigencia del pibe Brindisi.

Una singular historia donde se funden todas las coincidencias... la función, el club de origen, las mismas calles del mismo parque patricios, la casaca nacional... Por eso nos juntamos con los cuatro protagonistas para recorrer el tiempo, desde el ilustre pasado de "Tucho” Méndez hasta la moderna vigencia del pibe Brindisi.

 

—Ahí tenés —interrumpe Tucho—, para mí fue apresurado nombrar a Miguel para la selección... Y discúlpeme, Brindisi, porque yo no pongo en duda sus condiciones...

—Y yo comparto la opinión de Tucho —refuerza Coco Rossi—. No le hago cargos a nadie y estoy seguro que Brindisi es ya un gran jugador... Pero cómo él llegó a la selección no era el camino aconsejable... Porque a Brindisi lo llevaron casi como salvador y después de esos veinte que jugó en La Plata, contra Chile, lo peor es que ya se había transformado en salvador para todo el mundo... ¿Y si las cosas le salen mal, como le puede pasar a cualquiera? ¿No lo puede malograr un fracaso a los 18 años?...

—Pero usted, Tucho..., ¿a qué edad entró en la selección? —interrumpe Rendo.

—Sí, entré a los dieciocho, como Brindisi pero con una gran ventaja... Que estaba respaldado por gente grande y con experiencia y que principalmente llegaba en una época ganadora... ¿Te das cuenta? Tucho Méndez no entraba en el equipo para salvar a nadie porque en ese momento había cracks y hombres. Ahora, en el caso de Brindisi es distinto. Aunque te digo una cosa, Coco... Este pibe va a ganar porque tiene un temperamento bárbaro... Porque éste no necesita que lo ayuden... Miré... —y se sonríe con intención — ustedes dos hace un rato me interrumpieron cuando los estaba definiendo... Vos, petiso, ganaste porque siempre fuiste un jugador inteligente y siempre sacaste ventaja de esa mayor claridad mental... Una pelota dividida, vos la tocás, y te mostrás otra vez, y la volvés a tocar, y ya es negocio resuelto... El Coco fue el jugador más habilidoso que vi en vida, capaz de hacer con la pelota cualquier cosa. . . Pero de los tres, Brindisi es que más se parece a mí. Por temperamento, por tranco, porque va atrás a buscarla y hasta es capaz de tirarse a los pies para conseguirla. Pero después la mirada puesta allá enfrente, en la vereda de los tres palos... Y por eso va a ganar, porque hacen falta jugadores como él...

 

La serenidad y la sencillez que Coco seguirá manteniendo por toda la vida... "Pero vos sabés, Tucho, que para mí lo más grande siempre será Pedernera''. En eso está reflejado el fútbol que jugó...

La serenidad y la sencillez que Coco seguirá manteniendo por toda la vida... "Pero vos sabés, Tucho, que para mí lo más grande siempre será Pedernera''. En eso está reflejado el fútbol que jugó...

 

—Pero usted sabe, Tucho, que yo hacía goles en la primera época de Huracán. Y hasta los hacía jugando de puntero derecho, ¿se acuerda...? Después las obligaciones lo cambian a uno, pero si como usted también reconoce que tengo claridad para resolver en medio de la cancha, ¿por qué no lo puedo hacer en el área? —se defiende Beto.

— ¿Y vos te creés que Coco no podía ha sido también goleador, con la habilidad que tenía y la justeza para pegarle a la pelota a veinte y treinta metros...? Pero, es la forma de ser de cada uno, el temperamento… Contá, Coco, ¿qué pasó en el primer partido que jugamos juntos cuando yo volví a Huracán…? Yo tenía entonces como treinta y seis pepinos..., ¿te acordás? Empieza el partido y le digo serio... "Mirá, aquí no hace falta que te quedes atrás... Tomátela no más y andate adelante que yo me quedo último..." ¿Sabe qué pasó? Que a los diez minutos de juego me doy vuelta y me lo veo a Coco atrás mío... Este nació para número cinco, para trabajar para los otros, porque así es en la vida también... Bajó para ayudarme a mí, como lo hizo toda la vida con todos los compañeros que tuvo...

—No... —contesta Coco abrumado por los elogios—. Yo me refiero a las injusticias, a los manoseos, que siempre existieron... ¿Con cuántos técnicos capaces tropieza el jugador? ¿Cuántos chicos se perdieron y se siguen perdiendo por esos motivos...?

 

El jugador y el fútbol

"¿Cómo definiría usted, Tucho, la importancia de su triunfo en el fútbol?" Y nosotros le tiramos la pregunta justamente para actualizar la discusión de este tema que los toca a todos los que están en la mesa...

— ¿Por qué? Porque después de un tiempo llegue a la conclusión de que, tal vez sin proponérmelo, me había adelantado al fútbol de mi tiempo... Y no vayan a creer que fue cosa solamente mía... Llegué a la primera de Huracán acompañado de gente grande, purrete, pero respaldado lo mismo que en la selección... Jugaban Perdomo, Herminio, Baldonedo y Plácido Rodríguez... Y como el Tuchito era liviano y veloz, Masa y Baldonedo y Alberti —que fue un jugador bárbaro— me gritaban siempre... "Pique, Tucho, métale que no lo agarra nadie..." Y así empecé a picar, a meter para adelante, como ahora lo hace Brindisi. No me paraba nunca. Iba y venía, atrás y adelante... Y a medida que fui creciendo y andando en el fútbol más creía en la mía... ¿Por qué? Porque los hechos me daban la razón. Y después cuando fui a Europa con la selección y con Racing, volví con un convencimiento todavía mayor... Y si no pregúntele a Di Stéfano cuando estuvo a préstamo en Huracán... Él picaba, pero yo picaba más que él y hasta le obligaba a seguirme en el ritmo, porque arrancando desde atrás llegaba más cerca de los tres palos...

—Entonces ¿para usted el fútbol cambió?

—Siempre irá cambiando... Para mí ya había cambiado en mi época. Al margen de los grandes jugadores que tuve por compañeros... ¿Y vos qué decís Beto?

—Y yo pienso como usted Tucho, que en estos once años que llevo como jugador todo está cambiado... Cada vez hay menos libertad para jugar y cada vez hay que ingeniárselas más para resolver una jugada y más para resolver un partido... De todos modos, sigo pensando que siempre serán fundamentales los buenos jugadores...

—Pero, no te olvides de una cosa... Que todo el mundo se aviva y por eso las distancias se acortan. Y que, jugadores que antes eran fenómenos, hoy tendrían problemas para ganar... porque se achica más el terreno, porque la marca es más dura y porque se busca más destruir...

Coco Rossi escucha en silencio... Pero al cabo cruza su opinión que debe estar metida en el fondo de sus convicciones...

—Mirá Tucho... Para mí este es un problema de conducción, de maestros. ¿Cuál es el problema de la gente que enseña en nuestro país...? Que todos o la gran mayoría quiere la primera porque se paga bien y porque se mantiene el prestigio... Vamos a admitir que no sale un Pedernera, un Moreno, un Tucho Méndez...

 

“Están equivocados... Yo digo que me quiero a mi mismo pero no por vanidad, sino porque creo que esa es la única manea de lo entregarse en la mala.” La gran personalidad de Toscano, su gran amor propio.

“Están equivocados... Yo digo que me quiero a mi mismo pero no por vanidad, sino porque creo que esa es la única manea de lo entregarse en la mala.” La gran personalidad de Toscano, su gran amor propio.

 

—Este la tiene siempre con Adolfo, porque es el ídolo, pero ya te lo dije cien veces, Coco —y se sonríe con intención—, Adolfo fue la Biblia del fútbol, pero Pontoni fue el mejor centro forward…

—Bueno, está bien, pero para mí será siempre Adolfo... Y ahora, te sigo el tema... Creo que jugadores salen todos los días, porque Brindisi es de ahora. ¿Pero qué faltan? Faltan maestros, gente con experiencia que trabaje con los pibes... Y... ¿cuánto pagan para esa función? ¿Quién la valora? ¿Quién se fija en un técnico que trabaje en inferiores aunque ese tipo pierda tres y cuatro horas enseñando...? Para mí, aunque el jugador nace, la obra que tenemos que enfrentar es esa. Hay que pulir, ampliar conocimientos. Yo estoy en Quilmes, con los pibes... Me encuentro con muchos que ya llegan con condiciones, pero les hace falta la influencia de un maestro que corrija los defectos, que los mejore en lo que ya tienen. Por ejemplo, ayer me pasé una hora con un chico que va arriba a cabecear con los ojos cerrados... Y eso hay que corregirlo de purrete porque de grande ya es imposible...

—Usted, Brindisi, ¿se encontró con maestros?

Miguel Brindisi es más silencioso que Coco. Sigue la charla con atención, nunca se atreve a intervenir, pero ante esta pregunta reacciona con sincera y entusiasta espontaneidad...

—Mire,... yo tuve a don Renato que me dejó mil enseñanzas, que se pasó horas trabajando conmigo... Pero ¿sabe qué pasa? Que cuando uno es muy joven recién se acuerda del maestro cuando se encuentra frente al error que ya trataron de corregirle...

Coco no se traiciona en su pureza. .. Cree en los pibes, cree en la habilidad... "Para mí no hay un delantero como el Bambino Veira" dice con admiración...

Y está la coincidencia de Toscano... "Veira y Sanfilippo para ponerla adentro... Otros dos como esos no vi..."

Tucho es más práctico, así como ya lo era en su tiempo... "El último gran equipo es Racing del 66... Pizzuti los juntó y los mandó para adelante. Y ahí había de todo... Figuras, medias figuras, regalados ¿y? A eso es lo que yo llamo picardía... Pasaron el trapo con el único fútbol que vale, con el que va para adelante..."

—Mire, Tucho, para mí Racing llegó a lo que llegó porque en la media cancha contaba con dos tipos bárbaros para el ritmo de juego que tenía el equipo... Rulli y Mari te mataban corriendo y corriendo los noventa minutos... De todas maneras yo me quedo con San Lorenzo, con el fútbol que hicimos nosotros el año pasado... ¿Por qué? Porque teníamos más fútbol que todos los de-más. Y la mejor demostración es que con nosotros Estudiantes no pudo nunca, aún en su mejor momento... Pero quédense tranquilos que vamos a volver porque tenemos la misma gente para poder hacerlo...

Aquí en la mesa, a pesar de la vestimenta ciudadana, ninguno de los cuatro traiciona su manera de sentir el fútbol. Ese número ocho que los identifica, esa posición en la cancha que los iguala, se desvirtúa en la manera de interpretar el libreto... Coco y Rendo se confunden en la misma esencia, en el mismo sentimiento... Tucho y Brindisi —aunque Brindisi no lo exprese con la misma elocuencia de los demás— se encuentran a despecho de los largos años que los separan. .. "Este es el que se parece más a mí —dijo Tucho cuando los definió a todos... La inteligencia y el toque de Beto, la habilidad insuperable de Coco, el pique y el temperamento agresivo de Brindisi...

Es que ese número ocho que los une a los cuatro admite y exige la variedad de todos esos impostergables matices que difícilmente podrán ser patrimonio de un solo individuo... Ahora Tucho sigue revisando el archivo inagotable de sus anécdotas... Aquella vez que en el sudamericano del cuarenta y cinco cuando reemplazó a De la Mata, cuando todavía era un chiquilín... Aquella otra vez que... Siempre la chispeante alegría de su carácter eternamente joven, siempre el accesorio principal de la nota cómica, siempre la picardía que baila en los ojos y en la sonrisa y en la intención de su pintoresco lunfardo...

 

4 décadas de buen juego en Huracán: Méndez, Rossi, Rendo y Brindisi se reunieron para hablar de fútbol y pasar un buen momento.

4 décadas de buen juego en Huracán: Méndez, Rossi, Rendo y Brindisi se reunieron para hablar de fútbol y pasar un buen momento.

 

Ahora, sobre el final de la charla, no es necesaria la formalidad de las preguntas habituales... "Ni para dónde va Tucho, ni para dónde vas Beto, ni dónde te arrimo Coco, ni dónde te dejo Miguel Ángel..." Los cuatro van para el mismo lado, los cuatro se van hacia las mismas calles de la infancia. Hacia el mismo viejo Parque Patricios donde sigue ese mismo duende que los junta a los cuatro en las mismas tradiciones... Allá, donde también está ese mismo Huracán que está metido en la historia de los cuatro... Cuando el Tucho era tan chiquilín como lo es este Brindisi de ahora...

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