¡Habla memoria!

1974. Eduardo Commisso: ¡Silenciosamente!

Por Redacción EG · 23 de septiembre de 2019

Eduardo Antonio Commisso y un recorrido por sus años de gloria en Independiente, donde alcanzó lo máximo al ganar la Copa Intercontinental de 1973. Una leyenda del Rojo recibió a El Gráfico.

Tema complicado este del éxito, de la popularidad. Al menos de ese reconocimiento que uno le exige a los demás para con las condiciones que uno se atribuye. ¡Ah! ¡Cuántas veces me enfrenté a este mismo tema con tantos jugadores! Porque yo estoy plenamente convencido de que todos, todos sin excepción, ambicionan la notoriedad. Al menos la recompensa de un aplauso, el halago de una foto espectacular en la portada de una revista o en una pantalla de televisión. ¡Caray! Porque, al cabo, los jugadores participan de ese mundo excitante y turbador del espectáculo. No son los empleados de oficina o los obreros de una fábrica por quienes nadie experimenta la atracción por verlos frente a un libro de entradas y salidas o en plena tarea frente a una mesa de soldadura autógena, por ejemplo... Es que no se juega al fútbol exclusivamente por el apetito del dinero, que ésa es la explicación maliciosamente intencionada que circula por ahí... Antes y después del premio en efectivo, se sueña con el elogio, el aplauso, la distinción... Marina, la mujer de Commisso, se explica con toda la carga de su afecto, "que Eduardo no alcanzó más notoriedad por su carácter retraído, porque siempre fue poco inclinado a mostrarse frente al aparato tumultuoso de la publicidad..." Porque, entre los motivos que me trajeron a este rincón de Wilde, a la casa de Commisso, figura justamente ése... Las ganas de decirle... "A ver, Eduardo..., usted hace como cinco años que está en la primera de Independiente... Pero ¡qué cinco años! Dos veces campeón metropolitano, otras dos campeón de América, una vez ganador de la copa Interamericana y, por último, CAMPEON DEL MUNDO... ¿O no es así? Usted, Eduardo, alcanzó, sin ninguna duda, todas las ambiciones a que puede aspirar un jugador... ¡Ah!, me olvidaba... También fue designado para la selección nacional... Más le voy a decir... Ahora que se fue Pepé Santoro, después del Chivo Pavoni, usted es el jugador con más antigüedad en el plantel... Y siempre titular, nunca reemplazado, menos puesto en duda... Y sin embargo, conforme a todo eso, usted... ¿cómo le puedo decir?... Porque cuesta aventurarse a la pregunta..." Me acuerdo que una vez se la formulé a Simeone, cuando el éxito de Boca en el sesenta y tres... Pero el Cholo me respondió con la estruendosa carcajada de su optimismo, limpio de adentro, liberado de ataduras de ese tipo... El Cholo vivía para afuera, con el desenfado de amenazar con una chilena a los palcos bajos de Boca. Y, en una de ésas, hasta a los del último piso... En cambir Commisso es silencioso, discreto, como dice Marina, su mujer, que sin ninguna duda, fo conoce mejor que yo. Carece de explosiones insólitas. Aquí, en este rincón de su casa, vuelvo a comprobar esos matices de su personalidad. La misma que trasciende en las reuniones que compartí, en la vida del vestuario, en la sumaria sobriedad de sus declaraciones, la que se le advierte en la cancha... Porque los jugadores se dividen en grandes grupos, al margen de los genios y los mediocres. Están los que se ven y los que no se ven o se ven menos... Están los brillantes y los simples... Están los espectaculares y los correctos... ¿A usted qué le parece, Eduardo.. ?

Su mujer, Marina. La piba mayor, Adriana y Natalia. La familia es lo más importante.

Su mujer, Marina. La piba mayor, Adriana y Natalia. La familia es lo más importante.

 

DE LA MANO DE DON ADOLFO

No sé cómo explicarle... Tal vez tenga un poco de razón mi mujer... Siempre fui bastante retraído para todo... Aunque no crea que me siento contrariado por la falta de publicidad... Me gustarla como a cualquiera, pero estoy muy satisfecho por lo que alcancé... Por todo lo que alcancé, que es mucho... Yo nací en Crucesita, en Avellaneda... ¿Usted antes me preguntaba por el origen de mi apellido? Mi padre es calabrés, bien del sur de Italia... Fue metalúrgico y me mandó al secundario hasta que yo decidí abandonar los estudios e ir a trabajar... Entré en un taller de encuadernación pero quería el fútbol. Quería ser jugador de verdad... A los trece años me llevaron a Independiente y de ahí no sali más... ¿Cómo fui cuatro? Porque así lo quiso un delegado que tenía en la sexta.. Y así seguí... Estaba en la tercera todavía cuando me casé... Tenía veinte años... Y me llegó el día, el día que sueñan todos los jugadores... Y se lo debo a un hombre a quien le estaré agradecido toda mi vida... Fue a mediados del sesenta y nueve y el técnico de la Primera era Pedernera... ¿Se acuerda? Don Adolfo me vio jugar y desde hacía un tiempo me hacía entrenar con el plantel de primera... Un jueves, después de radicar en la cancha de La Bernalesa, me llamó a9arte y me dijo que al domingo siguiente entraría en el equipo contra River... No importa mucho las indicaciones técnicas, pero me acuerdo más de los consejos humanos que me dio... Y los que me siguió dando mientras estuvo en el club... Que en ese puesto debía ser lo más simple posible. No complicarme nunca con la pelota ni complicar a mis compañeros. Resolver todas las situaciones con el recurso más fácil siempre. Que así iba a triunfar. Ese domingo, no sé si usted se acuerda, le ganamos a River uno a cero, con un gol del Chivo Pavoni... Me tocó marcar nada menos que al Pinino y creo que me fue bastante bien... Lo más importante es que desde ese domingo no salí más de la primera... Tuve muchos halagos después, sólo que uno nunca se olvida de ese día. Y menos me padre olvidar de don Adolfo, que me dio la primera y gran oportunidad. Además, calcule oue ya estaba casado"...

La recompensa máxima. La Copa Intercontinental frente al Juventus. Y uno advierte al emotivo en la explosión del triunfo, aunque después vuelva a replegarse en ese pudor por manifestarse.

La recompensa máxima. La Copa Intercontinental frente al Juventus. Y uno advierte al emotivo en la explosión del triunfo, aunque después vuelva a replegarse en ese pudor por manifestarse.

 

EL CONTAGIO DE LOS MAYORES

Mil novecientos sesenta y nueve. Pepé, Monges, Garisto, Pavoni, Bernao, Chirola, el Pato, Tarabini, Raimondo, de la Mata... Después fueron llegando el Zurdo, Pancho... Cada vez más sólido el grupo dentro y fuera de la cancha... Así, en el setenta, se inauguraba tu segunda parte ilustre de la historia... Entonces eran los veinte años de Comisso...

"Y estoy convencido de que eso fue lo que más influyó en mi vida... El colegio de todos ellos. La suerte de haberme construido dentro de ese grupo... Aprendí lo más importante para mi formación... Sentirme jugador de equipo. Aprender el significado de esa responsabilidad. Porque ellos, que eran figuras, y, más si los comparaba conmigo, me dieron ese ejemplo... Pero ¿quién se sentía figura dentro del plantel? Ninguno. A jugar, pero a jugar en serio... Nadie se sentía crack dentro de la cancha, aunque uno fuese más que otro. Llegaron el Zurdo López, Pancho, el Polaco Semenewicz, ahora Bochini, Bertoni, Balbuena y usted ve que eso sigue... Tal vez porque el plantel se fue renovando de a poco y por eso la mentalidad se mantiene... Fíjese que nosotros no hemos modificado en mucho la manera de pararnos en la cancha?, el funcionamiento... Se fueron algunos muy importantes, pero se fueron reemplazando sin que se resintiera mucho el equipo ¿Usted me pregunta a mi si me siento contrariado por la falta de publicidad? ¿Y Raimondo, entonces? ¿Y el Polaco Semenewicz? ¿El Mencho Balbuena? Yo estoy convencido de que Independiente no es un equipo espectacular sino de rendimiento... Entre lo complicado y lo simple se elige siempre la más simple... ¡Sabe qué jugador es el zurdo López dentro de la cancha! Sir: llamar mucho la atención, desde el fondo ordena todo, le indica todo... Fíjese que casi nunca mira la pelota ni al que la trae, sino a los que pueden recibir... Bochini, con su habilidad, puede tirar cien, caños pero no los tira sino cuando hace falta porque en seguida adaptó al pensamiento de todos... Le digo que nos conocemos tanto que ya atrás jugamos casi de memoria... Porque yo sé cuándo puedo salir porque el Polaco se cubre, que el Zurdo va a cruzarse a la espalda mía... Que Mencho me va a correr al puntero de mi lado... Que lo mismo hace Bertoni del otro lado... Mire, hace poco, cuando fuimos a jugar a Chile, tuvimos una reunión de todo el plantel... Fue para hablar de la responsabilidad a que nos teníamos que obligar frente al comienzo de la Copa... Y ahí tiene usted... Jugamos dos partidos en cuarenta y ocho horas Y algunos, tres en meras de una semana... Todos dicen que Independiente es un equipo de oficio, pero usted lo vio correr el día de Peñarol en Montevido y después en la noche contra Huracán... Faltaban dos minutos y el Mencho seguía picando..., ¿no lo vio? Perico, Bertoni, estaban en una pierna y seguían en la cancha... Pancho jugó con un, tobillo inflamado y aguantó hasta el final, lo mismo que Gay...

Sobriedad, temperamento, marca y oficio para los cruces v el abanico, Todo en la síntesis de su simple argumento para resolver sin complicarse él ni complicar al equipo. Como en el consejo de don Adolfo... Así colaboró en el éxito de Independiente por cinco años.

Sobriedad, temperamento, marca y oficio para los cruces v el abanico, Todo en la síntesis de su simple argumento para resolver sin complicarse él ni complicar al equipo. Como en el consejo de don Adolfo... Así colaboró en el éxito de Independiente por cinco años.

 

Dsiputando un clásico frente a Boca en La Bombonera.

Dsiputando un clásico frente a Boca en La Bombonera.

 

 

ES ASI, SENCILLAMENTE, COMISSO.

La media tarde. Adriana y Natalia, las dos pibas de Eduardo, ya concluyeron la siesta... Adriana ya revolotea entre los brazos del padre. ¡No! Hablar ahora de fama, notoriedad, publicidad, es risueñarnente absurdo... Los pibes de todo eso no entienden nada. Además, me gustó esa reflexión de Commisso... Independiente no es un equipo espectacular sino de rendimiento... ¿Y Raimondo, entonces? ¿Y el Polaco? Mencho?... Mejor no le pregunto más nada. Que se quede así anónimo en ese rincón tan confortable de su casa con su familia... Por otra parte, creo que me despido sabiendo mucho más de lo que yo creía... De acuerdo, Eduardo... Es, sen-ci-Ila-mente Commisso... Dos veces campeón metropolitano, otras dos campeón de América, una vez la Interamericana y, además, campeón del mundo... Hasta la próxima copa. Tal vez hasta la próxima.

 

 

Por OSVALDO ARDIZZONE (1974).

Fotos: ALFIERI.

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