¡Habla memoria!

2007. Copa América: ya es trauma

Por Redacción EG · 03 de julio de 2019

Dura derrota de la Selección frente a Brasil en la final de la Copa América organizada por Venezuela. Fue 3 a 0 con goles de Baptista, Ayala en contra y Dani Alves. Fue la segunda final perdida en 3 años frente a la Verdeamarela.

Dicen que el primer pa­so pa­ra su­pe­rar un pro­ble­ma es re­co­no­cer­lo. Qui­zás sea el mo­men­to de ad­mi­tir que Ar­gen­ti­na tie­ne uno. Y bas­tan­te inquietante: ga­nar­le a Bra­sil se ha trans­for­ma­do en un trau­ma. La úl­ti­ma Co­pa Amé­ri­ca fue una mues­tra más de lo can­den­te que es­tá el sín­dro­me ver­dea­ma­rel­ho.

De otra for­ma, se­ría di­fí­cil en­con­trar­le ex­pli­ca­ción a lo que pa­só en Ve­ne­zue­la, en don­de la Se­lec­ción vol­vió a que­dar­se en la puer­ta de al­go gran­de, un sue­ño que ha­bía si­do bien ali­men­ta­do por sus pro­pias per­for­man­ces y por la ca­li­dad de los ju­ga­do­res en can­cha.

El equi­po de Ba­si­le po­co me­nos que se pa­seó du­ran­te to­da la Co­pa, go­leó a to­dos sus ri­va­les (sal­vo Pa­ra­guay, pe­ro con su­plen­tes) y lle­gó me­re­ci­da­men­te a la fi­nal. Has­ta po­día dar­se el lu­jo de ga­nar­la ju­gan­do mal, que igual el equi­po iba a ser re­cor­da­do co­mo aquel del 91, por la so­bre­do­sis de ta­len­to­sos, su poderío ofensivo y por al­gu­nos de los go­les (go­la­zos) que me­tió.

Del otro la­do, el cu­co, co­mo en 2004, lle­ga­ba con un equi­po B y a los tum­bos: ve­nía de pa­de­cer con­tra Uru­guay en las se­mis (Pa­blo Gar­cía des­per­di­ció un match-point en los pe­na­les), ya ha­bía per­di­do con­tra Mé­xi­co en el arran­que y no ha­bía lo­gra­do dar mues­tras de ser un equi­po con­fia­ble, sal­va­do ca­si siem­pre por la ma­gia de Ro­bin­ho. Pa­ra col­mo, su ca­pi­tán y me­jor ju­ga­dor, Gil­ber­to Sil­va, es­ta­ba sus­pen­di­do y no po­día ju­gar la fi­nal. En Maracaibo, los pe­rio­dis­tas bra­si­le­ños da­ban a la Ar­gen­ti­na co­mo can­di­da­ta en pro­por­ción de 9 a 1.

¿En­ton­ces?

Que fi­na­les son fi­na­les y clá­si­cos son par­ti­dos apar­te, eso es­tá cla­ro. Pe­ro sin Ka­ká, sin Ro­nal­din­ho, sin Lu­cio, sin Zé Ro­ber­to, sin Ro­nal­do, sin Di­da, y con ju­ga­do­res co­mo Vag­ner Lo­ve, que di­fí­cil­men­te vuel­van a in­te­grar el Scratch, el apa­ren­te­men­te dis­mi­nui­do Bra­sil se co­ro­nó cam­peón de Amé­ri­ca con pas­mo­sa na­tu­ra­li­dad.

La decepción de Basile y de Messi, quienes no le encuentran respuestas a la derrota.

La decepción de Basile y de Messi, quienes no le encuentran respuestas a la derrota.

El equi­po de Dun­ga no só­lo ga­nó si­no que en­ci­ma lo hi­zo con­tun­den­te­men­te. No de­jó du­das. Y tu­vo un plan de vue­lo que se eje­cu­tó con pre­ci­sión má­xi­ma. El jue­ves an­te­rior a la fi­nal, en el ho­tel Del La­go de Ma­ra­cai­bo, Dun­ga se en­ce­rró en una ha­bi­ta­ción con Jor­gin­ho, su ayu­dan­te de cam­po, pa­ra cra­near có­mo anu­lar to­dos los cir­cui­tos ar­gen­ti­nos. Sa­lie­ron a la una de la ma­dru­ga­da, tras cin­co ho­ras de pla­ni­fi­ca­ción de­ta­lla­da. “Me ba­sé en la Ita­lia de Lip­pi”, di­jo.

En la can­cha, ese Bra­sil obre­ro fue un neu­tra­li­zan­te pa­ra cual­quier ti­bio in­ten­to de la Se­lec­ción, que nun­ca su­po en­con­trar va­rian­tes y ba­jó los bra­zos man­sa­men­te. Ba­si­le pre­fi­rió ad­he­rir­se a una fra­se ca­rac­te­rís­ti­ca de su im­pron­ta: “En las fi­na­les ga­na el que se le­van­ta me­jor”. Pe­ro si, co­mo él di­jo, en el en­tre­tiem­po te­nía que ha­ber he­cho sie­te cam­bios, ¿no se­rá que fa­lló al­go más que las pres­ta­cio­nes de los ju­ga­do­res?

Ha­ber per­di­do no es ni pue­de ser un dra­ma, pe­ro sí tie­ne que ser­vir pa­ra en­con­trar res­pues­tas mirando al fu­tu­ro, el ver­da­de­ro ob­je­ti­vo de es­te gru­po de ju­ga­do­res y cuer­po téc­ni­co.

DI­FE­REN­CIAS MAR­CA­DAS

Des­de el año 1994, los bra­si­le­ños nos sa­can una ven­ta­ja de 8-0 en tí­tu­los lo­gra­dos con la se­lec­ción ma­yor. Tres de esas co­pas las ob­tu­vie­ron en con­fron­ta­cio­nes di­rec­tas con­tra la Se­lec­ción. To­do em­pe­zó en aque­lla pe­lo­ta que ba­jó Adria­no en Pe­rú, por la Co­pa Amé­ri­ca 2004.

Pre­ci­sa­men­te, Car­li­tos Te­vez –pre­sen­te en aquel par­ti­do– fue el úni­co que se ani­mó a ha­blar de lo que pa­ra él ha­bría si­do una re­van­cha, pa­la­bra a la que to­dos le es­ca­pa­ron, aun­que igual su­bra­yó que ga­nar­les a los bra­si­le­ños en Ve­ne­zue­la no iba a ha­cer­le ol­vi­dar có­mo se per­dió en Pe­rú. Aho­ra, el te­ma se pro­fun­di­za.

La postal que nadie pensaba: los jugadores argentinos como espectadores de otro triunfo brasileño. Con todo a favor, la Selección volvió a quedarse en la puerta.

La postal que nadie pensaba: los jugadores argentinos como espectadores de otro triunfo brasileño. Con todo a favor, la Selección volvió a quedarse en la puerta.

Fue otra de­rro­ta 3-0, co­mo el amis­to­so que se ha­bía ju­ga­do en sep­tiem­bre de 2006. Fue otra de­rro­ta por tres go­les, co­mo el 4-1 que ha­bía su­fri­do el equi­po de Pe­ker­man en la Co­pa de las Con­fe­de­ra­cio­nes. Diez goles en los últimos tres partidos. Lo peor de to­do, qui­zás, es la sor­pren­den­te nor­ma­li­dad con la que se pa­só del triun­fa­lis­mo –en la gen­te, no en los ju­ga­do­res– al de­rro­tis­mo, a di­ge­rir que con­tra Bra­sil, si no es en Buenos Aires, se pier­de y pun­to.

Si a ni­vel clu­bes siem­pre se di­ce que la men­ta­li­dad ga­na­do­ra se con­ta­gia de los gran­des a los jó­ve­nes, ¿se­rá pa­ra preo­cu­par­se que ha­ya un mix de ju­ga­do­res de tres ge­ne­ra­cio­nes dis­tin­tas que no se­pan lo que es ga­nar un tí­tu­lo con la Se­lec­ción ma­yor?

Por otra par­te, la sen­sa­ción de que Ar­gen­ti­na tie­ne el me­jor equi­po y jue­ga el me­jor fút­bol de cada tor­neo se for­ta­le­ce, tan­to co­mo lo ha­ce un an­te­ce­den­te que tam­bién es pa­ra preo­cu­par: en el momento clave, se tilda. Des­de el Mun­dial 98, con­tra In­gla­te­rra (y por pe­na­les), que no le ga­na un par­ti­do a un equi­po eu­ro­peo de cla­se A. Per­dió contra Ho­lan­da en esa Copa, con­tra In­gla­te­rra en 2002 y con­tra Ale­ma­nia en 2006, equi­po al que tam­po­co pu­do de­rro­tar en la Co­pa de las Con­fe­de­ra­cio­nes.

Dunga se mostró muy respetuoso y saludó a los argentinos uno por uno. Aquí, con Román.

Dunga se mostró muy respetuoso y saludó a los argentinos uno por uno. Aquí, con Román.

Es una lás­ti­ma, por­que el que pa­re­cía ser el mo­men­to jus­to co­mo pa­ra ini­ciar una re­cu­pe­ra­ción ar­gen­ti­na co­man­da­da por Mes­si y Ri­quel­me (re­cu­pe­ra­ción que igual­men­te iba a te­ner que ser re­fren­da­da con­tra un ver­da­de­ro Bra­sil, no lo ne­gue­mos), ter­mi­nó acre­cen­tan­do el trau­ma de que­dar­se siem­pre a las puer­tas de al­go. No hay na­da más pe­li­gro­so que em­pe­zar a con­ten­tar­se con ser cam­peo­nes mo­ra­les.

MIRANDO AL FUTURO

Ahora, el úni­co ob­je­ti­vo vi­si­ble de Ba­si­le es el Mun­dial 2010 y ha­cia eso se de­ben reo­rien­tar los ca­ño­nes. Fal­ta mu­chí­si­mo, pe­ro hay que em­pe­zar a de­fi­nir co­sas ya mismo.

La de­rro­ta pa­re­ce ha­ber arras­tra­do a Ro­ber­to Aya­la, quien anunció in­ter­na­men­te su re­ti­ro in­ter­na­cio­nal tras un ré­cord de 115 pre­sen­cias. Se­rá difí­cil reem­pla­zar­lo, pe­ro me­jor aho­ra que tener que hacerlo en 2009. Y qui­zás la ola tam­bién se ha­ya lle­va­do con­si­go a Juan Se­bas­tián Ve­rón, en lo que ha­bría si­do un re­tor­no efí­me­ro, si se con­fir­ma su in­ten­ción de de­jar­le pa­so a los más jó­ve­nes, tal cual de­cla­ró en ca­lien­te.

También hay du­das re­la­cio­na­das con la edad de al­gu­nos de los in­te­gran­tes del plan­tel, y que se am­pli­fi­can des­pués del re­sul­ta­do ad­ver­so.

¿De­be se­guir Ab­bon­dan­zie­ri de ti­tu­lar –es­tá por cum­plir 35 años– o hay que em­pe­zar en pen­sar en dar­le ro­da­je a Ca­rri­zo mirando a Sudáfrica? ¿Es Hein­ze un la­te­ral ap­to pa­ra los es­que­mas que pro­po­ne Ba­si­le o sir­ve más co­mo cen­tral? ¿Qué reem­pla­zan­tes de Za­net­ti o Iba­rra se per­fi­lan pa­ra la fran­ja de­re­cha? ¿Qué al­ter­na­ti­vas hay por iz­quier­da? ¿El su­plen­te de Cres­po es Die­go Mi­li­to o es Te­vez, de ca­rac­te­rís­ti­cas to­tal­men­te dis­tin­tas? ¿Si no jue­ga Ri­quel­me, va a ha­ber en­gan­che? ¿Y quién se­ría ese enganche? ¿Un clá­si­co co­mo Ai­mar o un re­po­si­cio­na­do co­mo Mes­si, que en la Se­lec­ción rin­dió mu­cho más ju­gan­do abier­to por de­re­cha?

Bicampeones. Fue la cuarta Copa América ganada por Brasil de las últimas cinco.

Bicampeones. Fue la cuarta Copa América ganada por Brasil de las últimas cinco.

El te­ma de te­ner la­te­ra­les de pro­yec­ción, so­bre to­do pa­ra el 4-3-1-2 que quie­re Ba­si­le, es cla­ve: fue uno de los pun­tos fuer­tes de Bra­sil, con Mai­con y Gil­ber­to, y apa­re­ce co­mo uno de los gran­des dé­fi­cit del fút­bol ar­gen­ti­no. Pau­lo Fe­rra­ri es el gran can­di­da­to a su­mar­se al gru­po, pe­ro por iz­quier­da fal­tan nom­bres de re­fe­ren­cia. El me­dio­cam­po pa­re­cie­ra es­tar des­ti­na­do a que de al­gu­na for­ma coe­xis­tan Mas­che­ra­no y Ga­go: los dos de­mos­tra­ron que pue­den com­ple­men­tar­se y balancear mejor al equipo.

Mien­tras tan­to, ha­brá que se­guir re­zan­do no cru­zar­se con­tra Bra­sil. Y que en al­gu­na fi­nal to­que Mé­xi­co, equi­po que, si de trau­mas se tra­ta, con­tra Ar­gen­ti­na tie­ne uno que ya pa­re­ce in­cu­ra­ble. Es­pe­re­mos que el nues­tro con los bra­si­le­ños no lle­gue a tan­to.

 

Posiciones finales.

Posiciones finales.

 

Por Martin Mazur  

Estadisticas: Roberto Glucksmann

Fotos: Photogamma

 

El camino a la final

 

Argentina - Estados Unidos

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Argentina - Colombia

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Argentina - Paraguay.

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Argentina - Perú.

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Argentina - México

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Argentina - Brasil

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