¡Habla memoria!

1939. El retiro del gran Enrique Guaita

Por Redacción EG · 15 de mayo de 2019

Uno de los jugadores más destacados de la década del 30 ponía punto final a su exitosa carrera como futbolista. Brilló en Estudiantes, Racing y Roma. Fue Campeón del Mundo con Italia en 1934.

Un discurso, una medalla de oro, la mano que se tiende trémula y los párpados que cierran paso a la humedad. Después, algunas referencias periodísticas. Todo ha pasado. Del sueño al recuerdo a través de una docena de años. En aquella línea, al ladito de Nolo...; en aquel quinteto en que también estaban Zozaya, Scopelli y Lauri... Cha, que se jueron lejos esas tardes... Y no es que se hayan ido; lo malo es que no güelven... Pero la vida no tiene marcha atrás a no ser con una evocación. Ella va para adelante, como vos ibas, Indio, cuando Nolo te la cortaba para que te metieras... No...; no te apenes ahora... Algún día tenía que ser... ¿No ves que ya Padilla juega de tanto en tanto y que los noventa minutos se le alargan...? Nolo Ferreira hace un rato que pasa revista a papeles amarillentos de tiempo, Lauri y Scopelli andan por otros campos en donde, con menos, aún se tira...

Algún día tenía que ser, Indio, y no valía la pena empecinarse contra lo que está más allá de las humanas posibilidades. Pero queda el derecho de ir extrayendo de entre el humito que se levanta en el fogón del retiro aquellas imágenes que surgen con el esplendor de los años juveniles.

Enrique Guaita nació en Entre Ríos en 1910, debutó profesionalmente en Estudiantes en 1931, donde se retiró en 1939.

Enrique Guaita nació en Entre Ríos en 1910, debutó profesionalmente en Estudiantes en 1931, donde se retiró en 1939.

Guaita se retiró del fútbol. Había sido de aquella línea... ¿Vamos a contar otra vez sus hazañas?... Tantas veces los escribas de la redonda la hemos mencionado que el libro está llenito y hasta con escritos entre líneas. No hay figura, ni imagen, ni elogio que no se le haya hecho. Está todo dicho, pero a veces nos empeñamos en decir algo más aunque sea redundancia.

Duro, fuerte, veloz, guapo, suplió con esas condiciones la habilidad depurada que era ventaja que le llevaban sus compañeros. Completó ese quinteto. Fue diferente y necesario. Gracias a esas condiciones suyas, en un fútbol diferente al nuestro llegó a ser un ídolo como Orsi y como Luis Monti. En Italia, en donde lo apodaron El Corsario Negro, actuando de centre forward mereció ser considerado como esos compatriotas. No nos asombraron Orsi y Monti. Se confiaba en ellos. Guaita, en cambio, nos sorprendió y fue más allá que en su propia casa. Tornó después a los pagos abandonados temeroso por los vientos de guerra que soplaban en el Viejo Continente. Acaso haya sido un error suyo. Acaso, decimos, porque de afuera se puede opinar...

Tanto se había agrandado fama en el Viejo Continente que muchos esperaron versus juego una transformad maravillosa. Espejismo, falso lentejeo de los que continúa subordinando los valores sudamericanos a los europeos, aun en el fútbol, deporte en el cual hemos demostrado ser los mejores. Guaita no sólo era el mismo que conocíamos, sino que ya de nuevo en la competencia argentina experimentaba la falta inmediata de adaptación como consecuencia lógica de su prolongada ausencia.

Aquí jugó por Racing. Gustó a medias. Volvió a su viejo Estudiantes de La Plata. Ahora acaba de colgar los botines. Ya no lo veremos en la cancha. Quizás lo encontremos alguna vez en el solcito tibio las tribunas. Pero ya no correrá por el wing. Sin embargo, los mismos que lo han discutido se pusieron de acuerdo para reconocer algo que jamás pudo ser puesto en duda: la corrección de Guaita. En eso fue un alto ejemplo. Siendo fuerte y pudiendo devolver golpes, optó por callarse. Salía de los entreveros saltando en un pie. Se inclinaba a oprimir con sus manos la pierna dolorida, pero sin acusar a nadie. Soportó con estoicismo, con altura, con dignidad. Si alguna vez se originó un incidente, no contó con su participación. Si desde las tribunas y ya en decadencia, algún equivocado quiso hacerlo víctima de una frase hiriente, no la recogió. La dejó pasar. Supo disculpar.

Tuvo una carrera corta pero exitosa, luego de su primera etapa en Estudiantes, jugó en Racing y la Roma. Su máximo logro fue en el Mundial de 1934, donde fue Campeón con la Selección Italiana.

Tuvo una carrera corta pero exitosa, luego de su primera etapa en Estudiantes, jugó en Racing y la Roma. Su máximo logro fue en el Mundial de 1934, donde fue Campeón con la Selección Italiana.

No gustó hablar de sí mismo. Cada vez que el repórter se le acercó, prefirió hablar de sus compañeros de aquel quinteto y para los cuales tuvo siempre el más sincero y elevado reconocimiento. Ahora mismo fue él quien decidió su retiro. Consideró que ya no rendía, que ya no ganaba su sueldo. Fue su último gesto futbolístico. Pongámoslo de broche y ahora que ya está decidido su retiro, agradezcámosle sus buenas jugadas y, en especial, su cultura deportiva. En su caso, el hombre ha superado al jugador. Lo reconocemos, lo estimamos, y en estos momentos en que ha de sentir nostalgias de las gramillas bañadas de sol y en las que la pelota hacía nudos, queremos significarle nuestro agradecimiento.

 

EL GRÁFICO (1939).

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