¡Habla memoria!

José Laforia, pionero de los tres palos

Por Redacción EG · 24 de agosto de 2018

Apenas llegaba a tocar el travesaño con las manos, pero José Buruca Laforia, se convirtió en el primer gran arquero del fútbol argentino. Evocamos al Vasco Laforia a través de los que lo vieron jugar.


UN GRANDE SIN TIEMPO

Los arqueros inolvidables asomaron con el siglo en el genio y la figura de un pequeño gigante que se llamó José Boruca Laforia. Le decían "El Vasco" por su ascendencia paterna. Fue arquero de Sportivo Barracas en 1901, defendió el arco argentino en el primer partido internacional contra un equipo británico, el Southampton, en 1904 y en 1905 paso a Alumni, donde estuvo tres temporadas. Luego, tras un brevísimo paso por Nacional -un equipo que fue separado de la Liga—, jugó en Argentino de Quilmes, Independiente y  Racing. Ernesto Escobar Bavio, cronista de "La Nación", dejó esta evocación:

—Jugaba al arco con chambergo y, debido a su poca estatura, le era difícil llegar al travesaño. Se ponía contento cuando lo conseguía y él decía que era a fuerza de rodilla. Era una goma, un resorte. Realizaba las estiradas más inconcebibles y era realmente temerario. Con Jorge Brown apostaban muchas veces a quién tocaría con más facilidad y más frecuencia el travesaño: Jorge, con la punta de los pies y Laforia con las manos. Se trataba de un desafío muy desigual, porque mientras Jorge lo hacia todas las veces que se lo proponía, al Vasco le costaba un triunfo: llegaba a veces, y apenas...

Para Escobar Bavio las condiciones fundamentales de Laforia eran su sangre fría a toda prueba, un golpe de vista magnifico y el perfecto sentido de la colocación. Otro periodista que lo vio jugar fue Alfredo Rossi, quien años más tarde, con el seudónimo de Chantecler, escribía en El GRÁFICO esta semblanza:

 —Laforia era de una serenidad tan grande que parecía imperturbable. También era notable por su seguridad de manos para contener remates violentos, aun los ejecutados desde muy cerca. Pero donde más llamaba la atención era en sus salidas del arco, cubriendo a veces toda el área penal y hasta saliéndose de ella con una seguridad extraordinaria. Su valentía rayaba en la temeridad: iba al encuentro de los forwards y les quitaba la pelota de los pies.

Su predilección en salir del arco tuvo que combatirla Jorge Brown con continuas amonestaciones, pero en esas salidas fue donde se lució el primer gran guardavalla argentino. Petiso, con tupido bigote negro y chambergo de calle, Laforia fue lo que hoy se entiende como un arquero moderno. Y lo fue en los tiempos más antiguos del fútbol argentino.

EDUARDO RAFAEL
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