Opinión

El legado de Los Pumas se transmite

Por Darío Gurevich · 30 de noviembre de 2015

Opina Marcelo Loffreda, head coach de Los Pumas de bronce en el Mundial 2007, sobre la gran actuación del Selección Argentina de Rugby en 2015.


Asumiendo y comprendiendo que Los Pumas tienen un hilo conductor que permanece desde sus inicios en cuanto a historia, orgullo y sentido de pertenencia, si tuviera que hacer una comparación entre el equipo del Mundial 2007 –al que conocía muy bien– y este actual –al que sólo conozco desde afuera–, diría que se asemejan en la convicción en sus propuestas de juego. No es simple lograr eso desde la conducción, y allí existe un gran mérito de Daniel Hourcade por haber convencido a los jugadores de que pueden ser capaces de llevar adelante un plan de juego extremadamente ofensivo. También se parecen en la calidad y en la experiencia de algunos jugadores del plantel. En el 2007, estaban Agustín Pichot, Felipe y Manuel Contepomi, Mario Ledesma, Ignacio Fernández Lobbe e Ignacio Corleto, que tenían una larga e inapreciable experiencia en el seleccionado. Hoy, los que sobresalen en ese sentido son Juan Martín Fernández Lobbe, Marcos Ayerza, Juan Martín Hernández, Horacio Agulla, Juan Manuel Leguizamón y Marcelo Bosch. El legado se va transmitiendo; no sólo adaptándose a las variantes técnicas, sino sobre todo a los aspectos culturales y emocionales.

La experiencia de Fernández Lobbe, Hernández, Ayerza, Leguizamón y Agulla, los cinco de este grupo que fueron terceros en el Mundial 2007, creo que es invalorable para el resto del plantel, incluidos los coaches, porque tienen la ventaja de haber atravesado ese recorrido anteriormente, ya sea desde lo mental y lo emocional, desde el manejo de las expectativas y la eficiente utilización de los recursos de todo tipo que convergen en estas instancias. No es lo mismo jugar contra una de las potencias del sur en la primera fecha de la zona clasificación de una Copa del Mundo que hacerlo en las semifinales. Además, se suma el roce y la habitualidad que este equipo de Los Pumas adquirió al enfrentarse año tras año, en el Rugby Championship, contra estos mismos rivales.

El poderío ofensivo del equipo es un aspecto que creció enormemente, y que al final parece haberse hecho carne en los jugadores. Todos están convencidos de la propuesta y la llevan a cabo constantemente.

Si tuviera que marcar algún punto para mejorar sería trabajar en una mayor consistencia y regularidad defensiva, y en el aspecto disciplinario que, a este nivel, se transforma en definitorio.

Ver a estos Pumas me entusiasma, me emociona y, a veces, me tensiona. En ciertas circunstancias, cuando podrían resolver alguna situación de manera más simple, deciden correr riesgos que son innecesarios… Pero eso también habla de la convicción y de la confianza que tienen estos jugadores en sus recursos.

Considero que son varios jugadores los que tienen una enorme proyección, y lo demostraron en este Mundial de Inglaterra. ¿Quiénes? Pablo Matera, Facundo Isa, Guido Petti, Tomás Lavanini, Santiago Cordero, Julián Montoya, Joaquín Tuculet y Matías Moroni, entre otros. Recibieron ese legado mencionado y estará en sus manos continuarlo, acrecentarlo y, finalmente, transmitirlo.

También, quiero destacar la figura de Agustín Creevy que, como capitán, supo equilibrar su liderazgo conviviendo junto con referentes como Fernández Lobbe y Ayerza; lo cual demuestra un rasgo relevante de humildad y habla a las claras de sus valores como persona.

Hourcade y sus valiosos colaboradores mejoraron lo iniciado por Santiago Phelan, al que le tocó como head coach un período muy complejo, en el cual el rugby argentino sufrió, para bien, una enorme transformación después de 2007. En esos años, Tati tuvo que adaptarse a la más dura competencia del mundo en una situación muy incierta: la mayoría de los jugadores se encontraban en el exterior, había jóvenes locales muy talentosos pero que adolecían de una preparación profesional, existían disputas políticas para definir el camino a seguir… En fin, fue una época controvertida en la que Phelan inició un camino –ayudado por Fabien Galthié primero y por Graham Henry después, personas reconocidas y conocedoras del juego–, que no se reflejó en resultados pero sí en una tendencia. Tampoco quiero dejar de destacar el fundamental aporte de Agustín Pichot en la inserción de Los Pumas en el concierto internacional, así como también la colaboración de Les Cusworth en el armado del sistema de los centros de alto rendimiento.

La impronta de Hourcade y compañía se basó, entonces, en consolidar este estilo ofensivo.

Por Marcelo Loffreda / Producción: Darío Gurevich / Fotos: AFP

Nota publicada en la edición de noviembre de 2015 de El Gráfico
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