Reportajes

Sueños de Victoria grande

Por Redacción EG · 26 de febrero de 2009

A punto de cumplir 15 años, esta porteña afincada en Pilar es la mejor jugadora junior del mundo, y se ilusiona con llegar al circuito profesional de los Estados Unidos. Tiene todo para ser figura del deporte, pero no se quiere apurar para no dar pasos en falso.

Nota publicada en la edición febrero de 2009 de la revista El Gráfico

“LOS SUEÑOS, sueños son”, reflexiona Calderón de la Barca por intermedio de Segismundo en su obra La vida es sueño. Sin detenerse en el estudio sobre la interpretación racionalista o existencialista del eximio poeta madrileño del siglo XVII, Victoria Tanco, la mejor jugadora de golf de la Argentina, prefiere optar por aplicar su concepto propio y cambiar sus ilusiones por hechos concretos.
De a poco y con mucho esfuerzo, a la joven cuasi quinceañera (nació el 25 de febrero del 94) los sueños se le van concretando, se vuelven realidad. En menos de un mes recibió tantos premios a la revelación, que los ignotos en este deporte empezaron a conocerla a fuerza de verla en la pantalla y en los diarios más importantes del país. Y no sólo fueron reconocimientos locales de los que se hizo acreedora en estos días, sino que también los recibió en los Estados Unidos; incluso el embajador de ese país en la Argentina le envió una felicitación especial con firma de su puño –nada de escaneos– por su reciente triunfo en el Orange Bowl, certamen que en otros tiempos y en otra disciplina ganara Gabriela Sabatini.

Por ese camino, Vicky continúa concretando sueños. Todos los días en el driving de San Diego Golf Club o en Pilar Golf Club, donde se entrena durante horas bajo la guía de los profesores de la Escuela de la AAG. Allí, frente a la complicidad de las incontables pelotas que conocen el secreto de su metódico pensamiento, y en ese ámbito ultra-personalista, inerte ante la brisa veraniega y con su trenza tradicionalmente elaborada, se reúne con El Gráfico, puntual, para iniciar una nueva entrevista. “Cuando tenía cinco años quise jugar al golf, pero el profesor me dijo que aún no tenía edad para empezar y que volviera un año después. El mismo día que cumplí los seis fui a la clase y comencé a jugar”, relata Victoria, confirmando una anécdota que la pinta tal cual es.

Después de tantos años –o, mejor dicho, tan pocos–, Tanco sigue conservando esa actitud de halcón al acecho frente a los desafíos que le impone este deporte, tan complicado como apasionante. Con la mirada firme, la atención puesta en cada pregunta y con una expresión seria que esconde su incipiente adolescencia, se anima a enumerar sus sueños, descontando los que ya ha cumplido hasta aquí. En esa lista de quimeras, lejos quedó aquella de ser la N° 1 del Ranking Argentino de Aficionadas, hecho que se volvió realidad en 2007, y que cobró renovado aire en mayo del año pasado cuando volvió a consagrarse en lo más alto de las posiciones.

PERO como las utopías no tienen nación, Victoria se propuso cruzar la frontera y, con su osadía internacional, se convirtió en noviembre en la mejor jugadora junior de los Estados Unidos, un país donde el golf es tan popular como las rosquillas. Así tachó de su lista otro sueño por cumplir. Los triunfos en el Scott Robertson Memorial y el Rolex Girls Junior Championship fueron clave para conseguir esa jerarquía, aunque su gran triunfo de 2008 se produjo en el Ping Invitational, con el que se apropió del escalón más alto del podio en el Polo Golf Ranking del American Junior Golf Associaction. De inmediato, fue elegida como la Jugadora Junior Rolex. Sólo una jugadora recibió tal distinción con la misma edad: fue Inbee Park en 2002, quien actualmente juega en el LPGA, el circuito profesional femenino.

Y como para demostrar que eso de dormirse en los laureles no corre para ella, arrancó la nueva temporada estadounidense de la mejor manera: en un playoff apasionante de cinco hoyos contra Alexis Thompson, la argentina se quedó con el Orange Bowl, el primer campeonato del año. “Fue un partido durísimo, y si bien noté que la gente la acompañaba a ella un poco más por ser local, en el desempate el aliento fue parejo”, comenta Vicky, que con esta gran apertura -sin vacaciones de por medio- sigue dando a entender que el mundo es su propia cancha.
“Me encanta el golf, porque es un deporte donde jugás rodeada por la naturaleza, y en el que tenés que estar concentrada”, contestaba en una entrevista en 2005, cuando apenas tenía 11 años. Al término de cada golpe, un gesto clásico de disconformidad descubre una intención recurrente de autosuperación, mientras su trenza larga, rubia, perfecta, marca la trayectoria de su torsión corporal, finalizando su recorrido de 360 grados alrededor del cuello. Inmediatamente, la mirada se vuelve inquisitiva, persecutoria. Hasta no confirmar el asiento de su pelota, se mantiene inmóvil; y si esta tuvo un aterrizaje cercano a la perfección tampoco se inmuta, aunque agradece cortésmente las felicitaciones. Es, como dirían las tías de antes, toda una señorita.

Así es en la cancha, y así es en la vida: dedicada en su escuela –el Sworn College– donde, a pesar de las ausencias, se mantiene como una buena alumna estudiando a distancia; fiel a sus amigas, Melani Sisto y Victoria Correa, quienes además de jugar con ella la siguen adonde vaya animándola vía chat. Y es respetuosa con quienes buscan conocerla mejor, como en el caso de Susana Giménez, que la invitó a su living televisivo, donde Vicky se animó a lo imposible: que la diva realizara un buen putt.
Además de aparecer en las secciones deportivas de los diarios, con su timidez también estuvo presente en la foto anual de celebridades de la revista Gente en dos ocasiones y hasta el rockero Alice Cooper pidió jugar con ella en su última visita a nuestro país; un cónclave que debió suspenderse por lluvia, pero que hubiese sido para alquilar gradas en el hoyo 18. “Victoria no sabía de quién se trataba cuando se lo propusieron, pero aceptó porque jamás se perdería un desafío”, comenta su papá Marcelo Tanco, quien añade: “Su característica principal es su carácter competitivo: le gusta ganar y el golf la apasiona”.

Tanto le gusta este deporte que los meses se le pasan volando: realiza más de 20 viajes en avión durante el año, asumiendo la vida de una jugadora mayor y profesional siendo aún una adolescente aficionada. “Ya es el segundo fin de año que pasamos con mi mamá, lejos de mi papá y mi hermano Nicolás; es difícil, pero sé que en lo sucesivo será así”, asume con adultez Victoria, que –además de a su familia y a sus amigas– extraña mucho a sus perros Martín, Felipe, Juanita y Sarna. “A Sarna lo recogimos de la ruta yendo para el country. Estaba muy enfermito y tenía sarna, de ahí le quedó el nombre”, cuenta, y al mismo tiempo se declara amante de los animales, en especial de los representantes del reino canino.

NO SOLAMENTE LOS GOLFISTAS del Pilar Golf o aquellos que invierten un fin de semana en ir a verla en alguno de los torneos locales comprueban su destreza. Vicky genera también en el público estadounidense miradas de admiración. Los especialistas de la Academia de David Leadbetter, donde actualmente está becada y perfecciona su juego durante varios meses al año, entienden que se trata de un proyecto de jugadora singular que marcha a pasos agigantados.

“Quedé impresionado con ella desde el día que la conocí, por su enorme pasión y compromiso por este deporte”, afirma Shane Reiser, quien está a cargo de su entrenamiento en la tierra de Tiger Woods. Hace cuatro años que está becada y en la última visita recibió instrucción en forma particular, un privilegio que no todos los estudiantes tienen. “Victoria cuenta con un talento y habilidad natural como pocas veces vi”, acota Reiser, quien concluye: “Sin duda, puede llegar a ser una de las mejores”.
Por ahora, Vicky vive y estudia en la Argentina. Y según sus padres, ese es el plan por algunos años más. “Trato de no retrasarme con mis estudios y, por suerte, en el colegio las profesoras y la directora entienden mi situación y me ayudan”. Las universidades más importantes de Estados Unidos ya demuestran interés para contar con ella en sus aulas y el hecho de haber sido seleccionada para integrar el Rolex Junior All-American First Team (algo así como el dream team del golf amateur juvenil) le asegura un futuro académico de excelencia, más allá de sus intenciones de ser jugadora profesional.

Ese es otro de los sueños que viene compartiendo con la almohada desde hace varios años; por eso se prende a mirar todos los torneos que haya en el canal de golf, en su living de San Diego. “Estoy segura de que llegaré a jugar en el LPGA en algunos años”, aventura y se le iluminan los ojos de sólo imaginarlo; el tiempo es su único impedimento.

“Tanco tiene el juego, la mentalidad, la ambición, el amor y la dedicación casi absolutos para ser una figura relevante. Latinoamérica ya ha dado muestras de que puede generar figuras mundiales, como Lorena Ochoa (México), Julieta Granada (Paraguay), Marisa Baena (Colombia) y Nicole Perrot (Chile), pero no hay argentinas. Victoria podría llenar ese espacio”, opinaba el especialista Francisco Campos para El Gráfico hace un año, utilizando sabiamente un término potencial.

Porque aún es tiempo de aficionadas, de que siga aprendiendo. Con los triunfos en el Campeonato Nacional por Golpes, en el Campeonato Argentino de Aficionadas en Nordelta, y una semana más tarde en el Abierto de Damas –un certamen que hasta ese entonces le era esquivo–, Victoria se alzó con la triple corona argentina y ya no tiene deudas con los certámenes más importantes a nivel local. Seguramente, durante este mes tratará de revalidar el primero de esos títulos en Estancias del Pilar, un acontecimiento que los fanáticos de este deporte deberían aprovechar para verla en acción si aún no lo hicieron, como para poder decirles a sus nietos “Yo la vi jugar”.

EN MARZO DE 2006, Roberto De Vicenzo exponía su punto de vista sobre ella al decir que era reconfortante su aparición, pero que lo mejor era no apresurarse. Casi tres años después, ese consejo del Maestro sigue siendo el eje principal de su familia.

“Después de 13 años trabajando con jugadores de alta performance, Victoria es la mejor golfista que tuve entre las damas y, sin duda, una de las mejores del mundo en su categoría”, afirma Rubén Llanes, Director de Instrucción de la Escuela de Golf de la AAG, quien acota: “Es muy completa y competitiva y, más allá del talento natural que tiene, entiende fácilmente los secretos de este deporte. Cuando juega, hace pensar que el golf es fácil”.

Con seguridad, por todas estas cualidades, Victoria logró concretar otra de sus fantasías, acaso una de las que más deseaba: jugar el US Women's Open al lado de sus ídolas. El gran acontecimiento deportivo ocurrió entre el 23 y 29 de junio, y fue para ella una experiencia única en la que intercambió gestos, palabras y prácticas con las estrellas del LPGA. Entusiasmada y dejando de lado su timidez, destaca lo increíble que fue pasar de jugar campeonatos juniors a estar en el field de jugadoras de un evento como este, el Major más importante del año: “En una semana recibí los consejos de Lorena Ochoa, compartí el día de práctica con Paula Creamer y Suzann Pettersen, y hasta me pude sacar fotos con Annika Sorenstam, la jugadora con más abiertos ganados”.

Esa foto tomada en el driving del Interlachen Golf Club es uno de los recuerdos más preciados de Vicky, un souvenir de lujo que contó con el guiño del destino, que quiso que el primer Abierto de Estados Unidos de la argentina fuera también el de la despedida de la sueca.

En lo deportivo, la argentina finalizó la ronda inicial con un golpe sobre el par de la cancha y entre las cincuentas jugadoras que mantenían chances de clasificar. Al término del día, comentaba su disconformidad en el debut, posiblemente sin darse cuenta de que estaba agregando un capítulo más a la historia argentina de golf. Por algo no estaba satisfecha. Es que 74 golpes no es un score para estar tranquila en un Abierto de tal magnitud; y Victoria lo pudo comprobar en carne propia al día siguiente, cuando las cosas no fueron como lo esperaba y no pudo superar el corte. Sin embargo, el recuerdo más lindo de su debut en el golf mayor se lo regaló el hoyo nueve (413 yardas) en la primera vuelta, donde logró un águila (dos golpes menos que el par del hoyo) que fue ovacionado por un público foráneo que en los días previos había solicitado su autógrafo en varias ocasiones.

“Sólo me di cuenta por los aplausos de la gente en el momento que entró la pelota, ya que desde mi posición no alcanzaba a observar la superficie del green”, comenta Vicky, que terminó de ganarse a la parcialidad local ese fin de semana.

“Por haber participado el año pasado, esta vez sólo tendré que jugar una clasificación a 36 hoyos. De lograrlo, el objetivo será terminar lo mejor posible y obviamente me tengo mucha confianza en que lo voy a lograr”, aclara, y además alega que sólo con jugar al lado de la mexicana Ochoa ya es más que feliz, aunque en algún momento pretende vencerla.

A pocos días de cumplir 15 años, Victoria no piensa en la fiesta que generalmente realizan las chicas que llegan a esa edad; mucho menos en un viaje a la Florida, que ya está bastante acostumbrada a visitar, ni en las Play Station, ni en los mp5, ni en los scooters más modernos. Lo que ella desea, por ahora sólo se consigue en el mundo de los sueños, y no es precisamente un regalo. Ella quiere ser la mejor jugadora del mundo, la N° 1 entre las mejores.

Por: Andrés Wodzak.
Fotos: Prensa AAG.
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