La jornada está aquí

Rodallega, reminiscencias de Palermo: dos goles con lesión, pero con una diferencia

El colombiano metió el tanto del título para Independiente Santa Fe en la final de Colombia y provocó el recuerdo del muletazo del Titán.

Por Redacción EG ·

30 de junio de 2025

UN SUCESO casi inédito ocurrido en Colombia despertó el recuerdo de otro que tuvo lugar en la Argentina nada menos que 25 años atrás.

En la final del Torneo Apertura del país cafetero, disputada entre Independiente Santa Fe y Deportivo Independiente Medellín (DIM), en el estadio Atanasio Girardot, el partido estaba 1-1 y ocurrió lo imposible.

Hugo Rodallega, histórico delantero colombiano de Santa Fe, sintió un dolor muscular en el aductor de la pierna derecha, cuando habían transcurrido 78 minutos del compromiso.

Provocó estupor: el atacante no podía pisar, visiblemente lesionado, mientras el juego continuaba su desarrollo. En un saque de arco a favor el jugador pidió el cambio, mientras lloraba desconsolado por tener que abandonar a sus compañeros en la final del certamen.

El partido, sin embargo, se reanudó antes de que la modificación pudiera llevarse adelante, por lo que Rodallega debió permanecer en el campo de juego.

Entonces, la gesta imposible: en un ataque del conjunto visitante Rodallega ingresó en el área rival ante el desborde de uno de sus compañeros. Un minuto después de conocer su propia lesión, tomó un centro atrás, rasante, se encontró con la pelota, sacó el remate y marcó el 2-1, en cuyo festejo tuvo que celebrar mientras rengueaba por la l el dolor.

Hugo Rodallega, autor de la hazaña de Independiente Santa Fe.

Inmediatamente pudo abandonar la cancha y su equipo logró aguantar la ventaja para celebrar la conquista del campeonato, con una gesta que se volvió viral en las redes sociales.

"La idea era no jugar, desde el calentamiento sentía algo en el aductor. Le dije al doctor, pero igual dije que no salía: voy hasta el final y de acá me sacan sólo cuando yo digo. Habrá momento de celebrar, tiempo para recuperarme, pero no dijimos nada. Esto es guerra, que la gente de Santa Fe disfrute", reflexionó Rodallega, envuelto en lágrimas.

El impactante suceso deportivo arrojó una reminiscencia que tuvo espacio el 24 de mayo de 2000, en la Bombonera, en un choque de vuelta de los cuartos de final de la Copa Libertadores entre Boca y River.

Aquel día el Xeneize, que había perdido 2-1 en la ida en el Monumental, se impuso por 3-0 y consiguió la clasificación a las semifinales del máximo certamen sudamericano.

El Superclásico fue marcado a fuego por dos hechos: el recordado caño de Juan Román Riquelme a Mario Yepes y, como vínculo temporal con la hazaña de Rodallega, el famoso muletazo de Martín Palermo.

En la previa de ese partido revancha Américo Gallego, el técnico de River, había lanzado una provocadora frase: “De Boca no me preocupa nada. Y otra cosa, si ellos ponen a Palermo en el banco yo lo pongo a Enzo (Francescoli)”. Las declaraciones aparecieron después de los rumores de que el Titán sería incluido por Carlos Bianchi entre los suplentes por primera vez luego de una larga recuperación: el 13 de noviembre de 1999, más de seis meses atrás, había sufrido la rotura de ligamentos cruzados de la rodilla.

Se trató de una fuerte chicana: el dato en esa declaración es que Francescoli llevaba más de tres años retirado del fútbol profesional.

El muletazo de Palermo a River en la Libertadores 2000.

Marcelo Delgado abrió el marcador para Boca a lso 14 minutos del segundo tiempo y el equipo local dominaba el desarrollo del encuentro. Con viento a favor, entonces, Bianchi lo puso a Palermo, en su regreso oficial a las canchas.

A siete minutos del final, Roberto Trotta le cometió una infracción a Sebastián Battaglia y el árbitro Ángel Sánchez dictaminó penal para Boca. Román convirtió el penal y puso al local 2-0 arriba.

El partido se acababa y la Bombonera era una fiesta, pero faltaba lo mejor: después del mágico caño de Riquelme a Yepes, en tiempo de descuento, Battaglia metió un pase rasante al área, como el que recibió Rodallega, y recibió Palermo. Lo ocurrido fue increíble: el Titán giró sobre sí mismo, con las serias dificultades de un jugador recién recuperado de una grave lesión, y encontró el agujero para colocar la pelota con la zurda en el palo derecho de Bonano.

La proeza de Rodallega recordó aquel logro imposible de Palermo, pero con una diferencia: el partido jugado en Medellín correspondía a un título, era una final. En el caso del Superclásico del muletazo, en cambio, fue por los cuartos de final. Aunque hubo más: Boca avanzó, eliminó a América de México en las semifinales y se consagró campeón de la Libertadores tras 22 años de sequía luego de vencer a Palmeiras en la gran final.