Cuestión de Estado: qué dicen los presidentes de Argentina y Brasil sobre sus entrenadores
Javier Milei y Lula Da Silva, con miradas opuestas y llamativas sobre Lionel Scaloni y Carlo Ancelotti.

EL CLÁSICO ARGENTINA-BRASIL no sólo transcurre cuando se enfrentan en los 90 minutos de un partido. Es una cuestión perenne en el imaginario de los futboleros y tiene otra instancia desde una mirada particular: ¿qué dicen los presidentes de cada país acerca de sus entrenadores?
La pregunta surge a raíz de la reciente información que resultó conmovedora: la Confederación Brasileña de Fútbol anunció oficialmente que Carlo Ancelotti, todavía en Real Madrid, se hará cargo del equipo para intentar sacudir la modorra y curarlo de la amnesia que lo mantiene muy lejos de aquel conjunto considerado como el mejor de todos, además de ser el que más Mundiales obtuvo.
En tal sentido, Luiz Inácio Lula Da Silva tuvo una mirada crítica al manifestar que "no tengo nada en contra de que un extranjero esté al mando de la Selección Nacional, pero hay entrenadores en Brasil que podrían dirigir al equipo".
"Si analizamos la biografía de Ancelotti, es un gran entrenador, pero el problema en Brasil es que tenemos escasez de jugadores. No es lo mismo que teníamos antes", analizó el primer mandatario.

"Si comparamos esta camada con las de 58, 62, 70, 82, 86, 2002 y 2006, esta es más frágil. Sólo hay que recordar nuestros delanteros de 2002 y 2006 para ver que estamos lejos de eso", añadió.
También reveló que "ya se lo dije al presidente de la CBF. Me gustaría intentar un experimento convocando a los mejores jugadores que terminan el Campeonato Brasileño. Hagamos una selección de los 22 mejores jugadores para ver qué pasa. Creo que sería lo mismo o mejor que llamar desde cualquier parte del mundo", concluyó.
Javier Milei, en las antípodas
No es ningún secreto que su par argentino, Javier Milei, se encuentra en las antípodas del pensamiento político de Lula. Y esas diferencias parecen mantenerse también en la faceta futbolística, ya que su opinión sobre Lionel Scaloni, el técnico bicampeón de América y campeón del Mundo, se instala claramente en el plano de la admiración.
"¿Vos viste la cantidad de gente que se juntó en el festejo de Argentina? Andá a tocarle el culo a ese ( por Scaloni), dale. Ese pibe es Gardel. Se bancó todo. Le dijeron de todo. Lo banco a él, lo banco a Samuel, lo banco a Aimar", expresó hace pocas semanas en una entrevista con Alejandro Fantino.
Y profundizó sobre el creador de la Scaloneta para llenarlo de elogios: "No me puedo sentir identificado, es infinitamente mejor que yo. Yo jamás creo que voy a poder lograr que la gente salga a festejar como él lo logró con el Mundial. Ojalá yo le pudiera dar tantas alegrías a los argentinos cómo hizo la Selección Argentina".
Otros casos
La ensoñación de los jefes de Estado por los conductores de su escuadra nacional tiene otro ejemplo en el paraguayo Santiago Peña, rendido a los pies de Gustavo Alfaro, el hombre que hizo resurgir de las cenizas a la Albirroja para instalarla en el Mundial de 2026. Incluso lo invitó a hablar delante de 5 mil maestros para transmitirles sus enseñanzas.
"Fuimos hechos el uno para el otro. Encontramos en él ese potencial y el creer en momentos imposibles", dijo Peña, que elogió su "poder de la palabra" que graficó en una de sus reflexiones: "Una frase que para mí ha sido fenomenal es que ‘Yo no vine a darle nada a los paraguayos, yo vine a relucir lo que ustedes ya son'. Y ese mensaje es el que nosotros queremos transmitir", explicó.

Otro ejemplo se da cruzando el oceáno Atlánico, más precisamente en Francia, donde el presidente Emmanuel Macron siempre fue un impulsor de la tarea de Didier Deschamps: "Hay que dar las gracias de forma inmensa a nuestro seleccionador, Didier Deschamps, a este equipo que es una mezcla de varias generaciones y eso es algo formidable", había expresado antes de la final con Argentina en Qatar, además de subrayar su deseo de que se quedara más allá del resultado.

El fútbol, sin dudas el más popular de los deportes, es un gran responsable del humor de la gente y puede ser, incluso, un gran aliado para los Gobiernos. Si hay una armoniosa relación entre presidentes y técnicos, el "partido de cada día" puede jugarse con mayor fluidez para hacerle un gol a la coyuntura.
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