La vida en la cárcel de Robinho, el crack destinado a suceder a Pelé y condenado por violación
Cumplió el primero de los nueve años de su pena y busca que le otorguen la libertad condicional.

ROBINHO hizo estragos con su fútbol en Santos, la misma casa del Rey Pelé y del príncipe Neymar, y pareció estar destinado a ocupar un lugar destacado cerca del trono por sus proezas en Real Madrid y Milan, entre otros clubes, 100 partidos con la Selección de Brasil en los que metió 30 goles y y casi 250 festejos con diversas camisetas.
Sin embargo, el que parecía un destino luminoso lo hizo caer en un callejón oscuro cuando lo condenaron en 2017 a nueve años de prisión en el Tribunal de Milán, que lo halló culpable de abusar sexualmente de una joven albanesa de 22 años en 2013 en una discoteca de la ciudad italiana, junto con otros cuatro brasileños.

Si bien el jugador intentó distintas apelaciones, el veredicto se confirmó en todas las instancias de la justicia italiana y desde el 23 de marzo de 2024 cumple su sentencia en la penitenciaría de Tremembé, en San Pablo. Recientemente se cumplió el primer aniversario de su ingreso a la cárcel y el exfutbolista no ceja en su lucha de reducir el tiempo de la pena o conseguir la libertad condicional.

Para ello se dedica profusamente al trabajo y mantiene una conducta ejemplar, además de haberse adaptado muy bien a la vida carcelaria y mantener una relación cordial con el resto de los internos. Entre otras cosas, Robinho se unió al club de lectura, se dedica al cuidado de la huerta y se destaca reparando televisores y radios gracias al curso de electrónica de 600 horas y al haber completado los 10 módulos del Programa de Educación para el Trabajo y la Ciudadanía.
El crack frustrado resta un día de condena por cada jornada laboral de 12 horas que completa, pero la posibilidad de que su tiempo tras las rejas se reduzca es engorrosa, ya que el proceso de revisión de penas en Brasil es complejo y puede tomar muchos años.

Mientras tanto comparte una celda de 8 metros cuadrados con un joven acusado de inducir al suicidio, antes de lo cual debió transcurrir diez días en una celda de aislamiento. Dentro del establecimiento carcelario en el que conviven famosos, políticos, empresarios y criminales de alto calibre, hasta participa de partidos de fútbol.
Robinho, de 41 años, siempre insistió en su inocencia y sostuvo que la relación con la víctima fue de común acuerdo. "Nunca lo negué. Fue consensuado. Podría haberlo negado, porque mi ADN no está allí. Pero no soy un mentiroso", declaró. En 2020 Santos lo reincorporó pero debió rescindir el vínculo por la presión social que recibió.
Aunque sustuvo con firmeza que la justicia italiana no respetó su derecho de defensa y que su condena es excesiva, el fallo del Tribunal de Casación de Roma confirmó la pena en última instancia, a base de pruebas y escuchas telefónicas que revelaban detalles del hecho, y que se consideraron determinantes para confirmar su culpabilidad.
Por ahora su esperanza se centra en continuar con el arduo trabajo y afianzar su excelente comportamiento en busca de mitigar los alcances de su sentencia.






































