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Carta abierta a Fernando Gago: en Boca la costumbre es ganar

Desafortunado golpe a la ilusión, desafortunadas declaraciones de un técnico que, lejos de las expectativas, sigue sin conocer su casa.

Por Pablo Amalfitano ·

26 de febrero de 2025

"Hay que entender que en el fútbol generalmente se pierde. Es la lógica. Muy pocos equipos ganan a lo largo del año". 

Señor Fernando Gago, con la debida consideración que configura la investidura del cargo, y justamente por el peso que representa el propio puesto, usted está equivocado. En tiempo y espacio, por lo pronto. Ya no es el técnico de Chivas. Ya no es el entrenador de Aldosivi, con el respeto que merece el resto de los clubes. En Boca la lógica no es perder: en Boca, el lugar que lo vio nacer, el sitio que debiera conocer al detalle, la costumbre histórica y la obligación siempre fueron, son y serán ganar.

En Ezeiza, apenas aterrizado, usted dejó en claro que volvía a su casa. Al parecer no pudo, no quiso o no halló el tiempo necesario para reconocer que su lugar en el mundo no es un lugar como cualquier otro. Es una casa amplia, con vitrinas repletas de conquistas, con un bautismo europeo que ya cumplió cien años y que rubricó el primer ladrillo de un edificio construido con prestigio, con títulos y con gestas imposibles.

Usted creció, se formó, se alimentó y pudo mamar, en primera persona, lo que representa estar en un club como Boca. No por nada jugadores de renombre europeo como Daniele De Rossi, Edinson Cavani o Ander Herrera decidieron materializar el sueño de jugar con la camiseta de Boca. Tenga memoria. Cuando usted jugaba en Boca fue la proyección mundial de los colores la que lo ubicó como el nuevo Redondo.

En Argentina hablaban de Fernando Gago. En la Europa neurálgica hablaban de Fernando Gago. Usted emergió como protagonista de la mayor venta de la historia de Boca: fue transferido en una operación por la que Real Madrid, acaso el equipo más grande del planeta, pagaría nada menos que 27.7 millones de dólares. La catapulta hacia el futuro de su fructífera carrera como futbolista, por si todavía le queda alguna duda, fue Boca. Todo sucedió como sucedió, en gran parte, porque usted nació en Boca.

¿Cómo puede decir que en el fútbol la costumbre es perder, señor Gago, si usted en Boca se cansó de ganar? Se fue para vestir la camiseta de Real Madrid después de cinco vueltas olímpicas en poco menos de dos años: el Apertura 2005, la Copa Sudamericana 2005, la Recopa 2005, el Clausura 2006 y la Recopa 2006. Tenga memoria. Reconozca, aunque haya transcurrido el tiempo, el lugar en el que permanece y al que decidió regresar. Ni siquiera el tiempo es capaz de fagocitarse la historia.

Usted volvió a Boca para convertirse en el entrenador del primer equipo de fútbol del club. Ni más ni menos. Y para volver a ganar. El vértigo que acuñó en su incipiente trayectoria como técnico prometía, al menos, generar siete u ocho situaciones claras de gol por partido. Boca estaba dispuesto a sufrir un poco más en el fondo para garantizar algo más de vuelo. Volvió para ser técnico de fútbol, no para inventar un deporte nuevo.

Escasos meses le alcanzaron para agregarle desorden a un caos que, por el contrario, había que empezar a ordenar. Kevin Zenón, con usted, jugó por la derecha. Lo mismo que Exequiel Zeballos. Ambos, figuras del equipo antes de su llegada, con usted vieron detonar su autoestima. Ya no gravitan. Con usted jugó Blondel de 8. También lo hicieron en ese puesto Belmonte y Miramón. Alarcón, uno de los estandartes del Huracán que peleó el último campeonato, con usted no sabe cuándo ni dónde ni para qué juega.

Merentiel y Giménez se turnaban para hacer goles. Ahora observan el arco y, antes de definir, se les achica hasta medir cinco centímetros. Usted les quitó la confianza a todos: hoy son titulares y mañana no saben siquiera si pisan el banco de suplentes. Todas las piezas del plantel de Boca están atrapadas en el vórtice de un equipo que prometía vuelo pero que no hizo más que arrastrarse.

Los dardos del día después del fracaso exceden a su persona. Claro: hay otros blancos. La conducción, por caso. Medios y periodistas ensayarán el habitual nado sincronizado para dispararle con munición gruesa a Juan Román Riquelme. No es para menos: se trata del presidente de la institución y tendrá su fuerte cuota de responsabilidad. Pero es el mismo presidente al que le recriminaron, durante varias ventanas de transferencias, no haber hecho el esfuerzo máximo para rearmar el plantel. Durante este último mercado de pases hubo redención: Boca trajo todo. Para propios y extraños fue el mejor mercado del último lustro, de mínima.

Que Boca haya jugado la fase 2 de la Copa Libertadores no le carga responsabilidad a usted, señor Gago. Fue el resultado de un irregular 2024 en el que Boca no llegó a colmar las expectativas. Pero sí tendrá que llevar la mochila, acaso inédita para clubes de semejante talla, de haber entregado prácticamente el año entero cuando ni siquiera terminó febrero. Porque hay que decirlo, señor Gago: usted tuvo el tiempo, las piezas, la libertad, los jugadores y el mercado estelar necesarios para poner en funcionamiento la máquina.

No conforme con el fracaso, con el golpe que representa para Boca una eliminación como la que le propinó Alianza Lima, se animó a decir en la conferencia de prensa: "Hoy me gustó el equipo". Pero Boca es Sportivo Ganar Siempre, como dijo alguna vez un técnico que, sentado en el mismo banco que usted, llegó a ser campeón del mundo. Acaso tenga que profundizar en un revisionismo personal para entender el lugar en el que está, el lugar al que decidió volver. Porque usted está equivocado, señor Gago. Con el debido respeto a la investidura.

Imagen de portada: AFP