Las Crónicas de El Gráfico

1997. ¡Es un afano, suspéndanlo!

Por Redacción EG · 23 de marzo de 2020

En una de las victorias más apabullantes de la historia del clásico rosarino, Central goleó 4-0 a Newell´s. El partido se dio por terminado a los 65 minutos, cuando los perdedores quedaron con seis hombres.

Ya no es más la luz del sol la que baña las tribunas. No. Para el enloquecido y desaforado pueblo canalla, que desde hace unos minutos ha entrado en estado de éxtasis total, esta es la luz del paraíso. Al que, por cierto, acaban de penetrar.

Para el alma futbolera de una ciudad como Rosario, acostumbrada a latir al ritmo de una pelota, este domingo 23 de noviembre de 1997 ya forma parte de su historia. ¿Un simple partido de fútbol en la historia de la ciudad? Sí, porque lo que acaba de ocurrir en el césped del Gigante de Arroyito jamás se olvidará.

No. Este 135º clásico entre Rosario Central y Newell’s Old Boys no fue simplemente otro capítulo del más encarnizado enfrentamiento futbolero de la Argentina. No. No se trató simplemente de la 41a. victoria canalla sobre su clásico rival. No. No fue el partido que salvó la temporada de unos y terminó de enterrar definitivamente la de los otros. Nada de eso. Lo que ocurrió fue mucho más allá.

En realidad, esta victoria 4–0 de Central fue la más terrible y humillante paliza que uno de los dos equipos le haya propinado a otro en sus 58 años de enfrentamientos en Primera División. No por la goleada categórica –que incluso podría haber sido más abultada en los 65 minutos que duró el partido–, sino por la manera deshonrosa con la que Newell’s le hizo frente a la derrota: rindiéndose, forzando la definitiva suspensión del encuentro a los 20 minutos del segundo tiempo (tras quedar con 7 jugadores y sin más cambios, el uruguayo José Oscar Herrera se retiró lesionado), rehuyendo a la franca pelea, escapando cobardemente del campo de juego sin el más mínimo orgullo deportivo...

 

Primer gol de Central: Da Silva se anticipa a Goycochea, Rocha y Heinze para empujar la pelota a la red.

Primer gol de Central: Da Silva se anticipa a Goycochea, Rocha y Heinze para empujar la pelota a la red.

 

 

Goyco no puede evitar la caída de su arco.

Goyco no puede evitar la caída de su arco.

 

¿Por qué no festejar alocadamente, entonces? ¿Por qué no entonar el “¡Y Newell’s se cagó! ¡Y Newell’s se cagó!” sin el más mínimo temor a equivocarse? ¿Por qué no vengarse ahora de las cargadas por aquella dolorosa derrota 2–0 del Clausura ’96 en este mismo estadio?

Todo vale ahora, a orillas del río Paraná. Lo saben los Leprosos, que se retiran cabizbajos rumbo a las entrañas de la ciudad, por la calle Génova. Y lo saben también los Canallas, todos ellos, que intentan destrozar sus gargantas mientras recorren a los saltos el boulevard Avellaneda. Unos y otros escriben, a su manera, las últimas líneas de una jornada histórica, que como los viejos folletines, se fue escribiendo en capítulos...

 

CAPITULO I: UNA CUESTION DE HONOR.

“Para nosotros, este partido es decisivo. Contra Newell’s deberemos demostrar nuestra superioridad: tiene que quedar claro por qué nosotros tenemos 23 puntos y ellos sólo 9. Esa es la misión”. Este fue el concepto que Miguel Angel Russo le transmitió a sus jugadores.

  ¿Las dudas? Saber verdaderamente cuánto habían afectado los tres resultados negativos consecutivos que el equipo había sufrido (derrotas ante Unión y Boca; empate ante Platense). Develar si las crecientes críticas a los planteos tácticos de Russo –”muy defensivos y especuladores”, para muchos hinchas Canallas– comenzarían a hacer mella en la confianza de un equipo que había llegado a liderar este Apertura ’97. Y comprender cuánta fuerza podría hacerle a los locales un Newell’s a la deriva, en el fondo de la tabla, muerto en vida, sin alma.    

  Las respuestas no tardaron en llegar...

 

CAPITULO II: “SEGUI BAILANDO, NEWELL’S, SEGUI BAILANDO...”

Cuando a los dos minutos del partido el Polillita Da Silva aprovechó un centro bajado por Maceratesi, madrugó a un más que lento Goycochea y de un suelazo abrió el marcador, el carnaval Canalla dentro del campo comenzó a tomar color. Maxi Cuberas y el Chacho Coudet –por la derecha– y el paraguayo Juan Ramón Jara –por la izquierda– empezaron a desbordar a la tambaleante defensa Leprosa. El Negro Palma se adueñó del mediocampo y los contragolpes. Y un inspirado Marcelo Carracedo se encargó de dibujar las más diversas fantasías que, para una defensa torpe  como  la de Newell’s, resultaron demasiado...

De la mano de ellos cinco, el fútbol de Central llegó a rozar el show. De sus inspirados talentos comenzaron a producirse los mayores impactos de la tarde:

- Minuto 16: Contragolpe iniciado por Cuberas, taco de Carracedo para la entrada de Bustos Montoya, quien define sin precisión.

- Minuto 35: Pared impecable de Da Silva y Jara que desemboca en un corner. De allí llegará el gol de Coudet para el 2–0.

 

Segundo gol: Coudet ya pateó. La pelota, rumbo a la red.

Segundo gol: Coudet ya pateó. La pelota, rumbo a la red.

 

- Minuto 46: Contragolpe fulminante que arranca desde Sessa, pasa por Jara, Palma y Carracedo, y finaliza con el remate del Cuis Daniele que se estalla en el poste derecho.

- Minuto 47: Fantástica entrada de Carracedo, quien tras hamacarse hacia uno y otro lado, de un zurdazo clava el 3–0.

Tras esa conclusión lujosa de la primera etapa y de un entretiempo que convirtió al ardiente Gigante de Arroyito en la más grande olla de cargadas que se haya visto en mucho tiempo, todo lo que vino después fue yapa. Desde la rabona de Coudet que casi termina en gol, hasta el bombazo de Carbonari que selló el cuartetazo Canalla. Demasiado para una tarde de domingo. Demasiado para ser verdad. Demasiado para un Newell’s que no tuvo grandeza para aceptar la derrota...

 

CAPITULO III: LA VERGÜENZA LEPROSA.

Como siempre, los jugadores le echarán la culpa a los árbitros, al goce de sus rivales o a las pulsaciones. Pero lo cierto es que las expulsiones de Dalla Líbera, Zamora, Saldaña y París no tienen perdón. Ellos fueron el símbolo de un equipo descontrolado, que al verse superado futbolísticamente apeló a la protesta, a la agresión, al golpe artero y a la patada descalificadora –por cada uno de estos motivos los cuatro vieron la tarjeta roja– en su intento por sobreponerse al baile que estaban sufriendo. Claro que si ello resultó vergonzoso, más lo fue el final del partido: tras la expulsión de París (a los 61 minutos), Zanabria realizó inmediatamente los dos cambios que le quedaban, sacó de la cancha a dos jugadores sin problemas físicos (Muller y Franco) y dejó a Herrera, quien apenas reanudado el juego se arrojó al piso, acusando una lesión que, en realidad, venía arrastrando del primer tiempo.

El final: Roberto Ruscio indica el “no va más” al comprobar la lesión del uruguayo Herrera. Goycochea mira.

El final: Roberto Ruscio indica el “no va más” al comprobar la lesión del uruguayo Herrera. Goycochea mira.

Sí terminó el partido. Vergüenza doble. ¿Qué lograron Zanabria y sus hombres? Nada, porque ese final no llegó a aplacar el desatado y merecido festejo Canalla. O sí: el domingo, este equipo de Newell’s consiguió que, de ahora y para siempre, el clásico del 23 de noviembre de 1997 sea recordado como el de “La paliza”, el de “El baile”, el de “el día en que Newell’s, en vez de luchar, decidió rendirse y entregar su honor”.

Histórico para unos y otros...

 

Esto no puede seguir asi

Ya no puede haber más contemplaciones: en las actuales condiciones de inseguridad, el estadio de Rosario Central no debe alojar más partidos de Primera División. Como si lo ocurrido hace dos semanas en el encuentro Central-Boca no hubiera sido suficiente, en el clásico del domingo la violencia impune volvió a hacerse presente, con tres hechos tan graves como preocupantes.

En el primero resultó herido de arma blanca un joven hincha de Newell’s en las cercanías del Gigante.

El segundo, lo tuvo como víctima a Sergio Goycochea, quien antes del inicio del partido recibió un impacto de un objeto contundente en su cabeza y debió ser atendido.

Y el tercero involucró a Claudio París y a varios de sus compañeros. Tras el partido y mientras recorría el playón de estacionamiento del estadio con una mínima protección, el jugador recibió un insulto de un hincha y reaccionó. La pelea se generalizó (de ella participaron Sergio Goycochea, José Albornoz, Cristian Cejas, Gabriel Heinze y Jorge Ribolzi) hasta que la policía, a bastonazos y balazos al aire, logró calmar la situación.

Resumen del partido

 

Rosario Central 4 - 0 Newell's

 

 

 

Por JUAN IGNACIO CEBALLOS (1997)

Fotos: ENRIQUE y MARCELO BOERI.

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