Las Crónicas de El Gráfico

1997. Historia secreta de un adiós

Por Redacción EG · 20 de marzo de 2020

Diego Maradona anunció su retiro luego de una serie de rumores que lo atormentaron. Las idas y vueltas que surgieron a partir de controles antidóping que saturaron su integridad. Los entretelones de una definición que conmovió al mundo.

“No puedo más. Así no tiene sentido que siga jugando. Prefiero retirarme ahora y no pagar con la vida de mi viejo los rumores de algunos inconscientes que tienen un micrófono”.

Con esas palabras, que sonaban más a queja que a anuncio, Diego Armando Maradona le enviaba al mundo su último mensaje como jugador. La tierra se conmovía. En Europa, las redacciones de los diarios más prestigiosos del mundo detenían sus rotativas. La RAI interrumpió su transmisión del importantísimo encuentro de ida entre Rusia–Italia, clasificatorio para el Mundial de Francia ’98, para informar la nueva. En España, los diarios “Marca” y “As” levantaban dos páginas para dedicarle una andanada de opiniones de técnicos de prestigio al anuncio del Diez.

Todo hace presumir que es el punto final. Que si uno se guía por las palabras del mejor jugador argentino de todos los tiempos, Maradona ya es historia. Pero... Se sabe, sus estados de ánimo suelen ser decisivos. Y ni la gente que está cerca suyo ni aquellos que sólo lo conocen a través de los medios pondrían las manos en el fuego por esta decisión. Claro, detrás hay una historia de idas y vueltas que, muy probablemente, hayan influído en el “no va más” del astro. Una serie de movimientos subterráneos a los que el jugador permaneció ajeno y al margen.

 

Las estrategias

La historia comienza en la semana posterior al dóping positivo de Maradona contra Argentinos Juniors. Esa semana, Mauricio Macri le pidió a su vicepresidente segundo Luis Conde que se ocupe de todo lo concerniente al caso. Acatando la orden, el veterano dirigente se contacta con los abogados marplatenses David Sorribas Loubet y Alejandro Vega, a quienes les reclama sus servicios en materia de asesoramiento y estrategias judiciales para la contraprueba. Era el viernes 29 de agosto y, al día siguiente, Boca jugaba con Platense en el estadio de Vélez.

Ese sábado, los letrados viajaron a Buenos Aires y se alojaron en la habitación 1.103 del Hotel de las Américas, lugar de concentración del plantel. Allí se reunieron con Conde y, a las pocas horas, partieron –junto a Guillermo Esteban Cóppola y al doctor Arnoldo Albero– hacia la casa de la madre del representante del jugador, en La Recoleta.

El motivo del cónclave era el de establecer una estrategia conjunta para que Diego recibiera la mínima sanción posible. En el departamento se encontraban dos abogados –uno de ellos, el doctor Julio “Coco” Ballesteros, ex socio de Mariano Cúneo Libarona– y un psiquiatra, quienes iban a participar en la reunión.

Enseguida, todos los letrados empezaron a tirar ideas. “Hay que pedir un ADN para ver si la muestra es de él”, comentó un abogado. “No, averigüemos si recibió amenazas en estos días”, respondió otro. Y así siguió girando la charla. El doctor Albero miraba azorado y sin comprender demasiado. Hasta que alguien habría ofrecido una solución temeraria: “Que alguien se mande a la Facultad y estrelle los frascos”. Varios se miraron complacientes, pero la mayoría –entre ellos, Albero, Sorribas Loubet y Vega– abrió los ojos desorbitadamente. Inclusive, Sorribas Loubet golpeó con su puño una mesa y, a los gritos, manifestó: “Boca va a manejarse respetando las normas del debido proceso y de las garantías constitucionales. Todo acto que desvíe esta premisa, no la compartimos. Para nosotros, ya no hay más nada que decir...”

Miraron a Conde y se apartaron hacia otro lugar de la casa. Después de semejante barbaridad, las despedidas llegaron sin haberse arribado a una conclusión. Boca jugaba en pocos minutos y todo el grupo pretendía ir a la cancha de Vélez.

Jueves 30 de octubre. Un grupo de hinchas alentó a Diego –en su casa- el día de su cumpleaños.

Jueves 30 de octubre. Un grupo de hinchas alentó a Diego –en su casa- el día de su cumpleaños.

 

El principio del fin

Pasó el empate 2–2, pero la situación de angustia de cara a la contraprueba se mantenía. Inclusive, Sorribas Loubet y Vega continuaban alojados en el Hotel de las Américas, a la espera de alguna indicación de Conde. El lunes 1º de septiembre a la noche, en el restaurante Veracruz, cerca de los Tribunales de Justicia, Conde les presentó a los letrados marplatenses al doctor Pedro Wolanik, jefe del Departamento Jurídico de Boca Juniors. Este, luego de la cena, les comenta al oído: “Maradona prefiere ir con sus abogados a la contraprueba. Velen para que no haya irregularidades allí...” En ese momento, Sorribas Loubet y Vega le proponen a Conde la contratación de dos prestigiosos peritos –los doctores Carlos Comba y Eduardo Frigerio, quienes trabajaron en la causa de Carlos Menem Junior– para que colaboren en la contraprueba. El dirigente de Boca se reunió con ellos, pero le pareció excesivo sus honorarios (15.000 dólares entre ambos) y decidió prescindir de sus servicios.

El martes 2 de septiembre se produjo otra reunión cumbre en el Hotel de las Américas, entre Sorribas Loubet, Vega, Conde, Albero y Wolanik. Allí los letrados marplatenses les presentan su trabajo a sus interlocutores. “Les previnimos que Maradona es un drogadependiente crónico, situación que él mismo hizo pública y reconocida. Nosotros investigamos con caracterizados especialistas y llegamos a la conclusión de que una persona en ese estado corre graves riesgos de sufrir un problema cardíaco en una cancha. Para nosotros, Boca tendría que exigir un certificado del alta médica de su adicción a las drogas. Obviamente, emitida por una institución de primer nivel”, expusieron los abogados. Inclusive, ellos trasaron un paralelo con el caso Funes: “La AFA y la FIFA obraron distinto con Maradona. Si bien Funes tenía un problema cardíaco, le prohibieron que siguiera jugando. A Maradona, corriendo un riesgo similar –aunque por diferentes causas– no le hicieron lo mismo. AFA y FIFA consintieron que jugara en esas circunstancias, porque Diego no consume para sacar ventajas deportivas”, dijeron en tono grave.

Final del primer tiempo en el clásico. Maradona se va con un gesto de dolor.

Final del primer tiempo en el clásico. Maradona se va con un gesto de dolor.

 

La interna boquense

Llegó el momento de la contraprueba. Por Boca Juniors estaban Luis Conde, Arnoldo Albero, Pedro Wolanik y los patrocinantes del club –contratados por el vicepresidente segundo– Sorribas Loubet y Vega. Previamente, hasta se habló de las posiciones de cada uno en el acto. Inclusive, Sorribas Loubet propuso que –para evitar suspicacias– todos estuvieran a cuatro metros de distancia de las pipetas, así ni Boca ni la AFA tenían responsabilidad en alguna hipotética irregularidad. Después del análisis –que volvió a dar positivo– se firmó un acta librada por el escribano Carlos Bracuto.

Sorribas Loubet y Vega se quedaron dos días más en Buenos Aires y, de común acuerdo con Conde, elevan un informe y plantean el dictamen jurídico. El sábado 6 de septiembre vuelven a sus estudios de Mar del Plata, desde donde mantienen llamados con Conde. Después, llamativamente, el directivo de Boca nunca más se contactó con ellos.

¿Sabía Macri de este contacto de Conde con los abogados? Tenía conocimiento de las gestiones, pero de ninguna manera estaba al tanto de las estrategias propuestas y elucubradas por el entorno de Maradona. Incluso, cuando se entera –a través de “El Equipo de Primera”– de la aparición pública de Sorribas Loubet y Vega, estalló contra su vicepresidente. Cuentan en la interna boquense que los días de Conde están contados en el club. Es más: el resto de la Comisión Directiva pidió una reunión de emergencia para tratar el tema y pedir la renuncia del veterano dirigente a su cargo. Este sería un duro golpe para Conde quien, según cuentan personas muy allegadas a él, habría soñado un plan que desembocaría en él como titular del club y Maradona como director técnico del plantel. ¿Un disparate? Parece, pero que se pensó, seguro.

¿Y Maradona? ¿Qué sabía de todo esto? Poco y nada. Su lucha apuntaba a otro lado: recuperarse de su problema y poder jugar en una cancha. De las formas en que podía hacerlo, ni se preocupaba. Para eso estaban Cóppola y sus asesores, quienes trataban de aislar al Diez de cualquier problema judicial y formal. Claro que, a su alrededor, una avalancha de letrados, médicos y allegados levantaron tanta polvadera que, también, terminó por cansar a Maradona de todas estas vueltas.

 

La decisión final

Una vez que el juez federal Claudio Bonadío estableció la medida de no innovar, Diego volvió a la cancha. La gente de Boca estaba feliz. El también.

Aun con sus desniveles, despertaba la misma pasión de siempre. La Bombonera se llenaba cuando él jugaba y el equipo de Veira ostentaba otro ánimo, más seguro, más explosivo. Por más que Diego no marcara la diferencia con su zurda, todo parecía encaminarse hacia una despedida ideal: con Boca peleando arriba y con Maradona como símbolo del equipo. Pero...

Llegó una contractura –el 24 de septiembre, contra Colo Colo en Chile y por la Supercopa– y las ausencias a los entrenamientos. Se refugió en su familia y en su selecto grupo de amistades. Miraba los partidos de Boca por televisión, sufría como un hincha más y esperaba ansiosamente su recuperación. Podía haber vuelto ante Colón, pero prefirió no arriesgar para llegar “entero” al superclásico contra River. ¿Sabía que iba a ser, aparentemente, el último de su carrera? No. Inclusive, después del 2–1 final, dijo: “Así me dan ganas de jugar hasta después de los cuarenta”. Estaba eufórico.

Ante River y frente a Astrada. Esa tarde, la magia del 10 estuvo ausente.

Ante River y frente a Astrada. Esa tarde, la magia del 10 estuvo ausente.

Claro que, cada control, cada rumor, cada sospecha, siempre lo tenían a él como blanco. Ya había anunciado, antes del encuentro contra Vélez, que si su familia sufría otro cimbronazo por los rumores, iba a retirarse. “Mi viejo sufrió un pico de hipertensión por todo lo que se dijo de mi control. Ya lo hablé con él y le hice una promesa: si se repite esto, largo...”, anticipó entonces. En un mano a mano con EL GRÁFICO en el Vilas Racquet, confesó: “Así no sigo”.

Y así fue. Después de su pobre papel en el encuentro ante River –salió con una contractura en el primer tiempo–, fue a cumplir con los dos controles antidóping: el de la AFA y el del juez Bonadío. Otra vez empezaron a rodar los rumores. El ambiente palpaba un cruel positivo. Ni siquiera la tranquila palabra de Otmaro Roses –titular de cátedra en la Facultad de Farmacia y Bioquímica y encargado de analizar las muestras– alcanzó para apagar la especie. “Desmiento los rumores. Si las muestras aún no terminaron de analizarse...”, aclaró el martes a la noche.

Se acercaba su cumpleaños número 37. En situaciones normales, hubiera tirado la casa por la ventana, pero su ánimo no estaba para eso. Según Cóppola, Diego se encontraba madurando la posibilidad de anunciar el retiro como consecuencia de los rumores reinantes. Además, se adujo que una información radial había anunciado el fallecimiento del padre de Diego. El entorno del Diez aseguraba que algunos periodistas deportivos habían escuchado la especie. Lo cierto es que, de acuerdo con lo consultado a la mayoría de las emisoras, ninguna se atribuyó la información.

El miércoles 29 de octubre, Maradona se reunió con su padre en Villa Devoto. Hablaron largo y tendido ante la mirada de doña Tota, la mamá del Diez. Después de esa charla, el astro anunció que se retiraba del fútbol. El jueves, día de su cumpleaños, lo oficializó a través del programa “De Una con Niembro”, por La Red. “Me voy. Ya no aguanto más. Y este retiro es definitivo. Me lo pidió mi viejo llorando. No puede ser que mi familia sufra tanto con cada control, que la ola de rumores nos envuelva. Me voy, no aguanto más...”

No aguanta más. Este es el octavo retiro de Maradona. El asegura que es el definitivo. ¿Será? Por las dudas, la pelota ya se está preparando para sufrir las ausencias de las caricias que él le prodigaba los domingos de fútbol.

 

“A nosotros nos contrató Boca”

David Sorribas Loubet y Alejandro Vega son dos abogados que fueron contactados por Luis Conde para que representen a Boca Juniors en la contraprueba de Diego Armando Maradona, realizada como consecuencia del positivo que dio su análisis luego de enfrentar a Argentinos Juniors.

El doctor Sorribas Loubet es un reconocido abogado penal, con 17 años de experiencia en el rubro y 13 en asuntos de estupefacientes. El doctor Vega, por su parte, es un letrado civil de prestigio ganado en el ámbito marplatense.

–¿Ustedes fueron contactados por Conde o por Boca?

–Por Boca, a través de su vicepresidente segundo.

–¿Y por qué aparecen justo ahora? Se comenta que Boca no les pagó sus honorarios...

–No, de nuestros honorarios no hablamos por una cuestión de ética.

–¿Qué opinión les merece Cóppola?

–Después de escucharlo, quedó en evidencia que la mendacidad está a flor de labios. Nada más.

 

¿Existe un tercer frasco?

Un fuerte rumor recorrió los pasillos tribunalicios. El mismo dice que en la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA habría un tercer frasco de la muestra del antidóping que le arrojó positivo a Diego Armando Maradona luego del encuentro ante Argentinos Juniors.

Esta versión atentaría contra los dichos oficiales, que aseguraron que la prueba del ADN no pudo ser determinada por la escasa cantidad de micción analizada. Obviamente, esto ya es historia antigua. La Ley no estipula retroactividad en estos casos. Lo cierto es que habría que pulir estas desprolijidades para que, en el futuro y ante otros hechos, no se incurra en las mismas confusiones.

 

 

Por Miguel Ángel Rubio (1997).

Fotos: GERARDO HOROVITZ, FABIAN MAURI y ALBERTO RAGGIO.

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