Las Crónicas de El Gráfico

1984. ¡Argentinos Campeón!

Por Redacción EG · 18 de marzo de 2020

Parte de la redacción de El Gráfico puesta al servicio del primer campeonato ganado por El Bicho en una definición apasionante. Crónica, fotos, entrevistas y toda la intimidad de un merecido festejo.

La tarde más grande de Argentinos. Por José Luis Barrio

Ningún resumen accede a las minucias y eso no es justo; los detalles, los momentos, los esfuerzos cotidianos, las palabras sin trascendencia, los gestos íntimos y los actos pequeños también tienen valor, también construyen, indudablemente colaboran. Por eso este no será un resumen del Argentinos campeón, sino un repaso a sus virtudes visibles y a su alma escondida. O al menos querrá serlo.

 

La pierna fuerte, en todo el trámite de un partido caliente. Ereros y Finaroli que no regalan nada. Ortega y Domenech atentos. Temperley no le dio tregua a este Argentinos.

La pierna fuerte, en todo el trámite de un partido caliente. Ereros y Finaroli que no regalan nada. Ortega y Domenech atentos. Temperley no le dio tregua a este Argentinos.

 

Los vi juntos por primera vez en Necochea, durante la pretemporada. Entonces ya creían. Recién llegaba el Negro López, recién llegaban Pellegrini, Vidallé, Commisso, Olguín y Morete. los pibes predominantes que habían protagonizado el buen equipo del '83 de la mano de Ángel Labruna la se mezclaban con la experiencia jerarquizada. Lo charlamos. Batista, Videla, Villalba y los demás habían encontrado respaldo, aparecía la proyección de un buen plantel con destino importante.

Casi un año después Jorge Olguín, con la alegría del gol y el tobillo a la miseria, soltó la frase: “Trabajamos pensando en el año que viene pero la cosa vino bien y pudimos pelear por el campeonato. . .".

 

Va el toque de Emilio Nicolás Commisso, perseguido por Finarolli y superando la salida de Héctor Vargas. Temperley planteó un juego de marcas personales en el primer tiempo, en el segundo arriesgó un poco más pero sólo dos veces se acercó a Vidallé.

Va el toque de Emilio Nicolás Commisso, perseguido por Finarolli y superando la salida de Héctor Vargas. Temperley planteó un juego de marcas personales en el primer tiempo, en el segundo arriesgó un poco más pero sólo dos veces se acercó a Vidallé.

  
Sergio Daniel Batista conduce la pelota, se acerca Lacava Schell, que lo marcó durante el juego. El volante central de Argentinos arrancó bastante retrasado en su intento de ser inicio de las jugadas, y eso le impidió colaborar ofensivamente. Triunfo, título, éxito de una idea.

Sergio Daniel Batista conduce la pelota, se acerca Lacava Schell, que lo marcó durante el juego. El volante central de Argentinos arrancó bastante retrasado en su intento de ser inicio de las jugadas, y eso le impidió colaborar ofensivamente. Triunfo, título, éxito de una idea.

  
La figura del partido, Mario Hernán Videla, alcanza a cabecear contra la oposición de Ortega y frente al líbero Morís. El mendocino redondeó otro trabajo con lapsos de gran categoría, fue conductor futbolístico del campeón. Otra figura para seguir de cerca.

La figura del partido, Mario Hernán Videla, alcanza a cabecear contra la oposición de Ortega y frente al líbero Morís. El mendocino redondeó otro trabajo con lapsos de gran categoría, fue conductor futbolístico del campeón. Otra figura para seguir de cerca.

 

Es probable que hayan trabajado pensando en el año que viene, pero no puedo olvidar el optimismo general en aquel hotel de la calle 89, a dos cuadras de la playa, ni la convicción con que el Chivo Pavoni me confesó tomando un café que "vas a ver que este año andamos bien, tenemos todo y me parece que lo vamos a aprovechar".

El grupo se fue consolidando. Roberto Saporiti encaró el trabajo con una idea equilibrada. dentro de la cual el objetivo prioritario siempre fue el arco de enfrente —69 goles en 36 partidos—, pero sin lirismos absurdos, sin jugar con una rosa en la mano. A ganar, sabiendo que algunas veces, en algunas circunstancias, el empate sirve al objetivo final. O la circulación pausada de la pelota. O las previsiones mínimas para evitar el éxito fácil del rival. A ganar sin regalar las ilusiones de los chicos del club ni las metas de los que recién llegaban. Con respeto inalterable por el adversario, el público, el juego que sigue implicando el fútbol y la obligación profesional

Saporiti condujo y llegó a puerto. Armó su equipo técnico, dio el ejemplo habló, habló…

Lo entendieron y el fruto es un grupo que se respeta y lo respeta. Lo sintetizó Morete después de ganarle a Newell's a dos fechas del final: "No juego y no me puedo quejar, con este técnico sabemos que el puesto se pelea de frente, que juega el que anda mejor".

A partir del respeto mutuo que organizó Saporiti se dieron las condiciones para encarrilar lo esencial: el trabajo de los jugadores en la cancha. La solvencia de Vidallé, la enorme categoría de Olguín, el despliegue impresionante de Domenech y Villalba, la seriedad de Pavoni, el talento paciente de Videla, la clase de Batista... Y se podría seguir. Porque aunque este Argentinos está todavía lejos del funcionamiento ideal y del rendimiento perfecto de sus integrantes, se perfila. Por la jerarquía del Negro López, la velocidad de Ereros, el goleo inteligente de Pasculli, los desbordes de Pepe Castro, la movilidad cada vez más criteriosa de Commisso… Y Morete, que está vigente. Y Lemme. Y un montón de chicos que vienen de abajo queriendo ser...

Argentinos campeón; por primera vez en la historia Argentinos campeón. Luchó de punta a punta, no dio ni recibió treguas, discutió largamente con Ferro y Estudiantes la alegría del título y finalmente lo consiguió. ¿Por qué, por qué esa pequeña diferencia? Tal vez la costumbre de muchos de sus jugadores de enfrentar y resolver finales, quizá su característica de equipo goleador, peligroso por eso, capaz de volcar un resultado sin estar jugando bien aprovechando el golpe de nocaut que escasea. Por estas cosas, por otras, por ninguna en especial. El club está bien económicamente y eso influye, no hay urgencias, no hay promesas incumplidas, no hay preocupaciones que excedan lo específico: se piensa en el fútbol solamente, eso ayuda

 

 

Está dicho, los resúmenes son injustos. Valen también las solidaridades de cada día que este grupo frecuentó, las charlas para entenderse... Todo. Se reunieron, encontraron el conductor apropiado, confiaron en una idea común y fueron campeones. Para alegría de un barrio futbolero, fueron campeones. Para el recuerdo de aquel ascenso en 1955, de aquella campaña extraordinaria de 1960, del subcampeonato de 1980 con Maradona incluido, para este porvenir que asoma accesible, posible, claro, importante.

Está entre los mejores y fue el campeón; el fútbol lo celebra.

Por José Luis Barrio

 

Una definición a transistores. Por Carlos Irusta.

A las 18.02 Ferro era campeón. A las 18.05 volvían a estar iguales. A las 18.38 el título era para Argentinos. Diga si no fue para comerse las uñas.

 

“Desde el Metro 81 que Ferro no puede ganar en La Plata y hace 8 partidos que tampoco le pueden ganar a Estudiantes en La Plata o Caballito. . ." La voz de Juan José Lujambio me mete súbitamente en un clima caliente que no logra equilibrar el frío que siento en el desnudo palco de periodistas. Son las cinco y diez de la tarde. El ejercicio será simple, pero por momento se convertirá en un verdadero caos: ver el partido de Argentinos Juniors y escuchar —Víctor Hugo Morales mediante— lo que pasa con Ferro. Escuchar, ver, anotar y, si queda algo de tiempo, emocionarse un poquito.

A las 17.25 aparece Estudiantes, casi al mismo tiempo que Domenech encabeza la salida de Argentinos, seguido por Vidallé y su hijo, Johnatan (7 años), inseparable compañero de concentraciones, festejos y derrotas. Hay papelitos, un grito unánime, "¡Argentinos, Argentinos!", mientras que un minuto más tarde, la radio me grita: "¡Sale Ferro!". Las bombas también suenan para Temperley, pero pierde en la proporción, igual que en los fotógrafos: hay 33 detrás de su arco contra apenas 3 en el del posible campeón. Top de las 17.30. Todo listo. A las 17.31 comienza a jugarse en La Plata, a las 17 32, se inicia el partido en Ferro. Me siento una mezcla de planillero, cronista y secretario de actas. Falta que alguien me pregunte a qué hora sale el próximo tren a Buenos Aires o a Rosario...

Tres minutos después, la emoción compartida: hay tiro libre —fallido— de Estudiantes, mientras aquí Commisso roza apenas el arco. Crece el delirio de Argentinos. ¿O es apoyo inicial, fe, esperanza? Esto recién empieza.

A las 17.44, el clamor apenas me deja escuchar un concepto de Ibarra: "Esta es la primera jugada clara de Ferro", mientras aquí una infracción a Pasculli es la primera señal de que el partido será tensionado, fuerte.

A las 17.45, y luego de un contraataque, viene el gran susto inicial, Guaita, solo, enfrenta a Vidallé. Gana el arquero, ovación, suspiro, alivio. Como en un imaginario espejo, un minuto después me dice Víctor Hugo al oído: "¡Garré casi regala el gol para Estudiantes! ¡No quieran creer!".

La tensión se afirma en las dos canchas, en las tribunas y en los relatores. Desde Ferro, Marcelo Araujo explica: "Hay más ganas en Argentinos". Desde La Plata, Ibarra retruca: "Estudiantes empieza a encontrar los claros". Suspenso. Lucha. Hay que ir adelante y Argentinos se empeña.

A las 17.55 un solo grito sube desde Caballito intentando taladrar las nubes: "¡Dale campeón...! ¡Dale campeón...!", mientras que al mismo tiempo se hiela la sangre de los gritones cuando Morales cuenta la media vuelta de Ponce, su tiro a quemarropa, la gran tapada de Basigalup: "La figura del equipo", sentencia. Pero todavía están iguales, absolutamente iguales.

No pasará mucho: apenas a las 18.02 un rugido implacable me tapa la radio, la onda expansiva me desparrama los papeles y por subir el volumen cambio de emisora. "¿Gol de quién?", pregunta alguien. "Y, será de Estudiantes", dice otro. No, nada de eso, hasta la hinchada de Argentinos se equivocó, el gol es de Ferro. "Lo hizo Gargini", decreta Víctor Hugo. "Estaba metido en un arco y ahora va ganando", enfatiza Ibarra. Consulto nuevamente el reloj: Ferro es campeón por ahora. ¿Por cuánto tiempo? Apenas por un poco. Argentinos lucha y a las 18.05 —tres minutos después— el grito tiene apenas dos sílabas: ¡PE-NAL! Sí, Penal. "Se prepara Olguín —dice Araujo—. Toma carrera... goooooollll." Sí, gol, iguales de nuevo.

 

17.25. Aparece Argentinos Juniors y estalla el delirio que anuncia un campeonato. Tiembla el estadio —qué ironía— de Ferro Carril Oeste. Comienza el suspenso en dos ciudades. Una jornada apasionante...

17.25. Aparece Argentinos Juniors y estalla el delirio que anuncia un campeonato. Tiembla el estadio —qué ironía— de Ferro Carril Oeste. Comienza el suspenso en dos ciudades. Una jornada apasionante...

 

18.02. Ferro comienza a sentirse campeón en La Plata. Gargini le quitó la pelota a Sabella, se fue por izquierda, pateó, el remate se elevó al tocar en Agüero y superó a Islas. Es el momento de Ferro. ¿Podrá ganar?

18.02. Ferro comienza a sentirse campeón en La Plata. Gargini le quitó la pelota a Sabella, se fue por izquierda, pateó, el remate se elevó al tocar en Agüero y superó a Islas. Es el momento de Ferro. ¿Podrá ganar?

  
18.05. Olguín, con este derechazo, convierte el penal que vuelve a igualar todo. Argentinos gana, Ferro gana. Los dos comparten la punta del campeonato. Por ahora, hay partido final. ¡El suspenso no cede!

18.05. Olguín, con este derechazo, convierte el penal que vuelve a igualar todo. Argentinos gana, Ferro gana. Los dos comparten la punta del campeonato. Por ahora, hay partido final. ¡El suspenso no cede!

  
18.38. Este gol llega en La Plata y se grita en Caballito. Es el empate de Estudiantes. Trama, habilitado por Ponce, la levanta sobre Basigalup y Gurrieri termina de meterla ante el arco vacío. Festejo a la distancia.

18.38. Este gol llega en La Plata y se grita en Caballito. Es el empate de Estudiantes. Trama, habilitado por Ponce, la levanta sobre Basigalup y Gurrieri termina de meterla ante el arco vacío. Festejo a la distancia.

  
18.45. La Paternal, tiembla, Vidallé, seguro, se arroja a los pies de Guaita y evita con guapeza el gol de Temperley. En el segundo tiempo, el arquero también se lució frente a Ortega. Argentinos se cuida.

18.45. La Paternal, tiembla, Vidallé, seguro, se arroja a los pies de Guaita y evita con guapeza el gol de Temperley. En el segundo tiempo, el arquero también se lució frente a Ortega. Argentinos se cuida.

  
19.21. En La Plata se anuncia el final. Parece ser la orden que desata el bochorno y la vergüenza en Caballito. La invasión de público impide un rito esperado: la vuelta olímpica de Argentinos Juniors.

19.21. En La Plata se anuncia el final. Parece ser la orden que desata el bochorno y la vergüenza en Caballito. La invasión de público impide un rito esperado: la vuelta olímpica de Argentinos Juniors.

 

Un Basigalup brillante nuevamente luego de varios córners seguidos de Estudiantes (van 40 minutos en La Plata, son las 18.13), aquieta la respiración. Terminó el primer tiempo. No hay definición, hay más suspenso…

Empezaron la segunda embestida a las 18.32. Iguales en todo. ¿En todo? Quizá, no sé, se lo dejo a Barrio y a Juvenal, anoto y me crispo. No es para menos. A las 18.36 hay comer para Ferro, pero no pasa nada, apenas tres minutos después Ereros acaricia un gol que no es. Y sólo dos minutos más tarde, sólo dos minutos después, ruge Víctor Hugo, ruge Caballito, rugen varios colados en la zona de periodistas, rugen las lapiceras al anotar: ¡Gol de Estudiantes! Trama es el autor de la primera página que dirá "Argentinos campeón". ¿Será verdad?

A las 18.50 mientras que desde La Plata dicen que se salvó Islas, yo veo con mis propios ojos como Ortega casi le empata a Argentinos. No está todo dicho. Ni siquiera por Víctor Hugo Morales, que se equivoca y anuncia: "Se viene el tercero de Estudiantes", para rectificarse en seguida. Nadie puede tener sosiego. A las 18.58 empieza la invasión a la cancha de Ferro. Un puñado de arruina -espectáculos - arruina - fútbol - arruina - convivencia, quiere entrar. Allá, en La Plata, Ferro lucha y se desangra por la fe que lo empecina. Corre contra Estudiantes, Argentinos, el campeonato y el reloj. Un reloj parado en Caballito. Espósito paró todo. Algunos jugadores —el negro J. J. López incluido— piden que se vuelvan a la tribuna, el resto del público ruega: "Que se bajen, que se bajen". Lo hacen de mala gana. Ya el diálogo directo La Plata - Caballito atraviesa un tic-tac de reloj que marcha a contramarcha. ¿Cuánto falta? ¿Adónde, aquí o allá? ¿Allá? Ah, no sé. ¿Y acá? Ah, no sé...

Por fin, cuando faltan cinco minutos aquí, en Caballito, y Espósito hace señas el silbato por un lateral, estalla en mi oreja izquierda: "¡Terminó en La Plata!" y en mi oreja derecha un rugido. Imposible pararlos. Invaden todo. Se terminó todo.

Un café bien caliente, por favor.

Por Carlos Irusta

 

 

Imbéciles, arruinaron todo

Las autoridades de Argentinos Juniors sabían que esto podría ocurrir. La Policía Federal —seccional 13a—también. De manera que ni organizadores ni custodios pueden decir que el hecho fue imprevisto o sorprendente. Los imbéciles que le arruinaron al 99 por ciento de los hinchas de Argentinos Juniors, a sus jugadores y aún a sus dirigentes el esperado —y merecido—festejo, no eran seres de otro planeta. Desde antes de comenzar el partido ya se olfateaba la invasión y por dos veces el árbitro Carlos Espósito debió suspender el cotejo ante las primeras incursiones de hinchas que por detrás del arco de Cassé habían logrado saltar el alambrado olímpico o simplemente superar el hueco que descubría el tejido del mismo alambrado cortado a la altura de la leve empalizada. La policía no hizo nada por detener la invasión. Se dedicó fundamentalmente a levantar con sus grúas los coches "mal estacionados" sobre la calle Avellaneda (medida discutible ya que no se dio a conocer ninguna información oficial sobre algún organigrama existente) y a entorpecer la salida de los pacíficos espectadores con bloqueos y desvíos de vehículos hacia arterias "embotelladas". Y esta vez no vale el latiguillo de "a los pibes no los podemos tocar".

 

Domenech no puede soportar la imbecilidad de un grupo de supuestos hinchas: quiere que el partido termine, se exalta, pega, le pegan, Es inútil, nadie tomó las previsiones para impedir la invasión. Ni Argentinos como organizador, ni la policía como responsable del orden.

Domenech no puede soportar la imbecilidad de un grupo de supuestos hinchas: quiere que el partido termine, se exalta, pega, le pegan, Es inútil, nadie tomó las previsiones para impedir la invasión. Ni Argentinos como organizador, ni la policía como responsable del orden.

  
Lemme se toma a golpes con uno de los intrusos. Por el disfraz parece ser hincha de Argentinos. Con su actitud torpe y absurda en realidad sólo intentó perjudicarlo.

Lemme se toma a golpes con uno de los intrusos. Por el disfraz parece ser hincha de Argentinos. Con su actitud torpe y absurda en realidad sólo intentó perjudicarlo.

  
La última vez que vimos una vuelta olímpica impecable fue este verano en la Copa de Oro en Mar del Plata, ganada por Boca. La que intentó dar Argentinos el domingo fue un verdadero caos.

La última vez que vimos una vuelta olímpica impecable fue este verano en la Copa de Oro en Mar del Plata, ganada por Boca. La que intentó dar Argentinos el domingo fue un verdadero caos.

 

Vean con detenimiento las fotos, observen las características de esos individuos y se darán cuenta de que entre una mayoría de chiquilines hay tremendos grandotes que son, incluso, quienes provocan las crisis de los jugadores Lemme y Domenech, quienes tuvieron que agarrarse a trompadas. Este desastre que impidió la fiesta alcanzó su doloroso apogeo una vez que se dio por radio la finalización del partido Estudiantes-Ferro, en La Plata. Cuando eso ocurrió cientos de vándalos ingresaron desde todas las direcciones ganando el campo de juego de Caballito. Faltaban jugarse, aún, cuatro minutos. El tiempo que Espósito habría de adicionar por las dos interrupciones anteriores. Fue tan caótico el momento que mientras los jugadores de Temperley huían hacia los vestuarios, los de Argentinos Juniors, con énfasis e impotencia, intentaban persuadir a la turba para que se retirara. Imposible. El árbitro y sus asistentes se quedaron en el campo de juego, cerca del banco local, por cinco minutos. La Policía permaneció impasible. Las tribunas, murmurantes pero frustradas, debieron aguantar confusas la explosión contenida. Argentinos Juniors era campeón y el festejo sólo quedó para los imbéciles que lo arruinaron todo. Injusto…

Fotos: ABACA, NORBERTO MOSTEIRIN, ALFIERI (padre e hijo), LEGARRETA y NAVA

 

Cuando la alegría no pide credencial. Por Gustavo Béliz

Si este fuera un domingo más, ahora estaría escribiendo: ufa por los cables, ufa por los apretujones, ufa por los colados, ufa por el vapor, ufa por el calor y ufa por el vestuario. Pero éste no es un domingo más. Por eso los cables parecen una alfombra, los apretujones son caricias, el calor es calidez, los colados amigos y el vestuario se transforma en una cajita de música que nos mete en un universo donde la felicidad gatea como un pibe recién nacido. No hay que estar demasiado despierto para anotar frases. No hay que estar demasiado eufórico para que los mismos protagonistas lo confundan a uno en un abrazo y en un "gracias" y en un "vos también sos ganador, flaco". De lo que se trata, entonces, es de sentirse uno más en el festejo, arrimar el oído al corazón de este equipo y, como un médico especialista en momentos dichosos, escuchar mil latidos que le ponen ritmo a una palabra degustada como un caramelo: cam-peo-nes.

 

Terminó —con la salvedad de los cuatro minutos restantes que constarán en el informe de Espósito— El arquero Cassé llegó a la fiesta para saludar a Pasculli.

Terminó —con la salvedad de los cuatro minutos restantes que constarán en el informe de Espósito— El arquero Cassé llegó a la fiesta para saludar a Pasculli.

  
El festejo sin jerarquías que unió a todos en el vestuario de los bichos: Domingo Tessone, el presidente, abrazado a la euforia de Miguel Ángel Lemme. Argentinos Juniors, justo campeón. Gran monarca.

El festejo sin jerarquías que unió a todos en el vestuario de los bichos: Domingo Tessone, el presidente, abrazado a la euforia de Miguel Ángel Lemme. Argentinos Juniors, justo campeón. Gran monarca.

  
El festejo sin jerarquías que unió a todos en el vestuario de los bichos: Domingo Tessone, el presidente, abrazado a la euforia de Miguel Ángel Lemme. Argentinos Juniors, justo campeón. Gran monarca.

El festejo sin jerarquías que unió a todos en el vestuario de los bichos: Domingo Tessone, el presidente, abrazado a la euforia de Miguel Ángel Lemme. Argentinos Juniors, justo campeón. Gran monarca.

 

Ahí está saltando Morete como cuando tenía 20 años (ayer no más, Puma), bromeando con una peluca rubia sobre su cabeza y abrazándose con todos: “Este es mi cuarto campeonato, y todos los conseguí con camisetas distintas: River, Boca, independiente y Argentinos. Mirá, llevo quince años en primera pero jamás en mi vida había estado en un club así: esto es de otro mundo…”

Por aquel rincón el "Negro" López ("Deshollinador" para el Pepe Castro) se mezcla con el profe Álvarez en un interminable abrazo: "Ganó el trabajo de todos, no hay vueltas. Me hizo acordar el River del '75, cuando arrancamos con Labruna y nos metimos todos en la misma cosa. Este Argentinos tuvo la combinación justa: pibes jóvenes y un grupo de muchachos ya experimentados para respaldarlos. Por eso, aunque no entré, soy el tipo más feliz del mundo..." Permiso, que juntito a las duchas lo veo al vicepresidente Humberto Caries fumándose el cigarrillo número tres mil cuatrocientos noventa de la tarde: "Administramos todo con mucho cuidado, compramos jugadores pero no agregamos un peso, porque también vendimos. El pase de Maradona fue fundamental, porque nos capitalizó. Los jugadores se merecen un premio especial: hay 50.000 dólares para repartir entre todo el plantel..." Y el presidente Domingo

Tessone también tiene su homenaje. En cuanto consigue entrar al vestuario, el canto de los jugadores es unánime coreando su nombre.

A ver, a ver. . . por aquella nube de periodistas está Pasculli: "Jamás pensé que iba a llegar a tanto. Salgo campeón, me van a dar el Botín de Oro y Bilardo ya me nombró como candidato para integrar la Selección… Y pensar que cuando era pibe ni soñaba con llegar a conseguir algún título…"

A ver, a ver, en la puerta de la utilería se repone Olguín, con la pierna izquierda dolorida y los ojos húmedos: "Que nadie se equivoque, ya no existen más los clubes grandes y los clubes chicos, ahora existen sólo los equipos. Y Argentinos demostró ser uno de los mejores de AFA. En los últimos diez partidos nos juramentamos dejarlo todo, siempre fieles a nuestra línea de juego. y acá me ves, festejando el sexto campeonato de mi carrera...”

Jorge le dará personalmente las gracias a la Virgen de Luján, como el Colorado Domenech, que no para de hablar por la radio: "Estoy esperando que dentro de un mes nazca mi primer hijo para irme caminando hasta la Basílica. Tengo muchas cosas para agradecer..." En cuestiones de fe, también Batista tiene su historia simple: "Antes de cada partido, mientras precalentaba, mi hermanito Fernando me traía una cadenita con la imagen de la Virgen... Me dio resultado, lo vivo como algo muy especial: llegué al club cuando tenía 14 años y las pasé todas. Este título se lo debemos mucho a Saporiti." Basta levantar la vista para ver al mendocino Ereros disfrazado de hincha, con un gorro inmenso sobre su melena negra. Basta darse vuelta para presenciar el “chuick” emocionado de Vidallé a su hijo Johnatan: "Fue la mascota, del equipo, entró con nosotros a la cancha en casi todos los partidos. . ." Uno lo quiere fotografiar todo con la mirada. Allá está la esposa de don Ángel recibiendo con lágrimas la camiseta número 8, todavía húmeda e increíblemente salvada de la cacería de la hinchada. Se la ofrenda Videla, la figura: "Es una promesa, cuando me vi campeón me acordé de don Ángel, él me ayudó como nadie en Argentinos..." Acá está Silvano Espíndola, recién llegado del Millonarios de Colombia para saludar a sus antiguos compañeros. Y el Pepe Castro gastando la broma oportuna. Y el Nene Commisso contando su alegría con tonada cordobesa. Y Villalba pensando en la Copa. Y Lemme. - Y Pavoni. Y Mendoza. Y Pellegrini. Y Olarán. Y todos.

Dan ganas de quedarte a vivir acá adentro, pero el cierre espera. Por eso busco una imagen para sintetizar estos 90 minutos que acabo de pasar en el vestuario campeón. Como destacado mediocre, no la encuentro. Recién cuando me doy cuenta que entré acá sin mostrar mi credencial, me respondo a medias: es que la alegría no pide credencial. A Dios gracias nunca pide credencial...

POR GUSTAVO BELIZ


CAMPEÓN POR PRIMERA VEZ

 

 

 

Argentinos Juniors Campeón 1984 bajo la dirección técnica de Roberto Saporiti.

Argentinos Juniors Campeón 1984 bajo la dirección técnica de Roberto Saporiti.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tapa Edición 3403

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Producción: Alejandro Fabbri

 

 

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