Las Crónicas de El Gráfico

1930. El Clásico de Avellaneda

Por Redacción EG · 23 de diciembre de 2019

Cincuenta mil aficionados presenciaron el partido entre los rivales de Avellaneda. Independiente triunfó por 3 a 1 frente a Racing en el flamante estadio del Rojo. Una crónica con fotos imperdibles.

Un record de concurrencia, ya que no de recaudación en matches interclubs, se congrego en el magnífico estadio de los rojos. Independiente venció bien, como team de más clase.

Racing e Independiente constituyen toda una tradición de la segunda época del fútbol argentino, que, año a año, renuevan la intensa rivalidad de barrio de sus comienzos en las lides deportivas, en que el segundo creció a la vera de los grandes prestigios del primero. Buena o discreta su posición en el certamen oficial, sus luchas siempre constituyen una atracción sensacional, y mucho más cuando, como el domingo, ambos bajaban a la liza sin haber perdido un solo punto.

 

Ravaschino sufre un desmayo a consecuencia del esfuerzo que hizo para marcar el segundo goal de Independiente, siendo necesario conducirlo al vestuario para que reaccionara. El que está en mangas de camisa es el veterano Zoilo Canaveri, hoy entrenador del team.

Ravaschino sufre un desmayo a consecuencia del esfuerzo que hizo para marcar el segundo goal de Independiente, siendo necesario conducirlo al vestuario para que reaccionara. El que está en mangas de camisa es el veterano Zoilo Canaveri, hoy entrenador del team.

 

Lugar de la cita fue el espléndido estadio que soñaron los rojos y el esfuerzo de sus dirigentes convirtió en hermosa realidad. Para exaltarlo, bastará repetir la expresión que oímos casualmente de un aficionado, cuando cruzábamos la calle con aspecto de baldío que conduce hasta las mismas puertas del campo de juego: — Tiene todo el aspecto de un palacio — expresó con admiración el espectador.

En efecto; construido de cemento armado y líneas sobrias y elegantes, el estadio de Independiente, que se diferencia de todas las demás canchas de nuestra gran urbe, construidas sobre hierro y madera, tiene todo el aspecto de un palacio, como lo definiera la sencilla frase de la admiración popular.

 

Una curiosa escena del match. Ravaschino ha perdido la pelota, y se queda mirándola asombrado, mientras tanto Della Torre y Paternoster van hacia ella, como diciendo: “¡Che, la perdió! Vamos a buscarla en, puntas de pies para que no se dé cuenta".

Una curiosa escena del match. Ravaschino ha perdido la pelota, y se queda mirándola asombrado, mientras tanto Della Torre y Paternoster van hacia ella, como diciendo: “¡Che, la perdió! Vamos a buscarla en, puntas de pies para que no se dé cuenta".

 

Ese estadio constituía toda una garantía de comodidad a los aficionados y debía ser marco grandioso para la importante contienda. Y así fue; las largas caravanas que convergían como dos ríos de la calle Alsina y el terreno baldío, fueron llenando las amplias graderías hasta ofrecer, en el instante de iniciarse la lucha principal, un magnífico e imponente aspecto. Hace muy pocos años, apenas soñábamos ese concurso extraordinario de público para los más notables matches internacionales. Ahora, probaba la capacidad de la cancha un encuentro de campeonato.

 

De Mare aguanta a Seoane, para evitar que cabecee, facilitando así la labor de su compañero.

De Mare aguanta a Seoane, para evitar que cabecee, facilitando así la labor de su compañero.

  
Pompei no puede detener a Ríos, que consigue eludirlo.

Pompei no puede detener a Ríos, que consigue eludirlo.

  
A los ocho minutos de juego, Racing abrió el score. Stagnaro ejecutó un foul, y la pelota cayó sobre el arco defendido por Sangiovanni, en donde se produjo un entrevero, llegando la ball a los pies de Perinetti, quien, al intentar pararla, efectuó una especie de medio centro. Atropellaron varios delanteros visitantes correspondiéndole a Mellone el honor de introducirla en el arco.

A los ocho minutos de juego, Racing abrió el score. Stagnaro ejecutó un foul, y la pelota cayó sobre el arco defendido por Sangiovanni, en donde se produjo un entrevero, llegando la ball a los pies de Perinetti, quien, al intentar pararla, efectuó una especie de medio centro. Atropellaron varios delanteros visitantes correspondiéndole a Mellone el honor de introducirla en el arco.

 

ANTES DE LA LUCHA

En el vestuario de Independiente todo era buen augurio y ni una sola nube empañaba el cielo de su optimismo: iban a triunfar. Un empate posible apenas se esbozaba como una remota probabilidad, y una derrota se descartaba por imposible. En el de Racing no ocurría lo mismo: la ausencia de Ochoa pesaba como un plomo y entibiaba los entusiasmos generales. Empero, se admitía como muy posible una división de honores y se barajaban risueñas esperanzas de victoria. Tal el ánimo de los dos bandos. Uno entró al campo pletórico de fe y confianza, y el otro con los dientes apretados, dispuesto a vender cara su derrota o hacer pagar al rival su exceso de optimismo.

EL MATCH

Por eso las primeras jugadas favorecieron a Racing, y antes de cumplirse los 10 minutos los blanquicelestes obtenían el único goal en su favor. Pero también por la misma entera confianza de los rojos en la victoria final, lejos de abatirlos ni desorientarlos, el contraste los hizo reaccionar. Y su mayor fuerza, el terceto central, especialmente Lalín, comenzó a desplegar ese juego técnico y lucido de habilidad en el esquive y exactitud en el pase, que le permitió maniobrar a fondo sobre el sector peligroso de Racing en el que, hasta Paternoster, el mejor, se veía en figurillas para contener. Varias tentativas de los rojos, frustradas en general por el escaso acierto de Ríos, se malograron, pero la sensación del empate estaba en el ambiente y no extrañó cuando Lalín, en una enérgica arremetida, se posesionó del globo y lo cautivó en la red, pese a los esfuerzos de Arzeni.

Siguió Independiente llevando la mejor parte, y en un tiro alto hacia el arco en que Seoane acometió, Paternoster trató de cabecear la pelota y, como no la alcanzara, ante la clara intuición de que el gran insider se iba a posesionar de ella solo frente a Arzeni, utilizó el extremo recurso de desviarla con la mano, infracción que el referee castigó. Dirigió el penal Paolinetti, pe ro lo hizo en forma recta, lo que permitió la feliz intervención de Arzeni, que rechazó sin poder retener y, devuelta al goal la ball por Ríos, se lució en el nuevo rechazo.

El predominio de los rojos, que constituyó la mejor exhibición de juego de todo el match, duró hasta la media hora, en que la lucha se emparejó y, hacia el final del Período, un pase adelantado de Lalín permitió a Ravaschino shotear a la carrera Y proporcionar el segundo goal a su bando junto al poste.

En el segundo tiempo el juego decayó porque Independiente, deseoso de conservar la ventaja, se concretó más a la dejen saque al ataque, y Racing se prodigó esfuerzos que carecieron de método y acierto. Ravaschino, aprovechando el recio shot de Seoane, en un free-kick por foul, de Della Torre, recibió la pelota del rebote de Arzeni para confirmar la victoria de su team. Y terminó la lucha en medio del júbilo indescriptible de la hinchada roja, que agita delirante las insignias del club y se lanzaba a la calle en manifestación, a expandir su incontenible alegría y entusiasmo.

 

Momento de peligro sobre el arco custodiado por Arzeni. Durante el primer tiempo, Lalín y Ravaschino se mostraron los delanteros más peligrosos para la defensa de Racing.

Momento de peligro sobre el arco custodiado por Arzeni. Durante el primer tiempo, Lalín y Ravaschino se mostraron los delanteros más peligrosos para la defensa de Racing.

  
Martínez se concretó exclusivamente a marcar a Perinetti, consiguiendo anularlo.

Martínez se concretó exclusivamente a marcar a Perinetti, consiguiendo anularlo.

  
Mellone y Lalín, en una actitud semejante; pero con la diferencia de que los dos son forwards.

Mellone y Lalín, en una actitud semejante; pero con la diferencia de que los dos son forwards.

  
Una positiva apilada de Ravaschino, el scorer de la jornada, quien consigue shotear al arco a pesar de ser obstaculizado por cuatro hombres de defensa contraria. La diferencia entre la capacidad de uno y otro team radicó en las líneas delanteras. La de Independiente superó en mucho a la Racing, la cual, al sentir la falta de Ochoa, actuó desorganizada y le faltó el sentido de penetración.

Una positiva apilada de Ravaschino, el scorer de la jornada, quien consigue shotear al arco a pesar de ser obstaculizado por cuatro hombres de defensa contraria. La diferencia entre la capacidad de uno y otro team radicó en las líneas delanteras. La de Independiente superó en mucho a la Racing, la cual, al sentir la falta de Ochoa, actuó desorganizada y le faltó el sentido de penetración.

 

JUICIOS SOBRE EL MATCH

No fue un gran match, pero si una lucha muy aceptable. Los teams observaron fallas que conspiraron contra la calidad del juego en ese sentido, se distinguieron los perdedores, que fueron los que más prodigaron esfuerzos. La defensa de Racing no pasó de discreta y el ataque fue deficiente, y sólo mi enorme dosis de entusiasmo no lo colocó en absoluta inferioridad frente a un rival más armónico y capacitado. En Independiente, la defensa, contrariamente a las prevenciones que se le tienen, jugó un buen match; el ataque, o mejor dicho, el terceto central del mismo, actuó con la maestría esperada, y sólo el factor de que Ravaschino no se encontrara en buen estado físico impidió una exhibición mejor.

Ganó, pues, el team que supo regular mejor su acción y que dedujo el lógico producto del superior desempeño individual y colectivo. Que se mostró eficiente en la defensa y maestro en el ataque.

El primer período fue superior al segundo en brillo y alternativas de interés.

Se practicó en general juego limpio y se recurrió a los medios legales antes que a los vedados. Había que vencer, pero vencer en buena ley, y lo que no podía dar la técnica lo dio el entusiasmo, al punto de que, si no colmó, por lo menos satisfizo la expectativa del público.

Sin que signifique formular una censura severa que nadie mereció, fueron tres, sin embargo, los jugadores que no estuvieron a la altura de corrección de los restantes: Bartolomedi y Della Torre, pesados y algo bruscos en sus intervenciones; y Paternoster, un poco malintencionado y protestador hacia el final del match.

 

Arzeni, en un esfuerzo ponderable, detiene el tiro penal dirigido por Paolinetti, el cual, si bien no fue muy esquinado, llevaba suma potencia.

Arzeni, en un esfuerzo ponderable, detiene el tiro penal dirigido por Paolinetti, el cual, si bien no fue muy esquinado, llevaba suma potencia.

  
El negro Seoane no pudo hacer mucho, pues estuvo recargado de vigilancia, lo que facilitó la tarea de sus compañeros Ravaschino y Lalín.

El negro Seoane no pudo hacer mucho, pues estuvo recargado de vigilancia, lo que facilitó la tarea de sus compañeros Ravaschino y Lalín.

 

ACTUACIÓN DE LOS JUGADORES

Los dos guardavallas estuvieron bien, y de la tarea sólo relativa que realizaron se distinguió más Arzeni, porque tuvo las intervenciones más difíciles. De los cuatro backs, y cuya eficiencia general fue buena sin superlativos, el que más se lució fue Dibuglio, cuya labor, recargada por ciertas defecciones de Chiarella, llamó particularmente la atención del público. El zaguero derecho de los rojos salió romper juego con exacta noción y retrocedió siempre a tiempo para salvar con maestría las situaciones extremas. Hábil en el quite; impecable en la colocación; seguro en el rechazo y efectivo en la intercepción, superó a todas las esperanzas que en él se cifraban.

Le siguió en méritos Paternoster, quien en la primera etapa, pasó casi inadvertido por la magistral actuación de Lalín, que no encontró en el gran back internacional un escollo difícil. En el segundo tiempo Paternoster promovió la ofensiva de sus compañeros sin descuidar la defensa, por lo que logró distinguirse.

 

Sangiovanni tuvo intervenciones muy difíciles. El goal que le marcaron era imposible de detener.

Sangiovanni tuvo intervenciones muy difíciles. El goal que le marcaron era imposible de detener.

 

Fue lástima, empero, que no consiguiera mantenerse enteramente sereno. Della Torre jugó con el empeño y energía característicos, pero cargó el cuerpo en demasía, y en las situaciones extremas recurrió al foul. Chiarella no estuvo en un día feliz, y si su colocación no fue muy acertada ni estuvo seguro como otras veces en los quites y rechazos, hay que reconocer que tuvo escasa suerte, pues se vio perseguido muchas veces por los rebotes inoportunos. Ninguna de las dos líneas de halves mereció los honores de un amplio elogio, pero ambas se comportaron en formá de no desentonar. El mejor de los seis fue, indiscutiblemente, Martínez, quien cumplió a conciencia la misión ardua de vigilar especialmente a Perinetti. El gran winger, un tanto aislado por la acción poco eficiente de Tabar en su apoyo y el éxito defensivo de Martínez, sólo tuvo chispazos. Pompeí y Bartolomedi fueron los inferiores de sus respectivas líneas; el primero, por dedicarse demasiado al apoyo sin acierto, y el segundo por concretarse a la defensa. Di Mare actuó bien, y si a veces apareció inferior no fue por su culpa, sino por la notable eficiencia de Lalín. De los dos centre halves, Stagnaro se vio más que Gross, pero la acción productiva de ambos rayó a un nivel parecido.

 

Tabar intenta despojar a Ríos de la pelota, mientras Pompei está a la expectativa. En el segundo tiempo, Racing consiguió equilibrar las acciones y dominar en los últimos minutos, como siempre ocurre con el team que va perdiendo y que arriesga, todo ante la inminencia de la derrota. Independiente se mostró superior y su victoria por tres goals a uno fue, sin lugar a dudas, bien merecida.

Tabar intenta despojar a Ríos de la pelota, mientras Pompei está a la expectativa. En el segundo tiempo, Racing consiguió equilibrar las acciones y dominar en los últimos minutos, como siempre ocurre con el team que va perdiendo y que arriesga, todo ante la inminencia de la derrota. Independiente se mostró superior y su victoria por tres goals a uno fue, sin lugar a dudas, bien merecida.

 

EL RECORD DE CONCURRENCIA

El match interclubs que mantiene el record de recaudación es el disputado por Huracán y Boca Juniors el año pasado, correspondiente al campeonato de 1928, en el que se registró la suma de pesos 25.512.60. En ese match se vendieron 33.042 entradas. El domingo, el partido de Independiente contra Racing produjo la cantidad de 24.778 pesos, que no alcanza a batir el record anterior en cuanto a recaudación se refiere, no así en cantidad de público, pues en esta oportunidad se expendieron 35.889 billetes de entrada, a lo que se debe agregar el mayor número de socios del club local y asistencia femenina, que hacen elevar la concurrencia en una cifra de 10.000 espectadores mayor aproximadamente que el de Huracán y Boca. Este nuevo record, con ser importante, será batido esta misma temporada muy posiblemente, si se tiene en cuenta, no ya la mayor difusión del deporte, sino las mejores comodidades que año en año ofrecen nuestros estadios y el aumento de interés que tendrán los matches a medida que se vayan definiendo las posiciones en el certamen.

 

 

A los 43 minutos del primer tiempo, Ravaschino conquista el segundo goal para Independiente, venciendo a Arzeni con un tiro bajo y cruzado.

A los 43 minutos del primer tiempo, Ravaschino conquista el segundo goal para Independiente, venciendo a Arzeni con un tiro bajo y cruzado.

  
Della Torre se esfuerza para evitar una combinación peligrosa.

Della Torre se esfuerza para evitar una combinación peligrosa.

 

LAS LÍNEAS DELANTERAS

Perinetti fue el más peligroso de los forwards blanquicelestes, pero, por la causas mencionadas, su acción de protagonista fue muy espaciada, ya que pocas veces consiguió eludir la vigilancia especial de Martínez Mellone le siguió en méritos, evidenciando poseer un shot potente y peligroso por su dirección. Barañano y Tabar fueron muy activos, empeñosos, tesoneros, pero dentro de una mediocridad de recursos bien poco ponderables. En cuanto a Bao, pasó casi inadvertido. Lalín fue el mejor forward de Independiente, y puede decirse, sin temor a incurrir en exageraciones, que fue el jugador más destacado del field. Su dominio sobre la pelota es tan absoluto, que le permite hacer arabescos sobre el césped, que imposibilita todo éxito hasta al rival más calificado. Le vimos pasar a playera de la talla de Paternoster y Di Mare con una facilidad tan asombrosa como desconcertante. En casi todo el primer tiempo él fue dueño del ataque, que manejó a su antojo, ya sea esquivando con limpieza y brillo a cuanto rival le salía al paso, o efectuando pases maravillosos por su precisión. Le siguió Seoane. El notable insider no hizo ningún goal ni se vio su acción en el field como otras veces, pero fue el hombre inteligente y de intuición perfecta que harán que su recuerdo perdure por muchos años. Muy vigilado corrió y corrió muchas veces sin intervenir en el juego, pero lo hizo para mantener sobre sí la atención de sus adversarios y facilitar, en esa forma, el juego de sus compañeros de línea. Ravaschino, el eje dinámico de los rojos, estaba el domingo en inferioridad física. Por ello no produjo el juego incesante y destacado de costumbre. Con todo, hay tanto dinamismo y eficiencia en él, que, enfermo y todo, no solamente fue el scorer, sino que se constituyó frecuentemente en la pesadilla de la zaga rival. Paolinetti, cuyo principal mérito radica en la acometividad y recio shot, sostuvo aquélla, pero fracasó en éste, ya que erró un penal. Con todo, fue un winger peligroso, sin mucho estilo, pero con real capacidad. Ríos, muy veloz, pero poco ajustado todavía, sin defeccionar, fue, evidentemente, el peor de los cinco.

 

El centre forward de los rojos cabecea hacia atrás, sin resultados, mientras Seoane y Paternoster lo observan de cerca. El match no fue la exposición de juego que se esperaba. Tuvo algunos momentos felices, pero, en general, no respondió a la expectativa. El partido entre los dos grandes rivales de Avellaneda tuvo una característica digna de destacarse: transcurrió dentro de la mayor corrección.

El centre forward de los rojos cabecea hacia atrás, sin resultados, mientras Seoane y Paternoster lo observan de cerca. El match no fue la exposición de juego que se esperaba. Tuvo algunos momentos felices, pero, en general, no respondió a la expectativa. El partido entre los dos grandes rivales de Avellaneda tuvo una característica digna de destacarse: transcurrió dentro de la mayor corrección.

 

EL REFEREE

Macías, el mejor referee de la actualidad, confirmó el domingo una vez más sus grandes condiciones para dirigir lances de gran importancia. Su arbitraje fue enérgico como siempre y muy acertado. Supo encarrilar la lucha y resultó uno de los triunfadores de la eran jornada.

 

 

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