Las Crónicas de El Gráfico

1984. Gabriela, la piba de oro

Por Redacción EG · 28 de octubre de 2019

Con sus trece años, Sabatini ganó el torneo de juveniles de Montecarlo sin perder un solo set. El Gráfico la acompañó durante el torneo y concluyó que está destinada a ser una grande del deporte.

 

Me gustaría tener alguno de mis muñecos, sabes. En casa, en Villa Devoto, tengo varios. No se puede viajar con ellos, pero a veces los extraño…

 —¿Y a tus padres?

—También, hay momentos que los extraño, pero cierro los ojos y trato de no pensar. Sé que tengo que hacerme fuerte, porque si no, no podría seguir en esto.

—¿Y esto qué es para vos?

—Un juego. Me divierto jugando al tenis, aunque me doy cuenta de que cada vez se hace más difícil, más competitivo.

 

Gabriela Sabatini le ganó la final a la brasileña Silvana Campos. Como la semana pasada en Niza, volvió a vencer la argentina 6-4 y 6-4. La Costa Azul la admiró.

Gabriela Sabatini le ganó la final a la brasileña Silvana Campos. Como la semana pasada en Niza, volvió a vencer la argentina 6-4 y 6-4. La Costa Azul la admiró.

 

No sabe qué hacer con el ramo de flores y la copa que tiene en la mano. Me pide que le traduzca lo que monsieur Jacques le dice en la entrega de premios. Allí aparece la chiquilina tímida, callada. En la cancha estuvo la otra: la del talento exuberante, la mentalidad ganadora, la presencia de los que están llamados a ser grandes. Es un pequeño diamante este que tenemos delante. Y cada vez se va puliendo más, convirtiéndose en una joya de aquellas que apreciará el mundo entero.

Como la comenzaron a apreciar en este Montecarlo Country Club la prensa grande, los que van a ver a un Wilander, pero no les pasa inadvertido ese halo que rodea a los que serán los monstruos de mañana. Y Gabriela Beatriz Sabatini lo será.

Piense esto: tiene sólo 13 años y ganó el torneo de juveniles de Montecarlo donde está lo mejor de Europa en la categoría. Dio cinco años de ventaja —el límite es de 18— y no perdió un solo set. ¿Se necesita explicar más?

—No creí que podía ganar en Niza y aquí. La idea era venir a aprender, a conocer todo el medio europeo y sus jugadores. Pero yo me sentía con confianza, sé que mejoré bastante mi drive, después de todo el trabajo que hice con Patricio Apey (el técnico chileno que tiene su base en Miami y la entrena) durante enero y febrero. Pero no pensaba ganar tan rápido.

 

7 de febrero. Gabriela Beatriz Sabatini, una prometedora aparición en el tenis femenino argentino.

7 de febrero. Gabriela Beatriz Sabatini, una prometedora aparición en el tenis femenino argentino.

 

Es cierto. Pero lo es mucho más que tiene una variedad de golpes, una inteligencia dentro de la cancha que no es normal a su edad. Eso la diferencia aun de jugadoras mayores que ella. Sabe, instintivamente, qué jugar y cómo. Y esas cosas no se aprenden. Jamás se aprenden.

Amiga, compañera, rival

Mecha. Mecha, agua. Por favor, un vaso de agua...

La luz se prende rápidamente. Mercedes Paz corre hasta el baño, llena un vaso y se lo lleva a su compañera de habitación. La toca y le ofrece el agua tan solicitada.

—¿Qué hacés Mecha? ¿Por qué me despertás. . .?

—Nada Gaby, nada, seguí durmiendo.

La tapa, apaga la luz y vuelve a su cama del Hotel Westminster sobre la playa en el camino a Menton, ya casi saliendo de Montecarlo, donde los juveniles tuvieron su base. Y ahí está el otro secreto de esta Gabriela Sabatini ganadora. Porque a los 13 años es tremendamente difícil poder asimilar el gran cambio de dejar padres y seguridades para salir a la búsqueda de un mundo desconocido y con más de un peligro para una mujer sola. Pero Gabriela Sabatini encontró a Mercedes Paz. Tucumana, 17 años, una madurez y un equilibrio notables. Ella es su madre aquí. La que consigue los pasajes, la que organiza los entrenamientos, la que cuida de sus comidas, la que escucha sus sueños parlantes por la noche y está pendiente de atenderla.

—Sé que tengo limitaciones, las conozco. Gabriela no. Ella no. Ella podrá hacer lo que yo no puedo.

Humildad, conciencia, entrega. Si algo necesitaba Sabatini era alguien que le ayudara a soportar el cambio, sus dudas, su inmadurez de 13 años. Y los elegidos siempre consiguen lo que otros no logran. Y Sabatini encontró en su camino a esta tucumana de tenis fuerte y carácter suave.

—Me apoyo mucho en ella. Es la que se encarga de todo y nos llevamos bárbaro. Igual Rapa vendrá para Roland Garros y nos volveremos a Buenos Aires después de Wimbledon.

—¿Dejaste el colegio?

—Sí. Debo matemáticas, castellano, geografía e historia de segundo año. Pero las dos cosas no se podían hacer. Voy a ver si después puedo rendir libre.

Hay que estar muy atento para escucharla, las pocas veces que habla.

—Soy tímida, me cuesta darme con la gente, aunque ahora me estoy largando más.

Su verdadero carácter está adentro de la cancha. Tiene la mentalidad ideal del tenista: tranquila, pensante, con una gran confianza interior. Sólo de esa manera pudo vencer a la alemana federal Christine Rhan 6-1 y 6-1 en la primera rueda, a la francesa Ivonne Stenger 6-2 y 6-1 en los octavos de final, a la alemana federal Marise Schropp 6-1 y 6-3 en cuartos, a la sueca Henrika Dahlstrom 6-1 y 6-1 en semifinales y a la brasileña Silvana Campos (17 años, de San Pablo, campeona sudamericana juvenil y también compañera de viaje y de habitación junto a Paz) en la final. El 6-4 y 6-4 marcó lo difícil que fue quebrar a la paulista:

—Creo que saqué adelante el partido en base a garra. Sabía que tenía que intercalarle pelotas con slice y top-spin y variarle la longitud para no dejarla pegar. Ella es más fuerte y me supera en potencia, pero me costaba mantenerla en el fondo. Aunque únicamente me puse un poco nerviosa en el segundo set cuando debía definir el partido. Antes estuve muy concentrada y sólo escuchaba los gritos de Pata Villanueva.

 

1984. Diciembre. Sabatini en el Orange Bowl, el prestigioso torneo de tenis junior.

1984. Diciembre. Sabatini en el Orange Bowl, el prestigioso torneo de tenis junior.

 

Por supuesto que se le escuchaba. La mujer de Alberto Tarantini cruzó desde la cercana Córcega para ver las finales del campeonato y fue casi protagonista de la final con su resonante aliento. Y para Gabriela tenerla allí, en su constante asombrarse de un mundo inédito para ella, fue como su charla con Guillermo Vilas.

—Fue mi ídolo siempre y recién aquí lo pude conocer. Me encanta verlo jugar aunque a la gente no le gusta mucho. Cuando ustedes me lo presentaron no lo podía creer. Me preguntó cómo estaba, qué pensaba hacer, y me dijo que cualquier cosa que necesitara le hablase. Pero, ¿cómo lo voy a ir a molestar yo? Después lo encontré en la escalera que lleva a los vestuarios y me dijo que jugara concentrada en la final, que pensara sólo en jugar.

—¿Y a Carolina, la viste? ¿Te gustaría ser princesa como ella?

—Sí, me pareció lindísima y tener todo lo que tiene ella sería bárbaro. El que no me gustó tanto fue Alberto, el hermano, es mucho más pintón en las fotos.

Todo es descubrimiento, deslumbramiento. Apenas ganó corrió al teléfono para hablar con papá Osvaldo, mamá Betty y su hermano Osvaldo (18 años, estudiante de ciencias económicas y profesor de tenis).

Fútbol y festejos

Ganó sin hacer un solo gesto. Con la naturalidad de los que están seguros de sí mismos. Recibió el premio y el beso emocionado de Mercedes Paz. Más emocionada que ella misma. Nosotros en la sala de prensa contestábamos una y otra vez: "Sí, tiene sólo 13 años, el 16 de mayo recién cumple los 14". Y recibíamos siempre la misma respuesta: "Con esa mente, con la mayor potencia que traerá la edad y continuo competir, lo suyo ganará altura rápidamente". Aunque le falte saber atacar y que su servicio adquiera mayor consistencia.

Todos la miraban con el respeto con que se observa a alguien que logra lo imposible. Ella, en cambio, guardó la copa en el bolso y se sentó en una escalera a esperar. Cuando Juan José Moro, Guillermo Salatino y yo salíamos, se atrevió a pedir:

—¿Van a la cancha a ver al Mónaco?

—Sí, ¿por qué?

—¿No me llevan?, quiero verlo a Simón y me gusta el fútbol.

—¿De quién sos hincha?

—De River y del Bato Alonso.

 

"Soy tímida, me cuesta darme con la gente, aunque ahora me estoy largando más"

"Soy tímida, me cuesta darme con la gente, aunque ahora me estoy largando más"

 

Y se vino nomás a verlo al rosarino que juega en el Mónaco. Puntero del campeonato francés faltando sólo dos fechas. Y de allí a cenar a Niza en el restaurante Le Tourbion, para festejar su triunfo, así en intimidad, con Mercedes Paz a su lado, pasando inadvertida, casi sin hablar. Quizá porque el mejor lenguaje lo tiene en su raqueta. Esa que reemplaza el osito que quedó en Villa Devoto. Esa que le sirve para expresarse mucho más allá de las palabras. Esa que la llevará a ser una grande del tenis. Entonces habrá dicho todo.

LUIS A. HERNÁNDEZ (Enviado especial a Montecarlo)

Fotos: LAURENT SOLA y DANIEL SIMÓN (AGENCIA GAMMA)

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