Las Crónicas de El Gráfico

1945. Con clase y alma se le ganó a Brasil

Por Redacción EG · 02 de julio de 2019

El campeonato jugado en Chile fue uno de los Sudamericanos mejor jugados de la historia. Aquí la crónica, con fotos inéditas, del brillante triunfo de Argentina sobre Brasil con 3 goles de Tucho Méndez.

Pocas veces, desde que vemos fútbol, hemos sentido una emoción tan fuerte como la que nos produjo el gran partido de esta noche. Fácil resulta explicarse el porqué. Aquí no estábamos en situación de cronistas, exclusivamente. Nos interesaba, nos preocupaba, la victoria de los argentinos. Somos sinceros al decirlo: estábamos puestos en "hinchas". ¿No es lógico, acaso? El cronista debe ser imparcial siempre al emitir sus juicios y puede serlo también como espectador cuando asiste a un match interclubs. Pero no es lo mismo cuando se encuentra uno lejos de la patria y en un campeonato tan apasionante como este. Ahora, ante la máquina de escribir, recobramos la serenidad indispensable para cumplir la misión periodística; pero hace unas horas, en el estadio Nacional de Santiago, hemos vibrado intensamente, conquistados por la importancia trascendental del partido, deseosos de que el esfuerzo de nuestros jugadores recibiera su premio,

Listos ya para entrar a la cancha, los jugadores del equipo argentino, titulares y suplentes, asisten a los últimos minutos del match entre uruguayos y bolivianos. Entre nuestros compatriotas se ve al uruguayo Schubert Gambetta, que había salido del field.

Listos ya para entrar a la cancha, los jugadores del equipo argentino, titulares y suplentes, asisten a los últimos minutos del match entre uruguayos y bolivianos. Entre nuestros compatriotas se ve al uruguayo Schubert Gambetta, que había salido del field.

 

UN GRAN EQUIPO

Tenemos la seguridad de que ha de pasar mucho tiempo antes de que podamos presenciar otro espectáculo semejante al que presenciamos en el primer período de este match entre Argentina y Brasil. No fue lo mismo que en el triunfo de los nuestros sobre los colombianos. Aquello resultó brillante, magnífico, pero siempre igualmente grato para nosotros, sin preocupaciones. Nos concretamos a gustar la exhibición de los albicelestes. Estábamos en una noche de fiesta. Ahora, en cambio, los brasileños exigieron continuamente el máximo rendimiento al conjunto argentino. Y éste respondió a tal exigencia con una calidad, un brío y una decisión que bastaron los cuarenta y cinco minutos iniciales para asegurar el triunfo y para consagrar al nuestro como el mejor cuadro del campeonato.

Verdadera primicia valiosa fue esta foto, sacada antes del partido. Méndez, que haría los tres goles, oyó aquello de que "otra cosa es con guitarra..." Lo rodean Ricardo, Muilos, Sastre, Perucca, Dezorzi, Loustau y Colombo.

Verdadera primicia valiosa fue esta foto, sacada antes del partido. Méndez, que haría los tres goles, oyó aquello de que "otra cosa es con guitarra..." Lo rodean Ricardo, Muilos, Sastre, Perucca, Dezorzi, Loustau y Colombo.

La segunda etapa fue otra cosa. Stábile hizo adoptar una táctica defensiva, para mantener la ventaja lograda. Bajaron los insiders y, en consecuencia, desapareció la espectacular y positiva acción de la línea delantera. Asumieron los brasileños la iniciativa y pudo comprobarse entonces que disponemos de una defensa tan sólida y armoniosa como el ataque. Pero la evidencia de que nuestra valla estaba asegurada contra todos los riesgos no bastó para evitarnos une preocupación constante, una angustia que nacía en los pies de Ademir, de Zizinho o de Tesourinho, que iba creciendo conforme ganaban terreno los adversarios, y que sólo desaparecía ante las intervenciones reiteradamente eficaces de los halves, los zagueros y el guardavalla Ricardo, que afirmó en este match sus extraordinarias aptitudes.

Labor estupenda, forjadora del triunfo, fue la del primer período. Trabajo táctico y de alta responsabilidad resultó la tarea defensiva de la segunda etapa. El conjunto, con su epílogo ampliamente feliz, sirvió para demostrar que el de los argentinos es un gran equipo. Así lo entendieron todos, hasta los que habían pronosticado la victoria brasileña. En tal sentido, el cuadro de Salomón hizo mucho más que ganar un partido: conquistó la admiración unánime.

El team argentino. Fogel, Yebra, Dezorzi, Ricardo, los cuales fueron hasta 1944 de Rosario Central, junto con Perucca y Pontoni, que vestían la camiseta de Newell´s.

El team argentino. Fogel, Yebra, Dezorzi, Ricardo, los cuales fueron hasta 1944 de Rosario Central, junto con Perucca y Pontoni, que vestían la camiseta de Newell´s.

EL MEJOR ADVERSARIO

Se le ha ganado, por 3 a 1, al mejor de los  rivales en este Campeonato Sudamericano. Entiéndase bien: al mejor, al de mayor categoría técnica, al de más alta calidad. No querernos decir al más difícil, porque difíciles son todos. Chile no juega tanto como Brasil, pero opuso una defensa cerrada, una defensa tenaz y heroica, ante la cual no lograron abrirse paso nuestros delanteros. Uruguay ha cumplido en este certamen actuaciones mediocres, pero sabemos que en el match contra Argentina aflorarán en el team celeste sus virtudes tradicionales. El campeonato, pues, no está ganado aún, pero se ha dado un gran paso hacia el triunfo final. Y esta victoria sobre los brasileños es la que definió un aspecto del torneo: el de la calidad.

Rival de alta calidad, apropiadísimo para dar valor al triunfo y certificar los méritos del cuadro argentino, fue la escuadra representativa del Brasil, que hasta el último momento luchó con entereza por evitar la derrota, generando un estado de intensa emoción.

Rival de alta calidad, apropiadísimo para dar valor al triunfo y certificar los méritos del cuadro argentino, fue la escuadra representativa del Brasil, que hasta el último momento luchó con entereza por evitar la derrota, generando un estado de intensa emoción.

 

FACTORES DEL EXITO

Antes del encuentro, reinaba tranquilidad y  optimismo en la delegación argentina. Se tenía conciencia del peligro que iba a afrontar-se y de la trascendencia que adquiriría el resultado. Había respeto al adversario, pero confianza firme en la propia capacidad. Ese estado espiritual, tan importante, fue uno de los factores decisivos, no ya del triunfo en sí, sino del magnífico desempeño de todo el cuadro. Como, por su parte, los brasileños iban animados de iguales propósitos y sentimientos, ambos equipos se encontraron en óptimas condiciones para rendir el máximo. La sensación imperante en el estadio era la de que íbamos a asistir a un espectáculo de excepción y a una lucha memorable. Y así ocurrió, efectivamente.

Pontoni ha recibido un pase bajo de Loustau y remata de inmediato, ante la proximidad de un defensor contrario.

Pontoni ha recibido un pase bajo de Loustau y remata de inmediato, ante la proximidad de un defensor contrario.

 

La defensa argentina empleó con todo acierto la táctica de cerrarse para impedir el éxito de los ataques brasileños. De tal manera, los delanteros adversarios tuvieron pocas ocasiones de tirar al arco. Esta foto lo comprueba.

La defensa argentina empleó con todo acierto la táctica de cerrarse para impedir el éxito de los ataques brasileños. De tal manera, los delanteros adversarios tuvieron pocas ocasiones de tirar al arco. Esta foto lo comprueba.

 

Tendidas las líneas, comenzado el juego, uno y otro conjunto desplegaron sus virtudes, confirmando la impresión de que ambos estaban en el grado máximo de su capacidad. Se movilizaron todos los hombres en un tren sumamente veloz, trascendiendo hasta los espectadores el propósito que animaba a los protagonistas: apurar, procurar rápidas ventajas, seguros de que el que pegara primero resultaría victorioso. Allí se estaba jugando el campeonato. A fondo, sin fintas. Y la superioridad de los argentinos se fue afirmando paulatinamente. Dos virtudes, entre otras, permitieron establecer el dominio de campo y abrir el camino hacia el triunfo: la notable armonía del conjunto entero y la estupenda habilidad de los delanteros. Méndez, Pontoni y Martino, rehabilitándose por completo y recuperando su total capacidad, superaron en velocidad a la defensa brasileña, enhebraron entre ellos, sobre la marcha, combinaciones de fantástica precisión, exigieron a Muñoz y Loustau, encontrando en ellos colaboradores valiosos, y penetraron en campo rival con pujanza y decisión, dando que hacer de entrada al hasta entonces invicto Oberdan y a sus zagueros. Cuando los brasileños contestaron, veloces también, pero no tan ensamblados como los argentinos, la defensa albiceleste atendió sin titubeos, cumpliendo la línea media una actuación extraordinaria, Vibró el estadio en su más alto diapasón con el primer gol, formidable tiro de Méndez, habilitado inteligentemente por Perucca, y fue rotunda confirmación de superioridad el segundo tanto. Allí se originó la reacción brasileña. No podía ser de otro modo. Logrado un gol a los dos minutos y puestos a uno solo de desventaja, los hombres de Domingos demostraron, a su vez, toda su capacidad y su envergadura. Pasamos un largo rato de angustia, Salió Dezorzi, lesionado, entró Palma, y nuestra defensa fue asentándose. Hasta que, otra vez en la ofensiva, se conquistó el tercer gol, obra también de Méndez, como corolario de un avance magistral. Y los últimos minutos del período tornaron a mostrar en toda su talla la magnífica prestancia del equipo vencedor.

Salta Dezorzi y cabecea, despejando la peligrosa situación quo a crear un centro de Ademir, el peligroso puntero izquierdo sueño. Por su calidad, este partido de Argentina y Brasil es el mejor del Campeonato Sudamericano de Chile.

Salta Dezorzi y cabecea, despejando la peligrosa situación quo a crear un centro de Ademir, el peligroso puntero izquierdo sueño. Por su calidad, este partido de Argentina y Brasil es el mejor del Campeonato Sudamericano de Chile.

 

Ricardo va a recoger sin dificultad la pelota, impulsada por Heleno. Durante la segunda etapa los argentinos cedieron defensiva a los rivales, concretándose a cuidar la ventaja. La defensa respondió entonces en gran forma y con limpieza.

Ricardo va a recoger sin dificultad la pelota, impulsada por Heleno. Durante la segunda etapa los argentinos cedieron defensiva a los rivales, concretándose a cuidar la ventaja. La defensa respondió entonces en gran forma y con limpieza.

 

Oberdan, el guardavalla brasileño que perdió frente a los argentinos su condición de invicto en el torneo, contiene la atropellada de Pontoni y efectúa el rechazo mediante un puñetazo.

Oberdan, el guardavalla brasileño que perdió frente a los argentinos su condición de invicto en el torneo, contiene la atropellada de Pontoni y efectúa el rechazo mediante un puñetazo.

 

La obra de "construcción" estaba realizada. Había que atender a su "conservación". Y entonces surgió el otro factor de éxito: Guillermo Stábile, que ordenó el repliegue de las líneas. Nos hizo sufrir, pero tenía razón. El epílogo triunfal lo comprobó ampliamente. Ahora estarnos a un paso del título. Un paso ancho como el río de la Plata, pero que el cuadro argentino cumplirá porque tiene conciencia de su capacidad.

Méndez y el reconocimiento de una hazaña. Ricardo, Colombo, Muñoz y Perucca y una sonrisa común. ¨Tucho¨ le hizo los tres goles a los brasileños.

Méndez y el reconocimiento de una hazaña. Ricardo, Colombo, Muñoz y Perucca y una sonrisa común. ¨Tucho¨ le hizo los tres goles a los brasileños.

 

 

Ficha del partido

Argentina 3. N. Méndez (3)

Brasil 1. Ademir

Febrero 15. Estadio Nacional (Santiago de Chile). Público: 65.000

Juez. N. Valentini

Argentina: Ricardo, Salomón, De Zorzi (Palma), Sosa, Perucca, Colombo, Muñoz, Méndez (De la Mata), Pontoni, Martino (Farro), Loustau.

Brasil: Oberdan, Domingos Da Guia, Begliomi (Newton), Biguá, Rui, Jayme De Almeida (Alfredo II), Tesourinha, Zizinho, Heleno (Servilio), Jair, Ademir.

 

 

El Gráfico 1945.

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