Las Entrevistas de El Gráfico

1987. Da Silva y Paz, dos uruguayos de lujo

Por Redacción EG · 26 de febrero de 2020

Desde Francia vino Rubén Paz, desde España llegó Jorge “Polilla” Da Silva. Los dos la estaban rompiendo, haciendo vibrar a las hinchadas de Racing y River. Una charla a todo fútbol.

La afluencia de sangre uruguaya en nuestro fútbol ha sido una constante histórica. Desde los momentos  estelares que fijaron Severino Varela en Boca y Walter Gómez en River hasta los más recientes de Antonio Alzamendi en lndependiente, Enzo Francescoli en River y Antonio Alzamendi, segunda época, esta vez en River.

No les costó mucho entrar en el alma de estas hinchadas. Traían la mejor carta de presentación, la que abría todas las puertas; eran rioplatenses, hablaban nuestro mismo idioma con la pelota.

Este momento uruguayo en la Argentina es especialísimo. Hay dos cracks que la están rompiendo entre nosotros, haciendo vibrar a hinchadas de Racing y River, y los dos llegaron de la orilla de enfrente pero luego de dar un rodeo, vía Europa. Rubén Walter Paz vino de Francia, donde cobraba sin jugar diez mil dólares mensuales más los premios que ganaban sus compañeros del Racing de París. Jorge Orosmán Da Silva vino de España, tras haberse consagrado goleador en el Valladolid y actuar dos temporadas en el Atlético de Madrid, donde dejó el recuerdo de su potencia y dos hermosos goles de chilena, al Valencia y al Betis.

Con Paz y Da Silva llegaron dos eximios futbolistas, dos integrantes de la Selección Celeste que estuvo en el Mundial de México. Y como su presencia coincide con el resurgimiento del fútbol charrúa que le permitió conquistar la Copa América y la Copa Libertadores, juntarlos en nuestra casa para una nota fue una obligación, una satisfacción y un lujo.

  

Los dos habían llegado de Europa para jugar en Argentina.

Los dos habían llegado de Europa para jugar en Argentina.

  

Rubén y el fútbol argentino

Cómo la modestia económica del fútbol argentino, y la de Racing, pudieron rescatar del poderoso fútbol francés a un jugador como Rubén Paz sigue siendo un motivo de asombro. Para todos menos para el talentoso volante racinguista.

—Ojo, acá, como en el Uruguay, el empobrecimiento es económico, no futbolístico. Yo a veces veo jugar a la reserva de Racing y me quedo sorprendido. En Francia no juegan así ni en primera. Acá hay un gran nivel. Y es general. Banfield, que es un equipo chico, me impresionó muy bien, juega al fútbol y no especula nada. Eso es muy positivo: en los demás países se piensa demasiado en defender. Después jugué contra Argentinos y me asombró. Ese fue el equipo más duro que enfrentamos hasta ahora, el que más cerca estuvo de ganarnos. Y de Independiente es casi innecesario hablar, un gran equipo. Y Newell's. . .

—Lo que nos llama la atención es cómo un club, en este caso el Racing de París, puede comprar el pase de un jugador en un millón de dólares, no tenerlo en cuenta y darlo luego a préstamo gratis.

—Yo tampoco puedo entenderlo. Pero en Francia todo el fútbol es así, raro, frío. Los compañeros no hacen amistad. Terminan el entrenamiento, pasan corriendo por la ducha y se van. Yo jugué apenas nueve o diez partidos. No aguantaba más.

— ¿Y cómo se dio lo de Racing?

 —En realidad, tendría que haber ido al Valencia. Me querían definitivo y pagaban 400.000 dólares. Pero la gestión la hizo un directivo español, se ve que a Di Stéfano no le gustó que le compraran un jugador que él no pidió y exigió que me tomaran una prueba. Entonces el que no aceptó fui yo. En esos días recibí llamados de algunos intermediarios tentándome para venir a la Argentina. Pero no pasaban de especulaciones. También me hablaron del Betis. Hasta que me llamó un dirigente de Racing, Crespo (Juan Carlos), y ahí mismo prácticamente arreglamos. Me vine volando.

— ¿Por qué?

 —Por la pasión que hay acá por el fútbol, porque quería jugar. Además, es el fútbol campeón del mundo y todo lo que pasa en la Argentina tiene gran trascendencia inicial.

—Hablas de la pasión del hincha nuestro. Sin embargo, vos jugaste cinco años en Peñarol y cuatro en Brasil. Algo habrás experimentado.

 —Sí, los tres países son parecidos en eso. Pero es difícil igualar a las hinchadas argentinas. En Brasil estuve en Porto Alegre, aunque allí no hay tanta efervescencia. En Río sí, gritan más, pero nada que ver. El momento que viví después de hacerle el gol a Independiente fue fenomenal, extraordinario. . . Quedé de cara a la hinchada de Racing que estaba como loca.

 

Ruben Paz debutó y se ganó el corazón racinguista.

Ruben Paz debutó y se ganó el corazón racinguista.

 

 

Cosas nuestras: el mate y las bromas

Fue el único momento en que la charla logró arrancarle hacia afuera la emoción. Lo demás es juguetear con un saquito de azúcar, mirar de ojito la edición uruguaya de EL GRAFICO con tapa de Peñarol y contestar con educación y seguridad, sin gestos. Pero está contento, a gusto. Dice que acaba de mudarse a un departamento en Belgrano.

—Me encantaría terminar mi carrera acá. El 30 de junio próximo vence el préstamo y después me quedan dos años más de contrato con el Racing de París. En diciembre viene un dirigente francés, van a poner una opción. No va a ser fácil, pero...

—Vos podés presionar.

 —Claro. En Racing me recibieron como si hiciera dos años que estaba en el club. Hay un grupo bárbaro, muy humilde, y el cuerpo técnico también. Es lo que más me ha impactado hasta ahora. Y después esas cosas que se viven sólo en la Argentina y en Uruguay. Llegas al entrenamiento y está listo el mate, empiezan las bromas, las cargadas, uno se cambia con ganas, trabaja con gusto. El fútbol no es tan difícil. Habiendo buenos jugadores, si el grupo funciona bien, ya está, se puede pensar en un título. En Racing se dan las dos cosas.

— ¿Qué jugador te ha impresionado mejor en lo que llevas visto?

—No pude presenciar muchos partidos, hablo de Racing, de los compañeros con los que convivo. Fabbri es un gran jugador. Lo poquito que vi de Acuña me gustó mucho, es bravo, parecido a Saralegui, los corre a todos. En general, aprecio que el fuerte del fútbol argentino es que no se basa justamente en individualidades, los equipos son buenos colectivamente. Y que el nivel es parejo, por eso creo que la punta va a estar peleada por varios equipos. Nosotros, River, Independiente, los rosarinos.. .

 

Polilla, España y River

Casi, casi, el apodo le gusta más que el segundo nombre.

 —Orosmán es el nombre de mi papá. Es rarísimo, ¿no? Un día, en Montevideo, conocí a otro tipo que se llamaba así y me dio una alegría bárbara. Yo no era el único anormal que usaba ese nombre...

 —¿Y el apodo de Polilla?

—Me lo dieron en Defensor porque allí había jugado De los Santos, que también estuvo en River. A él lo llamaban así y jugaba de cualquier cosa: dos, cuatro, cinco, ocho, nueve.. . Y como yo también era medio comodín en Defensor, jugando adelante o en la media cancha, me empezaron a decir Polilla. Y me quedó. Justamente yo estuve por venir a River hace unos años, en trueque por De los Santos…

 —Fue cuando te hicimos una nota de presentación en EL GRAFICO...

—Sí. Yo estaba fotografiado con la camiseta violeta de Defensor, haciendo jueguito con la pelota. Y a raíz de esa nota, me compró el Valladolid. Aunque ustedes no lo crean, EL GRAFICO... Está en manos de los gerentes de todos los clubes españoles. Yo lo leía todas las semanas en la gerencia del Valladolid. Luego, cuando pasé al Atlético de Madrid, me iba todas las semanas al aeropuerto de Barajas para comprar la revista y saber qué pasaba en el Río de la Plata. . .

Polilla da Silva nació en el barrio montevideano de Maroñas el 1° de diciembre de 1961. Tiene tres hermanos menores: una mujer y dos varones. Uno de ellos, Fernando, de 19 años, juega en la primera de Danubio. Es padre de dos hijos: Vanessa, de 4 años, nacida en Valladolid, y Jorge, madrileño, de apenas 7 meses.

—Jugaba en Defensor y tenía como técnico a Baudilio Jáuregui, quien había jugado aquí en River y también en Unión. En 1982, Baudilio lo llevó al Heber Mastrángelo, un tipo bárbaro, que estuvo dos meses parado por lesión, pero el día que jugó metió un gol espectacular de treinta metros. En 1981/82 tuve dos temporadas muy buenas. Defensor fue campeón de la Liguilla y después perdimos el Campeonato frente a Peñarol. Esa vez enfrenté a mi ídolo: Fernando Morena.

— ¿Qué recordás de él?

—Que era un nueve completo. Jugaba de atrás, armando juego, o arriba, definiendo, y era un fenómeno en cualquier función, porque tenía habilidad, olfato de gol y era gran jugador de área.

—Tenía también la gran tenacidad de los goleadores. Podía tocar tres pelotas en un partido y convertir dos goles. . . ¿Te podés considerar dentro de ese estilo?

—No. Yo soy distinto. Necesito tener contacto con la pelota. Generalmente llego como resultado de mi participación en la jugada. Si paso un rato largo sin tocarla, me enloquezco...

— ¿Podemos pensar que sos más diez que nueve, más armador que definidor?

—No. Yo soy nueve. Puedo tirarme atrás, necesito tirarme atrás porque si uno se queda arriba entre los dos marcadores centrales se lo comen, creo que soy un delantero de maniobra, pero fundamentalmente, un delantero. Si juego en la media cancha, siento que me alejo del gol y eso no me gusta. . . Ocasionalmente puedo jugar de diez, pero no soy como Rubén, que es un armador nato.

 

Jorge Da Silva se fue metiendo de a poco en el alma millonaria.

Jorge Da Silva se fue metiendo de a poco en el alma millonaria.

 

 

Alma de goleador

Da Silva actuó en el Valladolid durante tres temporadas, cedido a préstamo por Defensor. En su segundo campeonato, 1983/84, resultó el goleador de la Liga Española con 17 impactos, verdadera hazaña si se tiene en cuenta que el Valladolid vivía peleando por salvarse del descenso. Luego pasó al Atlético de Madrid, donde actuó en las temporadas 1985/86 y 1986/87.

—En mi primer año tuve como compañero a Filiol, quien se hizo querer tanto que los compañeros españoles, con lo acostumbrados que están a la rotación de los dos extranjeros que pueden actuar por año en cada equipo, no querían que se fuera. En la segunda temporada jugó el brasileño Alemao. Luego, el nuevo presidente, Jesús Gil, contrató al portugués Futre y yo quedé en condiciones de ser negociado, momento en que se hizo lo que podía haber ocurrido varios años antes: mi pase a River. Cuando llegó Menotti al Atlético, yo me había ido del club.

— ¿Hasta dónde puede llegar River?

—Sin ninguna duda, está para campeón. Tiene lo más importante para un torneo tan largo y tan duro: un plantel bárbaro en calidad y cantidad.

 — ¿Van a seguir jugando ofensivamente, con tres delanteros y abriendo bien la cancha como lo hicieron contra Ferro?

—Me interesa aclarar algo: Griguol no nos ha impuesto en ningún momento un planteo defensivo, limitando nuestra posibilidad de ataque o nuestra creatividad. Tenemos libertad, siempre la tuvimos. Pero nosotros, los jugadores, no habíamos adquirido la confianza que se necesita para ir al ataque con todo. Ahora sí, estamos para ir siempre al frente.

— ¿Y cuando vuelva Funes?

—No hay problema —interviene Rubén Paz—, Polilla va a seguir porque es mejor.. .

Esa Celeste que tira

Una sola vez el destino los juntó en un mismo equipo: la Selección Uruguaya que fue al Mundial de México.

—Siempre pienso en volver a la Celeste —afirma el morocho de Artigas.

—Yo también. En el Mundial no demostramos nada y quiero una revancha —sostiene el corpulento centrodelantero del barrio de Maroñas—. Borrás nos tuvo treinta días pensando en un sólo equipo, Alemania Federal. De las demás no dijo nada. Y nos pasaba veinte videocasetes por día. Hablábamos de cualquier cosa, menos de lo que debíamos hacer nosotros cuando agarráramos la pelota. Una pena. Teníamos jugadores para pelear incluso el título y se desperdició la oportunidad. Pero no importa: en Uruguay, como en la Argentina, salen jugadores todos los días.

Rubén Paz y Jorge Da Silva, dos uruguayos cracks. Un baño de frescura para el fútbol argentino.

JUVENAL y JORGE BARRAZA  Fotos: GERARDO HOROVITZ (1987)

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