Las Entrevistas de El Gráfico

1981. La cancha es tierra de Paz

Por Redacción EG · 24 de julio de 2019

Magnífica entrevista a un emblema de Racing y un representante de la Selección uruguaya. Una persona humilde que se remonta a su infancia, sus inicios en el fútbol y también a sus aspiraciones a futuro.

Ruben Paz, con el énfasis en la "u", a la uruguaya.

Ruben Walter Paz Márquez. La zurda fina y goleadora que va y viene, el tranco seguro, la cabeza erguida. Veintiún años, apenas veintiuno, a partir de aquel 8 de agosto de 1959 en Artigas, un pueblo del norte fronterizo con Brasil en el cual también nacieron Venancio Ramos y Julio César Jiménez, el de Vélez.

 

Ruben Paz, la actitud, la mirada, superando al holandés Kist.

Ruben Paz, la actitud, la mirada, superando al holandés Kist.

 

—Estamos ahí nomás de Brasil, a 750 metros, cruzando un puente. Seguro que después de la final se armó lío, porque allá en el norte es al revés que acá; la gente simpatiza con Argentina y le tiene bronca a Brasil.

—¿Y la bronca acá por qué es?

—No sé, no lo tengo muy claro. Parece que es algo que viene de lejos y que esta vez se notó más, pero en el fondo es solamente por el fútbol. Cuando termine esto todos se van a olvidar... Bueno, ojalá que sea así.

Se acabaron las fotos en la Hostería del Parque; el sol pica en su apogeo del mediodía, es momento para el reposo, los recuerdos... Los viejos recuerdos.

 

Paisaje norteño

Al futbol empecé a jugar a  los cinco años y a los siete entré en Peñarol, de Artigas. Me quedé diez años, hasta que vine a Montevideo. Allá vivía con mis padres y todos mis hermanos; somos seis, cinco varones.

—¿Alguno de tus hermanos juega oficialmente?

—Uno, Hugo, que es un año mayor que yo. Está en la tercera de River de Montevideo.

—¿De qué jugabas al principio?

—De "2", era defensor. Después me puso de "10" Odilio Duarte, un fenómeno de técnico y de persona que ha sacado cualquier cantidad de jugadores allá, entre ellos Venancio Ramos. Y en ese puesto quedé.

—¿Estudiabas?

—Sí, la primaria y hasta tercer año de la secundaria; dejé cuando me vine a Montevideo y me fichó Peñarol.

 

La sonrisa, su gesto más frecuente.

La sonrisa, su gesto más frecuente.

 

Ruben, zurdito y flaco, llegó a la Capital. Entonces era el cerebro del seleccionado juvenil de Artigas, Campeón Nacional. La piel morena, los remolinos del pelo negro, la nariz chata, los ojos oscuros, incansables. Llegó y gustó; llegó y fue.

—Ahí tuve la primera experiencia internacional porque me nombraron para la Selección que jugó el Sudamericano Juvenil en Caracas. Fue un momento muy importante para mí, porque además de eso, mientras entrenaba con el equipo, los dirigentes de Peñarol de Montevideo me inscribieron en el club.

—¿Fue demasiado grande el cambio?

—Bueno, me costó lo normal... A lo mejor un poco la ubicación en la cancha, porque jugaba Maneiro y entonces yo fui de puntero izquierdo. El técnico era Dino Sani.

—¿Qué clase de puntero eras vos?

—Mirá, ayudaba atrás pero también desbordaba. La verdad es que anduve bien ahí, con facilidad para la función... Y además 10, tenía a Morena, que era una fiera; él es el jugador uruguayo que más admiré.

—Hasta que volviste al puesto de volante ofensivo.

—Sí, pero antes también jugué bastante de "9", por ejemplo en el Sudamericano Juvenil en Montevideo. De "10" volví contra Finlandia, hace un mes, en un partido preparatorio para el Mundialito. El primer tiempo terminó 1 a 0, estaba lesionado De la Peña y en el vestuario Máspoli se acercó y me dijo que pasara de volante pero con la obligación de llegar al ataque con los delanteros. Las cosas salieron bien, ganamos 6 a 0. Enseguida jugamos contra Suiza y yo hice tres goles; eso me dio la confianza definitiva. Sabía que los rivales del Mundialito iban a ser mucho más difíciles, pero los triunfos siempre valen, siempre dan seguridad.

—¿Es el puesto que más te gusta?

—Sí, sí... Estoy más en contacto con la pelota, creo que rindo mejor. El que está loco de la vida es Duarte, mi técnico de Artigas; él siempre me quiere ver en esa función.

 

El momento del éxtasis, del triunfo buscado y conseguido.

El momento del éxtasis, del triunfo buscado y conseguido.

 

Cada respuesta es una invitación a otra pregunta; todo es claro, sencillo, fácil. El diálogo lo va desnudando: es tímido, seguro, pero aparecen cada vez con más asiduidad destellos de picardía, sonrisas afectuosas... Se va dibujando, fiel a su estilo de silencios oportunos pero con la voz más templada, sólida. Ahí está Ruben Paz, creciendo con el tiempo, igual que en la cancha.

 

Desde adentro hacia afuera

—¿Cómo sos?

—Creo que soy tratable, un poco tímido. Sé que soy un preferido por la gente y me gusta ser afectuoso.

—¿Leés lo que escriben sobre vos?

—Sí, leo las revistas y toda la parte deportiva de los diarios. EL GRÁFICO también lo leo siempre; me tengo que apurar a comprarlo porque a veces se agota.

—¿Tenés auto?

—No.

—¿Qué otras cosas te gustan, qué te divierte?

—El cine. Cuando puedo voy dos o tres veces por semana, no a ver actores o tipos de película en especial; me gusta todo.

—¿Qué hacés cuando tenés vacaciones o unos días libres?

—Me voy para Artigas. El pueblito tira: son 25.000 habitantes, nada más, pero allá tengo a toda mi familia y a mis amigos de verdad. Acá en Montevideo se te acercan o te conocen por el fútbol, pero los amigos están allá; son 700 kilómetros pero no importa... ¡Ah!, otra cosa que me gusta de vez en cuando es un bailecito, estirar un poco las piernas...

—¿Qué pensás del fútbol europeo?

—Hasta hace poco le tenía un poco de temor, pero todo cambió con estos triunfos; ahora ya vi que las cosas son parejas. Anduvo bien Alemania contra Argentina, nada más.

—¿Qué grandes jugadores viste?

—Rummenigge, por la velocidad y la manera en que protege la pelota... Ramón Díaz, por el pique, por el corte hacia adentro y hacia afuera... Paulo lsidoro, Luisinho... De los nuestros no hablo, ¿eh?

Con la Celeste disputó los mundiales de México 1986 e Italia 1990.

Con la Celeste disputó los mundiales de México 1986 e Italia 1990.

—¿Maradona te decepcionó?

—Por supuesto que no. Lo marcaron mucho, no lo dejaron jugar... Para mí es un jugador excepcional y lo demuestra aun sin llegar a su mejor nivel.

—¿Y tu futuro?

—Después de ganar el Mundialito está más claro, crece el fútbol del país, todo puede mejorar, se agrandan las posibilidades individuales... Se habla mucho de que me voy al exterior; por supuesto que quiero progresar profesionalmente y económicamente, y la manera más fácil es saliendo del país.

—¿Te gustaría en la Argentina?

—Claro, es un buen medio, pero si pudiera elegir me quedo con España o Italia. Creo que en esos lugares tengo mucha chance de destacarme, de andar bien.

Nos vamos. Las piernas finas, nerviosas, la espalda recta. Hay una pelota pi-cando a la deriva, resignada a recibir el zurdazo que la transporte hasta algún ángulo lejano. Hay otra pelota, de trapo o de papeles, desarmada en un potrero de Artigas, cerca del puente que cruza hasta Brasil. Y más. Perdidas, confundidas en el tiempo, con el mensaje permanente de un caño, de un gol, de una gambeta...

—Ruben, ¿qué otro deporte te gusta además del fútbol?

—El fútbol de salón.

 

 

Por JOSE LUIS BARRIO

Fotos: HUMBERTO SPERANZA y RICARDO LOPEZ.

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