¡Habla memoria!

1993. Un sueño de cemento y corazón

Por Redacción EG · 17 de marzo de 2020

El 16 de diciembre quedará en la historia como el día en que el pueblo azulgrana recuperó el orgullo de tener otra vez su propia casa. Se inauguraba el Nuevo Gasómetro.

El pibe tenía el disquito puesto, caminando por las impensadas calles del barrio nuevo, sombrerito azul y rojo, dientes brillando al sol mientras trapos de colores conocidos lo saludaban como semáforos multicolores: "San Lorenzo se cansó de pagar el alquiler/ los echaron de la Boca, de la Quema y de Liniers/ le pusieron dos tribunas, le van a poner la luz/ cuando esté la cancha lista, se la compra Carrefour/ vos sos así, pum pum..."

El pibe, Federico él, recibió el escarnio de gargantas sarcásticas sin haber vivido el pecado cometido. Fue, en su corta vida cuerea, visitante en todos lados y, de tanto arrendar asientos extraños, incorporó —con musiquita y todo— las estrofas que en esta inolvidable tarde del 16 de diciembre de 1993 acompañó sus conmovidos pasos. Pero sonaba distinto, claro que sí, sonaba a última canción...

El plantel completo del Ciclón posa en su nueva casa. Fueron muchos años jugando en diversos estadios.

El plantel completo del Ciclón posa en su nueva casa. Fueron muchos años jugando en diversos estadios.

Primero miró la altura de la nueva casa, dijo "!faaaa!", pero enseguida se atragantó con un lujo impensado: dos ascensores lo llevarían a esa platea del sector Norte a la que la generosidad de papá Alejandro la había asegurado por un año. En ese momento, miles de fieles que vivieron en territorios ocupados comenzaban la peregrinación hacia tierra santa. De a pie, para sentir la conquista paso a paso. Con fervor, cantando lo que hay que cantar. Brazo a brazo, como imagen del ladrillo por ladrillo que lo soñaron todos y lo levantaron muchos.

La cancha, "iQué cancha, papá!", no tenía todavía los bordados de las cortinas, pero qué importaba. Mostraba, eso sí, cuatro paredes disfrazadas de dos plateas y dos populares capaces de abrazar tanta pasión entregada y tanto inquilinato sufrido. Y la gente, y los abuelos, y los nietos, y las minitas, y los descamisados, y los de traje... Buenos Aires atardecía en el Bajo Flores como una postal contrastante del país: en medio de la mole de cemento de 15 millones de dólares, una calle unía —o separaba— a la villa miseria que sacó sus banquitos a la vereda asistiendo a un acontecimiento extraordinario. Eso sí, cuando llegó la barra, desde las entrañas de barro y de madera se escuchó un "iDale Boca, daaaleee Booooo..!" Como para dejar en claro qué piensan los vecinos...

El día de la inauguración, el presidente de ese entonces Fernando Miele con los jugadores listos para enfrentar a la Universidad Católica.

El día de la inauguración, el presidente de ese entonces Fernando Miele con los jugadores listos para enfrentar a la Universidad Católica.

Federico no se cansaba de mirar y el padre de abrir el archivo de la memoria para recordar: "Cuando jugamos por última vez en el Viejo Gasómetro, vos todavía no estabas ni en mi cabeza". El pibe no entendió la frase porque no conoció el Gasómetro, pero heredó el cartelito de los sin techo. Cansado de escuchar los lamentos familiares en la mesa, aburrido de las burlas de sus compinches, pidió pancho y Coca y se dispuso a participar de la fiesta. Así apareció para cantar José Angel Trelles, a quien no conocía pero al que le terminó regalando un aplauso porque -al final- el muchacho se plantó en la mitad de cancha, se sacó el saco y "!oia!" mostró el pecho Topper azul y rojo. TreIles, muy emocionado, terminó besando la camiseta como tantos futbolistas en el momento único del gol...

José Angel Trelles le canta al pueblo azulgrana. No pudo ocultar su sentimiento sanlorencista al sacarse el saco... iOh sorpresa!

José Angel Trelles le canta al pueblo azulgrana. No pudo ocultar su sentimiento sanlorencista al sacarse el saco... iOh sorpresa!

El sol, mientras tanto, guiñaba desde el Oeste, cuando ya cuarenta mil santos estrechaban filas y juntaban gritos. Las luces se fueron prendiendo de a poco. Apareció un cuerpo de gimnasia bronceaditos todos y todas, atléticas también-, empezaron a brillar los ojos y no por la cinta artificial de la iluminación... Algo está pasando en los corazones de esa gente, sienten la sangre y sienten la piel. Un animador de saco crema anuncia que la fiesta recién comienza, pide a la banda de la Prefectura que "por favor se acerque para engalanar la noche" y, desde los sones de la Marcha del Deporte, el memorioso habitante de la fila 12 del sector "B" de platea afirma: "Mire usted, este tema se escuchó por primera vez en la vieja cancha de San Lorenzo el 8 de octubre de 1933, en un intervalo contra Gimnasia. La interpretó la orquesta de Francisco Lomuto, que era el autor..."

Federico, mientras tanto, quien no veía la hora de aplaudir en la cancha a Gorosito, le preguntó al papá: "¿Lo qué..?" Nada, nene, seguí mirando...

El expresidente Fernando Miele, junto a sus hijos Verónica y Gustavo y su esposa Mary.

El expresidente Fernando Miele, junto a sus hijos Verónica y Gustavo y su esposa Mary.

Fede bajó la cabeza para sacudirse tanto ametrallamiento pirotécnico y entonces vio cómo toda una tribuna empezó a juntar aplausos hasta convertirlos en ovación. No estaba dirigida a los cohetes, por cierto, sino a un hombre que encabezaba una vuelta olímpica al tiempo que un grito de "¡Olé, olé, olé, olé/ Miele, Mieleeeee..!" acompañaba su caminata victoriosa. Era el hombre del sueño imposible de una Argentina imprevisible, pero era hincha de San Lorenzo. Timoneando el barco, juntó grumetes y corazones solidarios hasta ponerle marco a esta tierra que hoy pisa orgulloso. Entonces Fernando Miele, el artífice, se estrechó con su esposa y sus hijos para acercarse a la mitad de la cancha y recibir una plaqueta: la hinchada le decía gracias.

Biaggio convierte el primer gol en la historia del Nuevo Gasómetro. Fue triunfo 2-1 ante UC chilena.

Biaggio convierte el primer gol en la historia del Nuevo Gasómetro. Fue triunfo 2-1 ante UC chilena.

Cuando a las 21.43 el brazalete de capitán de Néstor Raúl Gorosito abrió las puertas del nuevo cielo y un plantel fue a encontrarse con la vieja deuda hoy saldada, Federico se sacó el gorrito y lo apretó en su puño derecho. Gritó con todo el "iSan Loreeenzo! iSan Loreeenzo!" Era el bautismo tan ansiado y la Universidad Católica de Chile viajó para ponerse enfrente. Enloqueció con el tiro en el travesaño de Bennett. Le pegó una piña en el estómago al viejo cuando Biaggio metió el primer gol, ¡el histórico primer gol del Nuevo Gasómetro!, arrancándole lágrimas pero no de dolor. Puso cuatro "iOooleeee!" para los caños de potrero del Pipo. Se quedó ronco en la victoria que rubricó el Luifa Artime haciendo que la fiesta fuera completa... Y cuando la noche del jueves 16 entregaba su luna de cuarto creciente en el día uno del año uno de la Segunda Fundación de San Lorenzo, el pibe bajó la escalera de la mano de papá. Estaba orgulloso. Ya no tenía en la cabeza aquel disquito ignominioso. Felizmente no lo tenía.

 

Un panorama del nuevo estadio de San Lorenzo de Almagro.

Un panorama del nuevo estadio de San Lorenzo de Almagro.

 

 

 

Por HUGO SUERTE (1993).

Notas: DARIO BOMBINI.

Fotos: FABIAN MAURI, OSCAR MOSTEIRIN y ÁNGEL JUÁREZ.

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