¡Habla memoria!

1969. Cuente Mario… siga con la historia

Por Redacción EG · 20 de enero de 2020

El propietario de los bautismos más estentóreos… ¨La Bomba V2¨, ¨El atómico¨, el hombre que hizo cantar a la tribuna, la etapa de su gran consagración. Mario Boyé sigue contando su historia.

Qué difícil es tropezar con un tipo como Mario... Alguien que, como Mario, evoque su pasado con tanto fervor, con tanto orgullo... Como si todavía se sintiera protagonista, como si se estuviera refiriendo a un hecho inmediato, a un acontecimiento que acaba de producirse hace apenas unas horas... Gesticula, respira profundamente, se le encienden aún más las mejillas, ensaya todo tipo de visajes... Mario recuerda y Mario vive. No es la nostalgia sentida, no es la evocación lánguida... Es el relato que hierve, que vibra, que se enciende en la vehemencia contagiosa. "¿Pero vos te creés que fui un engrupido porque siento así, porque me entusiasmo cuando cuento mis cosas...? No... Eso es mi temperamento, mi manera de ser... Por eso no me importó ponerme a vender pizza como lo hago todavía... Que un cliente me llame ¡mozo! Y está bien... si yo lo estoy sirviendo... Y lo mismo que Pontoni, cazamos la asadera, limpiamos la mesa con la servilleta y adelante... ¿O vos no me viste haciendo ese laburo...? No... yo no vivo del pasado, pero tené la seguridad que a mi pasado lo quiero, aunque sí no quiero que nadie crea que me estoy dando dique con lo que fui y pretenda ponerme de ejemplo para los muchachos de ahora... Aquello fue, esto es, mañana será... Pero, ahora... vamos a seguir con el cuento... Te hablaba de las divisiones inferiores de Boca... Y llegué, llegué después de hacer toda la carrera, de ganar una división por año... Hasta que me tocó entrar en la primera... Fue en el año mil novecientos cuarenta y uno... Cumplía los 19 años. ¡Mirá vos! ¡Y decían que yo era un tronco!... Ese primer partido que jugué fue con Independiente, como visitante, y salí como wing derecho al lado de Alarcón, el mayor... Fue más o menos... Recién marqué el primer gol en primera división en la tercera fecha. Fue contra Lanús en la cancha de San Lorenzo... Y ese domingo ya jugué con Corcuera, que iba a ser después compañero por varios años... Adelante entraron, conmigo. Pío, Sarlanga, Roque Valsechi y Rosell... No era titular. A veces entraba yo, a veces Gaspari... Me costaba entrar, tenía que convencer a la gente, como te contaba antes... Pero en mi apellido corre sangre vasca, ¿me entendés? Sí, vasco-francesa, así que a cabeza dura no me iban a ganar...

La vieja escuela de la infancia, en la calle Benito Pérez Galdós, de La Boca. También los años se la llevaron... detrás de ese portal, los recuerdos blancos.

La vieja escuela de la infancia, en la calle Benito Pérez Galdós, de La Boca. También los años se la llevaron... detrás de ese portal, los recuerdos blancos.

 

CUANDO TIRÓ LA CAMISETA...

Y Mario cuenta que en aquel primer año no pasó mucho... Seguía siendo discutido, con la tribuna de Boca dividida entre los que ya reconocían su potencia, su agresividad de delante-ro, y los que ridiculizaban su falta de habilidad, su torpeza para el lujo y la pisada... Así se fue también el cuarenta y dos, cargado de dudas, de críticas, de algún elogio y algún aplauso que lo fortalece para seguir picando, hasta para correr aquellas que sólo corren "los otarios"... Hasta que llegó el cuarenta y tres, el año que se ennegrece con un triste episodio corno el presagio de lo que después va a constituir su gran éxito... "¿Vos te referís al día en que tiré la camiseta de Boca...? Pero... nunca te podes imaginar lo que me hicieron ese día... Me volvieron loco... Y no fue el insulto, que al menos te da la ventaja de ponerte cabrero, al menos para pelear con cualquiera... Fue la broma pesada, la cargada intencionada que lastima más todavía... ¿Te acordás que en Boca por ese entonces el "punto" era Carniglia...? ¡Pobre Yiyol Lo tenían mal... Y nunca me pude explicar por qué... Si era un gran jugador, hábil, elegante... El Yiyo tenía todo eso que le gustaba a la tribuna... Pero ese día Yiyo no entró y entonces los muchachos me eligieron de punto a mí... Fue un partido amistoso, con Argentinos Juniors, el primer partido que jugaban en Boca Severino Varela y aquel wing Sánchez, aquel cordobés macanudo que murió tan joven... Ese día me salían todas para el diablo y a medida que aumentaba la cargada me salían peor... ¡Fijate vos! Ganábamos cinco a cero y Boyé seguía siendo el punto para la diversión... ¡Tronco! ¡Ropero! Todas esas que conocemos... El técnico nuestro era Oscar Tarrío, aquel que jugó en San Lorenzo... El hombre me pide que salga, pero me encapricho... El vasco me salía de adentro... Y en una de ésas, allí pegadito a la oficial, me cae una pelota... Estaba solo, sin ninguno que me marcara, con treinta metros para picar... ¿Sabes qué hice?... Agarré la pelota, la levanté y le di un zapatazo para arriba con toda mi alma... La tiré a cualquier parte, como si estuviera loco... Me di media vuelta y arranqué para la boca del vestuario... ¿Te imaginás los gritos, los insultos? Pero, yo ya ni pensaba lo que hacía... Era un loco. En el camino me fui sacando la camiseta y cuando llegué frente a la tribuna se la tiré con toda la bronca, con la bronca de no poder agarrarme a trompadas, de no poder desahogarme... Sí, está mal... Ya sé que está mal, si el primero en tirarme la bronca fue el viejo... Bueno... Gran escándalo. Reunión de comisión directiva... Expulsión, suspensión... Al final me sacuden dos mil pesos de multa. ¡Mirá qué risa! ¿Sabes cuánto me daban de prima por un año? Dos mil... Así que estaba hecho. Estaba condenado a seguir jugando gratis... Pero ¡qué sé yo! Fue como si me hubiera cambiado la suerte... Vamos a jugar a Rosario con Newell's y ganamos tres a uno... Y emboco dos goles... Jugamos con Independiente, perdemos dos a uno. Y otra vez emboco el gol... Hacía goles y mataba... ¡Andaba como un tiro! Y eso con un metro setenta y ocho de estatura... Preguntale a Pablo Amándola, que entonces estaba de preparador físico... ¿A que no te imaginás cuánto echaba en los cien metros...? Era cuando ese negro Owens marcaba diez segundos... Y yo encajaba, con ese físico y con ese peso, once segundos... Era una bala... No sé, vos y todos me dirán que en ese tiempo no se entrenaba, pero con Amándola te puedo asegurar que sí... Te comías de veinte a veintitrés vueltas a la cancha como si nada, aparte de la gimnasia..."

Año 44... ¨La Bomba V2¨. ¨El atómico¨. Y el sabio pintoresquismo de la tribuna para los bautismos.

Año 44... ¨La Bomba V2¨. ¨El atómico¨. Y el sabio pintoresquismo de la tribuna para los bautismos.

 

 

MI INSIDER FUE SARLANGA...

Ese año cuarenta y tres marca la gran consagración de Mario... Cada domingo el grupo de opositores pierde, va perdiendo adherentes. Cada domingo las tribunas van exteriorizando más ruidosamente su veredicto. Es el auge de la Bomba V2. Y el agente de Boca no duda en el bautismo. Mario es la V2. Mario es el atómico. Hasta el cantejondo provee del material para aquel estribillo que se hizo famoso en todos los estadios... Aquello de "Yo te daré, te daré niña hermosa...", que entonaba el gitanísimo Angelillo en sus años de éxito... La contundencia fonética de su apellido se propaga en todos los ambientes... Entre los pibes, entre los grandes, en las casas de familia... A los seis meses de aquella multa de dos mil pesos ya gana tres mil por año, más los premios. Lleva 16 goles jugando en punta derecha. Y Boca campeón. "Entonces me tiraba contra una roca. Te juro que andaba como un tiro. Corría diez imposibles y ganaba nueve. De diez veces que iba arriba a buscarla con la cabeza metía nueve."

¨Mi insider fue Sarlanga¨, confiesa Boyé. Y está la admiración por el jugador y el sentido afecto por la humana calidad de ¨Piraña¨...

¨Mi insider fue Sarlanga¨, confiesa Boyé. Y está la admiración por el jugador y el sentido afecto por la humana calidad de ¨Piraña¨...

Boyé era Boca, era el símbolo de una casaca que siempre se había caracterizado por esos valores de la fuerza y de "la garra", palabra muy en boga en el periodismo de aquel tiempo... Porque Mario conjuga al jugador y al hombre. Nunca se fracciona. Siempre es uno. Siempre es el mensaje turbador que conmueve, que contagia, que excita... Porque está el vigor, está la potencia, está la velocidad, está el remate a la carrera... Es el atleta, el jugador y el hombre... Es quien hace vivir triunfos, quien hace gritar goles... Es lo que quiere la gente. "Pero, creéme que cuando recuerdo esa especie de revancha mía no puedo olvidarme del Flaco Sarlanga.... Mirá, mis dos grandes amigos de Boca fueron el Lucho Sosa y Corcuera... Porque nos gustaban las mismas cosas, un poco la noche, un poco la milonga, pero dentro de la cancha mi admiración va para Piraña... El Pío corría, era un fenómeno para el equipo, pero el Flaco era el genio, era el crack. Y él también se aguantó algo parecido a lo mío... con una parte de la tribuna... Pero era de esos jugadores que adivinan la que tenés que hacer vos y la qua tiene que hacer él... El Flaco sabía que yo sólo podía ganar en la larga y allá me la ponía como con la mano y él se tiraba a la raya para que yo entrara por adentro... Ese sí que fue moderno, pero moderno de siempre... Por eso siempre le digo a la gente que Sarlanga fue mi insíder. Uno de los más grandes jugadores que vi en mi vida... El Flaco es para mí como esas cosas que te quedan grabadas para toda la vida... Como jugador y como persona... Mirá que a Ernesto, a Lazzati, siempre le tuve ese respeto al hombre de bien, a la persona íntegra, aparte del gran jugador que fue, pero, ya te digo, Sarlanga fue algo distinto... A veces pienso que con Boca mucha gente estaba equivocada en el juicio... Nos miraban nada más que como a equipo de fuerza y había jugadores fenómenos, como el Lucho Sosa, como Lazzati, como Marante, un arquero como Vacca, el Flaco Sarlanga, Pescia, después cuando llegó Dezorzi... Un tipo oportunista como el Gallego Varela, que siempre estaba para meterla adentro... O un jugador como el Nano Gandulla... ¿Sabes qué pasaba? Que nos comparaban con La Máquina, que era una barbaridad. Era otro fútbol, otra manera de jugar, pero nosotros le complicamos la vida varias veces y otras veces ellos nos dieron cada toque que nos borraban de la cancha... Como aquella vez del cinco a uno en que nos volvieron locos... ¡Esa sí que era rivalidad! Pero de bronca, ¿sabes? Nada de grupos... No era sólo la guerra de la tribuna, era la nuestra, la de los jugadores... Hasta para jugarnos la guita de afuera... Y hasta para tener problemas en la calle cuando nos tropezábamos por ahí... Fijate vos que en el cuarenta y cuatro, cuando salimos campeones, nosotros mismos los jugadores del plantel pedíamos jugar el último partido del torneo en la cancha de River para dar la vuelta olímpica ahí... Mirá la fe que nos teníamos, sabiendo que teníamos el público en contra. Fue con Racing y le ganamos tres a uno. Y dimos no más la vuelta olímpica de campeones con un punto de ventaja justamente sobre River... Vos me preguntarás por qué hacíamos eso. Porque en ese tiempo te ponías la camiseta de Boca y ya te pesaba toda la tradición. Y a los muchachos que se ponían la de River les ocurría lo mismo, aunque ninguno tenía nada que ver con el pasado y las broncas... Era a muerte. Y ahí tenés el caso del Gallego Varela, que se hizo ídolo por eso de marcarle goles a River..."

 

EL GRAN GOLEADOR

Llega el cuarenta y cinco, llega el cuarenta y seis y Mario es ya un fenómeno popular... Es el ídolo indiscutible de la tribuna de Boca y es el temor para las tribunas rivales... "Te juro que me gustaba jugar más como visitante que como local... ¿Por qué? Porque me agrandaba más, me gustaba afrontar la más difícil, aunque con Boca éramos locales en cualquier parte... Por eso te voy a contar la de Rosario, justamente en el cuarenta y cuatro cuando salimos otra vez campeones... Faltaba una fecha v le llevábamos un punto a River... Nos tocó allá, con Newell's... ¿Vos te acordás del ataque que ellos tenían? ¡Un fenómeno! Ese día jugaron Pesarini, Fiore, Pontoni, Chirico y Ferreyra... Y agregále a Perucca, a Sobrero, a Gilli, Honores, Reynoso... ¡un equipazo...! Y te la hago bien corta. Termina el primer tiempo y ya perdíamos por tres a uno... ¡Y el baile! Y se nos piantaba el campea nato... Entramos para el segundo tiempo y a los pocos minutos Perucca lo lastima al Flaco Sarlanga... Ya estábamos perdiendo por cuatro a uno... ¿Pero vos te creés que Boca se entregaba, aunque fuera en Rosario...? Pasó el Flaco a la punta derecha y yo al medio, de nueve, como hacíamos siempre cuando íbamos perdiendo... Al rato 4 a 2. Y enseguida 4 a 3. ¡No te imaginás lo que era eso...

Año 47. En el Monumental frente a River... La pinta de Maio. El otro es Ferreyra. En el suelo Grisetti.

Año 47. En el Monumental frente a River... La pinta de Maio. El otro es Ferreyra. En el suelo Grisetti.

"Enseguida empatamos, cuatro a cuatro... Y entonces ocurrió la cosa más cómica de mi vida... En una jugada me voy y saco un zapatazo bárbaro... Ya la vi gol y da en el travesaño. Y la pelota en vez de rebotar cae ahí nomás... ¿Sabés qué decían? Que yo la había desinflado... Mira lo que hace la fama... Esa noche, cuando volvimos de Rosario en Retiro había como cinco mil hinchas de Boca esperando... Y la otra de este mismo tipo fue con Gimnasia, allá en La Plata, en el cuarenta y tres... Ellos se iban al descenso, nosotros necesitábamos los puntos para ser campeones... ¿Qué íbamos a hacer? No podíamos ser buenos aunque quisiéramos... Y para colmo el partido se había puesto dos a cero a favor de Gimnasia... Nos penemos dos a uno, y ellos marcan otro... ¡Qué partido! Empaté con dos geles de cabeza y después el Gallego Varela hizo el cuarto y ganamos cuatro a tres... ¡Fue una barbaridad! Les dos nos jugábamos la vida... Hace poco lo recordábamos con Muñiz, que jugó en ese partido para Gimnasia, ¿te acordás?"

Mario habla de ese Boca... Elogia el temple del equipo para jugársela en cualquier par-te, la capacidad para no entregarse, la fortaleza para dar vuelta un partido casi perdido... Y dice que aquel Boca "tenía genios y laburantes Nunca dije que ganaba partidos, pero sí que tos definía, porque en el equipo había mucha gente para ganarlos... Ahora sí, siempre me jugué en el peligro, porque para eso fui medio loco, un cacho héroe. Lo imposible era lo que más me atraía, y cuanto más imposible, mejor. ¿Matón? ¿Guapo? No... Mejor es decir que nadie me llevaba por delante... Que respeté hasta que me respetaron. Después, a la que venía..."

La casa de antes. Blanes 40, allá en La Boca, frente al Riachuelo...

La casa de antes. Blanes 40, allá en La Boca, frente al Riachuelo...

Ese año cuarenta y seis señala el gran apogeo del goleador... Primero en la tabla con 24 goles, de los cuales marca 14 con la cabeza... No es sólo la potencia del remate que lo había consagrado. Es cuando se pone de moda aquello del "Centro de Sosa, gol de Boyé". Entonces era el hombre con la captura recomendada en los corners, en los tiros libres, pero a pesar de su peso, de casi ochenta kilos, su riqueza física de atleta no se resentía. Iba arriba y ganaba. "Y fijate vos que muchas veces gané "de parado", sin tomar impulso... La veía aterrizar y ya pegaba el salto y normalmente sacaba una cabeza de ventaja... ¿Y sabes de dónde nació mi berretín para cabecear? De Zozaya, aquel crack de Estudiantes... Mi viejo me llevaba a ver fútbol desde muy purrete y don Padilla se había convertido en mi ídolo... ¡Cómo iba arriba ése! Y el recuerdo de Zozaya me siguió siempre... Fue como una inspiración... Porque siempre los pibes imitamos a alguno, ¿viste?"

 

LA PARTIDA A ITALIA, LA MISTERIOSA FUGA

Corría ya el año cuarenta y nueve... La familia Boyé hacía ya cinco años que había abandonado la Boca y vivía en Colegiales... Mario por entonces noviaba con la que hoy es su mujer... Pensaba en el futuro. Pensaba en la fama que pasa. El país ya había transformado los hábitos, las costumbres de vida. Aquellos doscientos pesos mensuales que allá por el treinta y tantos ganaba orgullosamente don Armando, se habían empobrecido en el vértigo del cambio económico que había comenzado por el cuarenta y tres... "Y te puedo asegurar que no gané nada en Boca, aunque mucha gente por mi fama piense que me hice millonario... —dice Boyé—. Fijate que en el cuarenta y siete firmo contrato por tres años en setenta y dos mil pesos, que fue lo que más me dieron..."

Y es en el mes de abril del cuarenta y nueve cuando Mario sufre el gran dolor de su vida Don Armando, el gran amigo, el que lo había acompañado desde chiquilín en todos los sueños, que había empujado en todas las esperanzas, parte para siempre... Es cuando llega la oferta del Génova... Le ofrecen 150.000 pesos por un año. Boca tasa el pase en trescientos mil... Si algo podía interrumpir la partida a Italia era su padre... Ahora, ya no tenía objeto quedarse... Y cuando concluye la huelga de jugadores, después de algunos partidos, decide partir... Hay dirigentes que se oponen, pero al cabo se vende... Antes de partir soluciona todos los problemas de la familia. Asiste al matrimonio de una hermana menor, formaliza el suyo y parte con su mujer y su madre.

"Vos sabes que de esto se habló mucho... Incluso hasta muchos dijeron que allá en Italia fracasé.... Pero estoy seguro que de quedarme hubiera triunfado, aunque de todos modos llegué a triunfar... Es que el Génova era un equipo muy modesto entonces, que peleaba la tabla, ¿entendés? Y allí también tuve que ganarle a la gente a fuerza de goles, como en los primeros tiempos de Boca... Porque si jugás de 8, en la media cancha, nadie te manga nada, pero si vas como goleador, como en el caso mío, o haces goles o te morís, o haces goles o sos un tronco... Allá me encontré con Avallay, con Roberto Alarcón, que estaban en el equipo... Le ganamos al Livorno, en el primer partido... Y al poco tiempo me desgarré... Me tuve que ir con la familia a Asqui, a tomar baños termales... Cuando volví, curado, reaparecí contra el Triestina... Te juro que ese día gané, ese día me puse a todos los tanos en el bolso... Ganamos por cinco a uno y emboqué cuatro... Pero ¡cuatro de esos que marcaba yo, de esos que le gustaban a ellos...! Y seguí bien. Terminó la primera rueda y de los 24 goles que tenía el equipo yo había marcado 14...

(Continuará)

 

Por Osvaldo Ardizzone (1969).

Fotos: Speranza

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