¡Habla memoria!

1996. La vida de Batistuta en Florencia

Por Redacción EG · 25 de noviembre de 2019

El argentino es el mayor ídolo de la Fiorentina. La devoción de los "tifosi", su discreción para preservar la intimidad de su familia de un goleador que puso en el mapa futbolístico a la Fiore.

Pocos días antes de ser recibido con los otros jugadores argentinos que juegan en Italia por el Papa Juan Pablo II en el Vaticano, un periodista preguntó a Gabriel Omar Batistuta si es cristiano. Respondió: "Sí, pero voy muy raramente a la iglesia. ¿Y sabe por qué? La última vez que fui me encontré en un determinado momento firmando autógrafos durante la Santa Misa. Increíble, ¿no le parece?"

Sí, algo increíble, pero que define, por un lado, la idolatría que los florentinos le profesan y, por el otro, las presiones -a veces desmedidas- que lo acosan en su vida cotidiana en la ciudad de los Médici. Presiones que el Bati soporta con creciente dificultad, como reconocen sus propios allegados, y que lo han llevado a aislarse, a acentuar su ya innata alergia a la mundanidad y a dosificar sus apariciones públicas.

Los platos rotos han terminado pagándolos también los periodistas, con quienes habla sólo una vez por semana (previa concertación) y después de los partidos, aunque luego del que Fiorentina perdio 0-1 contra Juventus -donde jugó muy mal- tampoco accedió...

No era así cuando llegó a Florencia. Y menos cuando, en sus primeros meses con la camiseta violeta, afrontaba mil dificultades. Tanto EL GRAFICO como Batistuta lo saben...

Con su esposa y la bufanda de la Fiorentina en su mano.

Con su esposa y la bufanda de la Fiorentina en su mano.

Y eso que Batistuta, para que sus jornadas no sean tan agitadas, puede gozar de una prerrogativa que pocos de sus colegas tienen: la de vivir a poquísimas cuadras del estadio de Florencia y del campo adyacente donde el equipo se entrena. Desde hace casi dos años ocupa con su esposa Irina y su hijo Thiago una antigua mansión florentina en Via Alessandro Volta, con un muro protector, un garage con portón eléctrico para guardar sus automóviles (un Mercedes Cupe 320, un jeep Frontera y un flamante Renault Megana) y un jardín contiguo por el que puede correr y hacer de las suyas su perro Markus.

Su residencia es un verdadero bunker "off the limits", sobre el que Batistuta declama su inaccesibilidad ("Irina y yo decidimos no hacer más fotos en casa", declaraba en diciembre pasado). Una regla férrea no siempre respetada cuando de fotógrafos italianos se trata. Allí, el Bati pasa buena parte de su tiempo libre en la sala de videojuegos, donde se ha hecho instalar un modernísimo "Segasaturn" de alta fidelidad, frente al televisor (le gustan las películas de aventuras, pero siempre que tengan un trasfondo de realismo) o escuchando música, en especial de Bruce Springsteen o Phil Collins, sus preferidos.

Hace poco, una computadora lo ha atrapado y, a través de ella, ha empezado también a estudiar inglés.

Pese a tantos síntomas de opulencia, la suya es una vida sobria, discreta, sin exteriorizaciones rumbosas. Declaró una vez: "Hay algunas cosas que no concibo, si no tenés en la muñeca un Rolex o un Cartier, sos un muerto de hambre, una estrella del fútbol debe llevar un reloj de por lo menos 15.000 dólares... ¿Me quieren explicar por qué? Yo uso un reloj que cuesta seis dólares, pero que me gusta y me hace sentir feliz, hay que darle el justo valor a las cosas..."

La pasión que despierta entre los "tifosi". Así se preparan los hinchas. ¡Hasta le levantaron un monumento en la cancha!

La pasión que despierta entre los "tifosi". Así se preparan los hinchas. ¡Hasta le levantaron un monumento en la cancha!

En otra ocasión, hablando de su hijo Thiago, afirmó: "Yo le hago muchos regalos, pero no le compro todo lo que me pide, no me gusta cuando pretende esto, lo otro y lo de más allá. No me olvido de que, cuando yo era chico, inventaba juegos espléndidos utilizando las tapitas de las botellas..."

Thiago, en mayo próximo, ya no estará más solo: Irina le dará un hermanito. "En realidad, yo estoy a favor de las familias numerosas, me gustaría tener cuatro hijos, el problema es convencerla a mi mujer", suele decir Gabriel.

Pocos son los destinatarios de la amistad y la confianza de los Batistuta: un matrimonio italiano, Marco y Valentina Perrotto, a quienes conocen desde que llegaron a Florencia y con quienes pasaron el último Fin de Año en Monte Carlo; Giancarlo y Rita Antognoni, y una amiga de vieja data de Irina, Lisetta. Entre los jugadores de la Florentina, Gabriel considera amigos a Francesco "Ciccio" Baiano y a Massimo Orlando.

Entre este grupo se encuentran, casi siempre, sus acompañantes para cenar afuera, especialmente en el restaurante "La Cappoccina", de Settignano, que es una localidad aledaña a Florencia, donde el Bati puede comer su plato preferido: los bifes "a la florentina", que son una variedad de nuestros clásicos bifes de chorizo.

Un Batistuta auténtico, público, conmovedor: con la camiseta viola. Hacía 5 años que estaba en Fiorentina.

Un Batistuta auténtico, público, conmovedor: con la camiseta viola. Hacía 5 años que estaba en Fiorentina.

En cambio, no hay amistad con el presidente de Florentina, el potentado Vittorio Cecchi Gori. Un gran respeto, una gran consideración, eso sí, pero entre ambos -y entre Irina y la oxigenada ex actriz Rita Rusic, esposa de Cecchi Gori- hay demasiadas diferencias sobre cómo ver la vida para que puedan ser amigos.

De cualquier manera, el productor cinematográfico colma a Batistuta de atenciones: lo invita a las veladas de gala con que festeja la presentación de sus películas (y a las cuales el Bati nunca va...). Idéntica invitación, con el mismo resultado negativo, se produjo en ocasión del último Festival de Cine de Venecia. 'Amigos es una palabra demasiado grande, demasiado comprometedora, mis amigos siguen siendo los de siempre y están en Reconquista...", suele repetir Gabriel.

Le gusta el tenis, que juega discretamente, y admira a Andre Agassi, a quien querría conocer. Entre los personajes del mundo contemporáneo profesa devoción por el Papa Juan Pablo II ("un gigante", lo define) y sintió en el alma el asesinato del primer ministro de Israel, Yatshik Rabin: "Lo conocí durante la gira que hicimos a Israel antes del Mundial '94. Hablamos bastante, admiro a los hombres que, como Rabin, arriesgan su vida por los ideales en los que creen..."

Ama Florencia. O, mejor dicho, aprendió a amarla después de un período de no fácil "absorción" de sus bellezas históricas y arquitectónicas. Pero no le perdona que no tenga aeropuerto propio, por lo que cada desplazamiento con la Fiorentina le implica decenas de kilómetros suplementarios.

 

Referente absoluto en Fiorentina, enfrentando al Milan.

Referente absoluto en Fiorentina, enfrentando al Milan.

 

Se enteró hace poco que sus ancestros están en un pequeño y perdido pueblito cerca de Udine, en la región lindante con la ex Yugoslavia, de donde su tatarabuelo partió hacia la Argentina llevándose a cuestas un apellido con seis "t". En efecto, el verdadero es "Battisttutta". Tres de ellas se perdieron cuando el funcionario de la Aduana argentina transcribió el apellido a la documentación pertinente.

Se emociona cuando, desde las tribunas del estadio de Florencia, lo reciben al grito de "¡Argentina! ¡Argentina!" Y no oculta su disgusto si le formulan preguntas que revelan una total ignorancia de su interlocutor sobre la realidad de nuestro país. Una vez, alguien le preguntó si en Reconquista hay televisión. En un primer momento, Gabriel estuvo tentado de responderle mal. Después contó hasta diez y le contestó, recurriendo a la ironía: "No, no tuvimos tiempo de instalarla porque estamos muy preocupados viendo cómo defendernos de los indios..."

 

 

Por BRUNO PASSARELLI (1996).

Fotos: LUCIANA ZIGIOTTI.

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