¡Habla memoria!

1974. Los hermanos Scotta

Por Redacción EG · 30 de septiembre de 2019

Surgidos de Unión de Santa Fe, los hermanos Néstor –Racing- y Héctor –San Lorenzo- estaban como líderes de la tabla de goleadores en 1974. El Gráfico y una cálida charla con los Scotta.

No hay error de imprenta. Tampoco una confusión del linotipista ni un descuido del corrector. La tabla de goleadores de este campeonato es así. Lleva un mismo apellido repetido entre los primeros puestos: Scotta, línea de puntos, todos estos goles. Scotta, línea de puntos, estos otros. Y, al costado del mismo apellido, el paréntesis que aclara el obstáculo estadístico: uno juega en San Lorenzo, el otro en Racing.

Y cuando la charla tos reúne alrededor (una vez más) del fútbol, hay que agregar una nueva aclaración, como aquellos paréntesis de la lista de goleadores. Porque los hermanos Scotta viajan constantemente entre Avellaneda y San Justo, y San Justo y Boedo, y a cada minuto la conversación nos traslada desde San Lorenzo y Racing, hasta Sanjustino y Colón, los más grandes enemigos deportivos en el pueblo de los Scotta...

Por eso la aclaración. Porque la charla viajera recuerda a Didi en River, y vuela hasta el Pato Rossi en Unión de Santa Fe. Retorna a Buenos Aires y el fútbol de los estadios grandes, y una vez más aterriza en la historia de Colón de San Justo, el equipo que llegó a tener alguna vez a siete Scotta en su formación. Y entre ellos, a don Scotta padre, arquero del cuadro a la vez que comisario del pueblo. Como para que alguien se atreviese a meterle más de un gol por partido...

Los primeros tiempos en Buenos Aires. El pelo más corto. El gesto todavía cauteloso ante el gran estadio.

Los primeros tiempos en Buenos Aires. El pelo más corto. El gesto todavía cauteloso ante el gran estadio.

 

LA LÍNEA DE CUATRO

Los cuatro hermanos Scotta resultaron jugadores de fútbol. Angel, Juan Carlos, Néstor y Héctor. Pero Néstor y Héctor (el Tola y el Gringo, cuando la charla viaje a San Justo) consiguieron llevar los goles de la familia hasta las fotos de las revistas...

Néstor, ¨el Scotta que juega en Racing¨, fue el primero en viajar a Buenos Aires. "Vine de Unión, cuando me compró River. De toda la familia yo era el único hincha de River. Fue la mayor alegría de mi carrera..."

Héctor, "el menor de los Scotta", aprueba: "Cuando llegué a San Lorenzo, me encontré con un plantel de primera calidad. Como personas, le digo, como personas. Me recibieron como a un compañero de toda la vida¨

Siempre el fútbol en la mesa de los Scotta. Colón. San justino. Unión. San Lorenzo. Racing, River. La historia futbolística de la familia.

Siempre el fútbol en la mesa de los Scotta. Colón. San justino. Unión. San Lorenzo. Racing, River. La historia futbolística de la familia.

—Y eso es lo que pasa. Que cuando uno viene a jugar en un club grande, se encuentra con un mundo diferente. Parece que todas las cosas las hicieran al doble de tamaño. Las tribunas, la cantidad de gente, las paredes de las canchas.

—Sí, y también es el doble lo que se sufre. Porque los primeros tiempos, hasta que uno se acostumbra a estar lejos de San Justo, son difíciles. Ahora es distinto, aunque hay que viajar seguido porque se extraña a la gente...

—Claro que es distinto. Ahora estamos los dos casados. Yo voy a ser padre dentro de dos meses. Y Héctor tiene un chico de un año.

—Héctor Leonel se llama. Y el Leonel se lo pusimos porque es el segundo nombre del Tola. Cuando termine el campeonato vamos a viajar todos a San Justo. Por ahora únicamente podemos ir cuando nos toca jugar para la televisión. Porque jugamos el viernes a la noche, y nos quedan un par de días libres para viajar. Si no hay televisión, no hay viaje...

La camiseta qué presta la utilería de San Lorenzo. La broma que acepta el Tola. La sonrisa poco habitual en el temperamento del Gringo.

La camiseta qué presta la utilería de San Lorenzo. La broma que acepta el Tola. La sonrisa poco habitual en el temperamento del Gringo.

 

SCOTTA & SCOTTA

San Lorenzo primero. Racing segundo. Los dos, en la zona C del campeonato. Y los dos, todavía discutidos, a pesar de los puntos de ventaja en la tabla...

—Yo reconozco que nosotros todavía no conseguimos jugar bien. Pizzuti la ve bien, porque el defecto de Racing es la desesperación por buscar el gol, el atropellarse y chocar, todo y Pizzuti nos pide que frenemos la pelota. Que nos serenemos. Que elijamos bien a qué lugar vamos a tirar el pase. Pero entramos a la cancha y es cama si no hubiésemos hablado nada.

—Lo que pasa es que adentro de la cancha es otra cosa. Ahí, más que lo que se habla, hace falta jugar mucho, partidos y partidos, hasta formar un equipo. Para que todo el mundo sepa qué hay que hacer, y aparte se dé cuenta de cómo se mueven los compañeros. Más que hablar hace falta tiempo para preparar un equipo.

—Sí, pero mirá que Racing ya sabe cuáles son sus virtudes, y adónde tiene que corregir cosas. Sin embargo, entramos a la cancha y nos olvidamos de todo lo que dijimos antes. Yo no entiendo. Pero aunque nos falta frenar más la pelota, par, no gastarnos únicamente corriendo y chocando, el equipo tiene la mejor de las condiciones. Para mí, por lo menos, es lo más importante: todo el mundo corre hasta el último momento. No hay nadie que se crea que está para pensar, y que los demás se rompan todos. Acá corremos sin ningún privilegiado...

—Eso es así. Y ya se sabe. Además de que haya buenos jugadores, hay que jugar para el equipo, y poner el esfuerzo para el equipo. Como en San Lorenzo. Nosotros somos un equipo luchador. Si hay que buscar una palabra para definirlo, es ésa: luchador. Falta brillo, hay pocos lujos, pero se lucha en todos lados. Y así estamos primeros...

Para la producción de El Gráfico, Héctor lo grita. Tiene un promedio de gol de 0,61 en sus dos pasos por el Ciclón.

Para la producción de El Gráfico, Héctor lo grita. Tiene un promedio de gol de 0,61 en sus dos pasos por el Ciclón.

—A veces no sé si Héctor Scotta es mi hermano o mi papá. Porque nunca le pude ganar un partido. Ni jugando en River, ni en Racing, ni en el Sanjustino. Porque toda la familia es de Colón, y yo fui el único que me fui al Sanjustino, y jugué una vez contra mis tres hermanos... Y el último partido, en cancha de San Lorenzo, me volvió a ganar. Y en la tabla, primero San Lorenzo, segundos nosotros. Estay esperando la revancha en Avellaneda...

—Por eso no te quejes si Racing no juega bien. Conformate con que gane, así no sufren tanto la derrota en Avellaneda...

—Para mí también lo más importante es ganar. Pero sin jugar bien no me quedo conforme. Y la tribuna de Racing nos está silbando. El otro día, contra los tucumanos, se nos hizo muy difícil, porque ellos se juntaron bien en el medio y nos complicaron. Igual les ganamos. Pero la hinchada no nos perdonó una...

 

Néstor con la camiseta de Racing.

Néstor con la camiseta de Racing.

 

—Es la obligación, la responsabilidad. Cuando uno juega para el campeonato de los equipos de tiendas, se divierte una hora y media, y después se olvida. Cuando hay que jugar un partido más importante, por la gente que lo rodea, es otra preocupación. Cuando Colón de San Justo juega contra cualquier equipo, uno no se hace muchos problemas. Pero cuando hay que jugar el clásico contra el Sanjustino, ahí es distinto. Ahí va todo San Justo a dividirse y a gritar, y si uno es jugador lo tiene que sentir. ¿Cómo lo va a evitar?

—Siempre me acuerdo la primera vez que pisé la cancha de River, jugando para Unión. Me temblaban las piernas. Nunca había jugado adelante de tanta gente... Y después, cuando me tocó entrenarme ahí todos los días me sentía en otro planeta. No lo podía creer. Está bien que después tuve que sufrir por culpa del club, cuando no me dejaron ir a jugar a Gremio porque era imprescindible. Y después no me ponían porque era prescindible... Ese fue mi peor momento en el fútbol. No fue tan grave como una lesión, o una operación, pero lo sentí mucho.

—Igual que cuando me fracturé la pierna. Un año y medio sin jugar... Yo, por lo menos, sé que ya pasé lo peor que me podía tocar. Una temporada peor que ésa no me puede volver. Además la pierna se me puso más dura que antes. Cuesta volver en los primeros partidos, porque a cada trabada uno escucha el ruido de la fractura. Pera eso también se supera...

 

Las camisetas los separan, pero la pelota los une.

Las camisetas los separan, pero la pelota los une.

 

Final del viaje. Desde Santa Fe hasta Avellaneda y Boedo, entrenamiento, y viaje breve hasta las casas en San Martín y Munro, embajadas de San Justo en Buenos Aires. Allí seguirá la charla que la tradición impone. Fútbol, en una familia de jugadores de fútbol. Una familia que, en ese sentido, le ganó hasta a las familias de Cruyff, Beckenbauer o Pelé.

 

 

Por HORACIO DEL PRADO (1974).

Fotos: SPERANZA

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