¡Habla memoria!

1965. Cacho Silveira. La historia de dos pesos oro.

Por Redacción EG · 22 de abril de 2019

Ardizzone charla con “un tipo tan singular que obliga a rascarse la cabeza... ¡De dónde sacara tanta filosofía extraña!” Maroñas, Barcelona, Ava Gardner, Géminis, el Rojo, Boca, en una nota sin desperdicio.

EL ELEGANTE

Llegó vestido con un traje de poplin, un ambo ligero, muy parecido a un piyama, con botones dorados. "Una compra que hizo en Copacabana", la última vez que Boca pasó por Rio de Janeiro. Mientras conversa se desprende nerviosamente los dos botones superiores y sobre el pecho tostado por el sol, sujeta a una gruesa cadena de oro, reposa una medalla con la imagen de la Virgen de Luján, que Cacho besa cada vez que entra en la cancha mientras pide religiosamente que "le de el triunfo o que al menos todos, él y sus compañeros, salgan sanos del partido".

Inició su carrera en Sud América de Uruguay, de donde es oriundo.

Inició su carrera en Sud América de Uruguay, de donde es oriundo.

Reloj y cadena de oro en la muñeca. Anillo de oro en el meñique. Escarpines playeros de colores combinados. A las tres de la tarde, descendiendo de su inmenso Falcon rojo, parece un "extranjero", un personaje escapado de una postal turística, un dandy que desafía la sobriedad con un despampanante negligé de media tarde...

Es la imagen de la elegancia. Se advierte un refinamiento especial en el cuidado de la vestimenta, en el recortado cuidadoso del bigote fino y cinematográfico, en el pelo corto a la romana. Pero a pesar de todo ese exterior lujoso se adivina ALGO distinto, que ni los modales forzadamente estudiados pueden alcanzar a disimular.

BAJO EL SIGNO DE GEMINIS

Cacho no esconde el origen. Dice que ¨está orgulloso de pertenecer a una cuna humilde y ser hijo de los mejores padres del mundo¨. Y asombra expresándose con un vocabulario seleccionado con una pronunciada carga declamatoria. En los ojos bailotea siempre una intencionada picardía que quiere esconderse mirando de tanto en tanto el cielo raso como buscando la palabra exacta, el giro adecuado para redondear la frase... "Es mentira que yo he cambiado, como cree alguna gente. Y sale hablando de horóscopos "Por momentos soy introvertido, por momentos extrovertido. ¿Sabe? Pertenezco a Géminis. Todos los de Géminis tenemos esa particularidad A ratos soy apasionado, ruidoso, expresivo... A ratos callado, silencioso, melancólico... Y la gente que no me conoce me confunde.

Arribó a Independiente en 1960, aquí se lo puede ver jugando un clásico contra River en el Monumental.

Arribó a Independiente en 1960, aquí se lo puede ver jugando un clásico contra River en el Monumental.

Y a uno le cuesta llegar a la conclusión de si habla en serio o en broma. Pero ocurre que tampoco se puede postergar la enorme simpatía "regalona" que se escapa en cada gesto, en cada expresión que ensaya a cada minuto. No sé si Silveira pertenece a Geminis. Pero si pertenece a esa especie de personajes que tienen el arte de GANAR, de VENDER, aunque uno tiene la seguridad de que está tratando de GANAR Y DE VENDER...

EL BOTIJA

Nació allá en Maroñas, frente al hipódromo. Un barrio de gente humilde, de casas muy pobres, donde muchos "botijas" desde muy mocosos se "apilan" en un pour sang detrás de un sueño de fama y de fortuna.  En la casa de Cacho, ¨nadie agarro por ese lado¨. Su pasión fue el fútbol, que llegó junto con la escuela. A los 10 años en una alpargata raída los Reyes Magos dejaron sabiamente "la primera pelota de cuero, una N° 3, con tiento", que lo hizo aparecer niño bien entre los muchachos del barrio. Cuando termino el sexto grado, cumplido a los tirones, ya trabajaba. Era peoncito en la feria. Una feria que, como los circos, cambiaba de parada todos los días. Vendía fruta y verdura. Se levantaba a las 3 de la mañana. Volvía a casa pasado el mediodía. Una siesta ligera. Y después al mercado acompañando a su primo, medio patrón y amigo, a la compra de especies para el otro día. Dos pesos oro por día era el salario. Y Cacho recuerda, entrecerrando los ojos, que dos pesos oro entonces era plata para su casa, donde sus tres hermanos también salían a ganarse la vida. No tenía tiempo para nada, pero "siempre me robaba un par de horas para jugar al fútbol. Jugaba en el club del barrio, el Norton. Un club tan pobre como el barrio. Y Cacho aprovecha para decir sentenciosamente: "de las casas de gente rica no salió ningún crack". Y como todas estas historias, un día fue al club Sud América y quedó en la cuarta. Tenía trece años cumplidos. "Me probé con una camiseta agujereada, un pantalón enorme y un par de zapatillas. Era chiquito de tísico pero tema adentro la buseca y los guisos que cocinaba la vieja y metí golpes por todos lados. Lo citaron para el jueves siguiente. "Y ese la conseguí que me prestaran todo el equipo. Gusté y quedé en la cuarta como N° 5, aunque mi puesto era 8. Me pagaban dos pesos oro por partido. Parecía que los dos pesos me perseguían en todas partes¨

Disputando un partido para su Selección frente a Argentina en 1959. Fue elegido el mejor jugador de la Copa América 1959, donde Uruguay fue campeón.

Disputando un partido para su Selección frente a Argentina en 1959. Fue elegido el mejor jugador de la Copa América 1959, donde Uruguay fue campeón.

LA PRIMERA PLATA

Y llegó la gran promoción. Sud América tenía que disputar el descenso y lo pusieron en la primera. Tenía 16 años y salió marcando la punta izquierda. Se ganó 3 a 2, en medio de una gran fiesta... ¨Cuando terminó el partido, fuimos todos a la sede a cobrar el premio. A mí me acompañaba mi viejo. Llamaron a los cracks adentro, pero a mí no me tocaba nunca. Hasta que escuché ¡Alcides Silveira! Me dieron un sobre. Salí de la habitación temblando, tanteando el contenido sin saber cuánto había en el interior. Aunque pensé ¿cuánto me pueden dar? Me arrimé al viejo mientras abría el sobre. Vi mi montón de billetes. Me puse a contar ¡Viejo! ¡Viejo! -le dije- ¡rajemos, rajemos, que se equivocaron! Y me lo llevé del club arrastrándolo de un brazo. ¿Sabe cuánto había adentro? ¡Ciento cincuenta pesos oro! ¡Ciento cincuenta! El viejo casi se cae desmayado. Era la primera plata grande que cobraba... ¿Se da cuenta? Y para el año 55 era mucha... Me acuerdo que casi "la reviento toda" comprando cosas para festejar. Llegué a casa lleno de paquetes y en seguida le dije a mi madre: ¡Mire, vieja, si en el fútbol se gana esto le aseguro que su hijo no trabaja más".

En 1963 jugó en Barcelona, para luego llegar a Boca y jugar allí por cinco temporadas.

En 1963 jugó en Barcelona, para luego llegar a Boca y jugar allí por cinco temporadas.

A los 17 años le llegó el primer contrato: 30 pesos oro y los premios. Ya había dejado definitivamente la feria, la verdura y la fruta. Pero la preocupación paterna que no creta todavía en el futbol lo obligo a trabajar en una empresa de calefacción. "Todavía está la Casa Chlape. Me ocupaba 8 horas diarias corridas por la mañana, y por la tarde entrenaba. Pero no podía seguir así. A los 6 meses abandoné, a pesar de las protestas del viejo"

No era figura todavía pero era titular de primera. Hasta que llego el año 59 y me incluyeron en el equipo que vino a Buenos Aires a jugar el Sudamericano. De aquí a Guayaquil a jugar el Extra y salimos campeones invictos. Jugaba de N° 6 adentro y en ese torneo marqué 3 goles de penal. Cuando volví, pedí un empleo público a mi club ¡qué se yo por que! Seria porque se usaba entonces. Y me pasó una cosa cómica. '"le dieron el trabajo, pero era en la ruleta, y yo no sabía ni siquiera tener una ficha en la mano. Más, nunca había visto funcionar una ruleta. ¡Ni siquiera tenía un smoking para ponerme! Pero entré a trabajar. Aprobé el examen y me quedé unos seis meses. Abandoné porque salí con Sud América en gira por Europa. Y por indicación de Stabile, que me había visto en Guayaquil llegó mi venta a Independiente.

EL SALTO GRANDE

Y aquí Cacho tiene otro recuerdo risueño. Cuando llego la oferta de los rojos su situación se sometió a un plebiscito entre los asociados del club. Había dos bandos: los que propugnaban su venta porque mejoraba la economía del Sud América y los que se oponían por razones sentimentales. La reunión se celebró a la sombra de un quincho y se congregaron cerca do mil personas. ¡Que se venda! ¡Que no se venda! "Después me lo contaron, porque yo estaba en Europa. ¡Si estoy presente me hubiese muerto de angustia. Era la salvación para mí y para mi casa y esa buena gente creía que me hacían un bien dejándome en el club... ¡Me imagino como habrán sufrido mi viejo y mis tres hermanos!... Me contaba un amigo que los tres caminaban entre los grupos y gritaban desesperados ¡QUE SE VENDA! ¡QUE SE VENDA! ¡Después tuvieron que poner cara triste para quedar bien ante los conocidos! ¡Qué lástima que se va el Cacho!

Aquí termina la historia vieja. Aquí termina el ayer de Silveira. Termina Maroñas, se esfuma la casa paterna pobre... Todavía es Silveira sin fama pero empieza la etapa grande. Camiseta roja y campeón en el 60. Primero una modesta pensión con amigos. Después una casa un poco menos modesta en Avellaneda. Pero todavía no había llegado la "otra evolución". Todavía había potrero. Quedaba el recuerdo de Maroñas. El señorito aleteaba adentro, quería surgir, pero faltaban los medios, faltaba el medio... y llegó la oferta del Barcelona. Llegaron los millones. Llegó la exportación. El clima justo para el señorito que quería ser. Llegó la mesa con manjares. El trato con señores. "Comía como un elegante en el mismo comedor que Ave Gardner", dice Cacho como despertando de su dulce sueño. Y entrecierra los ojos para seguir soñando... Y de pronto salta a esa enorme contradicción que según Silveira "le viene de Géminis". Cambia la escena bruscamente y el personaje muestra otro gesto, sentido, emocionado... Créame que cuando comía esos manjares, entre manteles de hilo, me acordaba de mi familia. Yo aquí y quizas ellos, Y vuelve la protesta: "Yo no he cambiado, le digo que no he cambiado. Todavía tengo adentro aquel chiquilín de Maroñas que ganaba 2 pesos oro en la feria. Ocurre que evolucioné como persona. Aquel pibe esta siempre dentro de mí. He mejorado en mi manera de hablar, de sentarme a la mesa, de comportarme entre la gente... Los que se quedan, los que no prosperan, dicen:¨Cacho esta engrupido¨. Créame que la popularidad es difícil. Pero yo puedo estar sentado a una mesa del palacio de Buckingham y comer asado en un rancho del Dock Sud. He evolucionado y me se adaptar. Por otra parte pienso que puedo encontrar GENTE tanto en el palacio de Buckingham como en el rancho del Dock Sud...

En Boca ganó dos Campeonatos de Primera División, el de 1964 y el de 1965.

En Boca ganó dos Campeonatos de Primera División, el de 1964 y el de 1965.

Y uno vuelve a quedar desconcertado. Porque será Géminis la gran influencia pero este Silveira es un tipo singular, tan singular que obliga a rascarse la cabeza... ¡De dónde sacara tanta filosofía extraña! ¡Y los ojos bailan! ¡Y el bigotito se contorsiona! ¡Y las manos hablan! Maroñas, Barcelona, Ava Gardner, la popularidad, Géminis, la introversión, la extroversión... Y esa "Z" catalana que va y que viene. Y el "pues" de la Madre Patria... ¡Basta, Cacho!... Vamos a charlar de fútbol. Vamos a hablar de Boca...

EL HOMBRE Y EL JUGADOR

"Vea, le voy a decir una cosa... A mi particularmente el fútbol que juega Boca no me gusta. Comparto algunas opiniones. Pero, ¿eso qué importa? Como jugador le doy a mi equipo todo el gran valor que tiene. Me siento de integrarlo. Está en una etapa muy importante de su organización. HAY QUE GANAR. Eso es lo importante. Y Boca tiene hombres con temperamento, hombres en todo el sentido de la palabra. Y es justamente ese temperamento el que no le permite a sus hombres jugar como saben o como pueden. Es la gran responsabilidad de ganar. Y entonces cuesta hacer las cosas de otro modo. Boca, re repito, está capacitado, pero llegará a jugar bien si le toca, según las circunstancias, según el score, la comodidad que le puede dar el score en un partido o la posición en la tabla.

—Pero escúcheme... ¿Entonces se puede ganar sin jugar bien?

—Sí, señor. Allí está el caso Boca. Mire, le voy a dar dos verdades: Buen fútbol sin hombres no pasa nada. Hombres sin buen fútbol puede ganar. Para mí eso es la gran verdad. ¿Usted cree, por ejemplo, que los fouls penales llegan solos? No, hay que forzarlos, hay que obligarlos a cometer. Y eso sólo es posible en una única zona del campo: en el área. Y hay que arriesgar. Cuando llega el golpe nunca se conoce su magnitud ni su consecuencia. Pero a mí me gusta ir adentre.

Aquí se le transforma la cara. Aprieta los dientes y los labios. "Me gustan los grandotes que me esperan para reventarme. Será porque me gusta gritar gol. Yo sé que si me pegan fuerte es penal, pero si paso es gol.

Y siempre violento, con el puño crispado, termina la frase: "Quizá parezca sádico, pero me gusta que me tiren fuerte. Será para tener el derecho de ir fuerte también. Después me queda la Virgen de Luján... Y se sonríe. Le hacemos notar" nuestra extrañeza. Creíamos que se sentía a disgusto de delantero, que le gustaba jugar de N° 6.

Se pone serio, estudiadamente serio. El discurso llega como si estuviera "preparado". "El jugador Silveira y el hombre que tiene contrato son dos cosas distintas. El jugador puede sentir afecto por cualquier puesto. El hombre juega donde los técnicos quieren.

Se detiene mientras los ojos buscan "una picardía" en el cielo raso... ¨Créame que me siento orgulloso de que los técnicos de Boca crean en mí y me can bien de puesto y me pongan donde haga falta¨.

Cuando habla de los técnicos dice respetuosamente don Adolfo y don Luis, cuando se refiere a Deambrossi... "Pero, ¿sabe cuál es el inconveniente que puede perjudicarme? Que la tribuna de Boca llegue a exigir que yo sea un superdotado todos los domingos y en cualquier puesto."

Y más tímidamente... "Creo que lo mío es una honestidad que se me debe valora: ¿No cree usted que es así? ¿Qué club tiene un jugador funcional como yo? ¿Quién juega hoy en tantos puestos? ¿Sabe cuál es a veces mi problema? Que me cuesta familiarizarme con el ritmo del nuevo puesto. De N° 10 es una cosa. De N° 5 es otra. El ritmo de N° 6 es distinto. Y se sonase como quien dice una reflexión que recién se le ocurre. "¡Al final resulta que soy el jugador más barato del fútbol...! ¡Juego en todos los puestos y cobro por uno solo! ¿No es cierto?

En el estadio de Boca, cuando se perdió la Copa de Campeones. "¿Y quién es Pelé? Yo voy al frente con cualquiera." La mano de Cacho quiere ser cachetazo. Aunque el destinatario sea un Rey...

En el estadio de Boca, cuando se perdió la Copa de Campeones. "¿Y quién es Pelé? Yo voy al frente con cualquiera." La mano de Cacho quiere ser cachetazo. Aunque el destinatario sea un Rey...

FRANK SINATRA

Con Cacho Silveira se desemboca siempre en el mismo final. Termina siempre siendo Cacho Silveira. El hombre que después de un violento entrevero con el boliviano Ramírez, donde las piernas fueron bien arriba, le pregunta ingenuamente a Yamasaki: "Digame, señor, ¿usted cree que yo soy capaz de dar una patada intencional?" Y hace bailar los ojos y hace retorcer el bigote y pone las manos de tal manera, habla con tal acento español, que hay que terminar por creerle aunque quede una gran duda sobre la autenticidad de lo que dice. "Créame que no he cambiado. El pibe de Maroñas siempre vive dentro de mí". ¡Pero cómo ha crecido, Cacho! ¡Cómo lo ha hecho desarrollar la vida! ¡Cómo le ha hecho aguzar el ingenio! Y Silveira se siente orgulloso de su triunfo. "Yo voy siempre para adelante. ¡Los que se quedan atrás son los que creen que Silveira es un engrupido!"

Verdulero, calefaccionista, croupier,  Avellaneda, Barcelona, Ava Gardner, guisos maternos, manjares, calles con alfalfa en Maroñas, departamento elegante, alpargatas, Falcon rojo, una camiseta agujereada y un dos piezas de poplin comprado en una boutique de Copacabana...

Un vocabulario que puede tener lunfardo cuando quiere y puede tener una música más españolísima que la de Lola Membrives. Unos modales que pueden ser orilleros entre orilleros y los de un delicado paje cuando adivina señores... "Puedo estar en el palacio de Buckingham y en un rancho en el Dock Sud".

Pero están siempre aquellos dos pesos oro. Están siempre viviendo en los ojos, en el andar compadrito, en el gesto que traiciona. Sin esos pobres dos pesos oro no podía comenzar nada. ¿Verdad, Cacho? Sin esos dos pesos no hubiese podido incubarse esta pretensión de señorito que "quiere grandotes para que le peguen fuerte".

El Falcon rojo es un estuche. El ambo de poplin y los delicados escarpines playeros también... Mientras conversa pone distraídamente un disco en el moderno estereofónico. La voz de Frank Sinatra ensaya un lánguido blue... "¡Qué fenómeno este tipo! ¡Que me dice! ¡Es un fenómeno! ¡La vida que se debe de dar! ¡Los millones que debe de tener!.

Allí también están los dos pesos ore de Maroñas... Sinatra es ídolo de muchos muchachos ¨piernas¨ que quiere!, caminar ligero... Sinatra tiene millones que también nacieron de monedas. Sinatra transmite un reinado de poderlo, de elegancia, de noche, de guapeza, todo en vuelto de excitante leyenda, de "clandestinidad" que subyugo. "¡La vida que se debe de dar! ¡Y la pinta que tiene todavía!" —dice Cacho.

Del moderno estereofónico sigue el mensaje de LA VOZ. Cacho no entiende inglés... Quizá tampoco "entienda" lo que la canción expresa. El sólo siente el sortilegio del hombre que canta, sueña pensando en todo lo que lo rodea, en la pinta, en los millones, en la noche, en el lujo, en las mujeres como Ava Gardner...

Quizá Cacho también se sienta un poco Sinatra.

 

Por Osvaldo Ardizzone.

Fotos: Alfieri.

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