¡Habla memoria!

2000. Dueño de una época

Por Redacción EG · 11 de abril de 2019

EL GRÁFICO repasa la historia de Alberto Cabrera, quien fue considerado el mejor basquetbolista de la historia argentina hasta la llegada de Ginobili. Fue figura de Estudiantes de Bahía Blanca y de la Selección Argentina.

Lle­gó al bás­quet de ca­sua­li­dad, ines­pe­ra­da­men­te, pe­ro fue un ge­nio. El pro­pio Al­ber­to Ca­bre­ra al­gu­na vez con­tó la anéc­do­ta: “En Es­tu­dian­tes se iba a rea­li­zar un tor­neo de na­ta­ción y yo, de 12 o 13 años, que­ría ver­lo. Pe­ro no te­nía gui­ta pa­ra pa­gar la en­tra­da. En­ton­ces, hi­ci­mos un acuer­do con el con­trol: me de­ja­ban pa­sar si al día si­guien­te me ha­cía so­cio pa­ra prac­ti­car de­por­tes en el club. Así que­dé li­ga­do a Es­tu­dian­tes y por suer­te caí en las ma­nos del en­tre­na­dor Víc­tor Bar­co”.

“La emoción más grande de mi vida”, dijo al recibir el trofeo de campeón sudamericano, como capitán del equipo.

“La emoción más grande de mi vida”, dijo al recibir el trofeo de campeón sudamericano, como capitán del equipo.

Un he­cho le da es­ta­tu­ra his­tó­ri­ca a Be­to. El Gra­fi­co, en 1979, en el fes­te­jo de su 60° ani­ver­sa­rio, pre­mió sim­bó­li­ca­men­te con ex­clu­si­vas se­sen­ta me­da­llas-ho­me­na­je a de­por­tis­tas y equi­pos que se con­sa­gra­ron en la his­to­ria del de­por­te ar­gen­ti­no. Una me­da­lla, con nom­bre y ape­lli­do, fue pa­ra él.

Cuan­do se le pre­gun­ta­ba a León Naj­nu­del, to­da una au­to­ri­dad del bás­quet ar­gen­ti­no, quién fue el me­jor ju­ga­dor de la his­to­ria, re­pe­tía sin du­dar:

“Be­to Ca­bre­ra”.

Enojado con los dirigentes de Estudiantes, Cabrera se fue a jugar para Gimnasia y Esgrima La Plata en el ’76 y el ’77. Allí fue compañero de Ernesto Gehrmann y rival de Norberto Meire.

Enojado con los dirigentes de Estudiantes, Cabrera se fue a jugar para Gimnasia y Esgrima La Plata en el ’76 y el ’77. Allí fue compañero de Ernesto Gehrmann y rival de Norberto Meire.

La pri­me­ra vez que se le hi­zo una no­ta en la re­vis­ta –11 de fe­bre­ro de 1969– que­dó de­fi­ni­do así: “Una con­jun­ción de ar­te y efi­ca­cia. Maes­tro en la con­duc­ción, ge­nial en el pa­se, con­tun­den­te en el gol, in­fle­xi­ble en la mar­ca. Un fue­ra de se­rie por don­de se lo mi­re”. Ha­cía tan­ta ma­gia con la pelota naranjades­de su pues­to de play-ma­ker que hu­bo que apo­dar­lo “Man­dra­ke”.

Un maes­tro, el gran en­tre­na­dor Ca­si­mi­ro Gon­zá­lez Tri­lla, de­cía que Be­to Ca­bre­ra “era el me­jor ejem­plo de lo que se pue­de lle­gar a ser cuan­do hay vo­lun­tad, cons­tan­cia, sa­cri­fi­cio y de­di­ca­ción, por­que era pro­duc­to de su te­són. Cuan­do em­pe­zó era un ju­ga­dor me­dio­cre y fí­si­ca­men­te te­nía ten­den­cia a en­gor­dar. Prac­ti­can­do mu­cho, tra­ba­jan­do en el gim­na­sio por su cuen­ta, se con­vir­tió en un gran ju­ga­dor; sien­do muy buen pa­sa­dor y con un ti­ro de me­dia dis­tan­cia al que no se le po­día dar ven­ta­ja. En mi rán­king de los me­jo­res de la his­to­ria  vie­ne des­pués de Os­car Fur­long y Ro­ber­to Viau”.

Un festejo curioso. En el ’78 jugó como refuerzo para Olimpo en el Campeonato Argentino de Clubes, en Santiago del Estero. Y ayudó a que el rival de siempre de su club consiguiera un título.

Un festejo curioso. En el ’78 jugó como refuerzo para Olimpo en el Campeonato Argentino de Clubes, en Santiago del Estero. Y ayudó a que el rival de siempre de su club consiguiera un título.

Al res­pec­to, Be­to con­fe­só: “Al prin­ci­pio  yo no pin­ta­ba pa­ra mu­cho. Era pe­ti­so y bas­tan­te gor­do. Po­cos creían en mí...”. Otra vez, cuan­do re­gre­só de una gi­ra con la Se­lec­ción Ar­gen­ti­na por Eu­ro­pa, con­tó: “Me tra­je la mis­ma pe­lo­ta con la que se ju­ga­rá el Mun­dial y me es­toy en­tre­nan­do to­das las ma­ña­nas en Es­tu­dian­tes, en Ba­hía... ¿A qué ho­ra em­pie­zo? A las ocho y cuar­to de la ma­ña­na...”

Si Ca­bre­ra fue ad­mi­ra­ble por su bri­llan­tez en el juego, lo fue aún más por su de­di­ca­ción sa­gra­da.

Siem­pre tu­vo un con­cep­to cla­ro del jue­go:

* “El bás­quet es­tá he­cho pa­ra los lun­gos des­de que el aro fue co­lo­ca­do a 3,05 me­tros del sue­lo.”

* “Al prin­ci­pio me gus­ta­ba el bás­quet téc­ni­co, pe­ro la ex­pe­rien­cia me en­se­ñó que mu­chas ve­ces la agre­si­vi­dad sir­ve tan­to o más que la ex­qui­si­tez.”

* “Si­go pen­san­do que Ar­gen­ti­na tie­ne ma­te­rial hu­ma­no. Pe­ro si que­re­mos avan­zar co­mo los eu­ro­peos no po­de­mos se­guir en­tre­nán­do­nos na­da más que dos ve­ces por se­ma­na... Nues­tras com­pe­ten­cias nos tie­nen ha­bi­tua­dos a dos o cua­tro par­ti­dos se­rios por año y lo que ne­ce­si­ta­mos son ocho me­ses de bás­quet se­rio...” (Su de­seo se cum­plió con la Li­ga Na­cio­nal.)

 

La presencia dominante de Beto Cabrera en la final del Sudamericano del ’79. El rival era Brasil y fue su único título con la Selección.

La presencia dominante de Beto Cabrera en la final del Sudamericano del ’79. El rival era Brasil y fue su único título con la Selección.

* En 1974 com­par­tió con Eduar­do Ca­di­llac una gi­ra de la Se­lec­ción Na­cio­nal por Eu­ro­pa. El To­la te­nía 20 años y en po­co tiem­po que­ría ha­cer to­do. Lo aga­rró y le di­jo: “An­tes que ju­gar bien, tra­tá de no ju­gar mal”.

Tam­bién de­jó sus tí­tu­los. Fue seis ve­ces cam­peón ba­hien­se con Es­tu­dian­tes; do­ce ve­ces cam­peón bo­nae­ren­se con Ba­hía Blan­ca; tie­ne el ré­cord de nue­ve con­quis­tas (so­bre tre­ce pre­sen­cias) de cam­peón ar­gen­ti­no con Pro­vin­cia de Bue­nos Ai­res; fue una vez cam­peón ar­gen­ti­no de clu­bes re­for­zan­do a Olim­po, su ar­chi­rri­val; y una vez cam­peón su­da­me­ri­ca­no con Ar­gen­ti­na. Ele­gi­do pri­mer Olim­pia de Pla­ta en bás­quet en 1970, re­pi­tió en 1973 y 1974. Es­tu­vo ocho años en la Se­lec­ción Na­cio­nal, en­tre 1966 y 1974, y vol­vió pa­ra ju­gar el Su­da­me­ri­ca­no de 1979. Par­ti­ci­pó en dos cam­peo­na­tos mun­dia­les, en 1967 y 1974, y en los Jue­gos Panamericanos de Ca­li en 1971. En to­tal con Ar­gen­ti­na ju­gó 51 par­ti­dos en tor­neos ofi­cia­les, pro­me­dian­do 13,3 pun­tos por par­ti­do. De­bu­tó en la Pri­me­ra Di­vi­sión de Es­tu­dian­tes el 30 de no­viem­bre de 1961 y de­jó de ju­gar en el mis­mo club, a los 38 años, el 16 de ene­ro de 1984. En 1999 fue ele­gi­do De­por­tis­ta del Si­glo de Ba­hía Blan­ca.

La última noche en una cancha. El 16 de enero de 1984 cerró un ciclo de 22 años como jugador de Primera División. Se llevó el reconocimiento de los que tanto lo admiraron.

La última noche en una cancha. El 16 de enero de 1984 cerró un ciclo de 22 años como jugador de Primera División. Se llevó el reconocimiento de los que tanto lo admiraron.

Beto en primera persona:

* “Yo era el nú­me­ro dos de la sex­ta del fútbol de Olim­po (las vuel­tas que tie­ne la vi­da), es­ta­ba en el mis­mo equi­po don­de tam­bién lo ha­cía el Bi­cho Mos­co­ni, que lue­go se­ría fi­gu­ra en la pri­me­ra y que lle­gó a ju­gar en Quil­mes. Pe­ro des­pués me col­ga­ron y de­jé el fút­bol.”

* “En la gi­ra de la Se­lec­ción del ’74 co­me­ti­mos un im­per­do­na­ble error con­tra Ho­lan­da: en­tra­mos su­bes­ti­man­do. Per­di­mos y fue una gran lec­ción.”

* “Mi pa­dre fa­lle­ció cuan­do yo te­nía nue­ve años. Con mi ma­dre y con mi her­ma­na tu­vi­mos que ha­cer gran­des sa­cri­fi­cios pa­ra po­der vi­vir y, en­tre otras co­sas, de­bí de­jar el se­gun­do año de la Es­cue­la Fá­bri­ca N° 1 pa­ra po­der tra­ba­jar.”

Como entrenador dirigió a Estudiantes dos veces en la Liga Nacional: en 1989 y en la temporada 95/96.

Como entrenador dirigió a Estudiantes dos veces en la Liga Nacional: en 1989 y en la temporada 95/96.

* “Aun­que ju­gue­mos en equi­pos dis­tin­tos, los bas­quet­bo­lis­tas de aquí no so­mos de nin­gún club: so­mos de Ba­hía Blan­ca.”

* “De chi­co no te­nía un ído­lo, te­nía un ejem­plo: Re­né Gi­mé­nez. Lle­ga­mos, por suer­te, a ser muy ami­gos y ju­ga­mos jun­tos en Es­tu­dian­tes.”

“Los más gran­des ju­ga­do­res que vi en mi vi­da fue­ron el nor­tea­me­ri­ca­no Clif­ford Luyk, del Real Ma­drid, e Ivo Da­neu, de Yu­gos­la­via. Un par de fe­nó­me­nos.”

* “Mi­do 1,85 y, no bien me des­cui­do, su­bo a los 94 ki­los. Pe­ro ape­nas me em­pie­zo a en­tre­nar, lle­go a los 87.”

* “No me acuer­do des­de cuán­do, pe­ro ten­go una so­la cá­ba­la: sa­lir úl­ti­mo, de­trás de to­do el equi­po”.

* “Siem­pre ha­blo de Ca­bre­ra co­mo per­so­na, que es al­guien de mu­cho tra­ba­jo. Pe­ro nun­ca me van a es­cu­char una so­la pa­la­bra de Ca­bre­ra-ju­ga­dor, por­que en­ton­ces sí se­ría un ena­mo­ra­do de mí mis­mo.”

La trilogía histórica de Bahía Blanca: Atilio Fruet, Alberto Cabrera y José De Lizaso. Protagonizaron grandes clásicos entre Olimpo y Estudiantes en la mejor época del básquet de la ciudad.

La trilogía histórica de Bahía Blanca: Atilio Fruet, Alberto Cabrera y José De Lizaso. Protagonizaron grandes clásicos entre Olimpo y Estudiantes en la mejor época del básquet de la ciudad.

 

No ne­ce­si­tó sa­lir de su ciu­dad pa­ra ser un gran­de. Una vez lo qui­so lle­var el Real Ma­drid a Es­pa­ña. Va­rios clu­bes de Ca­pi­tal Fe­de­ral lo ten­ta­ron con sus ofer­tas. Tam­bién el Pal­mei­ras, de San Pa­blo, tra­tó de ra­di­car­lo en Bra­sil. Ca­bre­ra siem­pre di­jo que no, sal­vo el fu­gaz pa­so por Gim­na­sia y Es­gri­ma La Pla­ta pa­ra de­sa­ho­gar una bron­ca con los dirigentes de Estudiantes. Le­van­tó un ba­luar­te en Ba­hía Blan­ca y des­de allí, uni­do a Ati­lio Fruet y Jo­sé De Li­zaso –en una tri­lo­gía de pro­nun­cia­ción que se hi­zo pe­ga­di­za– creó un im­pe­rio triun­fal y glorioso con­ver­ti­do en Ca­pi­tal del Bás­quet.

Fue una épo­ca del bás­quet ar­gen­ti­no. Mu­rió, por una ful­mi­nan­te leu­ce­mia, el 12 de agos­to de 2000. Te­nía 54 años.

 

O. R. O. (2000)

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