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San Pablo, la vergüenza Sudamericana

Por Redacción EG · 12 de diciembre de 2012

Vencía 2 a 0 a Tigre hasta el entretiempo, cuando los jugadores argentinos fueron emboscados y agredidos por la seguridad privada del club en el vestuario. Según la denuncia, a Albil le pusieron un revólver en el pecho. Otros recibieron golpes, botellazos y palazos. Mientras tanto, el equipo brasileño salió al campo y esperó hasta que el árbitro Osses diera por terminado el partido. La Conmebol se apuró a armar la tarima para la premiación. Y el Morumbí le dejó una mancha imborrable al fútbol.



En el Morumbí, por la final de la Copa Sudamericana, San Pablo vencía cómodamente 2 a 0 a Tigre hasta el entretiempo, que terminó caldeado y con varios choques entre argentinos y brasileños en el campo, camino al vestuario. 

Cuando los jugadores argentinos llegaron al vestuario, fueron emboscados y agredidos por la seguridad privada del club. Según los testigos, al arquero Albil le pusieron un revólver en el pecho. Otros recibieron golpes, botellazos y palazos. Varios quedaron heridos.

Mientras tanto, el equipo brasileño salió al campo y esperó hasta que el árbitro Osses diera por terminado el partido. No suspendido, sino finalizado por abandono. "Vi que había jugadores agredidos, pero no sé por quién", se excusó por Fox Sports.

La Conmebol se apuró a armar la tarima para la premiación, en la que no faltaron sus dirigentes, también decididos a borrar cualquier incidente del reporte oficial.

Los jugadores del San Pablo celebraban mientras los de Tigre, aún consternados, seguían parepetados en el vestuario. Había sido una noche muy larga: empezó con agresiones al micro y con prepoteos durante el calentamiento previo. "Cosas que no deberían pasar pero que forman parte del fútbol. Pero que estén 15 tipos esperándote para pegarte con palos y que te saquen un arma, no", dijo Galmarini.

El intendente de Tigre, Sergio Massa, explicó que la estrategia fue demorar la decisión de no salir al campo, para poder permitirles a los hinchas de Tigre salir del estadio sin que sufrieran agresiones. "Vinimos acá representando a la AFA, no a Tigre, y esperamos que la AFA se encargue de que esto no quede así".

Así, en el Morumbí quedó una mancha imborrable al fútbol sudamericano. Y un nuevo aplazo organizativo fútbol brasileño, de cara al Mundial 2014.

En la final de la Libertadores, también en San Pablo, entre Corinthians y Boca, se denunciaron atropellos y agresiones de todo tipo, pero la Conmebol dio vuelta la página. Menos de seis meses después, el vestuario de Tigre quedó lleno de sangre. "Tuvimos suerte de que no pasara algo más grave. Alguien que saca un arma y te apunta no lo había vivido nunca en el fútbol", explicó el ayudante de Gorosito, Cacho Borelli, con un corte en el pómulo.

La delegación argentina se dirigió a hacer la denuncia policial junto al cónsul argentino.

Ni los jugadores ni los dirigentes del San Pablo se interesaron en la situación de sus colegas argentinos. Festejaron como si no hubieran decidido salir al campo por iniciativa propia y no por los incidentes sufridos.

A su vez, el dirigente Romer Osuna, tesorero de la Conmebol, dijo: "Les creo que los agredieron, estaban exaltados, pero las cosas son así. Después se escucharán los descargos. Ahora es momento de hacer la premiación". El show debe continuar. Y la vergüenza, también.

Postales de la vergüenza. La vergüenza de la Sudamericana.


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