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SILENCIO, HOSPITAL

Agustín Orión amenazo con mandar a Radamel Falcao al hospital por chocarlo en dos centros. ¿Por qué habrá tenido esa reacción tan desmedida?

Por Elías Perugino ·

30 de enero de 2008

 
“La próxima vez te arruino, te mando al hospital”, le gritó Orión a Falcao, en medio del River-San Lorenzo que consagró al equipo de Simeone como campeón del Pentagonal de verano. En ese cruce del segundo tiempo, el delantero colombiano no había hecho otra cosa que ir a pelear lealmente una pelota aérea, aunque con roce incluido. Pero el arquero venía cargado por un topetazo fuera de tiempo que el mismo Falcao le había asestado en el primer tiempo y, fundamentalmente, de cuatro días de exasperante bicicleta por parte de su presidente efectivo, su presidente virtual y su entrenador, ecuación que le privó de embolsar cinco millones de euros en cuatro años.
 
Cuando escuchó la oferta del Napoli y el panorama alentador que le pintaba su amigo Ezequiel Lavezzi, el arquero trazó un diagnóstico lógico. A punto de cumplir 27 años, le ofrecían el dinero suficiente para asegurar el futuro de tres generaciones de Orión. Y el llamado no provenía de ligas poderosas económicamente pero escuálidas en lo deportivo, como las de Suecia, Austria o Qatar, sino de la italiana, tercera en importancia de acuerdo al ranking de la FIFA.
 
Entre Ramón Díaz, Rafael Savino y el grupo económico que encabeza Marcelo Tinelli se pactó no desarmar el equipo hasta junio, con el objetivo de obtener la Copa Libertadores en el año del centenario de la institución. Pero Orión se sintió rehén injustificado del  proyecto deportivo. Nunca comprendió la negativa del técnico, que en su época de jugador no dudó en emigrar donde fuera –Mónaco, Japón…- para asegurar el futuro de su familia. Nunca comprendió que Savino no le diera una respuesta firme, como corresponde a un presidente efectivo, y lo mandara a definir la situación con Marcelo Tinelli, hoy multimillonario, pero ayer “cronista de Crónica que apenas tenía la plata justa para comprar un sándwich”, según su propia confesión. Y nunca comprendió por qué el presidente virtual jamás le atendió el teléfono ni le respondió los mensajes que le dejó en el contestador.
 
Así de caliente estaba Orión cuando le llovieron dos centros en el área. Así de caliente estaba Orión cuando amenazó a Falcao a sumarse a una sala de hospital a la que, si pudiera, ya hubiera mandado a otros tres pacientes.