La génesis del Dios de La Paternal: el templo sagrado donde nació el mito y brilló el mejor Diego de todos
Los primeros destellos de Maradona en Argentinos Juniors: récords goleadores inigualables, tardes memorables y el romance eterno con la pelota que forjó a la leyenda.
El Semillero del Mundo consagró su destino para siempre en La Paternal, donde el templo sagrado de Juan Agustín García y Boyacávio nacer a Diego Armando Maradona, el mito más grande de la historia del fútbol mundial en una tarde primaveral del 20 de octubre de 1976 ante Talleres de Córdoba.
Aquel miércoles cargado de tensión social y política, bajo un intenso sol y ante unas 7.500 personas que dejaron una recaudación histórica de más de 1,2 millón de pesos, el Pelusa irrumpió en la máxima categoría con apenas 15 años, 11 meses y 20 días.
Con la casaca número 16, los pantalones ajustados hasta el ombligo y una inocencia que escondía a un monstruo sagrado, Diego obedeció la mítica orden de Juan Carlos Montes en el entretiempo —“Nene, ¿te animás? Entrá, jugá y la primera pelota que agarrás, tirá un caño”— y dejó su sello eterno con el célebre túnel a Juan Domingo Patricio Cabrera. Aquellos 45 minutos iniciales coronados con un 7 de calificación en El Gráfico y el regalo de la camiseta a Doña Tota marcaron el punto de partida de una era legendaria.
Por el barrio de Villa Fiorito, Diego bien pudo haber vestido otros colores, pero Argentinos Juniors se convirtió en el hogar definitivo de su rebeldía, del esfuerzo compartido con un plantel de guerreros —con Pellerano y Fren liderando la protección en la cancha y las anécdotas de vestuario con el Ghetto y el Turco Hallar— y de un fútbol inigualable. La cancha vieja de La Paternal se transformó rápidamente en un santuario de peregrinación, donde multitudes acudían exclusivamente para adorar a ese morocho retacón y de rulos que se negaba a entregar la pelota y ensayaba horas extras pateando al travesaño o elevando la pelota veinte metros sin que cayera.
El Diamante en Bruto se hizo fuerte desde el fondo de la tabla, liderando estadísticas de goleo y ganándose la convocatoria de César Luis Menotti a la Selección Argentina con apenas doce partidos en Primera.
En su paso arrollador por el Bicho —donde acumuló 166 partidos jugados, 70 victorias, 52 empates, 44 derrotas y 116 goles convertidos—, Diego Maradona fue goleador del torneo de Primera División de Argentina en 5 torneos seguidos, cifras con las que para muchos se consagró como el mejor Diego de todos: Metropolitano 1978: 22 goles (compartido con Luis Andreuchi de Quilmes), Metropolitano 1979: 14 goles (compartido con Sergio Fortunato de Estudiantes), Nacional 1979: 12 goles, Metropolitano 1980: 25 goles y Nacional 1980: 18 goles (o 17 según algunos registros oficiales).
Las giras multitudinarias y las actuaciones consagratorias se multiplicaron, alcanzando su punto máximo en partidos inolvidables como el 5-3 a Boca en 1980, donde Diego castigó la soberbia de Hugo Gatti con cuatro goles descomunales tras la famosa chicana de que el gordito no le iba a convertir.






































