Las Crónicas de El Gráfico

1972. Artime figura en la Intercontinental 1971

Por Redacción EG · 28 de febrero de 2020

Por Ardizzone. Nacional, el equipo uruguayo Campeón del Mundo frente a los griegos... Y no... Pitágoras no conoció a Luis Artime... que convirtió los 3 goles en los dos encuentros.

Sí, señor. — Y que los olímpicos griegos sepan disimular el sacrilegio de asociar la ilustre memoria del honorable Pitágoras a un hecho tan subalterno como el fútbol... Pero este Luis Artime ya superó la complicada combinación de aquella hipotenusa y de aquellos catetos de nuestros lejanos tiempos de estudiantes... Con el simple y elocuente enunciado de su teorema exclusivo... "De cada cinco veces que la toco en noventa minutos, dos veces, al menos, la meto adentro..." Y así, Luis Artime pasa a ser el gran matemático de nuestro tiempo... El extraño propietario de la fórmula ideal para ganar campeonatos, para conquistar Copas de Américas, para resolver Copas del Mundo... "De cada cinco veces que la tocó en noventa minutos, dos veces —al menos— la meto adentro..."

 

Ahí está. Siempre ahí... En los dos goles que trajeron la Copa para Nacional. Artime y todo Nacional festejan el primer tanto.

Ahí está. Siempre ahí... En los dos goles que trajeron la Copa para Nacional. Artime y todo Nacional festejan el primer tanto.

 

Y estos griegos del Panathinaikos, justamente estos compatriotas del honorable Pitágoras, padecieron la demoledora utilidad de esa tesis... Un gol allá en la antigua Grecia que sirvió para el empate. Y los dos goles de la última noche del Centenario que le adjudica a Nacional el privilegio de esta primera Copa del Mundo. Y antes lo fue en la Copa de América frente a Estudiantes, allá en Lima. Y lo fue en estos últimos tres años que lleva en el Uruguay con tres campeonatos y el mérito de convertirse en el goleador absoluto de todos los años... Y siempre la misma extraña fórmula. Luis que no aparece. Luis que no toma contacto con la pelota. Luis que pica, que se desmarca, que se cruza, que va a la derecha, que se tira a la izquierda. Luis que por momentos se transforma en el participante más gratuito del partido. Ausente. Lejano. Invisible. Y de pronto, la pelota en la red. De pronto, el rugido inconfundible de la multitud. Y ese hombre que sale corriendo. Ese hombre que todos saben quién es, que todos identifican... Ese fantasma de la carrera, del puño crispado, articulando ese grito que conoce de memoria, que todos conocen de memoria... ¿Gol de quién? ¿Y de quién va a ser? De Luis Artime. Siempre de Luis Artime... Aunque nadie lo haya localizado. Aunque la mayor parte de las veces ni el más avisado espectador lo advierta en la maniobra final, ni mucho menos pueda reconstruir el hecho... ¿De dónde salió? ¿Cómo le pegó? ¿Dónde estaba? ¿Si yo no lo vi? ¿Cómo pudo llegar? ¿Cómo pudo alcanzar? Y todo el estadio se transforma en una Babel de conjeturas, de suposiciones, de cálculos, de hipótesis... Pero una única 3 irrefutable coincidencia. Fue gol de Artime. Siempre gol de Artime. ¿Si no de quién? ¿De quién puede ser si no de Luis Artime...? Y poco antes del partido del Centenario le escuchamos decir a Ferenc Puskas el técnico de los griegos, que Artime es lento, que no dispone de la velocidad adecuada para el goleador nato, que se lo puede marcar, que se lo puede anular...

 

Luis Artime es la referencia del equipo dentro del área. Aquí disputando el balón en una jugada que viene por arriba.

Luis Artime es la referencia del equipo dentro del área. Aquí disputando el balón en una jugada que viene por arriba.

 

¡Ah, don Ferenc Puskas! Allí están los resultados, allí está "el teorema" de este moderno Pitágoras argentino. "De cada cinco veces que la toco en noventa minutos, dos veces —al menos—la meto adentro". Y los goles "argentinos" de Luis no hacen distingos de fronteras, ni de latitudes, ni de nacionalidad... La irrebatible contundencia del "teorema" rige para todos los países del mundo, frente a todos los sistemas del mundo, frente a todos los marcadores del mundo... "Cinco veces, permítame que toque la pelota al menos cinco veces en noventa minutos, y, tenga la absoluta seguridad de que dos veces la meto adentro..." Y seguiremos discutiendo lo que ya no admite discusión. Y seguiremos cuestionando lo que ya está totalmente fuera de la cuestión. Y seguiremos buscando explicaciones a lo ya exhaustivamente explicado, demostrado, esclarecido... ¿Gol de quién? ¿Y de quién va a ser? De Luis Artime. Y llámesele magia, prestidigitación, metafísica, alquimia o lo que fue-re... Pero la tabla de goleadores, esa que se nutre de valores matemáticos, ésa demuestra que el enunciado del "teorema" es demostrable con lápiz y papel... "De cada cinco veces que la toco en..."

LOS GRIEGOS…

Uno piensa en Grecia y le pone alas a la imaginación. Aunque prevalezca ese atributo atlético de las fiestas olímpicas, de los austeros espartanos, le cuesta prescindir del sentido artístico y lírico de aquella antigüedad... Pero este Panathinaikos, éste de Ferenc Puskas, es nada más que la matemática pura de Pitágoras... Un solo jugador se fuga de ese concepto. Es el capitán Domazos. Un número diez que hace "la media agua" a la manera de Daniel Onega, de Pastoriza, pero que gana en toda la cancha. Que gana por talento y por habilidad. Que incluso hasta dispone de esa presencia "latinoamericana" o tal vez rioplatense en todos sus movimientos. La misma ductilidad, el mismo amague, la manera de pegarle, de frenar, de pisar... Todos los demás están fundidos en el mismo molde, con la leve excepción de un puntero izquierdo Kuvas, de un volante de nombre Elefterakiis, de manejo aceptable, y de un puntero derecho que entró de reemplazo llamado Filakouris...

 

Artime festeja su gol con la hinchada. Nacional pronto se quedará con su primera Copa Intercontinental.

Artime festeja su gol con la hinchada. Nacional pronto se quedará con su primera Copa Intercontinental.

 

Fuera de la calidad destacada de Domazos y de esas levísimas excepciones, todo lo demás es organización, esquema, marca hombre a hombre, por todo el campo, líbero, anticipo y gran capacidad atlética... el Panathinaikos es cerrojo en la versión griega, donde antes que nada priva el cero y, donde como intención subsidiaría —por la gran influencia del capitán Domazos— puede alcanzarse un gol en el arco de enfrente, tratando de localizarle la elevada estatura a Antoniadis, único atacante de punta que pisa "las 18" rivales. No es equipo muy fácil, no se puede recurrir a esa expresión risueña de que "Nacional le ganó a los griegos, pero hay todavía primitivismo, escuela primaria... y más que nada, siempre con la excepción de Domazos, falta de creación ofensiva... Marca y marca arriba, sin especialidad en las funciones, pero apenas el negro Cubilla comenzó a procurarse el par de metros para recibir, el marcador Athanasopoulos conoció toda la variedad de amagues de la cintura de Cubilla y todos los frenos y todos las divertidas ocurrencias del hombre de Nacional que, al cabo, fue quien destrozó el cerrojo "a lo Pitágoras" y confundió todas las marcas....

EL CAMPEÓN DEL MUNDO...

Nacional pudo golear, pero sin producir una gran actuación teniendo en cuenta la modestia griega. El campeón uruguayo apenas si contó con la influencia de la gestión muy personal de Luis Cubilla, del trabajo de Espárrago y de los dos goles de Luis Artime. Por momentos, con la única gran importancia de Domazos, especialmente en los primeros veinte minutos de la segunda parte, el equipo griego pudo llegar al empate. Ganando en todos los anticipos y buscándole la cabeza a Antoniadis. Frente a este Nacional improvisado en el fondo, sin Ancheta, con Brunei de primer marcador central, con Ubiñas lesionado y con Blanco marcando la punta derecha... Un Nacional que desde el arranque del segundo tiempo denunciaba ya la falta de piernas para tolerar el despliegue físico de los griegos. Acusando la fatiga acumulada en la última gira, más una gripe contraída en Roma por nueve de los jugadores. Más, la exigencia de los últimos compromisos del torneo uruguayo, disputando el promedio de un partido cada dos días... En el examen de los noventa fue el ganador claro, indiscutible, sin recurrir a ningún tipo de violencia y sin "vestirse" de dueño de casa ni dentro ni fuera del campo, pero con una demostración mediocre. Sin alcanzar una superioridad agobiadora como podía insinuar la diferencia en jugadores entre uno y otro equipo... A tal punto que el mismo festejo partidario, aun ruidoso en el festejo de la vuelta olímpica y en eI bullicio callejero, no alcanzó el clima emocional que advertimos en otras oportunidades... Tal vez por la modesta jerarquía del rival y a esa condición de finalista "de emergencia" que quedó flotando en el ánimo de la gente... Pero también por la conclusión de ese triunfo tibio, sin goleada, sin pasar a los griegos "por arriba" como la mayoría presentía...

 

Nacional de Uruguay Campeón Intercontinental de 1971

Nacional de Uruguay Campeón Intercontinental de 1971

 

PERO SIEMPRE ARTIME

Y allí está la explicación del triunfo... "De cada cinco veces que la toco..." Así, como me decía el Pulpa Etchamendi esa misma noche cuando los hombres del nuevo campeón del mundo festejaban el trofeo en el restaurante que inauguraba Luis Cubilla... Con toda la admiración que el Pulpa siente por Luis... Con todos los elogiosos adjetivos que el Pulpa utiliza para definirlo... Y allí hablamos con este indefinible fabricante del "teorema" más simple y más útil de Los últimos Artime, la figura de la noche. Artime, para los autógrafos. Artime, para la admiración de todos. Del Pulpa, del periodismo, de la gente y de los propios compañeros de equipo... "Sí..., un mal año para mí —me decía Luis— porque perdí a los dos viejos... Pero en fútbol, uno de los que me dio más satisfacción... Campeón de América, tricampeón uruguayo y ahora Campeón del Mundo... Otra vez primero en la estadística con dieciséis goles jugando dieciséis partidos de campeonato... Y un total de cincuenta y cuatro en el año en todos los partidos jugados... Casi record aquí... Mire... hice goles en mi país, los hice en el Palmeiras... Pero aquí fui campeón desde que llegué... Tres años que estoy en Nacional y en los tres campeón y en los tres goleador... ¿Si voy a seguir aquí? Es buena gente, me han tratado siempre muy bien, pero sé que tienen problemas económicos y no sé si podrán renovarme el contrato que ahora vence.. Sé que ellos quieren que me quede, pero vamos a ver cómo arreglamos... Tengo otra vez el ofrecimiento del Palmeiras que, en el caso de ir a Brasil, sería el único equipo por quien jugaría... ¿Irme lejos? No creo... Como le dije la última vez, ya no me siento con mucho ánimo para empezar de nuevo, aunque me siento joven y fuerte... En una de ésas, un año en mi país podría ser. Pero si aquí arreglo, me quedo... Me tratan muy bien y me siento muy cómodo con los compañeros y con la gente..."

La fiesta sigue... Brunei, Maneiro y Cubilla, con el acompañamiento de la voz ronca del Pulpa, siguen entonando las canciones del Carnaval... Hasta inventaron una letra para "los goles del viejo" —como le llama afectuosamente el pibe Maneiro—... Y mientras regreso al hotel en el automóvil del Pulpa se renuevan los elogios... "¿Sabe qué es Luis para ustedes? El mejor embajador... Como jugador y como persona... Un fuera de serie... Es de esos jugadores que no admiten explicación... ¿Para qué? ¿Para perder tiempo en palabras.. ? Hay que ir a la estadística... A los números..." Y tiene razón el Pulpa... "De cada cinco veces que la toco, dos veces —al menos— la meto adentro..." No, eso no lo conocía el venerable Pitágoras... Y que los olímpicos griegos sepan disimular el sacrilegio de asociar al ilustre matemático con un hecho tan subalterno como el fútbol.. Por ahora el "teorema" de Luis tiene una demoledora vigencia…

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