Las Crónicas de El Gráfico

1983. Estudiantes milagroso

Por Redacción EG · 23 de septiembre de 2019

Como corresponde a la mejor tradición de la Copa. Gremio ganaba en La Plata 3 a 1; con cuatro jugadores menos Estudiantes asustó a los brasileños, los apretó contra su área y empató el partido.

Más increíble aún si no estuvo allí, en Mesa caldera que es el estadio de Estudiantes cuando se juegan partidos de la Copa. Una caldera donde las garantías son o parecen tan pocas que arrugan al más valiente. O al más veleidoso. Porque la gente está allí. Grita y alienta y el aliento se siente, se siente, está presente... Y por ahí se le va la mano a alguno y una moneda le abre una herida en la cabeza a un juez de línea uruguayo (Barreto) y un médico brasileño se encarga de transformarlo con su vendaje en una momia, a pesar de que podía cubrirla con una curita, simplemente. Hay manos que arrojan otras cosas. Piedras y botellas, por ejemplo, a un arquero (Mazaropi) que se da vuelta para provocar con gestos obscenos a la tribuna rival cuando su equipo se pone 3 a 1 arriba en el marcador. Un 3 a 1 que clasifica finalista al Gremio, que deja afuera al local.

El tiro libre de Sabella lo bajó Agüero de cabeza. Gurrieri fue a buscar la pelota donde debía. La encontró, fue el primero.

El tiro libre de Sabella lo bajó Agüero de cabeza. Gurrieri fue a buscar la pelota donde debía. La encontró, fue el primero.

Hay que estar allí, en esa caldera que puso en funcionamiento con una tarjeta amarilla antes de que empezara el partido quien tenía la responsabilidad de conducirlo. Se la mostró a Trobbiani, por invasión de la zona central antes de que Caio iniciara el juego tocando hacia Tita. Pero no hizo lo mismo cuando, segundos después, Tita con las manos provocaba al ocho de Estudiantes haciéndole gestos de que viniese nuevamente...

Trama por izquierda sacó el centro, guapeó Gurrieri y allí desde el suelo marcó el segundo.

Trama por izquierda sacó el centro, guapeó Gurrieri y allí desde el suelo marcó el segundo.

 

Guerrieri lo grita.

Guerrieri lo grita.

 

Por eso y por muchas cosas más Eduardo Luján Manera no titubeó en afirmar cuando todo pasó:

—No tengo ninguna duda, este señor (Luis Da Rosa) vino predispuesto, dirigió con total mala intención.

Por eso y por muchas cosas más pensamos que la predisposición, precisamente la predisposición con que el juez salió a la cancha a "no dejarse matonear", fue la que lo llevó primero a la precipitación y después a la equivocación.

—Nos decía que estábamos contra él... No sé qué quería significar... Tampoco sé por qué me sacó esa amarilla al comienzo o la roja a Ponce. En el montón, cuando le dieron un manotazo, se dio vuelta y le dijo a Ponce: "Fue usted..." Y lo echó. Y Bocha no había hecho nada, estaba con los demás reclamando para De León la misma sanción que me había aplicado a mí, porque De León había golpeado mal a Gugnali, explicaba Trobbiani.

Ahí se equivocó feo. Un juez no puede "fallar" en algo tan fundamental. No puede echar porque sí, a cualquiera, si no identificó al culpable. No puede dejar que se reanude un partido, como lo hizo, cuando estaba en la cancha y en juego un futbolista que había expulsado segundos antes (Trobbiani). Esa jugada terminó en foul de De León a Gugnali, originó el arremolinamiento de los jugadores de Estudiantes y la tarjeta roja que sufrió Ponce. Un error lo llevó a otro más grave: castigó a un inocente.

Habría sido mucho mejor —más, es fundamental— que este señor no hubiese entrado predispuesto a la cancha. Tal vez sin preconceptos hubiera cumplido con la misión que le encomendaron: la de administrar justicia. No lo hizo y por eso se convirtió en el principal responsable de haber transformado lo que hasta entonces era un hermoso partido de fútbol, con siete llegadas claras al gol —cuatro para Estudiantes y tres para Gremio—, en poco más de media hora de juego en una lucha de valetodo. La otra cuota de responsabilidad recae sobre los jugadores de Estudiantes. Son profesionales y no pueden ni deben "dejarse llevar" por las provocaciones, perder la serenidad, entrar en la prepotencia y el descontrol. Por no hacerlo se justifican tres de las cuatro expulsiones que sufrieron.

Se llama Luis Da Rosa y entró en la terna de casualidad, por problemas familiares de Ernesto Filippi. Dirigió mal, Camino se lo reprocha.

Se llama Luis Da Rosa y entró en la terna de casualidad, por problemas familiares de Ernesto Filippi. Dirigió mal, Camino se lo reprocha.

Los fallos, por más equivocados que sean, se acatan. No hay antecedentes de que un juez haya cambiado una decisión porque la protestaron los perjudicados. Esto deben entenderlo para bien de todos. Primero de ellos y después del fútbol argentino cuya imagen se deteriora cuando se entra en la reacción colectiva o el matonismo individual.

Curiosamente en una jugada, la ya comentada, Estudiantes perdió dos jugadores y sumó el primer gol. La falta de De León a Gugnali terminó en tiro libre de Sabella que bajó Agüero de cabeza y Gurrieri prolongó a la red. El uno a cero duró poco porque Osvaldo igualó muy pronto, apenas después de que Tita estrellara un cabezazo en el palo derecho. Uno a uno y con nueve hombres, Estudiantes se fue al vestuario. Dieciocho minutos después se daba la lógica: perdía 3 a 1. Fue entonces cuando una moneda cayó sobre Barreto y manos brasileñas lo vendaron como si se tratase de un herido de guerra. Ni qué hablar: siguió, una complicidad más en la locura que había desatado su connacional Da Rosa. Luego otro hombre de Estudiantes fue nuevamente a los vestuarios: Camino, bien expulsado por agresión a Tita. Ahora seguían 3 a 1 pero ya eran ocho contra once. Diez minutos después quedaban siete, porque también —bien expulsado por foul violento contra Renato— debió irse Téves, que había entrado por Gette. Jugaban once —y ganaban 3 a 1— contra siete. Se acercaba la medianoche pero amanecía la hazaña.

 

Durísimo partido de Copa entre Estudiantes y Gremio.

Durísimo partido de Copa entre Estudiantes y Gremio.

 

Estudiantes está acostumbrado a escribirla. Por ahí se fue Trama por la izquierda, metió un centro cruzado y rasante. Gurrieri lo fue a buscar, guapeó ante Casemiro y la empujó a la red, casi caído sobre la misma línea mientras el brasileño, como a un rencor, se abrazaba al segundo palo. Poco después otra tremenda jugada de Gurrieri terminó en foul cerca del vértice derecho del área. Lo ejecutó fuerte Russo y Trama le pegó el frentazo. Pasó cerca del travesaño pero arrugó a todo Gremio. De ahí en más empezaron a jugar la pelota para atrás. Tenían cuatro nombres de más pero muchos hombres de menos. Y pasó lo que ya se sabe: la historia la escriben los hombres. Estudiantes arriba, como podía pero arriba. Gugnali y Gurrieri por la izquierda, centro, rebote, pelota que alcanza Russo y la coloca en la red tras pasar entre varias piernas. Era el empate. Era el delirio. La locura, ahora en las tribunas. Renato se acercó a Leandro y Casemiro y le puso cuatro dedos muy cerca de sus caras. Le marcaba la realidad: "con cuatro hombres menos se dejan hacer dos goles".

Un referí había pretendido —premeditadamente o no— eliminar a Estudiantes a tarjetazos. Lo único que conseguía era, fue, matar un hermoso partido de fútbol. Planteó otra cosa, tal vez porque se sintió "muy hombre" para sacarla adelante. Inclinó un resultado y despertó reacciones. Esas que no se aprenden. Se tienen, simplemente. Por eso, cada tarjetazo rojo agrandó a Estudiantes y achicó a Gremio, Porque el uruguayo Da Rosa conseguía que en la cancha hubiera más jugadores brasileños sin comprender que cada argentino que se iba se multiplicaba en los que quedaban. Eran menos pero más a la hora de poner lo que había que poner. Y a los noventa en punto llegó el arrugue de reloj porque el juez que empezó el partido "fallando" de entrada con una tarjeta amarilla a Trobbiani lo terminó, de última, sin descontar tos largos minutos que se perdieron en cada expulsión, en cada in-fracción, en la atención de la "herida de guerra" de Barreto...

Es el final. Con cuatro hombres menos, Estudiantes remontó el 3 a 1 en contra. Gurrieri, uno de los héroes con su gente.

Es el final. Con cuatro hombres menos, Estudiantes remontó el 3 a 1 en contra. Gurrieri, uno de los héroes con su gente.

Cuando bajábamos desde el palco, camino a los vestuarios, me crucé con tres dirigentes. Dos eran de Estudiantes: Correbo y Oltolina.

—¿Y qué me dice? El que los acompañaba respondió por mí:

—Estudiantes fue muy valiente. Tuvo mucha garra...

—Le pregunté su nombre.

—Fabio Koff —me dijo.

Le pregunté quién era.

—El presidente de Gremio —respondió.

 

Sintesis del partido.

Sintesis del partido.

 

 

Por EDUARDO RAFAEL (1983).

Fotos: NORBERTO MOSTEIRIN, RICARDO ALFIERI (hijo) y HECTOR MAFFUCHE.

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