Las Crónicas de El Gráfico

1931. El primer Clásico Platense en el profesionalismo

Por Redacción EG · 18 de septiembre de 2019

Por Sobrepique. Algo más que un match de fútbol fue este enfrentamiento: fue una gran fiesta en un magnífico ambiente que finalizó en tablas, Morgada anotó para Gimnasia y Guaita por Estudiantes.

¡Deseos de elogiar a todos! ¡Ansias de cantar la belleza del sport, la emoción del fútbol! ¡Necesidad de contagiar nuestra alegría, nuestra completa satisfacción! Y como un deber de agradecimiento al público, a los jugadores, al referee, a la tarde en conjunto... Con un partido así cada domingo, se fundamenta la existencia del fútbol. Si fuera siempre ese el ambiente de los matches, el comportamiento de los jugadores, la corrección del público... Después de haber presenciado una lucha como la de Gimnasia y Esgrima contra Estudiantes de La Plata, se ve uno fortalecido en salud espiritual, en optimismos, en generosidad...

 

Capitán del equipo, Ismael Morgada, continúa rindiendo positiva utilidad. Detrás suyo están Delovo y Minella, back izquierdo y centre half, todos los cuales actuaron eficientemente. El primero de los nombrados obtuvo el empate.

Capitán del equipo, Ismael Morgada, continúa rindiendo positiva utilidad. Detrás suyo están Delovo y Minella, back izquierdo y centre half, todos los cuales actuaron eficientemente. El primero de los nombrados obtuvo el empate.

 

Hasta los lunes parecen menos antipáticos, porque suena todavía el eco de la fiesta, el murmullo de las ovaciones, el vigor de las jugadas. Y se pierde, en la bondad del aspecto total, la austeridad del oficio, la exigencia del cronista, el ritual del comentario. Se olvidan defectos técnicos para recordar virtudes. Y ya no es necesario irse al ejemplo siempre cursilón de las sonrisas y la belleza femeninas, porque se advertía en los hombres alegría de fiesta y se adivinaba en todos la sensación de estar viviendo ratos buenos. No quiero rebajar el mérito de ellas: concurrieron a realzar el entusiasmo, a colmar las tribunas, a agitar banderitas y dispensar ovaciones. Fueron, como los hombres, bochincheras, y después, como los hombres, criticonas. Pero ese bochinche y esas críticas estuvieron siempre regidos con cultura y dichas con ingenio.

 

Tres de las prestigiosas figuras de Estudiantes de La Plata: Manuel Ferreira, capitán del conjunto, Alberto Viola, half derecho, y el guardavalla Eduardo Scandone. Viola se destacó como el hombre más trabajador de la defensa albirroja.

Tres de las prestigiosas figuras de Estudiantes de La Plata: Manuel Ferreira, capitán del conjunto, Alberto Viola, half derecho, y el guardavalla Eduardo Scandone. Viola se destacó como el hombre más trabajador de la defensa albirroja.

 

Había más de veinte mil personas, quizá veinticinco mil. Antes de empezar el partido, cada espectador tenía un temor: que el match se malograra; que se produjera un incidente; que el referee fuera malo; que la jornada fracasara. Y al final, se veía en todos la satisfacción de haber llegado airosamente, sin un desnivel, gritando tan sólo, de un lado "¡Gim-na-sia!" y del otro "¡Es-tu-dian-tes!" Sólo faltó que los veintidós jugadores unidos dieran la vuelta al field. Pero los muchachos tuvieron buen gusto y buen sentido. Eso habría sido excesivamente cordial. El duelo platense debe persistir, siempre dentro de ese marco. La vuelta olímpica pudo haber provocado el clásico grito de la suspicacia popular: "¡Tongo!" Y mucho mejor que ese grito suenan los aplausos...

 

Portada del Clásico. Edición 623

Portada del Clásico. Edición 623

 

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En boxeo existe una definición certera para estas luchas continuas, vigorosas, incansables: se dice que los hombres pelean "de gong a gong". Así fue el Clásico de La Plata: jugaron los veintidós hombres "de pitada a pitada". Desde luego, no se practicó un fútbol de alta calidad. Habría sido tonto exigirlo. En estas luchas extraordinarias, donde prima el corazón sobre el cerebro, mandan más los nervios que la habilidad. Es juego de empuje, en el que existe, por sobre todas las cosas, ansias de ganar. No confundamos el valor de las cosas: este partido de Gimnasia y Esgrima contra Estudiantes no fue un match hermoso; fue un gran match. Grande en movilidad, en tensión nerviosa, en ansia de goals, en precipitación. Se vio así el caso de que la línea delantera de Gimnasia jugó mejor fútbol que la de Estudiantes, quinteto señalado como uno de los más técnicos de nuestros cuadros. Y no fue, por cierto, debido a que individualmente sean superiores. ¿No se veía claramente la nerviosidad de Scopelli, la premura de Guaita, la indecisión de Lauri, el celo de Ferreira? El deseo exagerado de ganar, los llevó casi a la amargura de perder... Zozaya, que comenzó siendo el mejor hombre del quinteto, se lastimó y redujo su eficacia. En cambio, en la otra línea, había tres hombres con atenuantes: Zoroza, que durante un tiempo estuvo alejado del "duelo"; Palomino, hombre nuevo no hecho todavía al ambiente de nerviosidad; y Giudice, que recién este año debutó en el conjunto de Gimnasia.

 

Por foul a Scopelli, a los 8 minutos del segundo periodo, Guaita ejecutó un fortísimo shot de certera dirección, que escapó por completo al alcance del goalkeeper Scarponi, quedando éste visiblemente afectado por ese contraste.

Por foul a Scopelli, a los 8 minutos del segundo periodo, Guaita ejecutó un fortísimo shot de certera dirección, que escapó por completo al alcance del goalkeeper Scarponi, quedando éste visiblemente afectado por ese contraste.

 

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Dejo para el último las defensas, porque fueron las que, realmente, dieron la nota enjundiosa del match: fuertes, valientes, decididas, eficaces, aguantaron todo el peso de la lucha y contagiaron al público sil dinamismo y su entusiasmo. ¡Cómo gustaría verlo a Nery jugar siempre igual! El puntal de la defensa "pincharrata" hizo un match de gran jugador —de lo que es en realidad — enérgico, pero limpio, sin una brusquedad, sin una falla. Y a su lado, el hombre todo acción que es Rodríguez, trabajador admirable. Habría que nombrarlos a todos: Scandone, salvador de un goal inminente en el primer tiempo; Viola, pequeño, nervioso, inagotable; Pérez Escala, celoso cuidador del viejo Curell. Y Uslenghi, el debutante, jugador de estampa, técnico, reposado, criterioso. En esa defensa se detuvieron los ataques de Morgada, consciente también de su responsabilidad, y las combinaciones de sus compañeros, que en vano trataron de quebrar la armonía y la pujanza de la retaguardia albirroja. (El goal, de factura impecable, lo obtuvo Morgada al aprovechar el único momento en que lo dejaron libre).

 

Scandone sale al cruce apresuradamente para evitar que Giudice remate el avance de Gimnasia y Esgrima. La delantera local actuó con más precisión que la de Estudiantes, cuyos hombres jugaron visiblemente descoordinados. El peso del match lo soportaron las defensas, evitando así la labor de ambos arqueros.

Scandone sale al cruce apresuradamente para evitar que Giudice remate el avance de Gimnasia y Esgrima. La delantera local actuó con más precisión que la de Estudiantes, cuyos hombres jugaron visiblemente descoordinados. El peso del match lo soportaron las defensas, evitando así la labor de ambos arqueros.

 

Y en el otro campo hubo quizá más desgaste de energías, porque los de Gimnasia demostraron menos calidad que sus adversarios y debieron compensarla a fuerza de coraje. Todos en una misma línea: Scarpone, pálido de emoción en los minutos que mediaron entre el goal de Guaita y el de empate; los dos backs, Delovo y Martini guapos, igualmente Cantil, Minella y Belli, algo excedido a veces en reciedumbre.

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Scandone sale al cruce apresuradamente para evitar que Giudice remate el avance de Gimnasia y Esgrima. La delantera local actuó con más precisión que la de Estudiantes, cuyos hombres jugaron visiblemente descoordinados. El peso del match lo soportaron las defensas, evitando así la labor de ambos arqueros.

Scandone sale al cruce apresuradamente para evitar que Giudice remate el avance de Gimnasia y Esgrima. La delantera local actuó con más precisión que la de Estudiantes, cuyos hombres jugaron visiblemente descoordinados. El peso del match lo soportaron las defensas, evitando así la labor de ambos arqueros.

 

Algunos habrán quedado desconformes con el juego.

Habrán ido esperando ver calidad, técnica, frialdad espectacular. No; mucho mejor para el éxito de la jornada esa desordenada nerviosidad de todos: esos shots, como uno de Morgada y otro de Ferreira, que dan en el poste, otros que se erran en el apresuramiento; y esas arriesgadas estiradas de los defensores, prestando una pierna al azar para que con ella hiciera lo que se le antojara: o que se le rompiera, o que interceptara el avance enemigo. Mucho más grande la improvisación, la intranquilidad, el afán de ganarle al tiempo, desviando un tiro por shotear en seguida. Así pudieron forjar ese partido magnífico en el esfuerzo total, y así pudo el público, a su vez, ofrecer el espectáculo soberbio de un griterío constante, de un continuo agitar de banderas.

 

25.000 personas que asistieron a la lucha.

25.000 personas que asistieron a la lucha.

 

Alardes de técnica, cuando no haya de por medio rivalidades de tradición. Cuando se quiere ganar un partido, no hay tiempo de jugar bien. Y por último, muy en serio, un caluroso elogio al referee Riestra. Dirigió el partido como pocas veces puede verse, por bravo, movido y fuerte.

 

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