Las Crónicas de El Gráfico

1975. Libertadores: Independiente otra vez Campeón

Por Redacción EG · 05 de julio de 2019

Por Osvaldo Ardizzone. Partido desempate de la Final en Asunción del Paraguay. Con goles de Ruiz Moreno y Bertoni, el conjunto de Avellaneda levantó su sexta Copa libertadores de América.

 

 

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Sé que no fue buen partido. Pero, en este caso, eso me importa muy poco. Hace ya tiempo que las Copas —más las finales de Copa— me enseñaron a prescindir de ese tipo de deleites... Pero en cambio volví a ver a Independiente. Al que yo pensaba que ya se había desvanecido, que ya no volvería a ver ¿Qué fue siempre Independiente, aun el de los mejores tiempos? Un fondo que parecía un frente. Una mecánica defensiva que sustentaba toda la estructura e incluso todo el funcionamiento del equipo. Y eso se había Perdido a favor de las improvisaciones, de los cambios, de las ocurrencias que proliferaron en función de los inesperados cambios.

 

Independiente formó en el partido desempate con: José Alberto Pérez, Eduardo Commisso, Miguel Ángel López, Francisco Sá, Ricardo Pavoni, Alejandro Semenewicz, Rubén Galván, Ricardo Bochini, Agustín Balbuena, Ricardo Ruiz Moreno y Daniel Bertoni

Independiente formó en el partido desempate con: José Alberto Pérez, Eduardo Commisso, Miguel Ángel López, Francisco Sá, Ricardo Pavoni, Alejandro Semenewicz, Rubén Galván, Ricardo Bochini, Agustín Balbuena, Ricardo Ruiz Moreno y Daniel Bertoni

 

El Polaco Semenewicz en el banco. Pancho Sá en el banco. Más tarde la obligada ausencia del Zurdo López. Y, en esta oportunidad, otra vez todos. Todos los que habían formado parte de la mayoría de las hazañas. El Polaco, Pancho Sá, y el Zurdo. Y entonces pude ver otra vez al otro Independiente. Al verdadero. Al del fondo que parece un frente. A un colorado detrás de otro colorado. Porque ¿dónde se elaboró esta nueva consagración de los rojos? En esos mismos y antiguos fundamentos. En ese mecanismo de relojería que arranca desde la media cancha y se consolida en el fondo con todos los matices del achique, del hombre que sale, del otro que espera, del que viene al cierre, del que defiende la espalda del que anticipa, de la impecable maniobra del offside que contribuyo a fortalecer toda esa prolija e intelectual organización. Porque esta versión de Independiente ganó el partido desde el fondo. Desde el generoso y cada vez más talentoso despliegue de Semenewicz, asociado al temperamento de Galván, hasta la perfección de los movimientos de toda la línea de cuatro, casi sin errores en los noventa minutos. Por eso, a pesar del éxito, del sexto éxito de este milagro rojo, no pude caer en el sentimiento emotivo. Cuando se administra un partido tal como lo hizo esta vez Independiente, con esa elevada dosis de fría serenidad, todos los matices de la emoción quedan expulsados... Cuando todo está bien calculado, elaborado, cuando nada se deja librado a la improvisación ni al accidente, no hay margen para lo imprevisto. Cuesta creer que un equipo resuelva un trámite con la riqueza de sus atributos defensivos, pero fue esta vez así. A la manera de Independiente. Con un colorado detrás de otro colorado. Con el achique de los volantes, siempre de frente a la maniobra, tapando, achicando, retrocediendo, hasta concluir en un bloque sólido, bien apretado, casi sin huecos, donde agonizaron lánguidamente todas las intenciones ofensivas de los chilenos...

 

Vuela Bertoni, trabado un metro antes del área, aunque aterrizara adentro.

Vuela Bertoni, trabado un metro antes del área, aunque aterrizara adentro.

 

¿Qué fueron los chilenos?...

La imagen de un equipo que no se siente capaz de resolver nada. Que dispuso en mayor margen de la propiedad de la pelota, pero que solo fue capaz de usarla hasta donde lo permitió Independiente. Hasta donde comenzaba a prevalecer la importancia del Polaco Semenewicz y del Negro Galván entregando a los atacantes servidos para que los del fondo, siempre achicando, ganaran la pelota con ese talento de agrimensores para lotear el terreno y transformarlo en una angosta franja apenas transitable. El Polaco metiéndose entre la posición de Commisso y la de Miguel Ángel López. Galván achicando hasta concluir entre Pavoni y Pancho SA... Mientras Bochini o Ruiz Moreno se relevaban en el retroceso para construir el tercer volante, que muchas veces ni siquiera fue necesario. Mientras el Mencho Balbuena corría a todos los que pasaban por su jurisdicción y lo terminaba a piques al marcador de punta Arias... ¿Que fue al cabo esta nueva final de Copa? El oficio contra la inmadurez. La experiencia contra la ingenuidad... Todos los cálculos, todas las bravatas sonoras, y al mismo tiempo huecas, del técnico Santibáñez concluyeron en la medialuna de los rojos. Porque en esa latitud murió Unión Española. Ese fue el epilogo de todos sus presuntos ataques, de sus repetidos e infantiles ataques huérfanos de todo riesgo... Uno a cero Independiente, dos a cero Independiente y la sensación en todo el estadio de que el resultado no podría sufrir un cambio, de que todo sería siempre igual. Subida de los chilenos. Un toque, dos. Medialuna de los rojos.

 

Tiro libre que dispara el mismo puntero izquierdo. Y es gol. El séptimo de Bertoni en las tres copas en que tomó parte. El segundo de Independiente que le asegura la continuidad en la posesión de la Libertadores.

Tiro libre que dispara el mismo puntero izquierdo. Y es gol. El séptimo de Bertoni en las tres copas en que tomó parte. El segundo de Independiente que le asegura la continuidad en la posesión de la Libertadores.

 

Final ya previsto. Pelota de Independiente. Y contraataque de Independiente... Siempre el mismo proceso. Siempre el mismo y preanunciado final entre un equipo que sabe lo que puede y las ventajas que puede conceder... ¿Qué pasó la última vez en Avellaneda? Que Independiente, a despecho de su triunfo, apenas si alcanzó una pálida actuación. Hasta dar, inclusive, la sensación de que Unión Española era un buen equipo o que, al menos, podría complicarlo en la final. Ahora con el Zurdo López en el fondo, con el Polaco como volante, se desvanecieron todos los riesgos. Aquella vez Independiente apenas si había dispuesto de un volante. Apenas Galván en el medio corriéndolos a todos, porque ni el Bocha ni Percy sienten la obligación de marcar. Ahora nada más que con dos volantes, jugando casi normalmente un cuatro-dos-cuatro pero con dos hombres menos de marca, lucha y oficio, que apenas si usaron la pelota, se desvaneció toda la presunta importancia de Palacios, Spedaletti, Inostroza e, inclusive, Ahumada... Yo había leído por ahí una declaración del técnico Santibáñez en la que juzgaba a cada uno de los hombres de Independiente con una prolija y cuidadosa minuciosidad crítica...

 

La codiciada copa. El más preciado trofeo en la larga lista de galardones alcanzados por el club de Avellaneda. Bertoni, Galván, Pavoni y López la contemplan luego de haberla retenido en Asunción. Perico Perez la acaricia por primera vez...

La codiciada copa. El más preciado trofeo en la larga lista de galardones alcanzados por el club de Avellaneda. Bertoni, Galván, Pavoni y López la contemplan luego de haberla retenido en Asunción. Perico Perez la acaricia por primera vez...

 

Después de esta descolorida actuación de su equipo creo que tendrá que reverlas y, tal vez, rectificarlas... El Independiente que él vio fue el de Santiago y el de Avellaneda. Pero ocurre que ese no era el verdadero. Ahora sí conoció la interminable "vejez" del Chivo Pavoni y la fecunda "madurez" de Pancho SA... Ahora debe haber comprobado por qué Independiente es el propietario de América por sexta vez y había admitido la enorme superioridad de un equipo que para ganar apenas si le alcanza con esa precisa organización defensiva. Con ese oficio de adultos para llevar al rival al negocio que más le conviene para fácilmente controlarlo...

Después el contraataque...

Y me atrevo a opinar que los rojos pudieron golear. Que ya en la segunda parte, cuando los chilenos se regalaron en las posiciones para ir en busca del empate, con el talento del Bocha pudo superar la marca de dos goles. Apenas controlando la pelota por ráfagas, con toda la habilidad del Bocha para desequilibrar con un amague, con los piques del Mencho Balbuena, con las posibilidades de Bertoni y de Ruiz Moreno. Es que no existió el equipo chileno, ni ofensiva ni defensivamente. Sólo apareció durante los primeros quince minutos iniciales, hasta que Semenewicz y Galván encontraron la posición. Después todo se desvaneció. Volantes que usan la pelota hasta donde se lo permiten. Punteros que no pueden ganar un desborde. Y un atacante central, Ahumada, que es apenas una sombra de aquel gran jugador que vi en el Colo-Colo junto a Cazelly...

Y sigue Independiente.

Como ocurre con las costumbres, se corre el riesgo de reiterarse. Porque ¿qué digo de este equipo? ¿Qué digo otra vez de este sexto Campeón de América?... ¿Qué pacto secreto y misterioso mantiene con la Copa? Porque, ¿quién no dudó después de esa derrota frente a Central, allá en Rosario? ¿Quién no dudó después de esa derrota en San Pablo? ¿Quién no, después de la noche de Santiago?... ¿Quién no dudó, aun admitiendo la noche del Cruzeiro, en Avellaneda, cuando aparece la magia del Bocha, lo mismo que frente a Central, con ese gol de palomas? Nunca los rojos se enfrentaron a una Copa tan accidentada y ya casi tan perdida como esta... Pero al cabo, la Copa. El amante que vuelve a cortejarla con los viejos atributos de su seducción... La Copa que se va, que se va, que parece que se alejara definitivamente... Pero que concluye sometiéndose a los efectos de una costumbre, de esa que viene de muy lejos... "América, tengo una Copa / No me la vas a guitar", canta la copla de los rojos... Por un año más seguirá en el viento. En una de esas, hasta la misma América ya le tomó afecto al viejo propietario...

 

El Polaco Semenewicz con un purrete del barrio de Almagro que viajó a Asunción.

El Polaco Semenewicz con un purrete del barrio de Almagro que viajó a Asunción.

 

Che, Polaco..., ¿Qué número te ponés?

Contaba Discepolín que una vez asistió a un circo acompañado de un amigo. En la pista aparecía un equilibrista que se encaramaba en lo alto de una escalera sin ningún sostén. Después le agregaba un banco, después una pelota, y una vez instalado allá en lo alto todavía se distraía sonando un acordeón… Y entonces, seguía contando Discepolín, el amigo con expresión desdeñosa comento... "Che, Enrique..., ¿no te parece que ese tipo desafina...?" Y, por ahí, Po-laco, aparecerá alguno que dirá que "te falta manejo", que "no le das bien en el chanfle con pierna cambiada", o que "te falta habilidad en los terrenos chicos". Como aquel tipo que le censuraba al pobre equilibrista que desafinaba con el acordeón. Mira vos... Una escalera. Un banco. Después una pelota. Después el tipo arriba, agarrado casi de un hilo...

Y es más o menos lo mismo. Este Polaco que hace de "equilibrista" en el equipo, que cambia la cueva por la media cancha. Que se queda con el número que le tiran, con la función que dispongan, también se encuentra con los que dicen que "desafina". Y yo me pregunto cuántos jugadores de equipo como el Polaco hay en el fútbol argentino. Cuántos con ese oficio. Cuántos con esa capacidad para caminar la cancha. Con ese temperamento para pelear un resultado. Con esa generosidad para "dar sangre del grupo Semenewicz" a todos los que lo rodean... "Sí, pero desafina..."

En esta final se puso "la del ocho", pero "la del ocho" a la manera del Polaco. Marcando, tapando, defendiéndole las espaldas a Commisso cuando hizo falta, metiéndose en la línea de cuatro en el final del achique. Resolviendo de primera con un toque, mostrándose para la salida, animándose a un cambio de treinta metros, cada vez con más precisión, cada vez con más justeza... "Si, pero desafina..." Pero así, desafinando, fue la figura de esta final en Asunción. Pero así, desafinando, volvió a ser Campeón de América por cuarta vez. Así, desafinando, como desafina el Polaco. Marcando, tapando, achicando, corriendo, traspirando, queriendo... Allá arriba de la escalera, después de agregarle un banco y una pelota, como el equilibrista del cuento de Discepolín... Alguna vez la cueva, otra vez la raya, y ahora "con la del ocho", pero "la del ocho" a la manera del Polaco. Como para ser la figura de esta final en Asunción en esta sexta consagración de Independiente... "Si, pero desafina..., ¿no te parece que desafina...?"

 

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