Las Entrevistas de El Gráfico

1972. Se necesita sangre del grupo Semenewicz

Por Redacción EG · 03 de marzo de 2020

Ardizzone escribe un bello retrato de Alejandro Semenewicz, aquel que le brindaba a Independiente su sangre polaca austera y laburante, la de “la casa propia amasada con sudor de a chirolas”.

Siempre existió "el Polaco" en el equipo del barrio... Tampoco faltó en los bancos de la escuela ni en la barra de la esquina, ya más adulta y más rea... Ese chiquilín del mechón rubio, de los ojos claros, con el aire ingenuo y cierta nobleza en las actitudes tímidas. Y, aunque fue extraño al principio, aunque costó darle entrada en el grupo selecto de los más capaces, concluyó, al cabo, por ganarse la simpatía y el afecto de todos. Porque, aun cuando el Polaquito no se enrolara en el código de la pinta, ni participara de la picardía calculada ni de ese matonismo del pesado de oficio, en su fresca candidez alentaba la oculta vocación por la hazaña y esa inesperada rebelión que es patrimonio de los más mansos... Así, como en aquel relato tan sentido y tan pintoresco del maestro Last Reason... La barra de los púas del boliche... La partida de truco de todas las tardes... Y aquel muchachón rubio, de los hombros sólidos, de las mejillas sonrosadas, impasible e infaltable espectador que, sin pronunciar una sola palabra, festejaba con una sonrisa las agudas ocurrencias de los protagonistas... Hasta que un día, como faltara una pierna, lo invitaron a jugar... Y fue "el punto" de la partida, el destinatario de la trampa y del sarcasmo sobrador de los más vivos... Y de pronto, el Polaco que se yergue. Aquel taburete de dura y pesada madera que enarbola con su mano derecha. Y el desbande apresurado, la fuga en masa, con el saldo de alguna cabeza rota y el morado tono del hematoma... Y a partir de ahí, el respeto unánime. A partir de ahí, la admiración colectiva... "Polaco, ¿me acompañas en un treinta seco contra estos otarios?..." "Polaco, ¿vamos a hacerlos dormir afuera a estos chabones?..." Pero, como sigue en el homenaje de Last Reason, el Polaco no se agrandó. Siguió siendo el mismo muchachón simple, el mismo parroquiano silencioso que siguió llegando todas las tardes al boliche como si nada hubiese cambiado en la mansa rutina de sus hábitos... ¡Y cuánto tiene que ver con nosotros ese Polaco!... Aquella inmigración laburante, aquellos jornaleros de las manos rudas, del almuerzo frugal, de las costumbres austeras... Aquel de la casa propia amasada con sudor de a chirolas... Después, la familia y la descendencia rubia de aquel Polaquito argentino que se nos fue metiendo de a poco en el afecto de la barra...

 

Los veintitrés años, ahora ganadores, de Semenewicz. Allí está en la calle de tierra de Llavallol. De allí partió una vez para el Oeste, cuando Deportivo Morón. Después volvió al Sur, a Independiente. Y fue necesario ganarle al anonimato, a la tribuna y a la complicada fonética del apellido... Ahora ya es fácil pronunciarlo...

Los veintitrés años, ahora ganadores, de Semenewicz. Allí está en la calle de tierra de Llavallol. De allí partió una vez para el Oeste, cuando Deportivo Morón. Después volvió al Sur, a Independiente. Y fue necesario ganarle al anonimato, a la tribuna y a la complicada fonética del apellido... Ahora ya es fácil pronunciarlo...

 

 

LOS SEMENEWICZ

Camino del Sur... Llavallol. Donde se silencia el crepitar incesante de las fábricas y comienza el sosiego de la calle de tierra y la frondosidad de las antiguas arboledas. Allí viven los Semenewicz. En la vereda de maleza está don Estanislao, el padre de Alejandro, que todavía no alcanzó a domesticar su precario castellano y amablemente me monopoliza para su monólogo... ¿La patria? Allá quedó muy lejos, aunque a veces, cuando una copa lo entona, aparece en las notas de esa dulce melodía que le arranca trabajosamente a su vieja armónica... Don Estanislao cumplía los diecisiete años cuando allá por el cuarenta y dos llegó la ocupación alemana. Y, a partir de ahí, la guerra. El fondo del mar en la panza de un submarino... El desembarco en Copenhague, donde permaneció mucho tiempo. Hasta que llegó el armisticio y la paz. Entonces mandó a buscar la novia de la aldea. Allí se casaron y allí, en la misma Dinamarca, nació la hija. Después, los trámites para emigrar y la promesa de una América donde recomenzar una vida nueva... ¿Los recursos? Apenas traía a su mujer, a su hija, su experiencia como mecánico electricista y las ganas de trabajar. Después, a poco de llegar, nacía Alejandro, cuando él, don Estanislao, ya se ocupaba del mantenimiento eléctrico en la empresa Firestone, a pocas cuadras de la antigua vivienda... ¿Dura la vida? Sí..., pero ahora estaban bastante bien, en esa casa que había comprado el hijo hacía poco más de un año, con la primera plata del fútbol y algunos ahorros de don Estanislao! ¡Los Semenewicz!Allí está la mamá, con su actitud recatada. La hija mayor, con su aspecto moderno y desenvuelto. El novio. Y el Polaco, ese del mechón rubio y los ojos claros, esa del aire ingenuo y el gesto noble y sincero... El jardín. El jaulón de los pájaros que el Polaco colecciona con el Pepé Santoro. El Lobo, el perro de caza que se agita alegremente, y la Chiquita, la dóberman que dormita indolente mientras un par de loros parlotean con estridente incoherencia... Como en la escenografía de las obras teatrales, plantas, flores y algunos árboles. Arriba, todo el cielo de la tarde...

 

Alejandro Estanislao Semenewicz lnació el 1° de junio 1949.

Alejandro Estanislao Semenewicz lnació el 1° de junio 1949.

 


EL POLACO

La confortable semipenumbra del living. El mobiliario lustroso y casi inédito. Ese confort que se va instalando en las casas cuando se van aumentando los ingresos. En las paredes, en las repisas, algunos souvenires de los primeros viajes... "¿Ve todo esto? Fue la primera obligación que me impuse... Asegurarle la casa a ellos, a los viejos. Quizá más adelante me compre un coche, pero lo más urgente era salir de la malaria de antes, ¿no es cierto, viejo? Las dos piecitas y la cocina de madera... ¿Quiere verlas? Son las que están en el terreno de al lado... Y creo que tuve suerte, mucha suerte, porque fíjese que en menos de dos años llegué a pagarlo todo, hasta los muebles que hay adentro. Desde el setenta, en que llegué a Independiente por pedido de don Manuel Giúdice... Y no crea que ganaba mucho... Apenas cien mil pesos por mes y los premios, y eso cuando me tocaba entrar..."

Pero es que estaba la esencia del Polaco, el de la historia, el del equipo del barrio, el que estaba para la hazaña, para la entrega generosa, para las costumbres austeras... Tenía quince años cuando se fue a probar en la Escuela de Fútbol de los hermanos Quiroga, allá en Monte Grande. Y aunque era un jugador oscuro, aunque no trascendía su fama en las competencias del baldío, en el primer examen fue aceptado... Y así, fue vendido a Deportivo Morón per cuatrocientos mil pesos. El ascenso a primera, la primera notoriedad marcando en la cueva y la transferencia a Independiente... "¡Y usted se acuerda! Justo entraba en el servicio militar y no podía entrenar bien... Además la obligación de la guardia en el regimiento... Fue un mal año para mí porque la tribuna de Independiente no me quería... No podía tocar la pelota que ya se escuchaban los gritos y los silbidos... Y tengo que agradecerle, a don Manuel, que me mantuvo, y a los compañeras, que son unos tipos bárbaros... Salimos campeones del Metropolitano, pero yo apenas si entré faltando diez minutos contra Racing, ¿se acuerda? ¡Mire si habré andado mal que cuando renové el contrato para el setenta y uno no me aumentaron ni un peso!... Otra vez los cien mil y gracias, porque ni siquiera me querían atender... Y sí seguí, si no bajé los brazos, fue por mi temperamento, por mi fuerza de voluntad... La única posibilidad que tenía era el fútbol, porque no había hecho otra cosa en la vida... Trabajé en una fábrica de goma, salí a repartir leche, pero para que no andara por la calle y ganar de paso un par de pesos..."

 

Los misteriosos contrastes de la personalidad... El Polaco de la cancha. El del temperamento vigoroso. Ese que corre, marca, se destapa, lucha y auxilia. Este de la actitud mansa. Este, el del rincón apacible de su casa. El del jaulón de pájaros... El de los perros... Acaso los dos matices se complementen...

Los misteriosos contrastes de la personalidad... El Polaco de la cancha. El del temperamento vigoroso. Ese que corre, marca, se destapa, lucha y auxilia. Este de la actitud mansa. Este, el del rincón apacible de su casa. El del jaulón de pájaros... El de los perros... Acaso los dos matices se complementen...

 


EL GRAN AÑO

Den Estanislao sigue atentamente el relato y, de tanto en tanto, interviene con un comentario... "¿Sabe a qué hora se levantaba cuando iba a jugar con la tercera de Morón? A las cuatro de la mañana, y lo que gastaba de colectivo..." Y el Polaco se sonríe con picardía...

"Pregúntele qué le decían los paisanos y los vecinos... Mándelo a trabajar a ese atorrante que no va a llegar a nada... ¿No es así, viejo?... Ya le dije una vez... Para mí este año es el que vale... Porque dejé de marcar arriba y me solté más en la cancha... Porque principalmente es el equipo, que tiene un oficio que lo permite todo… Cada cual sabe lo que tiene que hacer y lo hace con responsabilidad... Este plantel no tiene figuras ni dentro ni fuera de la cancha... Lo puede comprobar cualquiera... Y si es cierto que corro porque lo siento así, porque no puedo quedarme parado, en este equipo estaría obligado a hacerlo por el ejemplo de los demás... ¿Usted dice que ahora corro mejor la cancha? Sí, creo que sí, porque los mismos muchachos me serenan, porque el mismo funcionamiento del equipo me lo impone... Yo no hago más que tocar y destaparme para dar salida... Correr gente y destaparme... La más fácil, la más simple y, la mayor parte de las veces, la mejor... Y por ahí me voy, pero sé que tengo la obligación de volver, como lo hacemos todos cuando es necesario. Este plantel, corno le dije antes, es lo mismo dentro y fuera de la cancha... Usted vio en Colombia la cantidad de llamadas telefónicas para que volvieran el Pato y Santoro... ¿Antes le dije que apenas en dos años había podido comprar todo esto? Pero, ¿por qué? Por el equipo. Por los premios que ganamos, por el Metropolitano del setenta, por el Metropolitano del setenta y uno y ahora por la participación en la Copa Libertadores... Pero sé que el setenta y uno fue mi mejor año, incluso para el concepto de todas... Y si no conseguí un gran aumento de sueldo al menos salí de los cien mil pesos que me pagaran durante dos años".

 

El “Polaco” jugó 220 partidos en Independiente desde 1970 a 1976.

El “Polaco” jugó 220 partidos en Independiente desde 1970 a 1976.

 

 

Y SEGUIRÁ SIENDO EL MISMO.. .

..como aquel "Polaco" que siempre estuvo en el equipo del barrio... Aquel del mechón rubio, de los ojos claros, del aire ingenuo y sincera nobleza en las actitudes tímidas... Ese que al cabo concluyó por ganarse la simpatía y el afecto de todos, hasta del grupo más selecto de la barra. Porque alentaba la oculta vocación para la hazaña, porque, como aquel anónimo héroe del maestro Last Reason, siguió siendo igual que antes de enarbolar agresivamente el taburete, cuando le estalló en la sangre su rebelión de manso... Esa que circula en las venas de Alejandro, esa que le tributa a Independiente, de un grupo sanguíneo que responde al nombre de Semenewicz...

Llavallol. Como en la escenografía de las obras teatrales... La tarde que busca las primeras sombras... El jardín, El jaulón con los pájaros. El Lobo que agita alegremente la cola. La dóberman que dormita indolente. Don Estanislao. La madre. La hija de Dinamarca. El novio. Los loros que parlotean con estridente incoherencia... El Polaco, el del mechón rubio, el de los ojos claros, que me despide desde la vereda con maleza... Es igual a aquél, a aquel Polaquito que existió siempre... Ahora lo tiene la familia de Independiente.

Por OSVALDO ARDIZZONE  (1972) Fotos: ALVARADO

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