Las Entrevistas de El Gráfico

1984. El Mariscal aún cree en sus batallas

Por Redacción EG · 06 de diciembre de 2019

Fiel a su estilo, Roberto Perfumo va al hueso y en esta entrevista habla de su relación con Labruna, su paso por la Selección, su infancia, su familia y también su experiencia como DT de Sarmiento. Imperdible.

Había visto menos su carcajada ruidosa, para qué negarlo. Y al final casi de la tarde, cuando nos íbamos, lo dijo.

—Yo tenía humor. Lo perdí. Me gusta reírme, me gusta reírme de mí. Soy un poco sarcástico, irónico... Me gusta el humor, el humor elaborado y al mismo tiempo infantil.

¿Sabes quién me enloquecía? Pepe Biondi. Y por supuesto Woody Alíen y Dick Van Dyke. Pero antes me reía más. No sé por qué: a veces pienso que haber dejado el fútbol tiene algo que ver, haber dejado de ser jugador de fútbol, digo. Fue una gran tristeza para mí, durante un año o dos sufrí mucho. Soy feliz y me fue bien en todo pero el fútbol no es una profesión cualquiera, se convierte en tu vida, y cuando dejas estás vacío, sin saber qué hacer. No sé si será por eso o por los años, pero tenés razón: antes me reía más.

Nos íbamos, el rumor de la llovizna fría se confundió apenas con las últimas palabras de Perfumo, les atenuó la fuerza levemente pero no la emoción.

Lo mire. Tenía los ojos quietos y pateaba una piedrita...

Ya no vive en Sarandi, el barrio inalterable: ahora es Ayacucho y Las Heras, sitio elegante, departamento calido y a medio acomodar. Mabel, Gustavo que ya tiene 13 años, Roberto, el industrial novato, preocupado por su fábrica de camperas, entregándole casi todo el tiempo y la imaginación. Siempre los tres.

La familia. Gustavo y su carpeta, la indicación del padre, la mirada de Mabel. Una escena habitual.

La familia. Gustavo y su carpeta, la indicación del padre, la mirada de Mabel. Una escena habitual.

—Y sí, al final me mudé. Fue una cuestión práctica, nos quedaban lejos las cosas a los tres. Al jugador de fútbol a veces le pasa que la vida lo va llevando por lo que le dicen o le sugieren los otros, y entonces se muda, se compra auto, se compra ropa... Empieza a ser ¨los otros¨. Y se confunde. Y un día deja de jugar y no se encuentra a sí mismo, ya no sabe quién es.

—¿A vos te pasó?

—Yo defendí bastante bien mi intimidad y mi forma de ser. Viajaba en colectivo, se me acercaba uno y me decía, "¿Tenés el auto en el taller?" y yo no tenía auto. Después me compré un Fíat 600 y más de una vez me preguntaron, "¿Viniste con el auto de tu mujer?" Te exigen, quieren que seas como ellos se imaginan.

—¿Con las opiniones también?

—Mira... Tuve una época de rebelión, hablaba, algunos dicen que encanaba a la gente. Después cambié, cuando volví del Brasil a River estaba inclinado por el silencio. Yo no crítico al que opina, al Flaco Menotti o a Moña Casan, por ejemplo. Pero yo no debo opinar, salvo de fútbol. Me da vergüenza pensar que un intelectual de verdad como Marco Denevi pueda leer opiniones mías, es una barbaridad. Yo llegué a hablar de Piazzolla, de Fellini...

—Como espectador podes...

—Sí, pero es un poco la omnipotencia del admirado.

—¿Cómo es eso de que encanabas?

—Claro, yo decía cosas como que el fútbol no era un sacrificio, y con Rendo discutí por eso. Con Pachamé también. Ya te digo, después preferí no hablar, no se cae en contradicciones. Menos mal que era joven y tenía tiempo de rectificarme. ¿Te acordás que siempre decía que el fútbol se moría? Y bueno, ahí tenés un caso. El fútbol no se murió.

—¿Por qué no trabajas en fútbol, Roberto?

—Mi profesión es de relación, después se hace de mérito. Y la verdad es que yo no busco y también que nadie me llama.

—¿Puede ser porque le hiciste juicio a Sarmiento de Junín? Delem dice que sí.

—Yo creo que Delem se equivocó, no veo segregación. El asunto, por lo menos en mi caso, pasa más por la falta de continuidad y por la duda sobre la capacidad, que me parece lógica. Y además yo te pregunto, ¿por qué tendría que trabajar?

—Porque hiciste el curso para eso, ¿no? Y porque tenías todo: trayectoria como futbolista, fama de líder, facilidad de palabra, buena pinta…

—Sí, claro... Por eso la expectativa que tenían los demás cuando agarré Sarmiento de Junín, más expectativas que yo mismo, que pensaba solamente en trabajar. Pero bueno, por ahora no hay posibilidades, tendría que dejar el tema de las camperas y no es posible. Más adelante...

1981. Roberto técnico en Sarmiento de Junín. "No tuvimos tiempo para trabajar, pero yo no fracase."

1981. Roberto técnico en Sarmiento de Junín. "No tuvimos tiempo para trabajar, pero yo no fracase."

—Volvés.

—Sé que voy a volver, no sé cuándo pero voy a volver. Yo soy hombre de fútbol.

—Si te digo niñez, ¿en qué pensas?

—En amigdalitis. Andaba siempre con anginas, mi mamá no me dejaba sacar la bufanda ni para jugar al fútbol. De pibe fui endeble, flaquito. Nací con los pies torcidos hacia afuera, como un pato: me curaron pero todo el tiempo andaba tomando vitaminas. ¿Sabes hasta qué edad crecí? Hasta los 25. Cuando la conocí a Mabel éramos iguales, ella no usaba tacos. Y ahora soy más alto.

 

Feliz, en su infancia.

Feliz, en su infancia.

 

—Por el físico te echaron de River, ¿no?

—Sí, el Gordo Díaz. Me dijo: "Pibe, dedicate a otra cosa, con ese físico no podes jugar". Pero sabés qué bueno, siempre me pasó de agrandarme en las malas, y con el fútbol ni me preocupaba, sabía que iba a llegar. De ahí me fui a Racing y empecé en la tercera. Tenía veinte años.

—¿No te dolió lo de River, no te desanimó?

—Al revés, me dio fuerza, me hizo bien como creo que le habrá hecho bien a Maradona cuando lo sacaron del Mundial '78. Esos son golpes que construyen. Yo me moría por el fútbol, fui todo un año tomando dos colectivos, subte y tren, y no jugué ni un partido. Igual iba. Desde que tengo uso de razón nunca me entusiasmó una cosa que no fuera el fútbol, nunca tuve dudas de cuál era mi destino. Era como algo escrito. Si empecé casi de viejo...

—¿Y Racing?

—Primero era de Estudiantes, pero perdió dos o tres partidos seguidos y me hice de Racing, más que nada para llevarle la contra a la mayoría del barrio que era hincha de Independiente. Ya te digo, lo único que me importaba era el fútbol, no me entusiasmaba el torno, ni ser matricero, ni nada. Empecé a trabajar a los 13 años pero le dije al dueño del tallercito qué tenía 14; don Domingo se llamaba. Y trabajé, pero siempre pensando en lo mismo. Jugar.

El barrio obrero y la infancia vacilante le modelaron el futuro, como esas fraguas que se negó a obedecer. Villa Argentina, entre Gerli y Sarandi. Calle de tierra, potrero multiplicado, arcos circunstanciales... El menor de los Perfumo creciendo ahí, sobreprotegido y mimoso, ultimo hijo de dos piamonteses honrados y sencillos, nada menos que eso. "Mi hermana menor me llevaba siete años, yo era como el chiche de todos". El padre albañil, pero fundidor de metales cuando hiciera falta, o cosechero; el padre lector del diario comunista Nuestra Palabra, idealista, teórico de la justicia social y los derechos. Que se hizo peronista, que lo hizo peronista a Roberto. -¿Sabes cómo lo defino? Con una frase de Eladia Blázquez: las manos limpias, el alma buena..." La madre en casa, defendiendo la dignidad, protegiendo la garganta de Roberto y el alma de todos, peleando desde adentro esa invisible guerra cotidiana del pan en la mesa, la ropa limpia y el peso furtivo en el bolsillo adolescente de cualquiera de sus cuatro hijos. Vida clara, sencilla. Recuerdos iguales.

—Mi vieja no me dejaba ir a la cancha. ¿Sabes qué hacía? Me iba temprano, vela la tercera, la reserva y el primer tiempo de la primera. Me volvía para casa y los encontraba escuchando el partido, así que nadie podía sospechar de dónde venía. Siempre me acuerdo de un partido, me fui amargado porque Racing perdía 3 a 0 y resulta que en el segundo tiempo Corbatta habla hecho tres goles. La que me perdí...

Otros tiempos, costumbres suburbanas, pasiones nobles: ir a la cancha, gritar el afecto desatado, volvér. "Yo no tenía otra posibilidad que ser jugador, pero en Racing me costó. Hice dos años de tercera, después reserva, después banco y al final primera. Mi viejo nunca vino a verme, fue como un acuerdo entre los dos sin haberlo hablado. Y eso me hizo fuerte, me con los garrones solo, aprendí a pelear y a defender lo mío. Me vino bien."

—¿Te gusta el futbol que se juega ahora?

—El año pasado me dio tristeza, no solo por el juego sino también por todo lo que pasaba alrededor. Este año lo veo mejor, más rápido, más ganador. Hizo bien que Independiente saliera campeón, y seguro que tiene que ver la situación del país, el cambio que hubo.

—¿Y los jugadores? ¿Son distintos a los de tu época?

—No mucho. Lo que veo es poca tendencia al aprendizaje, y además a los de ahora les falta una etapa, la del potrero. Pero qué querés, se confunden las cosas, todo el mundo quiere ganar en divisiones inferiores y ahí empieza el error.

—Nombrame algunos.

—Varios. Martino, Ponce, Burruchaga, Insua, Borrelli el de Chacarita... Y algunos muchachos un poco más grandes como Gareca, Simon. Ramos, Gusti... Ojo, no los agrandemos no son fenómenos. Yo digo que son buenos jugadores.

—¿Que les elogias?

—La intención de jugar, por eso creo que el mejor de todos es Bochini. Y ojo que después está el tema de los técnicos...

—¿Qué tema?

—El de los tipos que dicen que les gustan los buenos jugadores y después ponen a los que juegan mal. No se puede dejar de lado el trabajo pero lo principal es lo otro, el futbolista.

—¿Lo decís por Bilardo?

—Lo digo por muchos, pero en algún sentido lo podés tomar como ejemplo. Vos pones a Sabella y Trobblani, pero si después los mandas atrás... Yo pienso que Bilardo es muy honrado y laburante, que deja cosas positivas, pero está a la vista que todavía tiene contradicciones y eso se nota en los equipos. Pero yo no puedo hablar, dirigí dos equipos y él es campeón, tiene la Selección.

—¿Te parece que no podes hablar?

—No sé... Vos me pedias diferencias entre nosotros y los de ahora... Ahora faltan espejos, los jugadores se van enseguida, son fugaces. Rattin. Marzolini, Ermindo. Rendo o yo estuvimos años en la Seleccion. hicimos acá la mayor parte de la campaña. También se va perdiendo un poco la técnica, pero eso no es nuevo, es progresivo, y lo otro que pasa es que los de abajo llegan más rápido y en primera se aprende poco. Si no sabés al debutar...

Los ojos bien abiertos para ese cabezazo ofensivo. Fue un gran defensor, capaz de ir al ataque y llegar.

Los ojos bien abiertos para ese cabezazo ofensivo. Fue un gran defensor, capaz de ir al ataque y llegar.

Ruben, Mabel y Gustavo, los amores a la vista. La foto, los chistes a propósito del segundo año del pibe, trabajoso y encarpetado segundo año. Esta alto, grande, le usa a Roberto las camisas y los pulóveres, le ha regalado en cambio un par de zapatillas porque ya calza 42 y su padre uno menos. "¿Te das cuenta? tiene los pies más grandes que yo." Y viaja la sonrisa cómplice, se mueve el gesto complacido y orgulloso. Pasó el tiempo, revive una carta que publicó EL GRÁFICO en diciembre del '70. "Carta a mi hijo" la llamó Roberto, y fue una confesión pública de cariño grande y profundo. Por ahí dice: "...Yo sé que vos sos un pibe como tantos, con las mismas cosas lindas y normales de todos los pibes del mundo. Por eso no te pido nada, no te exijo nada. Simplemente, que cuando empieces a ser hombre trates de ser honesto, nada más que honesto con vos y con los demás...". Por ahí dice, "...Miro el cuarto tuyo que armé con tanto cariño y siento nostalgia. Todos los juguetes, la cuna, el colorido de las paredes, el piso lustroso. .. Me resulta inevitable recordar mi infancia, que fue distinta a la tuya. . ." Por ahí dice: "...Ahora Gustavo, seguí durmiendo. Y esto no se lo digas a nadie, tengo miedo de aparecer como un padre estúpido, de esos que piensan que tienen el mejor hijo del mundo. Y yo, lo único que pretendo es tener un hijo, nada más y nada menos que un hijo. ¡Casi nada! Seguí durmiendo Gustavo, todavía no te llegó el tiempo de las amarguras y las tristezas. Tu papá se va al entrenamiento...".

Las fotos, los chistes, el almuerzo que nos espera en "Los Años Locos". Para hablar de fútbol, para hablar de la vida. Que al fin y al cabo son la misma cosa. ¿O no lo dijiste vos, Mariscal?

Pizzuti armó aquel Racing, fue el responsable casi absoluto, un fenómeno. Nos mandaba al ataque ganando 3 a 0... Y encontró un grupo tenaz, guapo, que tenía las pautas claras; un grupo sin miedos que es lo que mata al jugador, con una convicción íntima de que no se podía perder, como en otro momento la tuvo Estudiantes o el San Lorenzo del '68. Y además había varios que jugaban bien.

—¿Por qué crees que Pizzuti nunca pudo repetir?

—Seguramente nunca se le dio un grupo parecido al nuestro. Zubeldía tampoco repitió, a pesar de que era un trabajador apasionado. Ahí tenés, yo creo que él nunca dejó del todo de ser jugador, aconsejaba más que mandar. Pizzuti en cambio era autoritario, nos tenía zumbando.

—¿Te acordás mal de aquel Estudiantes?

—Para nada. A mí y a Basile nunca nos dijeron cosas en la cancha; a los demás sí, los volvían locos. Pero siempre los respeté, hicieron un milagro. Era el equipo más atento que vi en mi vida, jamás se distraían.

—¿Y aquella patada que le tiraste a Bilardo?

—Ni sabía que era Bilardo. Uno me venía tocando los talones de atrás, me calenté, vi una camiseta de Estudiantes que cruzaba y nada más. Me di cuenta después que el que venía de frente era él.

—¿Y River '75?

—Me pasó algo raro, tenía más ganas de jugar a los 32 años que a los 25. Tenía riesgos pero también una gran posibilidad y se dio. River vale la pena.

Con el Bocha, en la cancha de Vélez... "Bochini es el mejor jugador argentino. Siempre intenta, no claudica."

Con el Bocha, en la cancha de Vélez... "Bochini es el mejor jugador argentino. Siempre intenta, no claudica."

—¿Es verdad que al principio no te llevabas bien con Labruna?

—No es que no me llevara bien, pensábamos distinto. El basaba todas sus posibilidades en la elección del jugador, y no se equivocaba. Lo que pasa es que yo siempre fui un enfermo de la organización, los horarios… Con el tiempo lo entendí, me enseñó que hay cosas en el fútbol que no son para tomarles en serlo y eso lo pensé cuando fui técnico. Estando en Junín, con Sarmiento, me acordé muchas veces de él.

¨A Labruna no lo entendí en un principio, después me enseño cosas. Era un fenómeno eligiendo.¨

¨A Labruna no lo entendí en un principio, después me enseño cosas. Era un fenómeno eligiendo.¨

—¿Por qué no te quedaron amigos en el fútbol?

—Me quedó mucha gente con la que me lleve bien como Basile, Marchetta, Manilo, el Negro López, Merlo, Fillol, Spilinga... Pero la amistad es otra cosa. Yo me distancié un poco, lo reconozco... En realidad siempre tuve una línea de exigencia personal devastadora, y con los demás también. Sufrí por eso, tuve problemas por hacer reproches, pero detrás de eso también había una conducta que me avalaba.

—De ahí sale esa idea de que no querés a nadie...

—Sí, siempre puse más énfasis en marcar los errores que en elogiar. Y como técnico me pasó lo mismo en los primeros tiempos, pero después cambié. Creo que sirve siempre y cuando no se exagere.

—Te vuelvo a River un momento. ¿Por qué no trascendieron más, por qué no llegaron al gran nivel internacional?

—Porque nos hubiera hecho falta un poco más de disciplina. Éramos como hijos de padre rico, todo a la mano, todo de lo mejor. ¿No te acordás? Los pibes de tercera tenían coche. Igual no tengo dudas, del '75 para acá no apareció otro equipo mejor que el nuestro.

La estampa del Mariscal en un Superclásico, Maradona quedó atrás.

La estampa del Mariscal en un Superclásico, Maradona quedó atrás.

—Roberto, ¿fuiste el mejor?

—Fui muy bueno. Había conocido tipos que sabían todo defendiendo dentro de su área como Navarro o Dellacha, pero yo quería eso y también jugar, lo mismo que había pasado con los arqueros a partir de Carrizo.

—Te comparo con Meléndez.

—No, realmente no. El arreglaba todo con la velocidad pero creo que no sé puede comparar.

— ¿Y Elías Figueroa?

—Elías si, tenía todo. Inclusive cabeceaba mejor que yo. Lo único que le faltaba era ir más fuerte, en ese puesto tenés que hacer doler un poco... Yo lo hacía, en la cancha era bastante malo. Y el fenómeno de ahora es Scirea.

A pesar de la cara de ángel, los rasgos finos y la palabra lúcida, es verdad. Sobre todo al comienzo, cuando apareció como seis en la primera de Racing a partir de 1964, asombraba por su dureza, por su violencia. Y el asombro crecía, claro, ante el contraste de ese estilo y la paralela capacidad para salir con elegancia desde el fondo, erguido, sutil, armonioso... Derecha y zurda, cara de niño y juego de hombre, mando adulto y actitud ingenua. Llegó y fue ídolo, no había alternativa.

—En Racing, sí, fui ídolo. De River siento como un agradecimiento, un reconocimiento... En mi carrera no hubo escándalo, ni odio, ni minas, ni ruidos, y entonces el sentimiento general es de respeto, admiración. En Racing fui ídolo, la prueba es que los únicos hinchas que me tienen bronca son los de Independiente...

La sonrisa de Roberto Perfumo, con una camisa abierta, todo un galán.

La sonrisa de Roberto Perfumo, con una camisa abierta, todo un galán.

Se ríe. De a ratos es plenamente él, con el detalle de las sienes insinuando despoblarse, un par de pliegues al costado de los ojos... Y nada más. El mismo peso, la misma chuequera inconfundible, los ojos asombrados, los hombros rectos. Es Roberto Alfredo Perfumo a los' 41 años. Ni más ni menos.

Lo recuerdo. El quite, la apostura, el grito, la visión para pasar al ataque, la gambeta, el toque, la pierna implacable de algunas veces, la velocidad mental y física para resolver desde atrás los viajes de Martín, del Panadero Díaz, de Basile... Hay una imagen. Llega Racing al Monumental con 39 partidos sin derrota. Es 1966. Hay un gol de Pinino para River y el "equipo de José", que no necesitaba demasiados estímulos, va al ataque. River espera y sale, Cubilla bien pegado a la raya derecha y Mas sobre la izquierda. Es el segundo tiempo. La recibe el uruguayo, atrae a Perfumo, cuando la tiene cerca la cambia cincuenta metros para el pique y la definición de Mas. Pica el puntero, llega, y ya dentro del área y en la inminencia del zurdazo una luz blanquiceleste barre el piso, traba, decreta comer y salvación. Esa luz era Perfumo, un jugador asombroso capaz de recorrer el trecho casi tan rápido como la pelota, apoyado en las piernas obedientes y el corazón generoso. Es una imagen, no más. Pero lo pinta, lo define.

—Qué te dejo la Selección?

—Bronca, frustraciones. Hasta Menotti siempre fue un equipo de emergencia, desorganizado, con cambio de técnicos y de ideas. No se le daba importancia hasta que perdíamos, entonces sí. Éramos capaces de ganarle al Brasil pero también de perder contra el equipo de vino Tomba o el juvenil colombiano. Yo lo sabía pero volvía a confiar y así fue siempre hasta el Mundial de Alemania: ahí me pude haber borrado, no quise... La mayoría no quería que los llamaran: perdían el puesto en un club, desmejoraban el contrato... La sensación que tengo es bronca, me gustaría haber ganado algo con la Selección, algo importante.

Contra Holanda en el Mundial de Alemania. Una de las amarguras que le dejó la Selección Nacional.

Contra Holanda en el Mundial de Alemania. Una de las amarguras que le dejó la Selección Nacional.

—¿ Vos te consideras responsable por la eliminación del '69 contra Peru?

—Yo jugué mal. Me mató la altura en Bolivia y no me pude recuperar para los demás partidos. No tengo dudas de que fue la mayor amargura deportiva de mi vida, y antes de ésa, haber perdido con Japón en los Juegos Olímpicos del '64. En general no me fue bien, ésa es la verdad.

—Decime, ¿a vos te costó mucho el pasaje de jugador a técnico?

—Lleva un tiempo y a mí me pasó como a cualquiera. Para darte ejemplos, te digo que Labruna era técnico y en cambio  Bilardo todavía tiene cosas de jugador. Yo pienso que el que grita y se desespera demasiado en el banco no está dirigiendo, está jugando. Y de esa manera se corre el riesgo de ver solamente al equipo de uno

—¿Y te costó mucho entender que te dijeran "viejo" cuando estabas en River?

—En el fondo no me gustaba. Tenes 32, 33 años y te lo dicen, con buena intención, en broma, como sea pero te lo dicen. Cuando debuté en un amistoso, en Balcarce, un tipo desde atrás del alambrado nos insultó a Pedro González y a mí, nos dijo de todo y especialmente ladrones. Lo tomé como incentivo, y a medida que avanzaba la campaña y cuando salimos campeones me acorde alguna vez de el: no de la cara, porque ni se la vi, pero si de lo que representaba. A mí la adversidad siempre me motivo, los gritos en contra, las canchas de visitantes... Fillol y Mostaza eran iguales, los mejores partidos los jugábamos en Santa Fe, en La Plata, en la cancha de Boca... Pero ahora aprendí otra cosa: un elogio de vez en cuando también sirve, hace bien.

—¿Esta nota te hace bien?

—¿Esta nota?...

—Sí.

—Más que nada me sorprende, no sé si a la gente le puede interesar... Bueno a lo mejor sí. Yo pensaba que no tenía nada que decir.

—Vos fuiste nada más que un jugador de fútbol, pero fuiste Perfumo.

—Sí, claro. Vale por el reconocimiento, no te voy a negar que me gustan las atenciones de la gente. Y salir en EL GRÁFICO es lindo, lo que pasa es que superé la etapa en que necesitaba más de estas cosas.

 

Don José y doña María. Los padres, el amor.

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—¿Perdiste la vanidad?

—No, sigo siendo vanidoso. Simplemente maduré.

—Roberto, ¿qué lugar ocupó el dinero en tu profesión?

—El segundo, siempre. Primero estuvo la realización personal, aunque la imagen que se tiene, seguro que es al revés. La plata fue consecuencia de lo otro, después de llegar a un lugar determinado, a un punto, aparece la plata y entonces hay que defenderla por derecho y por principio. Pero es una consecuencia.

—¿Y tu intimidad?

—Al principio la regalé un poco pero después la salvé: si mezclas todo te quedas sin espacio para vivir. Mirá, Garrincha decía que un futbolista necesita una mujer y un amigo. La mujer fue Mabel, fundamental para acompañarme, para ubicarme... No sabe lo que es un penal, pero es importante que alguien un día te diga: "Mirá que en casa no hay ningún mariscal... ". Y el amigo fue Raúl Prieto, murió hace un tiempo. Me aconsejó siempre lo justo.

—¿Que piensa Gustavo de ser hijo tuyo?

—A él le gustan mis anécdotas pero le hablo poco. Ahora lo tiene claro porque recibe los comentarios de afuera: "¡Qué de guita tiene tu viejo!", "¡Qué jugador era tu viejo!"... Antes se lo tomaba medio en broma, a lo mejor porque yo soy el primero en tomarlo en broma. Pero creo que le sirve vivir con un tipo que dentro de un círculo limitado fue famoso, aprende a que los ídolos populares son de carne y hueso, es un poco menos cholulo.

—¿Le molesta que vos seas famoso?

—Antes sí. Un día me dijo: "¡Qué feliz seria yo si no fuera hijo tuyo, los de Boca me vuelven loco!". Y otra vez, cuando sacó la cédula, firmó Gustavo solo, no quería poner el apellido. Pero ahora es al revés, le gusta y me parece que alguna vez hasta lo usa. Son tiempos, ¿no? Hace deporte pero sin pasión, si en lugar de ir al club sale un paseo cualquiera, una piba o el cine, lo reemplaza en seguida. Es un ritmo social distinto, no digo que sea mejor ni peor.

El cigarrillo y la actitud madura. Trabaja con las camperas, piensa en el fútbol.

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Perfumo nunca tuvo imagen de "vivo", de pícaro. Y sin embargo, sus chispazos tenía. River jugaba la final de la Copa Libertadores con Cruzeiro, se lesionó en el primer tiempo y se dio cuenta de que no podía seguir. Le habló a Labruna en el entretiempo: "Déjeme entrar Angel, elijo al mejor de ellos y me lo llevo conmigo". Entró, lo esperó a Jairzinho, le habló y le tocó la cara, el negro reaccionó y el referí los echó a los dos. O si no, cuando a su equipo lo dominaban, "Sonreía, hablaba con el arquero, apoyaba el pie en el poste antes de sacar el tiro de arco... Eran trucos para hacer creer que estábamos tranquilos, con Fillol lo hicimos mucho. O la otra era salir gambeteando en el momento en que más nos atacaban".

Nunca fue para la gente el "vivo" o el pícaro, sí el inteligente, el conductor hábil y fuerte. Y de la valoración de sus cualidades intelectuales se derivó en el encasillamiento de intelectual que siempre desechó, aunque sin querer lo haya alimentado: palabras apropiadas, placer declarado ante Vargas Liosa, Serrat, Piazzolla o Pugliese, cinco años de estudio de psicología en la escuela de Pichón-Riviere. "No quiero que me digan intelectual simplemente porque no lo soy; en la comparación con un verdadero intelectual yo no existo. Y por otra parte estoy cansado del fascismo mental; si te gusta Sinatra no te puede gustar Palito Ortega. ¿Por qué? Hay que ser menos dogmático, me pueden gustar Daniel Riolobos o Yupanqui y también algo de los Bee Gees."

—Definime esto: ¿cómo técnico fracasaste?

—Íntimamente sé que no. En Sarmiento presionaron algunas personas y no hubo tiempo; en Sudamérica intentamos un trabajo a largo plazo pero no se dieron condiciones económicas y tuvimos que rescindir. Por ahora ni fracasé ni triunfé.

Tira frases y hay que decir que sí.

"Los que pegan patadas son casi todos buenos tipos."

"Para ser un buen técnico no alcanzan con haber jugado o haber sido figurón."

"Hablar del futuro es chantear, pero también se chantea con el pasado."

Empuja al pasado cercano y hay razones para recorrerlo: libre de River a los veinte años, debutante en Racing a los veintidós, campeón en la Argentina dos años después, campeón de América y del Mundo en 1967. Antes el Mundial de Inglaterra, después las eliminatorias del '69, el viaje de cuatro años para el Cruzeiro de Belo Horizonte, tres veces campeón mineiro, macumba y futbol, la vuelta a River, la gloria de dos títulos en una sola temporada, los fracasos en la Copa... Las buenas y las malas, como el retiro después de perder con Boca 2 a 0 y con 36 años recién cumplidos. La vida. Y siempre el fútbol.

La camiseta azul del Cruzeiro de Belo Horizonte, cuatro años de éxitos y una experiencia distinta.

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—El fútbol nuestro de hoy está metido en la violencia, porque es parte de la época, es como una resistencia a todo lo que sea autoridad. Y en cuanto a la organización hay que tender a la idea de espectáculo y a lo mejor terminar en que sea bancado por empresas. Yo creo que hay que separarlo de la función social que cumplen los clubes, si no va a terminar en el semiprofesionalismo.

—¿ Y el país, Roberto?

—Tengo fe y tengo serias dudas también. Por empezar hay que comprender que a los gobiernos malos se los echa con votos, y también que debemos pasar de una vez de los proyectos a los hechos. Acá hay muchos que trabajan pero tienen que trabajar todos. Va a costar. Va a costar contra los que piden gobiernos fuertes, contra los especuladores... Pero hay que vivirlo, es un ejercicio, un proceso.

—¿Y la fe?

—La tengo igual, por eso no me voy. Conozco todo el mundo y realmente digo que éste es un pase bárbaro. Lo importante es que aprendamos. Ya veo que aparece una resistencia al cambio: bueno, hay que bancarse eso y seguir, no aflojar. No hay que aflojar nunca y menos ahora.

Como vos harías, ¿no es cierto? Como esos conceptos éticos que hoy mantenés, cuando te negas a hablar de gente que criticarlas, como las viejas exigencias que reivindicas a pesar de que significaron disgustos o amigos perdidos; como la fe repetida del que espera confiado su futuro; como el dilema no resuelto de pelear con la' palabra o pelear con el silencio; como la lucha por el dinero, por la intimidad, por el intelecto, por la alegría... Como el esfuerzo nuevo por renovar tu risa... Como harías vos, Roberto Perfumo, amigo de todas tus batallas olvidadas.

 

 

Por JOSE LUIS BARRIO (1984).

Fotos: FABIAN MAURI y ARCHIVO "EL GRAFICO".

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