Las Entrevistas de El Gráfico

Rinaldo Martino: “Antes, jugar era simple”

Por Redacción EG · 08 de julio de 2019

Aquí, en Uruguay o en Europa asumió la representación del futbolista argentino a través de un respeto absoluto por la pelota. A los 75 años “Mamucho” compartía su sabiduría con El Gráfico.

Fue el “Negro” o “Mamucho”, para los hinchas de San Lorenzo. “Pie de Terciopelo”, para los de la Juventus italiana. Idolo en Nacional de Montevideo. Rinaldo Fioramonte Martino, campeón en Argentina, en Italia y en Uruguay, dejó marcas imborrables en el fútbol. Esa riqueza técnica para llevar la pelota con la derecha y mandarla al gol con la zurda. Esa gambeta que dejó escrita sobre el piso del viejo Gasómetro la rúbrica de su calidad. La astucia del potrero para levantar mil paredes con René Pontoni y Armando Farro, para clavar por sobre la cabeza del uruguayo Roque Máspoli el gol de América en el Sudamericano de Chile en 1945. Como otros nombres que están en el afecto y la admiración de los que lo disfrutaron, Mamucho Martino es una referencia imprescindible de aquellos años del Cuarenta cuando –se dice– se jugó el fútbol más lindo que se tenga memoria.

–¿Es cierto? ¿El fútbol más lindo se jugó en los Cuarenta?

–Mire, eso lo tienen que decir ustedes. Nunca es bueno hacer comparaciones y menos cuando uno fue protagonista. Sí puedo dar fe que se jugaba a ganar: salíamos a la cancha pensando en los goles que podíamos hacer, nunca en los que podíamos recibir. Y los defensores también trataban de divertirse con la  pelota en los pies. ¿Usted sabe lo que fue Moreno?

30-05-47. Martino viste la casaca de San Lorenzo, la misma que defendió desde 1941 hasta 1948.

30-05-47. Martino viste la casaca de San Lorenzo, la misma que defendió desde 1941 hasta 1948.

–¿Qué fue?

–Moreno fue lo más grande que hubo en el fútbol argentino. En todo. Como jugador tenía una personalidad impresionante. Achicaba con su presencia a los contrarios. Era de esos jugadores que nunca se esconden, que la quieren y la piden siempre y, cuando la recibía, sabía lo que tenía que hacer.

–¿Y Loustau?

–No he visto a nadie igual... Y eso que alguna vez jugué haciendo pareja con el Chueco García... ¿Sabe qué pienso? Que aquellos eran jugadores inteligentes. Si no, no se puede jugar al fútbol. El fútbol es fácil para el que lo sabe jugar. Para nosotros era simple, sencillo, por eso los de antes siempre vamos a pensar mal de los entrenadores.

–¿Era simple o ustedes lo hacían simple?

–Era simple porque lo habíamos aprendido en la calle, jugando con la pared. Por eso había jugadores con tanta técnica.

 

Recuerdos cachuzos

Rosario. La calle. El potrero. Total, una historia como tantas. Si lo sabrá Mamucho, tanguero viejo.

–Ah... si empezamos a hablar de tango seguimos hasta mañana. Pero uno se crió así. A mi viejo no le gustaba que jugara al fútbol. Tenía una familia muy grande. Eramos nueve hermanos, seis varones y tres mujeres. El sabía que yo andaba con la pelota todo el día y, cuando llegaba a casa, me miraba las zapatillas...

–De lo seis hermanos, sólo usted salió futbolero...

–No, Orlando, que era mayor que yo, llegó a jugar en la intermedia de Belgrano. Después se quedó, fue uno más entre los tantos jugadores que desaparecen sin llegar a Primera. Antes era así la cosa, los que queríamos el fútbol nos pasábamos el día con la pelota, no pensábamos en otra cosa.

–¿Cómo? ¿Y los ravioles?

–¿Qué ravioles?

–La historia esa que se mandaban un plato de ravioles antes de ir a jugar...

–Habrá habido alguno... pero yo jugaba en la sexta y ni siquiera tomaba el café con leche para estar más liviano en el momento de salir a la cancha.

–¿Cuándo y cómo llegó a San Lorenzo?

–En el ’40. Todos los clubes grandes de Buenos Aires tenían algún representante en Rosario. Me recomendaron y viajé a Buenos Aires para hacer una práctica. Tenía 19 años, una edad para jugar en Tercera, pero debuté directamente en Primera.

–¿Cómo le fue?

–Bien... bien. El técnico era Emérico Hirsch, un húngaro que ya había dirigido en otros clubes, entre ellos River.

–Se aproximaba el equipo del ’46...

–Fue una época de muchos cambios. En el ’45, cuando fuimos a jugar el Sudamericano a Chile, los dirigentes de San Lorenzo iniciaron las gestiones para contratar a René Pontoni, que jugaba en Newell’s.

Un afiche de los años Cuarenta. Mamucho Martino, en el viejo Gasómetro, con la pelota de cuero y los colores de San Lorenzo.

Un afiche de los años Cuarenta. Mamucho Martino, en el viejo Gasómetro, con la pelota de cuero y los colores de San Lorenzo.

–Farro ya estaba...

–No, lo compraron ese mismo año.

–Se juntaron y la rompieron...

–No fue tan fácil. A René le costó mucho al principio. Quería hacer las cosas y no le salían. Empezaron algunas críticas, pero él se tenía una fe bárbara y siguió en la misma. Nosotros habíamos debutado juntos en la Selección del Sudamericano de 1942. Esa tarde, en Buenos Aires, Argentina le ganó 4–1 a Uruguay, ellos habían sido campeones el año anterior, en el Centenario. Pontoni hizo dos goles, uno yo y el otro Cacho Alberti, el fullback.

 

El equipo inolvidable

“Eran años de River y Boca”, dice bien Martino. Boca Juniors ganó los Campeonatos de 1940, 1943 y 1944. River Plate, los de 1941, 1942 y 1945. La década era de ellos. San Lorenzo, en los quince años de profesionalismo, sólo había ganado un título en 1933. La historia era así hasta que en 1946 aparecieron en el Gasómetro: Blazina; Vanzini y Basso; Zubieta, Grecco y Colombo; Imbelloni, Farro, Pontoni, Martino y Silva o Francisco De la Mata.

–Ustedes sí que no precisaban del director técnico...

–Teníamos dos: Pedro Omar y Diego García. Los dos habían sido jugadores del club. Yo siempre digo que en el fútbol no hace falta hablar: hace falta ver. Teníamos más confianza con Pedro Omar. A veces, durante el entretiempo del partido, nos decía: “¿No les parece que están jugando equivocados?”. Uno lo pensaba y, si tenía razón, cambiábamos. Después la gente decía: “El técnico no da indicaciones”. Sí que las daba, pero no necesitaba hablar mucho.

–Imagino a Farro, Pontoni y Martino, casi nada...

–Lo que pasa es que sentíamos la misma forma de jugar. Nos juntábamos en el medio de la cancha y desde allí arráncabamos. Pero si había que ir a buscar la pelota a nuestra área, íbamos.

La historia de San Lorenzo se resume en estre trío ofensivo que fue campeón en 1946. FARRO/PONTONI/MARTINO

La historia de San Lorenzo se resume en estre trío ofensivo que fue campeón en 1946. FARRO/PONTONI/MARTINO

–No deben haber ido muchas veces porque en ese campeonato hicieron 90 goles.

–Es cierto. René hizo 20; el Chueco y yo, 18; Silva, 10, y los demás no me acuerdo.

–¿Pero se acuerda cómo funcionaba el equipo?

–Si hablamos de eso, tengo que reparar una injusticia porque la gente siempre habla de Farro, Pontoni y Martino, pero se olvidan de otros grandes como Oscar Basso, el vasco Zubieta o el Tano Grecco. Nos elogian a nosotros tres, pero no nombran a los punteros que eran muy importantes para el juego del equipo.

–¿Defina en pocas palabras a ese San Lorenzo?

–Era un equipo que tenía un respeto muy grande por la pelota y los jugadores eran hábiles, inteligentes y veloces.

 

Martino jugó 233 partidos en San Lorenzo y convirtió 142 goles.

Martino jugó 233 partidos en San Lorenzo y convirtió 142 goles.

 

–¿Tácticamente cómo se movían?

–Vanzini marcaba al wing izquierdo y Basso al centrodelantero. Zubieta, tirado sobre la derecha, acompañaba a Grecco que era el centrojás. Colombo se encargaba del puntero derecho. La posición de Zubieta hacía que Farro jugara un poco más arriba. Esto quiero aclararlo porque generalmente se piensa que Farro era el que más bajaba de nosotros tres (Farro, Pontoni y Martino) y no fue cierto: yo bajaba más porque, si se retrasaba Farro, chocaba con la posición de Zubieta. Además, mientras jugué en Rosario, siempre lo hice como insider derecho, lo que hoy sería un ocho. Recién en San Lorenzo me corrieron a la izquierda.

–¿Cómo atacaban?

–Con los dos punteros abiertos y adelantados. Los demás, el Chueco Farro, René y yo arrancábamos de atrás, intercambiando las posiciones. No teníamos puestos fijos. Cualquiera de nosotros, podía bajar hasta nuestra área, si era necesario, pero sentíamos la obligación de llegar y definir en el arco de enfrente. Farro iba y venía permanentemente. Pontoni era un centreforward amplio: se tiraba atrás, a las puntas. Se hacía difícil marcarlo, porque no era fácil encontrarlo. Avanzábamos con pases cortos y por ahí cambiábamos con una habilitación larga a los punteros. Llegábamos con facilidad por las puntas, ya que los desbordes eran permanentes. Yo creo que una de las virtudes de ese equipo fue romper por los laterales. Cuando un partido se hace difícil, porque el rival se mete muy atrás, no hay nada mejor que desbordar por las puntas.

–Pero después hay que terminar bien la jugada...

–Claro, pero el centro atrás siempre complica a los defensores y más al arquero. Es la jugada que más duele porque agarra a todos a contrapierna. Nosotros lo hacíamos seguido y siempre con buenos resultados. Con René jugábamos de memoria. ¿La verdad? Era un genio. Uno de los grandes de verdad. Dúctil, fino, inteligente y encima goleador. Jugaba y hacía jugar. Nos encontrábamos en la mitad de la cancha o aun en nuestro sector defensivo. Nos gustaba a los dos porque era mayor el panorama, se puede pensar mejor y determinar con mayor precisión por dónde conviene llegar.

 

Rinaldo Fioramonte Martino.

Rinaldo Fioramonte Martino.

 

–¿Por eso hacían tantos goles?

–Los goles vienen solos. ¿Sabe por qué ahora se ven tan pocos?

–Diga...

–Porque corren más que la pelota. A veces escucho decir que en el Cuarenta no se corría... Es posible, pero también nosotros hacíamos correr más la pelota y en el fútbol, ayer, hoy y siempre, la que corre más es la pelota.

–¿Esa indicación la recibían del técnico?

–Los directores técnicos éramos los jugadores. Esas cosas las resolviamos nosotros hablando, simplemente hablando.

–¿Eso era importante?

–Lo era, pero más el hecho de sentir el fútbol de la misma manera.

–Después de salir campeones hicieron una gira por Europa...

–Fue un paseo por España y Portugal. Le ganamos 4–2 a la Selección de España y le hicimos diez a la de Portugal. Cuando fuimos a reconocer el césped del estadio de Lisboa, no lo podíamos creer. “¡Esto es papita pa’l loro!”, me dijo René. Estábamos acostumbrados a las canchas nuestras, donde la pelota picaba para cualquier lado. El piso de la de San Lorenzo era malísimo. En el de Lanús, el que se caía dentro del área. se pelaba todo porque no tenía pasto, era pura tierra... Y ese estadio de Lisboa era fenomenal. Hacía un frío terrible y yo veía que mis compañeros iban al lateral y le pedían la bolsa de agua al aguatero. Pensaba: ¡están locos, con el frío que hace! Hasta que me di cuenta de que iban dos o tres veces los mismos jugadores y entonces fui yo también, pedí la bolsa y tomé... ¡cognac, tomé! En lugar de agua habían metido cognac, por eso iban...

 

Pie de terciopelo

En 1948 hubo una huelga de jugadores profesionales. Larga, muy larga. Pedían aumento de sueldo y el reconocimiento de Futbolistas Argentinos Agremiados. Ese año, el campeonato terminó con jugadores amateurs. Después vinieron dirigentes de Colombia y se llevaron a muchos.

–Un día se acercó Renato Cesarini. Nunca había hablado con él. Me dijo si no quería ir a jugar a Italia. Decía que mi juego era ideal poque tenía un pique corto y un toque rápido y allá, para triunfar, había que moverse. Le dije que sí y me recomendó a Juventus.

–¡Casi nada!

–No crea. En ese entonces hacía cinco años que no salía campeón y, para colmo, el equipo que ganaba todo era Torino. Pero ese año tuvieron la desgracia del avión que se estrelló en Superga y no pudieron levantar cabeza nunca más.

–¿Qué compañeros tuvo en la Juventus?

–Me pusieron de insider derecho. La delantera la formaba Muchinelli, yo, Gianpiero Boniperti, el danés Hansen y Pret. El arquero era Viola.

–¿Se adaptó enseguida?

–No jugué ningún amistoso. Llegué y debuté. Me ayudó mucho Volante, que acá había sido presidente de Lanús. Apenas llegué, me dijo que allí tenía que apretar los dientes y darle para adelante. Me acompañaba hasta a los entrenamientos. Otro que me ayudó mucho fue Gigi Peronacci, que vino aquí como jefe de Prensa de la Selección de Italia durante el Mundial ’78. Gigi era un calabrés loco por el fútbol. Lo tenía de traductor porque el técnico era un inglés, mister Carver.

–¿Le fue bien?

–Fantástico. Hasta me incluyeron en la Selección en un partido contra Inglaterra, en Wembley. Ese año salimos campeones con la Juve. Fue cuando me pusieron “Pie de Terciopelo”, porque decían que yo no le pegaba a la pelota: la acariciaba. Nunca me gustó pegarle fuerte, siempre traté de colocarla.

–¿Por que volvió?

–En ese entonces me interesaban mucho las carreras...

–¿De auto?

–¡De caballos! En el ’50 vine de paseo a Buenos Aires y Félix Latrónico y Argentino Sierra me hablaron para que jugara en Boca. Me ofrecieron la misma plata que estaba ganando en Italia y no lo dudé. Pero estaba cerrado el libro de pases y no me pudieron inscribir. Entonces me dijeron si quería ir a Nacional de Montevideo. Fui en julio y salimos campeones.

–Pero jugó en Boca...

–Claro, porque con Nacional habíamos ido a México y allí nos encontramos con los jugadores de Boca. Pablo Amándola, que era el entrenador, me dijo si no me interesaba jugar para ellos porque no se había concretado la transferencia de Emilio Baldonedo, que estaban gestionando desde hacía rato. Le dije que sí.

 

Martino en Boca. Fugaz paso en 1950.

Martino en Boca. Fugaz paso en 1950.

 

–¿Qué pasó?

–Jugué poco. En la delantera estabamos Pierino González, yo, Ferraro, Campana y Busico. Otras veces la integraban con Pierino, Alfredo Martínez, yo, Benítez, un paraguayo que metía muchos goles pero lo vendieron enseguida, y Busico.

–¿Por qué jugó poco?

–Porque Boca andaba financieramente muy mal. El presidente era Gil, un muy buen tipo. Lo sucedió Riglos. Cuando podían vender a algún jugador, lo hacían. Nacional ofreció 300.000 y me transfirieron. En Boca jugué apenas media rueda.

–¿Y en Nacional?

–Tuve la fortuna de convertir tres goles en un clásico contra Peñarol. Fue una hazaña porque perdíamos 2–1 y ganamos 3–2. Ellos tenían una delantera mundialista: Ghiggia, Hohberg, el Cotorra Míguez, Schiaffino y Vidal. La de Nacional la integrábamos Rosello y Ambrois, que después vinieron a Boca, yo, Julio Pérez y Orlandini o Enrico. Siempre digo que en el fútbol fui un afortunado porque salí campeón en tres países que han sido campeones del mundo: Argentina, Italia y Uruguay.

 

Rinaldo Martino en Nacional de Uruguay.

Rinaldo Martino en Nacional de Uruguay.

 

Rinaldo Martino, “Mamucho” para los hinchas de San Lorenzo, “Pie de Terciopelo” para los tanos de la Juventus o el “Negro” para los tricolores de Nacional. Fue protagonista de mil tardes memorables de un fútbol que era distinto porque distinta también era la época, la forma en que se vivía. En cualquier lado, aquí, en la otra orilla del Plata o en Europa asumió la representación más auténtica del futbolista argentino a través de un respeto absoluto por la pelota. Esta, sin duda, entre los diez o doce jugadores más importantes de toda la historia del fútbol argentino.

Tanguero como es –fue fundador de Caño 14, uno de los boliches míticos que tuvo Buenos Aires– sabe que este repaso al fútbol que vivió es algo así como “la lluvia sutil que llora el tiempo, sobre aquello que quiso el corazón”.

 

El gol de América

Se lo hizo al arquero uruguayo Roque Máspoli en el partido decisivo por la Copa América que se jugó en Chile en 1945. Con ese gol, Argentina ganó 1-0 y fue campeón. Y Martino pasó a la historia. Así fue:

Arrancó y eludió a Sarro. Salieron a marcarlo Obdulio Varela y Tejera, los gambeteó a los dos. Se abrió hacia la izquierda y amagó hacerle un pase a Ferraro, el centrodelantero argentino. Lo usó como distracción, porque ya había visto la posición del arquero.

 

Su gol más inolvidable: a Uruguay en 1945.

Su gol más inolvidable: a Uruguay en 1945.

 

Simuló un centro y la colocó de chanfle por arriba de la cabeza de Máspoli, desde una posición incómoda sobre el lado izquierdo.

Cuando terminó el partido, lo sacaron de la cancha en andas.

 

Los hinchas celebran junto a Rinaldo Martino la obtención del Sudamericano de 1945.

Los hinchas celebran junto a Rinaldo Martino la obtención del Sudamericano de 1945.

 

 

Por EDUARDO RAFAEL (1997)

 

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