Las Entrevistas de El Gráfico

1997. ¿Loco yo?

Por Redacción EG · 01 de julio de 2019

Después de llevar su vida casi al límite y cuando empieza a recomponerla, Hernán Montenegro se confiesa. El dramatismo de su adicción a las drogas y el alcohol, su lucha por salir y recuperar a sus hijos, su pasión inalterable por el básquetbol.

“Yo dejé de vivir a los 22 años... Cuando tenía 13, y era una promesa como tantos otros pibes de Bahía Blanca, un periodista radial llamado Rafael Emilio Santiago me hizo una nota. Al aire, le dije que iba a llegar a la NBA, y el tipo se sorprendió...”

 

El rostro de Hernán Abel Montenegro, cada tanto, se pierde detrás del humo espeso de un cigarrillo. Desaparece. Y al rato vuelve a surgir como por arte de magia. "Creo que nunca voy a dejar de fumar", dice. No suena eso a deportista, a atleta, pero al fin y al cabo hay que tomarlo como de quien viene, de alguien que se propuso ser distinto y evidentemente lo logró.

Hasta el momento para la charla es diferente y él lo ha elegido así: a la medianoche, cuando General Pico –como cualquier localidad del Interior donde el campo es la principal fuente de trabajo– duerme por lo menos desde hace un par de horas. En un rincón de la confitería del hotel Pico, de espaldas a un enorme ventanal que da a una despoblada calle, Hernán estira las piernas. Pide un café y un té.

–¿Por qué decís que dejaste de vivir a los 22 años?

–Porque mi sueño siempre fue llegar a la NBA. Imaginate, hace 17 años a la NBA la conocían cuatro o cinco personas: León Najnudel, Osvaldo Orcasitas, Adrián Paenza... Yo iba al cine porque Jorge Severini, un tipo que está radicado ahora en Filadelfia, traía videos del Dr. J. Iba toda la gente del básquetbol. Y la NBA me enganchó... Entonces pasaron los años y llegué a Philadelphia 76ers., pese a que sólo jugué un partido amistoso, en octubre de 1988, en la presentación del equipo. Ese mismo día, cuando terminó el juego, me dieron los pasajes de vuelta: me habían cortado. Y yo sentí un vacío interior enorme, grandísimo. Recuerdo que me encontraba en el aeropuerto de Filadelfia esperando un vuelo para Nueva York. Estaba mal, y no mal porque no había entrado a la NBA. Estaba mal porque no sabía qué iba a hacer al día siguiente...

–Fue como que habías tocado el cielo con las manos...

–Claro, y todo lo demás era chiquitito. Recuerdo que al toque mi agente me dice: "Nos vamos a Italia...", cosa que así sucedió. ¡A Italia! Fijate lo que estoy diciendo, eso tendría que haber sido un orgullo para mí. ¡Iba como extranjero siendo argentino, o sea un japonés con la diez de Boca! Pese a que antes ya había estado en lo otro, mi vida a partir de ahí cambió, y no fue vida...

A los 16 años, en Leandro N. Alem, de Bahía Blanca. Fue su primer club. Prometía...

A los 16 años, en Leandro N. Alem, de Bahía Blanca. Fue su primer club. Prometía...

"Lo otro" es conocido. Se habla de su adicción a las drogas, al alcohol que todo lo arruina, de noches que se hicieron eternamente largas, de un sol que sólo salía de a ratos, pero que sucumbía siempre ante la presión de las penumbras. Una locura. Qué cosa increíble: de chiquito, Hernán Montenegro fue el "Loco" para el barrio y así le quedó. "Ya hacía barbaridades", comenta con aires de malicia. Debió ser un signo del Destino para una vida llevada al límite casi desde su comienzo.

Nació en Bahía Blanca el 10 de agosto de 1966. Está próximo a cumplir 31 años. Debemos anticiparle, señor lector, que no seremos respetuosos con la bendita cronología porque el personaje no lo permite. Su historia, caótica y anárquica como pocas, invita al desorden.

–Los problemas comenzaron en España, cuando León Najnudel me llevó al CAI Zaragoza en 1983. No me pude nacionalizar rápido y entonces tuve un año muy al p... Me entrenaba y jugaba únicamente partidos amistosos. Aparte yo llegué de muy pibe, tenía 17 años, muy rebelde, casi te diría intolerante, con una locura mucho más allá de lo normal. Y me encontré con un país que estaba saliendo del franquismo, en pleno destape español. Caí en una ciudad como Zaragoza, de un millón de habitantes, con una noche tremenda, un antro... Y viste, pendejo solo, sin los padres, que se habían quedado en la Argentina, sin control. La noche es j... Me entré a enganchar y terminé prendido a la falopa hasta las pelotas.

 

Montenegro jugando en Olimpo de Bahía Blanca.

Montenegro jugando en Olimpo de Bahía Blanca.

 

–¿Qué probaste, Hernán?

–Allí tuve mi primer contacto con las drogas. Probé cocaína, ácidos, LSD, hasta llegué a probar heroína. Tuve la suerte de que me echaran a la m... Yo creo que eso me salvó la vida. Si no me hubieran echado de España, habría terminado muerto con una jeringa en el brazo. Era insoportable, no escuchaba a nadie. Creía que la única verdad era la mía.

–Pero para conseguir drogas hay que tener dinero. ¿Cómo hacías?

–Yo vendía, llevaba y traía, ése era mi negocio. ¿Quién iba a sospechar de un tipo de dos metros y 17 años? Ni ahí. Iba a Barcelona, al Sur, a Madrid, ¿me entendés? Cada tanto viajaba a Marruecos. Hice un gran negocio en Europa, yo gané muchísimo dinero con eso.

–¡Pero eras un pequeño traficante!...

–Sí, se lo puede resumir de esa manera. Trabajaba de correo, yo llevaba y traía. Ganaba muy buena guita. Me pagaban con droga y, cuando es así, la consumís. Hasta que el club se enteró de toda esta movida y un par de c... más que me mandé, para variar, y me echaron.

Había sido monaguillo y boy scout. Hoy abre sus ojos claros, celestes, para remarcar cada una de sus confesiones. Montenegro no grita y la velocidad de sus palabras es cambiante: por momentos habla pausado, por momentos con la rapidez de un rayo. De su cuello cuelgan dos gruesas cadenas de oro. De su mano, un reloj dorado con la esfera hacia abajo.

Tiene historias Hernán, algunas desopilantes... En una oportunidad, su esposa Fabiana le insistió para que comprara un "escarabajo", un Volkswagen, porque los había visto en Brasil y le gustaron. El fue a un galpón y allí estaban el "escarabajo" y, al lado, un colectivo Deutz '75. Flechazo a primera vista: se compró el colectivo y se lo llevó a su casa. Cuando su mujer salió a la calle, no lo podía creer. Le preguntó qué era. "Yyyyy... un 'escarabajo' no es, me traje un colectivo...", fue su única respuesta.

–Fabiana es un monstruo. Si estoy vivo, se lo debo a ella, es una mina que está más allá del bien y del mal. La conocí en 1985 y ya me aguantó doce años. Cuando tendría que haber hecho los bolsos y decir basta con este tarado, se sentó a mi lado y me confesó: "Yo no te voy a abandonar, pero necesito que pongas algo de vos..." Ella hizo los contactos para que fuera a Alcohólicos Anóminos en Bahía Blanca...

–¿Cómo llegás al alcohol?           

–Inmediatamente después de abandonar las drogas, a mediados de los Ochenta. Los vicios se suplen, ¿viste? Tomaba todo y de todo, y en los últimos meses casi sin discreción. Yo me choqué contra una pared muy grande: como todo alcohólico, pensé que nadie sabía lo que sufría, y el último en enterarme fui yo. Es j... asumirte como una persona enferma. Aparte aquí descubro el porqué de mi adicción a las drogas. El alcohol estaba haciendo tal daño en mí que ya no producía efecto. La caída era tan grande que se me distorsionaba todo tipo de contacto directo con la realidad.

–¿Qué es beber mucho, Hernán? ¿Hasta qué límite llegaste?

–Tomar mucho es bajarse una botella de whisky en una noche, tranquilamente adosada a dos o tres de tinto. En los últimos tiempos era a cada rato: al mediodía, a la tarde, una cerveza a cualquier hora.

–¿Por qué caés en algo así?

–Cuando uno es pendejo y las cosas van bien, quiere jugar. Uno es juguetón con la vida, le tiene miedo a cosas b... y por ahí no siente temor por los temas importantes. Así pasé las últimas tres temporadas, en las que mi relación con el deporte fue casi nula. Yo usaba al deporte para tratar de sacarle un provecho: no hacer una m..., sentarme a la mesa, tomarme unos whiskies, hablar pavadas, pegarme un palo de blanca. Y caí en el drama que sufren los "cruzados", las personas que toman alcohol y drogas: viví soñando con hacer cosas algún día, y al final nunca las hice.

En la Selección Argentina y tapando a Charles Barkley, el día que enfrentó al Dream Team en el Preolímpico de Portland ’92.

En la Selección Argentina y tapando a Charles Barkley, el día que enfrentó al Dream Team en el Preolímpico de Portland ’92.

–Para el que no conoce, ¿qué produce la cocaína?

–Durante muchos años le busqué el lado intelectual. A mí me ayudó en muchas cosas, a destrabar nudos internos muy difíciles de mi vida. Pero tiene un final trágico... Cuando ya te come el cerebro y crea la dependencia, te convertís en un autómata: hacés todos los días lo mismo. Es como que te estacionás en el limbo. Vivís de lo que pensás, pero no de lo que hacés, porque no podés hacer nada. Por suerte, en mi vida pasó lo de Venezuela.

Venezuela, una de sus tantas escalas con el básquetbol, lo recibió a principios de 1996. Hernán había arribado para vestir la camiseta de Los Guaiqueríes, un equipo popular de la Liga Profesional de Baloncesto. Pero el 7 de marzo de ese año, su nombre sacudió las rotativas: había dado positivo en un control antidóping. "Se encontraron altas dosis de cocaína", señaló el Instituto Nacional de Deportes de aquel país.

–Ya estaba muy metido, por eso firmé un contrato bastante particular con Estudiantes antes de irme al exterior: le jugaba gratis hasta enero de 1996 y después empezaban a correr los sueldos. No quería embarcar al club en una historia que pudiera terminar mal por culpa mía. Cuando el plazo venció, los dirigentes me dijeron que no había plata y me fui. Entonces apareció lo de Venezuela... ¡Peor! La Isla de Margarita, la droga en todas las esquinas, barata. Y terminé dando un dóping positivo después de mi mejor partido.

–Pero cuando volviste al país negaste todo...

–Sentí miedo... Yo tenía ganas de decir la verdad, pero un par de personas me aconsejaron: llegá a la Argentina, hacete el b..., esperá a ver qué pasa, por ahí no te sancionan. Creo que fue la primera vez que me escondí. ¿Y viste cómo me pagó la vida? Me dieron 18 meses. Por no ser valiente, por no haber bajado del avión y decir: sí, loco, yo me drogué, me la tomé toda.

–¿Jugaste algún partido drogado?

–Sí, en Europa. Fue en Zaragoza, con cocaína, nefasto. No sabía dónde estaba. La cocaína es lo peor que hay para jugar: perdés distancia, tenés lapsus en los que te vas, volvés, te vas de nuevo. El concepto ése de que con la cocaína mejorás, para mí no va. En el básquetbol es imposible, perdés los reflejos.

–¿Y borracho?

–No, a tanto no. Además, cuando llegué al alcohol casi ni jugaba. Creo que mi cabeza todavía evitaba eso, decía "hay momentos y momentos". Si lo hubiera hecho, se enteraba todo el mundo.

–¿Intentaste dejar de consumir drogas después del escándalo de Venezuela?

–No tomé más, salvo un par de veces en que me sentía muy mal. No me drogaba, pero me tomaba el mundo. Hasta que este año, allá por marzo, tuve un fin de semana estrepitoso en Bahía Blanca. Terminé en un hotel, no sabía cómo m... había llegado, ni cómo me llamaba, ni qué c... pasaba. Vi mal a mi familia, preocupada. Y me nació de adentro: o me limpio y dejo tranquilas a las personas que me rodean, o no salgo más adelante.

Hernán Montenegro sueña con volver a transitar el camino del sol. La inmensidad de General Pico, en la provincia de La Pampa, le tiene reservado otro desafío, quizás el último.

Hernán Montenegro sueña con volver a transitar el camino del sol. La inmensidad de General Pico, en la provincia de La Pampa, le tiene reservado otro desafío, quizás el último.

–Y ahí entraste en Alcohólicos Anónimos...

–La primera vez fui con Fabiana, en Bahía Blanca, y después me atreví a ir solo. Hoy llevo cuatro meses sin tomar, sin drogarme. Me estoy recuperando, gracias a Dios. Mis hijos cambiaron mucho... Dejaron de tenerle miedo al padre. Evidentemente el padre era un animal, un oso, qué sé yo. Mis hijos nunca tuvieron actitudes malas hacia mí, pero ahora me doy cuenta de que habían empezado a tomarme miedo. Es que en mi casa últimamente tenía la mamona, era un ente. Entraba, me tomaba una botellita, me acostaba a dormir, me levantaba, me tomaba otra y otra vez a la cama. La que más sufrió fue mi hija mayor, Antonella. ¿Sabés por qué entiendo que cambié?

–...

–Yo ahora tomo esto...

Milagrosamente saca una botella de agua mineral de dos litros que tenía debajo de la mesa. La muestra triunfante. Parece un piloto de Fórmula 1 cuando festeja en el podio, pero no hay lluvia de alcohol.

–Tomo agua mineral hasta por los codos. Me estoy bajando doce o catorce litros por día. Esta botella es mi nueva compañera. Ojalá me dure toda la vida, pero en el alcoholismo nunca hay que cantar victoria. Es una enfermedad.

Hernán mira hacia la puerta de la confitería, de repente. En su rostro serio se dibuja por primera vez una sonrisa...

–Sentate, hijo.

Nayi tiene 9 años y los ojos colorados por el sueño. Es el hijo del medio, entre Antonella y Erika. Está claro que vivir a la misma velocidad que su padre trae algunos problemas. Por el momento, hoy no se acostará temprano. Hernán le pasa su mano izquierda por la cabecita. "A su edad yo era igual, tímido, sumiso, muy introvertido. Pero vivía feliz..."

–¿Me das agua, papi?

–Sí, pa, tomá, dale...

Levanta la botella, la empina y sorbe dos tragos. Después se queda mirando la calle vacía a través del ventanal. ¿Sufrirá este chico? ¿De qué manera habrá asimilado las caídas de su padre? ¿Sabrá quién es en realidad Hernán Montenegro? ¿El jugador de básquetbol o el ser humano que recibió los azotes de las siete plagas de Egipto?

Van casi dos horas de charla. "¿Tomás otro té? Dale... ¡Mozo, un té y un café más!", grita el Loco mientras apaga la colilla del octavo cigarrillo Marlboro, en el fondo de un cenicero, y acomoda un poco sus 2,06 metros de estatura en la silla. Dice que una dieta especial le ha permitido rebajar 14 kilos de los 126 que pesaba hace cuatro meses.

–¿Por qué contás todo esto, Hernán?

–Por una necesidad personal. Yo cometí miles de errores, pero casi nunca me escondí. Se me pueden achacar muchas cosas, pero no la cobardía.

–¿Quién es tu psicólogo? ¿Vos mismo, tu esposa?

–Ustedes, los demás. Esto es psicología. Por eso se enteran de mis miserias a través de mi boca. Yo hago mucha catarsis, es una manera de ayudarme a ver si estoy equivocado o no.

Tuvo y tiene talento Montenegro. Para hablar, para jugar... El 28 de junio de 1988, Philadelphia 76ers. lo eligió en la tercera vuelta del draft de la NBA, en la posición 57a. Junto a Jorge González, el "Gigante", fueron los primeros argentinos en ser seleccionados por la mejor liga de básquetbol del mundo.

Pero antes sufrió... Su padre era sindicalista y la familia vivía en el edificio de la CGT, en Bahía Blanca. En 1976 se encontraban afuera de la ciudad y sobrevino el golpe militar. Hernán tenía 9 años. "Volvimos y estaban los camiones, los soldados. Se llevaron todo, nos robaron la ropa, hasta los juguetes. Eso me marcó para siempre. No lo puedo superar aún hoy... Verla llorar a mi vieja en una esquina, a mi hermana, no poder entrar a casa o hacerlo con los milicos apuntándote, me hizo daño. Creo que crecí como veinte años de golpe. Yo toco este tema y me violento. Me cambió el carácter y desde ese momento varias veces se me ha salido la cadena por resentimiento. Soy un resentido social, y lo acepto".

Luego aparecieron las drogas en Europa, ya se sabe. Y él lo acompañó con un comportamiento sencillamente desastroso. En un partido con el CAI Zaragoza, en Huesca, llegó a pegarle una trompada a un árbitro: "Lo hice porque detrás había una historia... El vago tenía una minita y yo le estaba comiendo la minita. Me mandó en cana en un partido y le pegué. Fue un escándalo. León Najnudel me decía: 'Vos estás loco, pibe, no sabés lo que acabás de hacer'. A mí no me importaba nada..."

Hoy quiere volver a jugar e Independiente de General Pico le ha tendido una mano piadosa.

–¿Cuál es el jugador argentino que más te gusta?

–Lucas Victoriano. Hace dos meses, a través de un agente que me consultó, le envié un informe a Detroit Pistons. Le debo haber escrito tantas cosas lindas que me llamó y me dijo: "Si este jugador existe, me lo llevo mañana". Lucas tiene algo que se había perdido: la desfachatez para ser un fenómeno. Y eso lo separa de los buenos jugadores. Será el mejor argentino de la historia y estoy convencido de que va a jugar en la NBA. A los 17 años, junto con Pichi Campana, es el mejor basquetbolista que vi en el mundo.

–¿Cómo pensás que vas a quedar en la historia del básquetbol argentino?

–Como un gran talento que vivió su carrera de una manera muy particular, diferente al resto. Punto.

–¿Te molesta que te señalen como un perdedor, que nunca ganaste un título?

Se hace un silencio de tres o cuatro segundos y arranca respondiendo con un golpe de sus manos contra la mesita. Está gritando...

Montenegro supo salir adelante, transitó caminos oscuros, pero su vida siempre estuvo ligada al básquet.

Montenegro supo salir adelante, transitó caminos oscuros, pero su vida siempre estuvo ligada al básquet.

–¡No, porque gané muchas cosas en mi carrera! Adonde llegué yo, no llegó nadie, y le estoy dando diez años de ventaja a todos. O si no pregunten en Filadelfia: jugué tres minutos y veinte segundos ante el Maccabi Tel Aviv, en un partido amistoso, y allí está mi foto con la camiseta oficial. Me fui del país cuando no se iba nadie. Jugué en una de las universidades más respetadas de los Estados Unidos, en Ligas donde nadie o muy pocos llegaron: en Italia como extranjero, Puerto Rico, Venezuela... ¡Si ser perdedor es no ganar torneos, entonces soy un perdedor! Para mucha gente, ser ganador es entregar la vida sí o sí para un deporte, hasta morir. Yo no lo creo.

–Siempre pensaste en el hoy, jamás en el futuro.

–Si hubiera pensado en el mañana, hoy iría por mi novena temporada en la NBA y sería millonario. Soy como soy. Cuando me equivoqué, lo hice con ganas. Cuando tomaba cocaína, lo hacía con ganas, no con cargo de culpa. Pero hoy primero está vivir, vivir sano, pero sin la imagen del pobre tipo, ¿eh? Yo no soy un pobrecito: yo hoy tomo agua con ganas, lo disfruto.

–¿En esos momentos duros, ¿podías manejar algún límite, Hernán?

–Sí, sí... Estuve cerca de limpiarme, de matarme, muy cerca, y creo que no lo hice porque no tuve h... Me sentía mal, no quería vivir más. Fue hace un año y medio, antes de Venezuela. No se lo aconsejo a nadie. Una cosa es decir "sí, me mato". Y otra es cuando lo empezás a pensar, lo analizás y lo ves como salida. Creo que me agarró un ataque de hombría, me dije para adentro: "Poné las bolas de una vez por todas sobre la mesa, viejo". Y me salvé.

 

Encuentros cercanos del tercer tipo

En 1991, mientras jugaba en la Liga Nacional para Estudiantes de Bahía Blanca, Hernán Montenegro vivió experiencias con OVNIS y extraterrestres. O al menos algo así...

“Fue una historia muy linda, copada, pero que no supe canalizar. Yo tuve relaciones con extraterrestres y puedo dar fe de que existen. Son vivencias muy grossas y largas de contar. Naves hay porque las vi, las tuve cerca... Ocurre en el cerro Uritorco, en Córdoba, un lugar donde se han perdido miles de personas y al final todos aparecen sin que les pase nada grave.

–¿Cómo llegaste a eso, Hernán?

–Una mañana me levanto y me encuentro con una persona que me tira esa onda. Fue como un llamado interior. Me gustó enseguida, agarré el coche y me fui para Córdoba, solo. Recuerdo que en una oportunidad, durante el verano, estuve perdido todo el día. Y para colmo, tuve la mala suerte de que se largó una lluvia torrencial que inundó a toda la provincia. Yo vestía pantalón corto, remera y botas, y los bomberos me buscaron y me buscaron durante veinticuatro horas hasta encontrame.

–¿Fue una salida, un escape a tus problemas?

–No, en esa época estaba bien. Y quiero aclarar que no es una locura más de Montenegro, sino también la de 20.000 tipos que van cada año. Uritorco es un centro energético muy grande, paranormal. Detrás del cerro hay historias de la NASA y japoneses que investigan. La mayoría encuentra la luz de la vida, pero yo no pude. Se ve que mi locura era tan grande que ni siquiera la logré canalizar para el lado correcto.

 

Por GUILLERMO GORROÑO

Fotos: HECTOR VILLALBA

Escenas: ARCHIVO "EL GRAFICO".

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