El Superclásico que no le interesó a nadie
En 1985, un partido que debían jugar Boca y River tuvo que suspenderse por un insólito motivo.

Se dice que presenciar un Superclásico entre Boca y River es una experiencia inolvidable para aquellos que gustan del buen fútbol. Ambos rivales mueven decenas de miles de fanáticos a sus estadios, y otros millones están pegados a las pantallas siguiendo las acciones como si estuviesen en el lugar.
Sin embargo, esto no siempre fue así.
Entre 1982 y 1985, tanto River como Boca atravesaban momentos de crisis futbolísticas que se vieron reflejadas en la sequía de títulos. En 1983, River culminó el Torneo Metropolitano en el penúltimo lugar con apenas 29 puntos, y en el puesto 17 en la tabla de promedios por el descenso (que condenaron a Nueva Chicago y a Racing). Boca, por su parte, además de una crisis deportiva, atravesaba una institucional que se vio reflejada en el partido donde sus jugadores de reserva debieron reemplazar a los titulares -que estaban de huelga- con una camiseta alternativa cuyos números estaban pintados con fibrón, sumado al posible remate de su estadio a fines de 1984.

Cuando se enfrentaban entre ellos, los estadios se encontraban a mitad de concurrencia como una muestra del desinterés en el público.
El paroxismo llegó el 5 de mayo de 1985 en la cancha de Gimnasia y Esgrima de Jujuy.
Domingo 5 de mayo de 1985, 12.30 hs.
Los altoparlantes del Estadio 23 de Agosto, acostumbrados a anunciar los nombres de los jugadores o noticias institucionales del club jujeño, se abrieron ese mediodía de domingo para avisarles a los pocos menos de 3500 espectadores que habían comprado su entrada para ver Boca - River, que el partido no se iba a jugar y que el dinero se les reintegraría en boleterías. El responsable de esto tenía nombre y apellido: Gustavo Sandoval.
Sandoval era un sargento ayudante del Ejercito Argentino que prestaba servicios en el Grupo 5° de Artillería con asiento en San Salvador de Jujuy. Menos de un año antes, había creado "Sandoval Producciones", una iniciativa personal para producir eventos con la que había organizado bailes de Carnaval, festivales de boxeo y, poco después, partidos de fútbol amistosos que incluían clubes de Buenos Aires.

En mayo de 1984, según reza la nota "¿River y Boca no le interesan a nadie?" de Gustavo Abascal publicado en la edición 3422 de El Gráfico del 7 de mayo de 1985, el empresario y sargento había organizado unos encuentros con River y eso le dejó buenos dividendos. Sin embargo, desde el primer momento en que este partido pensó en realizarse todo le salió mal.
Uno de los primeros traspiés fue la organización de la fecha: originalmente pensada para el 11 o 12 de mayo, Sandoval lo pasó para una semana antes, pero este simple cambio motivó algo que determinaría la escasa presencia de público: la mayoría de los trabajadores no habían cobrado para el día cinco. El otro traspié fue el horario del partido: esa misma tarde, Argentina iba a jugar un partido amistoso con Brasil en Bahía e iba a televisarse para todo el país a las cinco de la tarde. Como este encuentro iba a restar público, Sandoval dedujo que lo mejor sería adelantar el pitazo inicial. Entonces, Boca y River iban a jugar a las 13 horas del domingo 5 de mayo de 1985 en el Estadio 23 de Agosto de San Salvador de Jujuy.
Pero si todo había empezado mal, también iba a terminar mal.

El contrato que ambos equipos habían firmado era para que, además de disputarse el Superclásico, Boca enfrentase a Juventud Antoniana (partido que terminó 2-2) y River al mismo Lobo jujeño (goleó el equipo de Núñez por 3-0). En las boleterías de aquellos dos encuentros, los tickets ya mostraban un desinterés jugando ante estadios casi desiertos. Pese a la voluntad de ambos equipos por presentarse, el dinero prometido por contrato por Sandoval antes del primer encuentro no aparecía, mientras tanto las boleterías arrojaban muy pocas ventas de entradas.
Cerca del mediodía, el protesorero de Boca, Alfredo Bozzolasco, pudo hablar con el empresario y le dijo que Boca estaba dispuesto a acordar un trato, aceptando cheques sin fecha por el total del monto, pero Sandoval bajó la vista y dijo: "No puedo hacer nada, esto no da", y renunció a la posibilidad de que el Superclásico se jugase en la provincia de Jujuy.
Pocos minutos después, las 3500 personas que estaban en el estadio con capacidad para 25 mil, escucharon por los altoparlantes la cancelación definitiva del partido. Ni River ni Boca habían salido de sus hoteles.
Foto de portada e interiores: Archivo El Gráfico







































