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A LIBRO ABIERTO

Por Redacción EG · 02 de junio de 2008

Con Jorge Valdano en España, para no perderse ninguna respuesta.

 
En Madrid, Jorge Valdano juega de local en la confitería del Hotel Eurobuilding, a unas 15 cuadras del Santiago Bernabeú, un estadio que conoce desde todos los ángulos, porque allí gritó goles sobre el césped, celebró títulos en el banquillo, se alegró en la platea como simpatizante, analizó en las cabinas de transmisión como comentarista y hasta se codeó con las figuras de la aristocracia europea en los palcos VIP como Director General Deportivo del Real Madrid.
Se podría presumir que Valdano aún no pudo cortar su cordón umbilical con el club más poderoso del planeta, no sólo por el sitio donde convoca a la entrevista, sino también porque unos minutos después contará que es el Director General (¿qué otro cargo puede ocupar Valdano sino es el de Director General?) de la Escuela de Estudios Universitarios Real Madrid, un proyecto que ya se extendió a unos cuantos países de América, aunque explicará que del club merengue el plan sólo tiene el nombre.
Valdano juega de local en el Eurobuilding, también, porque luego de la entrevista realizará su sesión de gimnasio en el mismo edificio, rito que cumple religiosamente todos los días y que le ha servido para recuperarse del accidente en helicóptero que hace dos años casi lo manda a jugar picados al cielo.
-¿Te quedaron secuelas del accidente?
-Físicas, no. He tenido 30 fracturas de costillas, pero todos los días me meto en un gimnasio para hacer algo de deporte, y eso ha contribuido a la recuperación. En realidad, si no hubiera estado tan armado como estoy por ser deportista, quizás quedaba ahí, aplastado.
-¿Secuelas mentales sí quedan?
-Digamos que cambian algunas prioridades. En el momento en que caía, pensé que se terminaba todo, y como un relámpago aparecieron las cosas que no he dicho, las cosas que no he hecho y las cosas que he hecho de más. Entendí que ser rico es tener tiempo, tiempo para uno mismo. Eso conviene tenerlo muy claro, porque uno no lo gasta a voluntad, a veces la vida decide por vos si se termina o no.
-¿Al fútbol jugás?
-No, desde el accidente no he vuelto a jugar. En los primeros meses me daba miedo ir a buscar un corner al segundo palo y terminar desarmado, como Tupac Amarú.
-Te pasan cosas raras: hace poco salió la noticia de que terminaste internado por la mordedura de un perro ¿Cómo fue?
-Es que uno se va de Latinoamérica para escaparle a los perros y te muerden en Europa (risas). Estaba en casa, esperando el Colombia-Argentina, decidí ir a dar un paseo con mi perro, un Golden Retriever, con tan mala suerte que a un vecino se le había escapado su Bull Terrier. El perro del vecino atacó al mío, intenté interceder porque me lo comía, y cuando giró la cabeza me mordió en el dedo. Como esto siempre arriesga infecciones, estuve una semana en una clínica con antibióticos por vena y curaciones diarias. Al final, resultó que yo fui el hombre guardián de mi perro (risas).
-¿Fue una mordedura y nada más?
-Sí, porque su enemigo era mi perro. Si no era por mi perro todavía estoy con el otro colgado del dedo dándote la entrevista.
-Vayamos al fútbol. Fuiste jugador, DT, Director General, ¿cuál será tu próximo rol en el fútbol?
-No lo sé, porque salvo lo de jugador, lo demás no fue proyectado. Cuando llegué a Director General, el cargo ni siquiera existía, hubo que inventarlo pegando algunos codazos al entrenador y al presidente, porque es ahí, en el medio, donde hay que encontrar el lugar. El fútbol es un fenómeno tan cambiante que seguramente en el futuro encontraré algún lugar donde me sienta cómodo.
-La sensación es que como Director del Madrid apostaste más al marketing que al fútbol y fuiste contra tus principios
-Fue un debate abierto en aquel momento, pero todo hay que ponerlo en perspectiva. No olvidemos que llegamos a un club que estaba a punto de desaparecerlo tal y como lo conocemos, como una sociedad sin ánimo de lucro. Se arriesgaba a convertirse en Sociedad Anónima porque adeudaba 400 millones de euros y perdía a razón de 50 millones por temporada. Entonces, lo económico fue absolutamente prioritario. Los fichajes de Zidane, Ronaldo, Figo y Beckham apuntaron a dar una nueva dimensión futbolística y también a poner en valor el nombre del Real Madrid. El club era como un Rolls Royce lleno de polvo que estaba en un garaje y había que sacarle brillo otra vez. Bueno, aquel proyecto, además de darnos siete títulos, que se dice pronto pero que está por encima de la media de títulos del Real Madrid, tuvo la virtud de hacer desaparecer la deuda y de ganar dinero por primera vez en cien años.
-¡¿Por primera vez?!
-Sí, el Real Madrid perdió dinero durante 100 años. Se solventaba vendiendo jugadores y acumulando deuda, como todos los clubes del mundo, y en nuestra gestión empezó a ganar a razón de 50 millones por temporada. Creo que el gran error fue, una vez reconducido lo económico, no cambiar el acento del proyecto a lo estrictamente deportivo. La crisis empieza por defectos de diseño del plantel.
-¿Vos no entraste en contradicción con tus ideas?
-Yo he defendido siempre lo mismo, lo que pasa es que cuando uno está en un proyecto colectivo, no puede salir en las ruedas de prensa a decir en lo que estás de acuerdo y en lo que no.
-¿Estuviste de acuerdo en contratar a Beckham?
-Ehhhh, con algunas matizaciones. Igual, me parece más jugador de lo que la gente cree.
-Beckham es el ejemplo paradigmático del proyecto: comprar una imagen más que un jugador para vender camisetas en Asia.
-Digamos que fue el punto neurálgico del desenfoque. Beckham nos convirtió en otra cosa. Viéndolo desde una perspectiva, resultábamos ser más que un equipo de fútbol, pero viéndolo desde otra terminamos siendo menos que un equipo de fútbol. O sea: llegar con Bekcham a un aeropuerto está más cerca de llegar con los Rolling Stones que con un equipo de fútbol. Pero bueno, en todo caso hubo un momento de cambio del Real Madrid y la experiencia fue muy interesante, vamos.
-¿Vos no lo hubieras contratado?
-Beckham tendría que haber llegado, en todo caso, por Figo. De lo contrario uno de los dos tenía que jugar en un puesto que no era el suyo y jugando en un puesto que no es el suyo no conservan la misma categoría. Por eso hablo de defectos de diseño. Pero bueno, estuve cuatro años y llegó un momento en que pensé que nos debíamos concentrar más en lo deportivo. Como no estaba ocurriendo y veía que perdía batallas, preferí volverme a casa.
-¿El tanteo para saber si te interesaba ser DT de River antes de Simeone te movió el piso?
-No.
-¿Por qué?
-Porque tenía que manejar una realidad a la que estoy desacostumbrado. Yo estoy en un país eminentemente comprador y hubiera llegado a un país eminentemente vendedor. Estoy en un país eminentemente pacífico en términos futbolísticos, y hubiera llegado a un país y a un club que está en llamas. Son realidades que no estoy habituado a gestionar, por lo tanto no era la persona más adecuada. Ir a contar un cuento de hadas en un club en el que silban las balas...
-¿Valdano DT ya murió?
-No me animo a decir tanto pero ha quedado lejos.
 
 
Tácticas y jugadores; Messi, Maradona, Agüero, Riquelme; su visión europea del fútbol argentino. La lista de temas para hablar con Valdano puede ser tan larga como lo son en general sus respuestas, porque el hombre se involucra con pasión en la charla. La verdad que es un placer entrevistarlo, porque además del contenido siempre atractivo, sus opiniones ya vienen editadas, con punto, coma y punto y coma. No hay que tocarle casi nada.
-¿Está bien el premio de la FIFA a Kaká?
-Sí, digamos que se premia al jugador y lo que ese jugador ha sido capaz de hacer con su equipo Y Kaká fue una pieza esencial del Milan que ganó la Chamipons el año pasado y tiene un valor que es indiscutible de los grandes: en los partidos más difíciles, aparece. Ahí es Kaká.
-¿Cuál hubiera sido tu voto?
-Si fuera por capacidad de desequilibrio: Messi, Ronaldo y Kaká, en ese orden.
-¿Quiénes son los tres mejores argentinos?
-Messi, Mascherano y Tevez. De Tevez me gusta mucho esa expresión salvaje de futbolista de potrero que quiere demostrar, que tiene ese orgullo y que te lo muestra en Old Trafford. No hay escenario que le quede grande.
-¿Qué le falta a Messi para ser el mejor del mundo?
-Tiempo. Y un equipo con menos problemas que el Barcelona en la última temporada, que se parecen a los problemas que tuvo el Madrid en los últimos 3 o 4 años.
-¿A qué te referís?
-A la decadencia de una gran figura que termina contaminando todo el ambiente, el desenfoque de lo futbolístico por cuestiones de marketing. Y aunque el equipo sigue conservando el estilo, todo está un poco desdibujado. De todos maneras, más que de un equipo, Messi necesita de una pelota, entonces sigue dando señales de que estamos ante algo excepcional.
-¿Por qué en el Barcelona rinde más que en la Selección?
-En su equipo han aprendido a buscarlo aún estando marcado, y en la Selección hay jugadores que no entendieron que aún recibiendo de espaldas, apretado contra la raya y a 50 metros del arco, Messi le aumenta el peligro a cualquier jugada. Un poco lo que pasaba con Diego. El tema es que Diego era más expresivo, tenía una personalidad más volcánica. En el vestuario, antes del partido, venía y te decía: “aunque esté marcado, damela encima, que yo atraigo gente y te la devuelvo”. Bueno, en realidad hacía una promesa de devolución que nunca cumplía (risas). Creo que Argentina tiene ahí un arma que debe utilizar con más frecuencia.
-¿Dónde lo harías jugar?
-El dice que es mediapunta, yo creo que no, que siempre tiene el arco en la cabeza, eso es alma de delantero. Messi tiene un cohete en el culo, y ese tipo de jugadores son delanteros. Y le conviene salir pegado a la raya derecha porque encuentra posición de tiro con facilidad.
-¿Qué pensaste cuando le hizo el gol maradoniano al Getafe? Vos fuiste testigo privilegiado del otro...
-Primero me fui sobresaltando, claro, y cuando llegó al último momento, parecía una réplica, casi un milagro. No porque él no sea capaz de hacer algo parecido a lo que hizo Diego, el milagro es que el fútbol fue capaz de poner a todos los actores en el camino para que surja la asociación.
-¿Messi puede llegar a ser Maradona?
-No lo sé. Cuando Diego tenía la edad de Messi nos preguntábamos si podía ser Pelé y muchos creían que era imposible. Tiene que responder el tiempo y sobre todo Messi. Tienen algo en común: los dos dan la sensación de que en ningún lugar son más felices que dentro de una cancha. Y con la pelota en los pies. Entonces eso contribuye a defenderlo de la gran confusión que hay alrededor de un jugador de sus características.
-¿Qué confusión?
-Marketing, periodismo, todo ese tipo de propuestas antideportivas. Y Messi está mucho más cómodo en una cancha que en otro lado. Es un animal eminentemente futbolístico.
-¿Agüero puede ser Messi?
-Messi tiene tan desarrolladas algunas de sus virtudes que se repite a sí mismo. Agüero, en cambio, es más difícil de descifrar, tiene recursos más variados que los de Messi, y por edad daría la sensación de que hay ahí un margen de mejora que quizás nos pongan ante un talento superior.
-Hablemos de entrenadores, ¿el DT debe saber más de fútbol o más de grupos?
-Tiene que saber de fútbol y de seres humanos. Sin eso es muy difícil sobrevivir en este ambiente. La televisión ha uniformizado la información y tácticamente es muy difícil sorprender, todo el mundo copia a todo el mundo y la táctica tiene un límite. Para mí, la última revolución táctica fue la del Milan de Sacchi de fines de los 80. En cambio sobre el jugador se puede trabajar más, ahí es donde el entrenador termina haciendo diferencia.
-¿Cómo explicás un caso como el de Pellegrini-Riquelme?
-No conozco en detalle el tema pero da la sensación que el cortocircuito no tuvo que ver con el fútbol sino con la convivencia. Un entrenador tiene que velar por la salud del grupo, por lo tanto no me cuesta mucho entender a Pellegrini. Además hay que decir que Manuel tuvo el mérito de pasar de un equipo tremendamente dependiente de un jugador a armar un equipo que tiene una interpretación más coral del juego y lo hizo con muy buena nota, con un segundo puesto.
-¿Por qué Riquelme no terminó de imponerse en Europa?
-Porque es un jugador contracultural, un jugador que está enfrentado a todas las tendencias. Un jugador pensante, poco intenso, de gran protagonismo individual en un fútbol muy físico, muy colectivo y muy obediente.
-¿Qué harías vos en un caso así, con un jugador tan importante?
-A mí me pasó con Romario en Valencia. Romario tenía por contrato el derecho a salir de noche. El citaba a los medios de comunicación, que sabía que lo estaban buscando por toda la ciudad, en un sitio para que no se dispersaran, para que no lo volvieran loco. Los citaba a las tres de la mañana y listo, se iban tranquilos.
-Tenía privilegios.
-Sí, para mí no hay que meter a todos los futbolistas dentro de la misma horma porque no son todos iguales. Hay jugadores a los que hay que considerar artistas, expresiones individuales que si no sabemos gestionar, se pierden. Para mí valen los privilegios, pero es fundamental que el grupo sea maduro y pueda aceptarlo. En esos casos hay que educar al grupo para que aprenda a convivir con un cuerpo extraño, sobre todo si el grupo se confunde con mucha facilidad. Y especialmente con los latinos, porque los latinos no hacemos cola detrás de la norma, hacemos cola detrás de la excepción. Entonces el razonamiento es “si él sale de noche, yo salgo de noche”; “si él no corre, yo no corro”.... Bueno, pero previamente hay que ser Romario para tener esos privilegios, tenés que meter mil goles.
-¿Vos aceptaste sus privilegios, entonces?
-Sí. El había tenido conflictos la temporada anterior y se había ido. Cuando yo llegué pedí que volviera y en la pretemporada anduvo muy muy bien. En el último partido antes del comienzo del campeoanto se lesionó y cuando lo sacaban en camilla, lo vi muy claro: me pasó por la mente que el que salía en camilla no era él, era yo. Y así fue: me echaron al tercer partido. Y sin Romario.
-¿Qué te gusta y qué no de este fútbol?
-No me gusta que es demasiado uniforme, que rechaza lo distinto, y lo que ha hecho grande al fútbol es la diferencia. Se ha perdido el gusto por el riesgo y la experimentación. Los entrenadores saben que se juegan la vida en cada partido y eso los ha hecho conservadores. La prueba es el mando a distancia (por control remoto). El mando a distancia es un invento que habría que convertirlo casi en un plebiscito de un partido: quién se queda, quién se va, qué buscamos. Yo, si me analizo a mí mismo, aguanto cinco minutos el aburrimiento, si tenés cinco productos distintos para ver.
-¿Qué ves habitualmente?
-Si juega el Madrid, veo el Madrid aunque me aburra, porque soy del Madrid, pasa por la emotividad. Después, veo quién me ofrece más. Hay mucha gente que se ha hecho del Arsenal sólo porque juega bien, para seducir a los neutrales nunca ha importado tanto jugar bien como ahora.
-Jorge, por jugadores, ¿somos más de lo que nos creemos o nos creemos más de lo que somos?
-Nos creemos más de lo que somos. Pero eso hay que considerarlo una virtud. La vanidad, en el jugador argentino, es un motor que le permite tener una influencia determinante en cada club que conquista. Las potencias del fútbol argentino no las expresa sólo la Selección, la expresan cada uno de los jugadores en sus clubes y no sólo en los grandes, porque en cada equipo de segunda o tercera división hay un argentino que lidera el grupo. Eso tiene que ver con las enseñanzas de un país en donde todavía jugar mal al fútbol significa mucho.
-Batista, Brown, Enrique y Olarticoechea llegaron a las selecciones juveniles. ¿Es la hora de reconocer al campeón del 86?
-Ser campeón del mundo no te da ninguna autoridad moral para entrenar luego, estamos hablando de profesiones totalmente distintas. Si es sólo por el reconocimiento, que nos inviten a un asado alguna vez en la vida, que hace 20 años que somos campeones y no nos hemos reunido nunca más. Y que se esté atento a los problemas económicos de algunos jugadores del 78 y del 86, el reconocimiento debería pasar por ahí.
-¿Lo ves a Maradona para técnico de la Selección?
-Lo tiene que decidir él. Da la sensación de que le cuesta mantener una continuidad y ésta es una responsabilidad fuerte, que no admite altibajos. No sé en qué momento está Diego. De todas maneras, Diego es una divinidad, sobre eso caben pocas discusiones. Si hablamos de fútbol desde un punto de vista técnico, sentimental, no lo emparda nadie. Pero digamos seriamente que no tiene trayectoria como entrenador, y con una edad en la que todos los entrenadores consagrados ya han hecho algo, ¿no? Y este también es un trabajo que requiere de un cierto oficio, de una cierta gimnasia. No sé si la mejor chance es la Selección, eso depende mucho de Diego. Si hablamos de autoridad moral, no hay nadie que pueda tener más que él.
-Hace unos meses se armó una polémica por el supuesto perdón que pidió Diego a los ingleses por el gol con la mano. ¿Cómo lo analizás?
-Ahí hay un tema muy fuerte, porque en el inconsciente colectivo se nos sigue mezclando el partido contra Inglaterra con la guerra de Malvinas. Si hablamos en términos diplomáticos es imposible resolver mejor la cuestión que acuñando el término de “la mano de Dios”. Imposible. Si la usa otra vez no sería capaz de hacer en ese momento una síntesis más perfecta del gol. Sin decir nada, claro (risas). Diego tiene esa capacidad de síntesis a veces. Otras, se dispersa y es una bomba atómica, pero a veces se concentra y es capaz de meter los dedos en el enchufe, como en el Mundial de Italia, cuando dijo: “Nápoles, te piden ayuda una vez al año y te explotan el resto”. Aquello fue editorial política de los diarios más importantes de Italia.
-¿Qué hacemos con el Fair Play en ese gol?
-Y... es muy difícil, defenderlo desde el punto de vista ético es imposible.
-Pero...
-Pero el fútbol ha consagrado la picardía como un valor y los argentinos también hemos consagrado la picardía como un valor.
-¿Los europeos no tanto?
-No tanto, y los ingleses menos, por lo menos en lo que respecta al fútbol. Entonces tenemos que reconocer que el gol se parece a nosotros. Y no es una buena noticia (risas).
-Agüero contó en El Gráfico que los árbitros le siguen pasando facturas por un gol que metió con la mano y lo convalidaron...
-Es posible. También hay que decir que son trampas no proyectadas, son actos reflejos.
-También uno podría decirle al árbitro: “No lo cobre, la metí con la mano”.
-Todavía no hubo nadie con la fuerza de declararse culpable en medio de cien mil espectadores y de las presiones. Además, si somos del todo sinceros, en Argentina hay algo mucho peor que ser tramposo.
-¿Qué?
-Ser boludo. Entonces, claro, a uno le da miedo.

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