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River: Recalculando
Un GPS para guiar a River en su travesía inédita por el ascenso. ¿Con qué se encontrará? ¿De qué debe cuidarse? ¿Cómo volver a ponerse de pie?
Nota publicada en la edición agosto 2011 de la Revista El Gráfico
“Con el descenso estoy sumido en una situación de irrealidad más que de dolor. Soy la generación intermedia que debe contener. A mi hijo Ignacio, de 11, que se encerró en el baño a llorar desde que Pavone erró el penal hasta la noche. Y a mi tío, de 83, que me hizo de River contra la voluntad de mi viejo, bostero de aquellos. A mi tío lo llevaron a la inauguración del Monumental cuando tenía la edad de mi hijo, vio a La Máquina y ahora me dice -y no tengo respuesta-: ‘No quiero morirme con River en la B’. Este descenso confirma que el fin del mundo está cercano. Probablemente en 2012, como asegura la profecía maya”.
Alfredo Alegre tiene 49 años, trabajó como periodista en El Gráfico y es hincha de River. Su testimonio conmueve. Es una tragedia más. Futbolera pero tragedia al fin, no se le puede bajar la calificación. Tragedia única, personal e intransferible, como tipificaría algún ente oficial. Hay más de 10 millones de estas historias. Como la del Tano Pasman, que hizo furor porque representa con patética crudeza la impotencia del hincha. Sentarse en la confitería del club a charlar con un grupo de socios permite descubrir el dolor después del dolor. El alma aún habitada por malezas heladas.
Ya está. La cicatriz permanecerá por siempre. Podrá achicarse, hacerse casi invisible con los años y las alegrías por venir, pero no existirá vuelta olímpica que logre hacerla desaparecer. Uno pasará el dedo por la piel y allí aún estará la huella del descenso. Las hinchadas rivales se encargarán de recordarlo.
Ya está. Ahora hay que levantar la cabeza y jugar. ¿Qué debe hacer River para volver a Primera el año que viene? Esa era la pregunta inicial que nos planteamos hace unas semanas. ¿Qué camino seguir para que el tránsito no sea insoportable, General Paz a las 7 de la tarde un día de semana? Con voces de dirigentes, entrenadores y jugadores proponíamos cargar un GPS que guiara a la atribulada familia riverplatense para el retorno inmediato. Hoy, con la revolución del “Ascenso para todos”, la respuesta es sencilla y directa: River debe sumar 50 puntos, no quedar entre los últimos cuatro promedios de la B Nacional para estar otra vez en la elite el año que viene. River es un monstruo grande y pisa fuerte, por eso su caída sacudió los cimientos más profundos del fútbol argentino. Y lo obligó a un cambio radical.
El análisis, igual, no puede obviarse por varios motivos: 1) Recién en octubre se aprobaría el nuevo campeonato de 38 equipos y en la Argentina lo que hoy es “A” mañana puede ser “B”, no olvidemos de que en el medio hay una elección para presidente de la Nación; 2) Por un deber moral: así como bajó por sus errores, debe subir por mérito propio, sin mendigar ayuda; 3) No hay espacio en el corazón de los hinchas para más disgustos, ni siquiera para un mes de medianía, el impulso es salir a arrasar boleterías y tablas de posiciones; 4) Nunca se puede subestimar un promedio: por hacerlo, River sufrió su primer descenso en la historia, no vaya a ser cosa que le suceda de vuelta.
Entonces, repetimos: ¿qué debe hacer River para volver el año que viene? “Recalculando”, advierte la gallega del GPS. Allí vamos…
EL FACTOR FUTBOLISTICO
Héctor Rivoira conoce bien la categoría. Tiene tres ascensos a la A, dirigió a Central el año pasado y hoy conduce a Chacarita. “Será el partido que todos los jugadores esperan –asegura-. Contra River darán un plus. Me pasó en Central. Los equipos nos jugaban a muerte y al partido siguiente no daban ni el 50%, yo me quería morir. Solo dos canchas son chicas: las de Patronato y Merlo. Sí te complican los viajes para trabajar en la semana. Y que no haya torneo de Reserva, porque no podés tener a todo el plantel en competencia”.
El de Merlo es el estadio más chico de la categoría, con capacidad para 7.500 personas. A Merlo le dicen Los Charros y su estadio se llama José Manuel Moreno. Sí: uno de los máximos cracks del semillero riverplatense dirigió al equipo en 1977/78. Y murió en Merlo. Por eso, el homenaje. Si hay alguna foto por allí, habrá que ponerle una venda en los ojos, no vaya a ser cosa que vea la Banda y se quiera morir de nuevo.
Otra voz válida es la de Jorge Ghiso. Se formó en River, dirigió su Reserva en tiempos de Pellegrini y tiene un ascenso a la A con Quilmes. Hoy dirige a Independiente Rivadavia, segundo rival del Millo. “Es un error pensar que River subirá al toque –razona Vitrola-. Estará entre los mejores cuatro, pero se va a encontrar con muchos equipos de lucha en el medio, que se le meterán atrás. Hay gran paridad. La categoría es dura. Además, imagino que los jugadores de River se fastidiarán. Casi no tenés espacios para recibir. Los vestuarios son más humildes y eso a algunos los puede motivar y a otros bajonear. Hay que estar bien de la cabeza. De todos modos, se debe jugar bien... Yo siempre aposté a jugar y llevé chicos técnicamente dotados que no tenían lugar en River. Fueron figuras en el ascenso”.
Gabriel Anello, referente periodístico del ascenso en La Red, reafirma la idea: “La brecha entre la A y la BN es corta. Hay equipos con diferentes necesidades. Merlo es un equipo duro que aprovecha la pelota parada y lo esperará. Atlético Tucumán se le plantará de igual a igual. Cuidado: muchos equipos jugarán el partido más importante de su historia ante River. En esos casos, se potencian, te comen la yugular. Habrá que ver cómo le cae en lo psicológico al jugador de River estar en la BN. Deberá adaptarse a la categoría. El tema es cuánto tardará en acomodarse”.
El periodista Eduardo Ramenzoni, otra referencia del ascenso, camina en la misma dirección. “River debe entender que juega en otra categoría, tiene que cambiar el chip –explica el Ruso-. Enfrentará jugadores a los que ni conoce y que no se van a achicar. Tendrán que adaptarse al roce, a la dureza, a árbitros más permisivos. River tiene todas las posibilidades para ascender, pero esto no se define en la primera rueda, deberá tener paciencia y tranquilidad. Y es clave la unidad dirigencial para afrontar esta experiencia inédita”. Justamente el institucional es un tema que merece atención y desarrollaremos más abajo.
Pero seguimos con lo futbolístico. Los primeros que se tiraron de cabeza para enarbolar la bandera del operativo retorno fueron tres hombres que sienten a River en el alma: Almeyda, Cavenaghi y el Chori Domínguez. A los dos últimos, que un minuto después de consumado el descenso ya estaban tirando paredes con sus celulares (sms), dándose manija para volver, aún resignando muchísimo dinero, difícilmente los incomoden las asperezas de la BN, cuando jugaron con los osos polares rusos.
“He jugado con 15 grados bajo cero, nevando, sin poder ver la pelota. En el vestuario me masajeaban con unas cremas que te prendían fuego las piernas. Usaba guantes y orejeras y en el entretiempo tenía que tomar té o café”, le contó el Torito a El Gráfico hace unos años. Las vivencias del Chori no le van atrás: “Llegué a Kazán y la concentración no tenía TV ni teléfono en las habitaciones, había un baño con dos inodoros para 30 y una feta de fiambre era más cómoda que el colchón donde dormíamos. En el banco muchos se ponían zapatillas en vez de botines para sentir los dedos. En Rusia aprendí a tocar rápido porque pegaban mucho, había demasiada fricción”. Se puede decir que los muchachos están curtidos. No sufrieron graves lesiones, la única incógnita pasa por ver cómo responden a la escasa actividad de los últimos meses. Igual, estén como estén, hay que aplaudir el espíritu amateur que los impulsó a regresar al club en su hora más difícil.
El amor de Almeyda por la camiseta es conocido. Iba a ser el DT de River en Primera, pero hubo que recalcular. “El lunes después de Belgrano yo llamé a Passarella y le dije que tenía mucha fuerza para sacar adelante a River. Voy a estarle agradecido eternamente por darme la posibilidad”, admitió el Pelado, transparente como el agua. O sea: no fue el presidente quien lo buscó para cubrirse con su idolatría, sino el propio Matías quien tiró de la soga.
Almeyda no tiene experiencia y es una incógnita como DT. A favor hay que decir que conoce el plantel al detalle, que tiene carisma, ascendencia sobre sus excompañeros y unas ganas locas de sacar esto adelante. Le da bronca que le pongan signos de interrogación a su capacidad, porque él se siente capaz.
“Yo creo en el fútbol, River tiene que estar preparado para jugar un clásico como si fuera contra Boca, la mentalidad debe ser esa, hay que inculcarles que River es un grande y debe volver a Primera jugando bien al fútbol, cosa que últimamente no hizo. Pero ojo: también deseo un equipo agresivo, físico y combativo”, señaló a modo de presentación. Ya avisó que su esquema preferido es un 4-4-2, sin enganche, y con mucha llegada por las bandas. Martín Aguirre y Carlos Sánchez le aportarán esa agresividad que le faltó en los últimos torneos. Fabián Bordagaray, de escaso rodaje en 2011, también practicó como mediocampista externo. Pero atención: sin Lamela ni Lanzini, River no tendrá enganche. No hay plan B en caso de ser necesario.
“River tiene una historia y no se la debe traicionar –afirma Agustín Alayes, 87 partidos jugados con Quilmes en la BN-. Vamos a tratar de ser protagonistas como siempre fue River. Será importante construir una mentalidad sólida. Es un torneo largo, tendremos que estar preparados mentalmente para el caso de que llegue alguna racha no deseada”.
Caruso Lombardi, un bicho con 25 años de ascenso, aporta su certero ojo clínico: “En el Monumental, River puede jugar como siempre y prevalecerán los jugadores rápidos porque hay más espacio, pero de visitante será distinto. En Merlo, Varela y Patronato te meten 40 centros por tiempo, y si no tenés tipos altos que rechacen todo, se te va a complicar”.
Darío Villarroel, además de periodista y exvicepresidente de Chacarita, es asesor de Julio Grondona. Conoce del tema. “River no se va a comer a los chicos crudos –anticipa-, ya no existen más las goleadas. Va a tardar 5 o 6 partidos en adaptarse. Acá te marca Paez, que te muerde la oreja, no es Tuzzio, que te respeta. En la B son más soldados que jugadores de fútbol, ningún equipo es vistoso. Jugar bien no es jugar lindo. En la BN, los arqueros y defensores te definen los torneos. Se te meten atrás, hay mucha presión, mucha marca, no podés recibir y darte vuelta. Si vas 0-0 en Patronato, cerrá el partido porque es un puntazo”. Y advierte: “River tiene que sacar 50 puntos; nosotros en 2004 bajamos a la BN y sumamos 45, fuimos a la Promo y gracias a dos empates con Platense no bajamos a la B Metro. Cuidado”.
El de Rosario Central es un caso testigo. Arrancó pensando que con la camiseta alcanzaba y terminó perdiendo más partidos de los ganados (16 a 14). Ante los primeros cimbronazos se deprimió, cambió de DT dos veces, su dirigencia no estuvo unida y con 50 puntos quedó lejos del ascenso. Tuvo apenas un colchón de 3 equipos para no jugar la Promo de abajo. Es muy difícil “rebotar” en la BN: en los últimos 10 años, solo 2 equipos consiguieron ascender un año después de bajar. Fueron Olimpo en 2007 y Godoy Cruz en 2008.
Racing necesitó dos temporadas para regresar. “Me fui llorando de varias canchas, porque perdíamos y todos te cargaban. Hay que tener un temple muy especial para bancarte eso –confiesa Juan Destéfano, integrante de una Comisión de notables convocada por el entonces presidente Taddeo-. El primer año trajimos a jugadores de calidad y le pifiamos. En el segundo, armamos la Selección de la B y subimos. Terminaban los partidos, juntábamos la plata de la recaudación y se la llevábamos enseguida al plantel, para que estuvieran al día. Dentro de la Comisión discutíamos, nos peleábamos, pero estábamos unidos. La receta para salir es la unidad. Passarella debería convocar a Santilli, Caselli, Davicce, D’Onofrio, a todos. Otra no hay. Hoy, River es una incógnita. La pata a la sota se la va a ver en las primeras fechas, que serán clave”.
EL FACTOR INSTITUCIONAL
Passarella no la tendrá fácil. Por más que el “Ascenso para todos” le haya despejado la ruta, la situación interna del club es delicada. Los sponsors no se bajaron, la venta de Lamela acercó dinero fresco y el conmovedor acompañamiento del hincha bate récords de venta de camisetas, visitas guiadas al Monumental, pedidos para asociarse y consumo de merchandising, según asegura Torneos y Competencias División Licencias. Pero Passarella maneja un club con un pasivo de 250 millones de pesos y tiene delante a socios dolidos y a dirigentes enojados. Cuando Rosario Central se fue a la BN, el presidente Usandizaga no solo renunció sino que se tuvo que ir de la ciudad. Huracán bajó y Babington debió llamar a elecciones anticipadas. En Núñez no hubo ni una renuncia. Y esto indigna a buena parte de la comunidad. La primera reunión de Comisión Directiva tras el descenso fue escandalosa.
“Es un difícil momento que atraviesa el club y lo afrontaremos con mucha entereza, mucha entrega y mucha humildad”, anunció Passarella al presentar a los refuerzos. Humildad es el valor que más le reclaman sus pares. No se le puede adjudicar la responsabilidad absoluta del descenso. Ni siquiera el 50%. Sin embargo, Passarella tuvo más de una chance para convocar a la unidad y no lo hizo. Todavía está a tiempo.
“Para ascender rápido es vital la unidad de la familia riverplatense, pero la soberbia, la difamación y la irresponsabilidad de Passarella atentan seriamente contra esto –se descarga Antonio Caselli, 3° en las últimas elecciones-. Su falta de planificación, subestimar la situación y pelearse con todos, lo pinta tal cual es. Y así seguirá. Va a quedar en la historia como el presidente que mando a River a la B y eso no tiene perdón”.
Caselli entró a la CD de River con Aguilar pero a los tres meses se abrió porque no estuvo de acuerdo con la venta de los 16 juveniles a un grupo inversor. Se presentó para ser presidente en 2009 y llegó a un acuerdo con Passarella. De hecho, el Kaiser ganó la elección por los votos de Caselli. Al asumir, ambos se tiraban flores. “A los tres días lo invité a una cena en casa con su esposa –continúa Caselli- y me confesó que se había preparado para la campaña pero no para gobernar. No dudé un segundo y le di toda mi carpeta con los proyectos y los números de teléfono de los bancos que ayudarían al club. Le traía a Bolatti por 200 mil dólares pero me dijo que River no jugaba con doble cinco. A Cvitanich por 200 mil y tampoco lo quiso. Le acerqué una empresa que tiene el software más sofisticado del mundo en ingresos a los estadios. Me pidió que los citara y no los quiso recibir. Un papelón. Ahí dije basta. Espero de todo corazón que el equipo arranque bien y que termine su mandato de la mejor manera, pero si los resultados no se dan, la gente va a ser fundamental con su presencia, participación y presión”.
Alfredo Davicce, con 81 años de edad y 60 dentro del club, posee una mirada crítica pero más contemplativa. Davicce fue el presidente que puso a River 1° en el ranking mundial hace 15 años. Trató con Antonio Liberti antes de que le cediera su apellido al estadio y capeó desde adentro múltiples crisis. Se lo puede considerar algo así como el padrino del Passarella DT: fue quien lo inició en la profesión apenas ganó las elecciones de 1989.
“Daniel debe abrir los brazos, aunque le cueste –destaca Don Alfredo-, no sé por qué está convencido de que puede solo. Nadie puede solo. Yo también viví épocas duras como presidente. Y siempre miré alrededor, busqué gente con la que pudiera contar, tomé distancia de las opiniones permanentes y escuché lo que opinaban otros para sacar conclusiones. Tiene que sumar asesores de fútbol. Yo tenía como interlocutores a Enzo Genonni, Pipo Rossi, Delem, discutíamos noches enteras. Les preguntaba, sumaba información. No sé si Daniel cuenta con esa gente, pero debe encontrarla”.
Davicce se puso a disposición de Passarella antes de que se jugara la fatídica Promoción. Lo llamó, le dejó mensajes, le escribió una carta de puño y letra que le dejó a su secretaria, destacando que contara con él para lo que fuera, sin intenciones de exposición mediática. El presidente jamás le respondió. Son actitudes que Passarella debería cambiar por el bien de River. Aunque el daño grave ya esté hecho, más vale tarde que nunca.vicce-, hay que respetar la investidura presidencial, empezando por quien la ostenta. Entonces tomate dos alplax, escuchá a los opositores pero cumplí con el estatuto y llamá a reuniones de CD. Daniel dio muestras de que intenta cambiar. Fue a la AFA, puso la cara en Directiva, pero es insuficiente. La oposición, del mismo modo, debería mostrar grandeza para acompañar. Me encantaría ayudar, ya a esta altura no tengo interés político. Si me llama Passarella voy corriendo”.
Hugo Santilli es el otro gran presidente exitoso en la historia de River. A Passarella lo conoce bien. Gestionó sus dos ingresos al club como futbolista. Dice: “Fue un grandísimo jugador, pero como presidente todavía no terminó el curso. Le faltó vestuario, presencia. En mi época vivíamos con el plantel. ¡Mirá vos a quién le faltó vestuario!... A un tipo que fue campeón del mundo con la Selección, ¿cómo no se dio cuenta? No lo puedo creer. Consiguió entrar en el libro Guinness de la historia. Mirá que es muy difícil mandar a River a la B, eh”.
Despojado de la ironía, no observa en Passarella a un líder aglutinador: “Es una obligación convocar a la unidad de la familia riverplatense, forma parte de una actitud de grandeza que no noto en Passarella. Liberti renunció por perder una final de Libertadores en 1966 y por mucho más este hombre no puso su renuncia ni la del Consejo de Fútbol a disposición. Saber de fútbol no pasa por haber sido un buen jugador o un gran DT. Liberti era un gordo que no pateaba una pelota y Amalfitani más o menos lo mismo. Y creo que algo sabían”.
Santilli, que tiene a su hijo Darío en la CD, cierra con una declaración de principios ciertamente desoladora: “Aglutinar tras grandes objetivos no pasa por el encantamiento personal. No es necesario que lo quieran a uno. Cuando alguien transmite esos objetivos, une a la familia y logra el respeto y la fortaleza de la conducción. Hoy, River tiene una debilidad intrínseca y está fenomenalmente dividido”.
Osvaldo Riganti, dirigente entre 1979 y 2005, no tiene dudas del camino: “En instancias complicadas como esta, hace falta confluencia riverplatense bien intencionada, sin distinción de banderías, sin agravios y sin señalar con el dedo acusador al pasado. River así salió en sus momentos más duros, recuerdo especialmente el caso de Aragón Cabrera, cuando asumió en el 74 por la renuncia de Kent. Al año se terminó la noche de los 18 años”.
Esteban Furlan, integrante de la guardia joven de dirigentes, también le pide a gritos al presidente que se acerque al socio: “Hay algo fundamental, Passarella no se hizo cargo de la parte humana. Hay muchos socios con daños psicológicos que no pudieron volver al club todavía. No se hizo cargo del sentimiento del socio, les tendría que haber hablado. Si no hace eso, no va a salir nunca de este pozo”.
La lista de reclamos y críticas al presidente es larguísima. El dolor es demasiado profundo. José María Aguilar tiene una cuota muy grande de responsabilidad en el descenso, mayor que la del actual presidente, pero Passarella no actuó como lo requería la situación. Tarde para reforzar el plantel, tarde para amigarse con Grondona y con Cavenaghi, tarde para acompañar al equipo, para regresar a la AFA y para ver que JJ no podía enderezar el barco.
José Ballota, exvicepresidente de Davicce, con 72 años de socio y 50 de economista, mira un poco más allá de la pelota de fútbol: “El actual es más un problema económico que deportivo. Por más que entren 80 millones por venta de jugadores, habrá pedidos de quiebra, se les debe un fangote a las cuevas financieras, te matan con los intereses. Hoy hay equipos oficiales del club, como el de waterpolo, que no tienen ni para pagarse el traslado. Para mí, la única que le queda a River es presentarse en Concurso de Acreedores, así para todos los juicios y te podés ordenar”.
Matías Patanian, vocal por la minoría, también focaliza en la economía. Algo entiende: es director de Aeropuertos 2000 y le bochó 7 de los 8 balances a Aguilar. “Hay que profesionalizar ciertos sectores del club. Marketing, Comunicación y el área financiera tienen que estar en manos de profesionales del mercado. River le puede sacar el gerente de Marketing a Visa, a Coca Cola, a las más grandes. Para que el Fideicomiso pueda salir de una vez, necesitás dar credibilidad hacia afuera. Si uno va a bancos o empresas y muestra su fracaso, será difícil que lo apoyen”.
En relación a la posibilidad de una convocatoria a la unidad, Patanian no desborda optimismo: “Antes de la Promoción hablé dos veces con Passarella para ver cómo podíamos ayudar. Me lo agradeció pero me contestó que no se sentía cómodo juntándose con todos y terminó diciendo que me quedara tranquilo, que nos íbamos a salvar. Me puse a disposición, como me pongo ahora. Debe llamar a la gran unidad pero no de boquilla. Ese es un rol que depende pura y exclusivamente de quien conduce. Tiene que convocar a excandidatos, expresidentes, oposición y repartir los roles para ver cómo salir adelante. Con su gestión no pudo y no veo indicios de que lo pueda sacar”.
De fútbol también habla. “Tenemos que ascender en seis meses, no en un año –piensa-. Como enfermo de River antes que dirigente, espero que Passarella termine exitosamente este mandato, pero si no cambia 180 grados va a ser complicado. Un ejemplo de ego y soberbia fue decirle que no a Camoranesi por estar peleado con su representante. Tuvo ego Passarella, tuvo ego Fillol al irse en un momento caliente, tuvo ego Carrizo al no pedir perdón y también Jota Jota al no llamar a Buonanotte. Demasiado ego para que nos vaya bien. Eso debe cambiar”.
Diego Quintás, otro de los dirigentes jóvenes con mayor proyección, responsable de los excelentes últimos años del fútbol amateur en el final de la gestión Aguilar (a propósito, ¿por qué echar a un hombre de probada capacidad como Gabriel Rodríguez si había hecho las cosas bien y hoy se ven sus frutos en las Selecciones juveniles?), le pide al presidente que esté más cerca del plantel y ve un escenario complicado si los resultados no se dan: “Si arranca mal, el clima se va a poner espeso porque la gente todavía está muy dolida. Se van a profundizar esas heridas no cerradas. No me gustan los golpes de estado. A los gobiernos no los echan los políticos sino la gente”.
Faltan solo días. River se prepara para afrontar una experiencia inédita. Será víctima de las cargadas más despiadadas. Y tendrá un acompañamiento colosal de su gente para sacar la cara después de la tragedia.
Por Diego Borinsky y Darío Gurevich

EL CHORI con sus compañeros. El delantero dio la cara por el club de sus amores. Junto con el Torito, hasta resignaron plata para ayudar a River.
Alfredo Alegre tiene 49 años, trabajó como periodista en El Gráfico y es hincha de River. Su testimonio conmueve. Es una tragedia más. Futbolera pero tragedia al fin, no se le puede bajar la calificación. Tragedia única, personal e intransferible, como tipificaría algún ente oficial. Hay más de 10 millones de estas historias. Como la del Tano Pasman, que hizo furor porque representa con patética crudeza la impotencia del hincha. Sentarse en la confitería del club a charlar con un grupo de socios permite descubrir el dolor después del dolor. El alma aún habitada por malezas heladas.
Ya está. La cicatriz permanecerá por siempre. Podrá achicarse, hacerse casi invisible con los años y las alegrías por venir, pero no existirá vuelta olímpica que logre hacerla desaparecer. Uno pasará el dedo por la piel y allí aún estará la huella del descenso. Las hinchadas rivales se encargarán de recordarlo.
Ya está. Ahora hay que levantar la cabeza y jugar. ¿Qué debe hacer River para volver a Primera el año que viene? Esa era la pregunta inicial que nos planteamos hace unas semanas. ¿Qué camino seguir para que el tránsito no sea insoportable, General Paz a las 7 de la tarde un día de semana? Con voces de dirigentes, entrenadores y jugadores proponíamos cargar un GPS que guiara a la atribulada familia riverplatense para el retorno inmediato. Hoy, con la revolución del “Ascenso para todos”, la respuesta es sencilla y directa: River debe sumar 50 puntos, no quedar entre los últimos cuatro promedios de la B Nacional para estar otra vez en la elite el año que viene. River es un monstruo grande y pisa fuerte, por eso su caída sacudió los cimientos más profundos del fútbol argentino. Y lo obligó a un cambio radical.
El análisis, igual, no puede obviarse por varios motivos: 1) Recién en octubre se aprobaría el nuevo campeonato de 38 equipos y en la Argentina lo que hoy es “A” mañana puede ser “B”, no olvidemos de que en el medio hay una elección para presidente de la Nación; 2) Por un deber moral: así como bajó por sus errores, debe subir por mérito propio, sin mendigar ayuda; 3) No hay espacio en el corazón de los hinchas para más disgustos, ni siquiera para un mes de medianía, el impulso es salir a arrasar boleterías y tablas de posiciones; 4) Nunca se puede subestimar un promedio: por hacerlo, River sufrió su primer descenso en la historia, no vaya a ser cosa que le suceda de vuelta.
Entonces, repetimos: ¿qué debe hacer River para volver el año que viene? “Recalculando”, advierte la gallega del GPS. Allí vamos…
EL FACTOR FUTBOLISTICO
Héctor Rivoira conoce bien la categoría. Tiene tres ascensos a la A, dirigió a Central el año pasado y hoy conduce a Chacarita. “Será el partido que todos los jugadores esperan –asegura-. Contra River darán un plus. Me pasó en Central. Los equipos nos jugaban a muerte y al partido siguiente no daban ni el 50%, yo me quería morir. Solo dos canchas son chicas: las de Patronato y Merlo. Sí te complican los viajes para trabajar en la semana. Y que no haya torneo de Reserva, porque no podés tener a todo el plantel en competencia”.
El de Merlo es el estadio más chico de la categoría, con capacidad para 7.500 personas. A Merlo le dicen Los Charros y su estadio se llama José Manuel Moreno. Sí: uno de los máximos cracks del semillero riverplatense dirigió al equipo en 1977/78. Y murió en Merlo. Por eso, el homenaje. Si hay alguna foto por allí, habrá que ponerle una venda en los ojos, no vaya a ser cosa que vea la Banda y se quiera morir de nuevo.
Otra voz válida es la de Jorge Ghiso. Se formó en River, dirigió su Reserva en tiempos de Pellegrini y tiene un ascenso a la A con Quilmes. Hoy dirige a Independiente Rivadavia, segundo rival del Millo. “Es un error pensar que River subirá al toque –razona Vitrola-. Estará entre los mejores cuatro, pero se va a encontrar con muchos equipos de lucha en el medio, que se le meterán atrás. Hay gran paridad. La categoría es dura. Además, imagino que los jugadores de River se fastidiarán. Casi no tenés espacios para recibir. Los vestuarios son más humildes y eso a algunos los puede motivar y a otros bajonear. Hay que estar bien de la cabeza. De todos modos, se debe jugar bien... Yo siempre aposté a jugar y llevé chicos técnicamente dotados que no tenían lugar en River. Fueron figuras en el ascenso”.

LA NUEVA FACETA: el Pelado Almeyda DT. Se calzó el buzo de entrenador inmediatamente después de colgar los cortos. Todo sea por sacar a River de la peor situación de su historia.
El periodista Eduardo Ramenzoni, otra referencia del ascenso, camina en la misma dirección. “River debe entender que juega en otra categoría, tiene que cambiar el chip –explica el Ruso-. Enfrentará jugadores a los que ni conoce y que no se van a achicar. Tendrán que adaptarse al roce, a la dureza, a árbitros más permisivos. River tiene todas las posibilidades para ascender, pero esto no se define en la primera rueda, deberá tener paciencia y tranquilidad. Y es clave la unidad dirigencial para afrontar esta experiencia inédita”. Justamente el institucional es un tema que merece atención y desarrollaremos más abajo.
Pero seguimos con lo futbolístico. Los primeros que se tiraron de cabeza para enarbolar la bandera del operativo retorno fueron tres hombres que sienten a River en el alma: Almeyda, Cavenaghi y el Chori Domínguez. A los dos últimos, que un minuto después de consumado el descenso ya estaban tirando paredes con sus celulares (sms), dándose manija para volver, aún resignando muchísimo dinero, difícilmente los incomoden las asperezas de la BN, cuando jugaron con los osos polares rusos.
“He jugado con 15 grados bajo cero, nevando, sin poder ver la pelota. En el vestuario me masajeaban con unas cremas que te prendían fuego las piernas. Usaba guantes y orejeras y en el entretiempo tenía que tomar té o café”, le contó el Torito a El Gráfico hace unos años. Las vivencias del Chori no le van atrás: “Llegué a Kazán y la concentración no tenía TV ni teléfono en las habitaciones, había un baño con dos inodoros para 30 y una feta de fiambre era más cómoda que el colchón donde dormíamos. En el banco muchos se ponían zapatillas en vez de botines para sentir los dedos. En Rusia aprendí a tocar rápido porque pegaban mucho, había demasiada fricción”. Se puede decir que los muchachos están curtidos. No sufrieron graves lesiones, la única incógnita pasa por ver cómo responden a la escasa actividad de los últimos meses. Igual, estén como estén, hay que aplaudir el espíritu amateur que los impulsó a regresar al club en su hora más difícil.
El amor de Almeyda por la camiseta es conocido. Iba a ser el DT de River en Primera, pero hubo que recalcular. “El lunes después de Belgrano yo llamé a Passarella y le dije que tenía mucha fuerza para sacar adelante a River. Voy a estarle agradecido eternamente por darme la posibilidad”, admitió el Pelado, transparente como el agua. O sea: no fue el presidente quien lo buscó para cubrirse con su idolatría, sino el propio Matías quien tiró de la soga.
Almeyda no tiene experiencia y es una incógnita como DT. A favor hay que decir que conoce el plantel al detalle, que tiene carisma, ascendencia sobre sus excompañeros y unas ganas locas de sacar esto adelante. Le da bronca que le pongan signos de interrogación a su capacidad, porque él se siente capaz.
“Yo creo en el fútbol, River tiene que estar preparado para jugar un clásico como si fuera contra Boca, la mentalidad debe ser esa, hay que inculcarles que River es un grande y debe volver a Primera jugando bien al fútbol, cosa que últimamente no hizo. Pero ojo: también deseo un equipo agresivo, físico y combativo”, señaló a modo de presentación. Ya avisó que su esquema preferido es un 4-4-2, sin enganche, y con mucha llegada por las bandas. Martín Aguirre y Carlos Sánchez le aportarán esa agresividad que le faltó en los últimos torneos. Fabián Bordagaray, de escaso rodaje en 2011, también practicó como mediocampista externo. Pero atención: sin Lamela ni Lanzini, River no tendrá enganche. No hay plan B en caso de ser necesario.
“River tiene una historia y no se la debe traicionar –afirma Agustín Alayes, 87 partidos jugados con Quilmes en la BN-. Vamos a tratar de ser protagonistas como siempre fue River. Será importante construir una mentalidad sólida. Es un torneo largo, tendremos que estar preparados mentalmente para el caso de que llegue alguna racha no deseada”.
Caruso Lombardi, un bicho con 25 años de ascenso, aporta su certero ojo clínico: “En el Monumental, River puede jugar como siempre y prevalecerán los jugadores rápidos porque hay más espacio, pero de visitante será distinto. En Merlo, Varela y Patronato te meten 40 centros por tiempo, y si no tenés tipos altos que rechacen todo, se te va a complicar”.
Darío Villarroel, además de periodista y exvicepresidente de Chacarita, es asesor de Julio Grondona. Conoce del tema. “River no se va a comer a los chicos crudos –anticipa-, ya no existen más las goleadas. Va a tardar 5 o 6 partidos en adaptarse. Acá te marca Paez, que te muerde la oreja, no es Tuzzio, que te respeta. En la B son más soldados que jugadores de fútbol, ningún equipo es vistoso. Jugar bien no es jugar lindo. En la BN, los arqueros y defensores te definen los torneos. Se te meten atrás, hay mucha presión, mucha marca, no podés recibir y darte vuelta. Si vas 0-0 en Patronato, cerrá el partido porque es un puntazo”. Y advierte: “River tiene que sacar 50 puntos; nosotros en 2004 bajamos a la BN y sumamos 45, fuimos a la Promo y gracias a dos empates con Platense no bajamos a la B Metro. Cuidado”.
El de Rosario Central es un caso testigo. Arrancó pensando que con la camiseta alcanzaba y terminó perdiendo más partidos de los ganados (16 a 14). Ante los primeros cimbronazos se deprimió, cambió de DT dos veces, su dirigencia no estuvo unida y con 50 puntos quedó lejos del ascenso. Tuvo apenas un colchón de 3 equipos para no jugar la Promo de abajo. Es muy difícil “rebotar” en la BN: en los últimos 10 años, solo 2 equipos consiguieron ascender un año después de bajar. Fueron Olimpo en 2007 y Godoy Cruz en 2008.
Racing necesitó dos temporadas para regresar. “Me fui llorando de varias canchas, porque perdíamos y todos te cargaban. Hay que tener un temple muy especial para bancarte eso –confiesa Juan Destéfano, integrante de una Comisión de notables convocada por el entonces presidente Taddeo-. El primer año trajimos a jugadores de calidad y le pifiamos. En el segundo, armamos la Selección de la B y subimos. Terminaban los partidos, juntábamos la plata de la recaudación y se la llevábamos enseguida al plantel, para que estuvieran al día. Dentro de la Comisión discutíamos, nos peleábamos, pero estábamos unidos. La receta para salir es la unidad. Passarella debería convocar a Santilli, Caselli, Davicce, D’Onofrio, a todos. Otra no hay. Hoy, River es una incógnita. La pata a la sota se la va a ver en las primeras fechas, que serán clave”.

EL TORITO CAVENAGHI. Quizá el refuerzo de más renombre y que más cariño le tiene la gente riverplatense.
Passarella no la tendrá fácil. Por más que el “Ascenso para todos” le haya despejado la ruta, la situación interna del club es delicada. Los sponsors no se bajaron, la venta de Lamela acercó dinero fresco y el conmovedor acompañamiento del hincha bate récords de venta de camisetas, visitas guiadas al Monumental, pedidos para asociarse y consumo de merchandising, según asegura Torneos y Competencias División Licencias. Pero Passarella maneja un club con un pasivo de 250 millones de pesos y tiene delante a socios dolidos y a dirigentes enojados. Cuando Rosario Central se fue a la BN, el presidente Usandizaga no solo renunció sino que se tuvo que ir de la ciudad. Huracán bajó y Babington debió llamar a elecciones anticipadas. En Núñez no hubo ni una renuncia. Y esto indigna a buena parte de la comunidad. La primera reunión de Comisión Directiva tras el descenso fue escandalosa.
“Es un difícil momento que atraviesa el club y lo afrontaremos con mucha entereza, mucha entrega y mucha humildad”, anunció Passarella al presentar a los refuerzos. Humildad es el valor que más le reclaman sus pares. No se le puede adjudicar la responsabilidad absoluta del descenso. Ni siquiera el 50%. Sin embargo, Passarella tuvo más de una chance para convocar a la unidad y no lo hizo. Todavía está a tiempo.
“Para ascender rápido es vital la unidad de la familia riverplatense, pero la soberbia, la difamación y la irresponsabilidad de Passarella atentan seriamente contra esto –se descarga Antonio Caselli, 3° en las últimas elecciones-. Su falta de planificación, subestimar la situación y pelearse con todos, lo pinta tal cual es. Y así seguirá. Va a quedar en la historia como el presidente que mando a River a la B y eso no tiene perdón”.
Caselli entró a la CD de River con Aguilar pero a los tres meses se abrió porque no estuvo de acuerdo con la venta de los 16 juveniles a un grupo inversor. Se presentó para ser presidente en 2009 y llegó a un acuerdo con Passarella. De hecho, el Kaiser ganó la elección por los votos de Caselli. Al asumir, ambos se tiraban flores. “A los tres días lo invité a una cena en casa con su esposa –continúa Caselli- y me confesó que se había preparado para la campaña pero no para gobernar. No dudé un segundo y le di toda mi carpeta con los proyectos y los números de teléfono de los bancos que ayudarían al club. Le traía a Bolatti por 200 mil dólares pero me dijo que River no jugaba con doble cinco. A Cvitanich por 200 mil y tampoco lo quiso. Le acerqué una empresa que tiene el software más sofisticado del mundo en ingresos a los estadios. Me pidió que los citara y no los quiso recibir. Un papelón. Ahí dije basta. Espero de todo corazón que el equipo arranque bien y que termine su mandato de la mejor manera, pero si los resultados no se dan, la gente va a ser fundamental con su presencia, participación y presión”.
Alfredo Davicce, con 81 años de edad y 60 dentro del club, posee una mirada crítica pero más contemplativa. Davicce fue el presidente que puso a River 1° en el ranking mundial hace 15 años. Trató con Antonio Liberti antes de que le cediera su apellido al estadio y capeó desde adentro múltiples crisis. Se lo puede considerar algo así como el padrino del Passarella DT: fue quien lo inició en la profesión apenas ganó las elecciones de 1989.
“Daniel debe abrir los brazos, aunque le cueste –destaca Don Alfredo-, no sé por qué está convencido de que puede solo. Nadie puede solo. Yo también viví épocas duras como presidente. Y siempre miré alrededor, busqué gente con la que pudiera contar, tomé distancia de las opiniones permanentes y escuché lo que opinaban otros para sacar conclusiones. Tiene que sumar asesores de fútbol. Yo tenía como interlocutores a Enzo Genonni, Pipo Rossi, Delem, discutíamos noches enteras. Les preguntaba, sumaba información. No sé si Daniel cuenta con esa gente, pero debe encontrarla”.
Davicce se puso a disposición de Passarella antes de que se jugara la fatídica Promoción. Lo llamó, le dejó mensajes, le escribió una carta de puño y letra que le dejó a su secretaria, destacando que contara con él para lo que fuera, sin intenciones de exposición mediática. El presidente jamás le respondió. Son actitudes que Passarella debería cambiar por el bien de River. Aunque el daño grave ya esté hecho, más vale tarde que nunca.vicce-, hay que respetar la investidura presidencial, empezando por quien la ostenta. Entonces tomate dos alplax, escuchá a los opositores pero cumplí con el estatuto y llamá a reuniones de CD. Daniel dio muestras de que intenta cambiar. Fue a la AFA, puso la cara en Directiva, pero es insuficiente. La oposición, del mismo modo, debería mostrar grandeza para acompañar. Me encantaría ayudar, ya a esta altura no tengo interés político. Si me llama Passarella voy corriendo”.
Hugo Santilli es el otro gran presidente exitoso en la historia de River. A Passarella lo conoce bien. Gestionó sus dos ingresos al club como futbolista. Dice: “Fue un grandísimo jugador, pero como presidente todavía no terminó el curso. Le faltó vestuario, presencia. En mi época vivíamos con el plantel. ¡Mirá vos a quién le faltó vestuario!... A un tipo que fue campeón del mundo con la Selección, ¿cómo no se dio cuenta? No lo puedo creer. Consiguió entrar en el libro Guinness de la historia. Mirá que es muy difícil mandar a River a la B, eh”.
Despojado de la ironía, no observa en Passarella a un líder aglutinador: “Es una obligación convocar a la unidad de la familia riverplatense, forma parte de una actitud de grandeza que no noto en Passarella. Liberti renunció por perder una final de Libertadores en 1966 y por mucho más este hombre no puso su renuncia ni la del Consejo de Fútbol a disposición. Saber de fútbol no pasa por haber sido un buen jugador o un gran DT. Liberti era un gordo que no pateaba una pelota y Amalfitani más o menos lo mismo. Y creo que algo sabían”.

DE LUJO. Los primeros tres en llegar: Alayes, Cavenaghi y el Chori. Todos con un mismo objetivo.
Osvaldo Riganti, dirigente entre 1979 y 2005, no tiene dudas del camino: “En instancias complicadas como esta, hace falta confluencia riverplatense bien intencionada, sin distinción de banderías, sin agravios y sin señalar con el dedo acusador al pasado. River así salió en sus momentos más duros, recuerdo especialmente el caso de Aragón Cabrera, cuando asumió en el 74 por la renuncia de Kent. Al año se terminó la noche de los 18 años”.
Esteban Furlan, integrante de la guardia joven de dirigentes, también le pide a gritos al presidente que se acerque al socio: “Hay algo fundamental, Passarella no se hizo cargo de la parte humana. Hay muchos socios con daños psicológicos que no pudieron volver al club todavía. No se hizo cargo del sentimiento del socio, les tendría que haber hablado. Si no hace eso, no va a salir nunca de este pozo”.
La lista de reclamos y críticas al presidente es larguísima. El dolor es demasiado profundo. José María Aguilar tiene una cuota muy grande de responsabilidad en el descenso, mayor que la del actual presidente, pero Passarella no actuó como lo requería la situación. Tarde para reforzar el plantel, tarde para amigarse con Grondona y con Cavenaghi, tarde para acompañar al equipo, para regresar a la AFA y para ver que JJ no podía enderezar el barco.
José Ballota, exvicepresidente de Davicce, con 72 años de socio y 50 de economista, mira un poco más allá de la pelota de fútbol: “El actual es más un problema económico que deportivo. Por más que entren 80 millones por venta de jugadores, habrá pedidos de quiebra, se les debe un fangote a las cuevas financieras, te matan con los intereses. Hoy hay equipos oficiales del club, como el de waterpolo, que no tienen ni para pagarse el traslado. Para mí, la única que le queda a River es presentarse en Concurso de Acreedores, así para todos los juicios y te podés ordenar”.
Matías Patanian, vocal por la minoría, también focaliza en la economía. Algo entiende: es director de Aeropuertos 2000 y le bochó 7 de los 8 balances a Aguilar. “Hay que profesionalizar ciertos sectores del club. Marketing, Comunicación y el área financiera tienen que estar en manos de profesionales del mercado. River le puede sacar el gerente de Marketing a Visa, a Coca Cola, a las más grandes. Para que el Fideicomiso pueda salir de una vez, necesitás dar credibilidad hacia afuera. Si uno va a bancos o empresas y muestra su fracaso, será difícil que lo apoyen”.
En relación a la posibilidad de una convocatoria a la unidad, Patanian no desborda optimismo: “Antes de la Promoción hablé dos veces con Passarella para ver cómo podíamos ayudar. Me lo agradeció pero me contestó que no se sentía cómodo juntándose con todos y terminó diciendo que me quedara tranquilo, que nos íbamos a salvar. Me puse a disposición, como me pongo ahora. Debe llamar a la gran unidad pero no de boquilla. Ese es un rol que depende pura y exclusivamente de quien conduce. Tiene que convocar a excandidatos, expresidentes, oposición y repartir los roles para ver cómo salir adelante. Con su gestión no pudo y no veo indicios de que lo pueda sacar”.
De fútbol también habla. “Tenemos que ascender en seis meses, no en un año –piensa-. Como enfermo de River antes que dirigente, espero que Passarella termine exitosamente este mandato, pero si no cambia 180 grados va a ser complicado. Un ejemplo de ego y soberbia fue decirle que no a Camoranesi por estar peleado con su representante. Tuvo ego Passarella, tuvo ego Fillol al irse en un momento caliente, tuvo ego Carrizo al no pedir perdón y también Jota Jota al no llamar a Buonanotte. Demasiado ego para que nos vaya bien. Eso debe cambiar”.
Diego Quintás, otro de los dirigentes jóvenes con mayor proyección, responsable de los excelentes últimos años del fútbol amateur en el final de la gestión Aguilar (a propósito, ¿por qué echar a un hombre de probada capacidad como Gabriel Rodríguez si había hecho las cosas bien y hoy se ven sus frutos en las Selecciones juveniles?), le pide al presidente que esté más cerca del plantel y ve un escenario complicado si los resultados no se dan: “Si arranca mal, el clima se va a poner espeso porque la gente todavía está muy dolida. Se van a profundizar esas heridas no cerradas. No me gustan los golpes de estado. A los gobiernos no los echan los políticos sino la gente”.
Faltan solo días. River se prepara para afrontar una experiencia inédita. Será víctima de las cargadas más despiadadas. Y tendrá un acompañamiento colosal de su gente para sacar la cara después de la tragedia.
Por Diego Borinsky y Darío Gurevich







































