Selección Argentina

Miguel Russo: el dolor por perderse el Mundial 1986 y la noche que se durmió siendo DT de la Selección

Su trayectoria se cruzó con la camiseta Albiceleste en dos momentos cruciales, dejando en él el sabor amargo de un sueño incompleto.

Por Silvio Maverino ·

08 de octubre de 2025

La extensa y exitosa carrera de Miguel Ángel Russo está grabada a fuego en el fútbol argentino, particularmente en Estudiantes de La Plata, donde se convirtió en una leyenda. Sin embargo, su trayectoria se cruzó con la camiseta Albiceleste en dos momentos cruciales, dejando en él el sabor amargo de un sueño incompleto.

Como jugador, Russo fue una pieza angular en la reestructuración de la Selección de la mano de Carlos Salvador Bilardo rumbo al Mundial de México 1986. Pese a la preferencia de muchos por la elegancia de Claudio Marangoni en el mediocampo, el sacrificio y la disciplina de Russo lo mantuvieron como titular en gran parte del ciclo. Jugó 17 partidos con la Mayor e incluso gritó un gol contra Venezuela en el triunfo 3-0 de 1985 por Eliminatorias.

Cuando parecía una fija para la nómina mundialista, el destino le jugó una mala pasada: una lesión de rodilla a principios de 1986 lo obligó a pasar por el quirófano, exigiendo una recuperación extensa. Aunque se ilusionó al verse en el álbum de figuritas, Bilardo tomó la dolorosa decisión de excluirlo de la lista final de 22, optando por Sergio "Checho" Batista como volante central.

Años después, Russo, ya convertido en entrenador, confesó haber entendido la compleja lógica de aquella exclusión. Reconoció que Bilardo, en su momento, le advirtió que lo odiaría, pero que la perspectiva cambiaría al estar del otro lado de la línea de cal. La realidad, según Russo, era que las decisiones difíciles se toman siempre buscando lo mejor para el conjunto.

El sueño roto del banco de la Selección

La figura de Miguel Ángel Russo siempre se construyó sobre pilares de trabajo constante, humildad y una vigencia inalterable en el fútbol. En octubre de 2008, toda esa trayectoria, marcada por éxitos en el ascenso con Lanús y Estudiantes, la gloria continental con Boca Juniors en la Libertadores 2007, y una gran campaña con San Lorenzo, convergía hacia un destino que parecía inevitable: la banca de la Selección Argentina.

Tras la renuncia de Alfio "Coco" Basile, el ambiente futbolístico dio por hecho que Russo, a sus 52 años, era el sucesor lógico. La portada de Clarín del 17 de octubre de ese año lo sentenció: "Selección: se va Basile y viene Russo". El propio entrenador confesó años después la conmoción que generó ese titular, reconociendo la seriedad de un diario que no "jugaba con la noticia". En ese momento, Russo contaba con el aprecio personal y el respaldo de la dirigencia de la AFA, encabezada por Julio Grondona, quien valoraba su capacidad para reconstruir equipos, una virtud crucial a dos años del Mundial de Sudáfrica.

Miguel tenía motivos para ilusionarse con un sueño que no pudo cumplir como jugador: dirigir a la Albiceleste. Sin embargo, en el intrincado universo de la AFA, las horas decisivas vieron cómo el camino lógico se torcía de manera abrupta.

Russo lo resumió con una frase que se volvió célebre: "Me dormí siendo el técnico de la Selección y me desperté con que ya no lo era".

En medio de las negociaciones, la figura ineludible de Diego Armando Maradona se autopostuló para el cargo. La posibilidad de que el Diez regresara vestido de celeste y blanco desató un "volcán en erupción" que arrasó con cualquier otro acuerdo. Grondona entendió que elegir a otro candidato era exponerse a tener a Diego en la vereda de enfrente.

Miguel, fiel a sus códigos, se mostró digno ante la adversidad. A pesar de la frustración que arrastró por años —una espina que nunca pudo sacarse—, optó por no buscar reproches ni dar detalles de lo que llamó un "giro del destino". En su lugar, contestó a la adversidad construyendo diecisiete años más de una carrera ganadora, aunque siempre a nivel clubes. Como dijo el propio Russo, era el destino el que dictaba los tiempos: "Dios sabrá por qué no me tocó y sabrá cuándo me irá a tocar".

FOTO DE PORTADA: ARCHIVO EL GRAFICO