El enemigo silencioso que hoy es un rival invencible para el River de Gallardo
El Millonario no levanta y a la carencia de fluidez de juego y la falta de confianza se suma otro aspecto que asoma como insalvable.
RIVER lidia con demasiados problemas futbolísticos que hasta pusieron en duda al único que parecía indemne, Marcelo Gallardo, quien con su repentina renovación de contrato hasta fines de 2026 se curó en salud antes de que las chispas del cortocircuito entre la gente y los jugadores la chamuscaran la capa.
En el cuaderno de tareas del Muñeco hay muchas hojas por tildar como hechas, entre ellas, solucionar la alarmante anemia ofensiva que afecta a un equipo acostumbrado a la opulencia en la red.
Concretamente, lleva cuatro partidos sin marcar: tres del Torneo Clausura (0-1 con Sarmiento, 0-2 con Boca y 0-0 con Vélez) y uno por la Copa Argentina, la semifinal perdida por penales con Independiente Rivadavia que había terminado 0-0 en el tiempo reglamentario.

Antes de eso le había convertido dos a Talleres en la que fue su última victoria el pasado 18 de octubre, pero le antecedía el traspié en el Monumental con Sarmiento (1-0). O sea que en los últimos seis encuentros apenas registró dos tantos.
Ello es un reflejo de la poca o nula generación de juego del equipo y también de la pólvora mojada que exhiben sus delanteros. De hecho, los festejos en Córdoba contra la T llegaron por medio de Gonzalo Montiel y Maximiliano Meza.
El repaso marca que en ese sexteto de compromisos la dupla de ataque que más se repitió fue Maxi Salas y Sebastián Driussi (con Talleres, la Lepra, en el Superclásico y contra el Fortín). Frente al Verde de Junín la única referencia de área la constituyó Salas y ante el Lobo lo acompañaron Facundo Colidio y Ian Subiabre.

Gallardo banca todo lo que puede al ex Racing por el que por su insistencia se pagaron 8 millones de dólares como cláusula de rescisión. No suele sacarlo, aunque este domingo en Liniers y después de un opaco desempeño, a falta de 15 minutos lo cambió por el juvenil Joaquín Freitas.

La fría estadística indica que el oriundo de Curuzú Cuatiá estuvo en 12 juegos del Clausura y marcó 2 veces, la última el 31 de agosto en el 2-0 con San Martín de San Juan como local. Por su parte, Driussi convivió con las lesiones y jugó 7 encuentros en los que infló 2 veces la red.
Ni Colidio ni mucho menos Miguel Borja (8 goles en 49 partidos con un coeficiente de 0,18 en 2025), que falló el penal agónico con Gimnasia en Núñez, fue una sombra en la Boca y ni siquiera estuvo entre los convocados contra Vélez, aportan soluciones goleadoras que en otros tiempos eran la especialidad de la casa y que por estos días son el plato que desapareció del menú riverplatense y cuyo sabor es apenas un vago recuerdo.

IMAGEN DE PORTADA: FOTOBAIRES





































